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Hay dos claves para desarrollar proyectos educativos. Y ninguna de las dos tiene relación con la capacidad de uno de poder pensar en los mismos (aunque, si no se tienen en la cabeza, difícilmente van a poderse llevar a cabo). Tiene mucho que ver con dos parámetros que, no por obvios, dejan de tener su importancia. Me estoy refiriendo a la posibilidad de disponer de tiempo y dinero. Y sí, ambas van ligadas porque, al final, por mucho tiempo que tengas (o puedas dedicarle, detrayéndolo siempre de otras cosas, a un proyecto -o a varios-), si no dispones de recursos económicos para llevarlos a cabo, el proyecto se hace harto difícil de tirar para adelante.

Muchas veces me he planteado si vale la pena aceptar una pequeña dosis de “prostitución” para poder ingresar dinero que me permita, en un ámbito al que le tengo mucho cariño y quiero que funcione, con independencia de mi falta de vocacionalidad manifiesta, llevar a cabo determinados proyectos. Si vale la pena aceptar patrocinadores de servicios con los que no comulgo, retomar los anuncios o, simplemente, dejarme llevar por la manera de funcionar de algunos. En este caso sería para un fin supuestamente altruista pero, a mí me preocuparía “el a cambio de qué”. Me quiero mucho y prefiero que haya ciertas cosas que no tiren adelante que venderme a cualquier precio. Otra cuestión es que me apetezca el proyecto y trabajar en el mismo. Algo que voy a hacer con independencia de lo que pueda o no sacar. El dinero nunca ha sido la clave para aceptar ciertas cosas. Eso sí, sí que es uno de los ítems más importantes para llevar ciertas cosas a buen puerto.

Ya veis que hoy estoy hablando en clave muy personal y, dejando caer de forma nada críptica, que me gustaría llevar a cabo más cosas (incluso que no acaben funcionando) porque me gusta llevarlas a cabo. Ni por el ego, ni por la pasta, ni por otras cuestiones que otros puedan considerar, lícitamente, importantes. Soy más de hacer las cosas porque me apetecen y, en caso de que pueda, intentarlo. Vale para todo mi período “fuera de la oficina”. En el trabajo, al igual que todos, hago lo que me mandan. Es lo que tiene trabajar para terceros. Y, como estoy en un sitio en que los que mandan me dejan margen de maniobra y proponer cosillas, pues muy feliz. Eso sí, siempre con las limitaciones. Trabajar para la administración educativa tiene, lógicamente, al igual que en cualquier otro lugar, sus limitaciones.

Ahora estoy “enfangado” con tres proyectos (dos de los cuales han empezado en período de confinamiento). Un curso gratuito para alumnado de Magisterio que ya estoy llevando a cabo (con buena interacción, por ahora, con los que están matriculados), un futuro curso gratuito de Competencia Digital para docentes, dentro de un proyecto más amplio de formación para docentes, que empieza en mayo y, sin olvidar un foro TIC para poder encontrar manuales de uso de determinadas herramientas y establecer una comunidad horizontal donde se pueda preguntar y encontrar respuestas. Ya sabéis los que os pasáis habitualmente por aquí, que soy un gran defensor de la horizontalidad. Y no me apetece cambiar el único modelo que entiendo -o que mi ética, personal e intransferible, entiende- para poder financiar los proyectos que hacen runrún en mi cabeza. Sí, me estoy refiriendo al modelo de donaciones. Eso sí, sin renunciar a la posibilidad de aceptar “patrocinadores” siempre y cuando los mismos solo exijan poner el logotipo y jamás marquen la manera de hacer las cosas (ni en el blog, ni en la Academia, ni en el foro, ni en ninguno de los proyectos que ya rugen en mi cabeza).

Así pues aprovecho este post para comentaros cómo podéis ayudar a que lleve ciertas cosas a cabo. Agradezco a los que ya habéis donado e, incluso a aquellos que, aparte del “café” puntual, hacéis dicha donación en cafeína mensualmente. Se agradece. Ya sabéis y os repito que TODO va a proyectos. Y, además, para hacerlo más transparente, voy a empezar a comentaros en qué lo estoy invirtiendo. En el enlace anterior podréis ver cada proyecto que empiece.

Fuente: https://ko-fi.com/xarxatic

¿Y cómo podéis donar y ayudar a estos proyectos que intento/intentaré llevar a cabo? Pues muy fácil. Os pasáis por la siguiente página, marcáis la cantidad de “cafés” a los que me queréis invitar y le dais a “support xarxatic” que aparece en el botón amarillo (dorado según algunos).

Fuente: https://ko-fi.com/xarxatic

Podéis establecer una donación única (para la que no es necesario que os registréis), pudiendo dar más de 3 euros, o una donación mensual (para lo que sí que será necesario hacerlo aunque esos datos jamás se compartirán con nadie).

Fuente: https://ko-fi.com/xarxatic

Una vez marcado, por ejemplo “Pay as a Guest” o “Registrarte” os saldrá la siguiente pantalla donde podréis donar, o bien por vuestra cuenta de PayPal o mediante tarjeta bancaria. Con la misma seguridad, por cierto, que si comprarais en Amazon (no es coña, el certificado de seguridad de la transacción es el que tiene PayPal para todas sus compras).

Fuente: https://ko-fi.com/xarxatic

Si optáis por donar mensualmente, será necesario que os registréis mediante la siguiente pantalla. Y sí, podéis cancelar las donaciones periódicas cuando queráis.

Fuente: https://ko-fi.com/xarxatic

Os agradezco muchísimo a los que ya habéis donado y, aunque no pueda responderos personalmente, que sepáis que siempre os voy a dar las gracias (además lo hago hoy, de nuevo, en este post) porque, así ayudáis a que pueda llevar a cabo ciertas cosas que, en ocasiones, se quedarían en el tintero. No hace falta que os las comente si os pasáis por aquí pero, sí que me apetece deciros que “los libros que he publicado”, “el curso de Magisterio”, la “Academia”, “el foro”, etc. no hubieran sido posibles sin vuestras donaciones (tanto en la plataforma que os comento como cuando os descargáis mis libros marcando una cantidad a donar). Ya sé que las donaciones no cubren, ni de lejos, el dinero que estoy “palmando” (entiéndase la expresión) con cada uno de los proyectos que estoy poniendo sobre el tapete. Eso sí, cada donación tiene el efecto de incentivarme a seguir haciendo cosas. Algo que tiene más que ver con el hecho que con el dinero donado. Ergo, muchas gracias.

Finalmente, tan solo comentaros que, para la Academia y para el Foro ya son cerca de 400 euros los gastos en varias “cosillas”. Es que, al final, ya me harta el típico discurso de algunos que, en lugar de hacer, se dedican a decirme que gano pasta con lo que hago. Incluso escribí un post dando las cifras de los últimos diez años (enlace). Es que, al final toca enfadarse con algunos que, ni hacen ni tienen previsto hacer. Eso sí, siempre cuestionando a aquellos que, con mejor o peor fortuna, lo intentamos. Y la inmensa mayoría no lo hacemos por el dinero. Lo hacemos porque queremos y nos apetece porque, que yo sepa, nadie ha venido a ponerme una pistola en la cabeza para decir que monte ciertas cosas. Eso sí, si hubiera querido sacar dinero de lo que hago, también sería totalmente lícito.

Ayer, mientras estábamos acabando de cuadrar el proyecto Erasmus+ para nuestro centro, nos preguntamos con mi compañera de Departamento por qué habíamos asumido alegremente tantas cosas ese curso. Que no llegábamos a todo. Entre formación en drones, robótica, realidad aumentada y traslado de todo lo anterior al aula, sin descuidar la necesidad de ir comprando material para que funcionen los talleres, vamos a mil. No nos da la vida para tanto. Y no. Lo que hacemos no es una excepción. Es algo que, de forma más o menos visible, se hace por parte de la mayoría de docentes de nuestros centros educativos. No es sólo dar clase. Es todo lo que lleva asociado dar clase. Muchas horas que nadie valora y que, curiosamente, son muchísimas más de las que realmente estamos delante de los chavales. Ya, tengo claro que no hay ninguna obligación en hacer ciertas cosas pero… uno se mete, acepta cosas y, al final, acabamos desbordados con tareas saliéndonos por las orejas y debiendo decir noes a muchas cosas interesantes que se nos plantean. Toca priorizar.

Fuente: ShutterStock

Yo no llego a todo. Desde que ha empezado el año tengo muchos correos electrónicos por responder, peticiones que debo rechazar porque no tengo tiempo para ir a determinados lugares (aunque me apetecería) y, finalmente, una gran cantidad de proyectos que tengo en barbecho esperando a que toda esta vorágine en la que estoy inmerso se calme. Vuelvo a repetirlo. Hablo de mi caso particular, como puedo hablar de mi Departamento o casos que se dan en mi centro educativo pero, al final, puedo extrapolarlo fácilmente. Y eso que no estoy en el equipo directivo porque, viendo las caras de cansancio del mío, me alegro de haber pasado ya por el “infierno” hace bastantes años como debería hacer todo hijo de vecino que trabaja de docente. Todo lo anterior sumado a las ratios que tenemos y a algún grupo de más que nos toca debido a ese maravilloso incremento de horario lectivo. Claro que para algunos, que desconocen las interioridades de nuestro trabajo y sólo leen determinados medios, dos horas lectivas de más (hablo de Secundaria) no tienen ningún problema. Pues ese problema implica llevar, añadidos a los habituales, a más de veinte alumnos. En mi caso, por ser las asignaturas de dos horas, implica un grupo más. O sea, de veinticinco a treinta adolescentes más a los que tengo que tratar individualmente, adaptar las explicaciones al grupo y procurar que aprendan. Algo que hace que los docentes acabemos cada curso más cansados. Va. Decidlo ya. En nuestra época éramos cuarenta por aula y nadie se quejaba… ya tardáis en hacerlo. Pues va a ser que no es así de sencillo el asunto.

Intento priorizar ciertas cosas porque, al final de lo que cobro, es por dar clase. Darla lo mejor posible. Por ello intento reducir al mínimo todo lo que quite tiempo de ello y de mi familia porque, al final, el personal trabajamos para vivir. Lo anterior no excluye que nos guste más o menos nuestro trabajo. Y de eso no me quejo aunque, como he dicho siempre, si no tuviera que trabajar no lo haría y, salvo pequeños intentos de seguir hablando de educación, al final optaría por ir cambiando de óptica hacia la que dedicar mis esfuerzos. O quizás seguiría intentando entender lo que sucede. Quién sabe. Mejor no fabular acerca de futuribles porque, al final, no dejan de ser lo anterior.

Puede daros la sensación que este es un artículo muy poco interesante pero, para mí es de lo más importante y que nadie habla abiertamente: la necesidad de priorizar, centrarse en el aula y los alumnos o, en definitiva, decidirse acerca de cuál es el trabajo de uno y el sentido de cada cosa que hace. Eso sí, a nadie debe amargársele el dulce de querer hacer otras cosas siempre y cuando no interfieran en la función principal por la cual cobramos un salario. Y esa, al menos en mi caso, es dar clase, usar la mejor estrategia que considero en cada momento, pasármelo lo mejor posible (sí, es clave pasárselo bien) y conseguir que mis alumnos aprendan. Lo demás… puro hobby, añadidos secundarios o, simplemente, búsqueda de un nuevo nicho de negocio.

La verdad es que Ramón explica mucho mejor esto que quiero decir en su post de ayer 🙂