Tragar con la mierda de la LOE para no dar la razón a los de la acera de enfrente

Llevo casi dos décadas defendiendo exactamente lo mismo desde este blog. Jamás he mudado de piel, jamás he pedido permiso a nadie y me ha importado siempre un carajo quién ocupara determinados sillones. El marco legislativo de la LOE -con todas sus mutaciones y parches posteriores, desde la LOMCE hasta la LOMLOE- es un cáncer normativo que debe ser derogado y arrasado de arriba a abajo.

Es la ley del fraude institucionalizado. Un artefacto ideado por malos pedagogos y tipos de dudosa capacidad intelectual cuya única función real es esconder el fracaso escolar en los despachos, prostituir las materias académicas con palabros infames, sepultar al profesorado bajo toneladas de burocracia inservible y regalar la firma de títulos para chavales que no saben interpretar un texto de tres párrafos.

Lo he escrito cientos de veces. He denunciado sus situaciones de aprendizaje de plastilina. He señalado la cobardía de las promociones automáticas. He exigido un rediseño total de la normativa centrado en el conocimiento sólido, el rigor, la autoridad del profesor y la eliminación drástica del papeleo.

Durante años, cuando gobernaban los otros o cuando el debate no quemaba en los titulares, leías a decenas de docentes en redes sociales asentir con la cabeza, difundir los artículos y clamar al cielo contra el desastre de la ley de los pedagogos.

Pero en los últimos tiempos el espectáculo en el vertedero digital ha alcanzado cotas de un cinismo y una podredumbre verdaderamente fascinantes.

Ha bastado con que determinados sectores políticos, colectivos o actores que no pertenecen a la cuerda ideológica ni al carné de esa tribu de la red hayan empezado a plantear exactamente lo mismo -que hay que derogar esta ley nefasta, barrer la neolengua de los currículos y redactar una norma desde el sentido común y la exigencia- para que a más de un revolucionario de teclado se le atragante la saliva.

De la noche a la mañana, aquellos que rajaban del papeleo en el café del recreo han desarrollado un apego masturbatorio por la normativa vigente. Gente que llevaba años lamentándose en privado de que no se puede suspender a nadie, de que la LOMLOE es inasumible y de que los alumnos llegan analfabetos a Bachillerato, sale hoy en tromba a defender el modelo infecto antes que admitir que quienes están en la acera de enfrente tienen razón en el diagnóstico.

Es la victoria absoluta del sectarismo ideológico sobre la dignidad del aula. El binarismo ideológico en su estado más servil y nauseabundo. Si la propuesta de demoler este desastre la hacen los de la otra acera, prefiero seguir tragando con la mierda de ley que me asfixia antes que darle la razón a los enemigos.

Resulta vomitivo comprobar hasta qué punto el dogmatismo ha carcomido las pocas neuronas libres que quedaban en ciertos sectores del profesorado virtual. Prefieren seguir rellenando rúbricas e Indicadores de logro hasta la una de la madrugada. Prefieren seguir regalando aprobados a chavales incapaces de calcular un porcentaje. Prefieren ver cómo la escuela pública se pudre por dentro antes que coincidir en una sola coma con el bloque político opuesto.

Les importa un bledo la educación. Les importa un carajo que el alumnado salga del instituto desarmado intelectualmente e incapaz de competir en la vida real. Lo único que les quita el sueño es no desentonar en su parroquia, mantener intacta la pureza de la tribu y asegurarse de que ningún comisario político de red les acuse de hacerle el juego al rival.

Son esclavos voluntarios. Mártires de pacotilla que prefieren comerse el veneno burocrático todos los días antes que reconocer que, con este cambio de postura, están avalando la destrucción de la enseñanza pública.

A mí me da exactamente igual quién firme la iniciativa o qué siglas lleven en la solapa los que exijan derogar la LOE y su entramado LOMLOE. Mi único compromiso es con la dignidad del trabajo docente y con el derecho sagrado de los alumnos a recibir una formación exigente y de calidad.

Si la ley actual es un estercolero burocrático que destruye el nivel académico -y lo es-, hay que exigir su derogación inmediata hoy, mañana y siempre, la pida el Papa de Roma o el partido de la acera de enfrente que más rabia te dé en el parlamento.

Quienes cambian de discurso según quién formule la crítica no son personas preocupadas por la escuela pública. Son simples peleles de partido que han decidido que su carné de la tribu vale más que el futuro de sus propios alumnos.

En este blog me van a encontrar donde siempre he estado… exigiendo la derogación total del modelo y la reconstrucción del rigor en las aulas. Sin complejos, sin peajes y sin pedirle permiso a absolutamente nadie.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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Un comentario

  1. Y asumir que ello no implica tener que dar el voto o los de la acera de en frente, sino practicar de verdad la autocrítica , sin tener que cambiar de acera. Porque empadronarse en la acera de en frente , sin sentido crítico, supondría tragarse otra indecente cantidad de mierda.

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