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Si lo de la ESO, con sus múltiples y variadas asignaturas, ya es de traca, no digamos qué sucede con las variantes del Bachillerato que, más allá de la típica distinción entre Ciencias y Letras, ha añadido al pack una modalidad de Artes. Si ayer propuse cargarme la estructura de la ESO y cepillarme, de forma nada sutil, un montón de asignaturas para racionalizar el horario lectivo del alumnado de esa etapa (enlace), cómo no voy a hacer lo mismo en Bachillerato. Así que, si me permitís, voy a hacer una propuesta y a establecer ciertas premisas previas en la misma.

Fuente: ShutterStock

En primer lugar, el sentido común nos debería indicar que lo de la distinción entre Ciencias y Letras se cae por su propio peso. Bueno, salvo que alguien se plantee que la mejora social y profesional pasa por tener, desde épocas más tempranas, al alumnado filtrado o que, por lo que sea, se haga necesario que la distinción entre el “que se le da mejor las Matemáticas” o “el que se le da mejor escribir” (o el que quiere estudiar algo de Letras o de Ciencias) sea clave para algo. Por cierto, lo del Bachillerato de Artes ya es de traca porque, sinceramente, da la sensación que incluya en la premisa de su creación que, al final, solo pueden tener una visión conceptual y plástica de cuestiones artísticas los que lo cursen. Y eso no tiene ningún sentido porque, al final, se trata de que el alumnado de Bachillerato, en muchas ocasiones sin tener claro al empezar primero de Bachillerato qué quiere ser en su futuro, tenga una visión global. ¿Por qué no plantear una formación global para el alumno que opte por una vía más académica hasta que entre en la Universidad? ¿Por qué no desterrar de una vez la necesidad de marcarse a fuego en un tatuaje indeleble el sambenito de la opción académica que uno ha estudiado? ¿Por qué no dejar de generalizar a la hora de encontrarte con un alumno que ha cursado una carrera de ciencias o de letras? Porque, con una buena preparación, un ingeniero puede ser un buen humanista y un filólogo alguien con un buen bagaje matemático y de conocimiento científico o tecnológico. Pero bueno, seguro que alguien sigue sin entenderlo. Y es algo de pura lógica.

Pero dejémonos de lógica y vayamos a la propuesta. Una propuesta que incluye, por necesidad imperiosa de la misma, la necesidad de reformular el modelo universitario porque, al existir una menor preparación específica, haría que los primeros de Facultad se convirtieran en un año introductorio para todas las carreras. Creo que se me entiende. Y sí, ello significaría abrir un nuevo curso introductorio que, o bien podría darse en los centros educativos de Secundaria o bien en las Universidades (sí, el tercer año de Bachillerato o el año que han quitado de muchas carreras en los grados). Pero vayamos a ceñirnos de nuevo al tema del Bachillerato.

Si nos cargamos la distinción entre Bachilleratos y obligamos a un currículum común, la lógica también nos indica la necesidad de reducir optatividad. Lo siento pero a algunos se les acabarían todas esas asignaturas con pocos alumnos que, tienen tanto interés pedagógico pero que, sinceramente, convierten en Bachillerato en un puzzle sin demasiado sentido. Seguro que vuestra asignatura -si sois docentes y dais clase en esa etapa- es imprescindible. Seguro que me vais a poder dar millones de argumentaciones para defenderla pero, ¿no entendéis que el tiempo es limitado y lo que tan imprescindible es para vosotros, a lo mejor deja de tener sentido si lo que planteamos es una formación global? Si creéis que vuestra asignatura es imprescindible porque vuestros alumnos quieren hacer una Ingeniería, Arquitectura, Filología, etc. es que tenéis un problema. Un problema de visión muy parcial del asunto. Y las decisiones en educación deberían tomarse pensando en el procomún y de forma mucho más amplia.

También voy a cargarme la diferenciación entre Primero y Segundo de Bachillerato porque no me interesa demasiado. Puestos a cargarme cosas, voy a hacerlo bien.

¿Cuál sería mi propuesta para Bachillerato? Pues sería la siguiente…

  • Matemáticas: 4 h/semana
  • Historia, geografía, filosofía y cultura social: 5 h/semana
  • Lengua y literatura: 4 h/semana (en Comunidades con lengua cooficial 2+2)
  • Cultura clásica e introducción a sus lenguas: 3 h/semana
  • Inglés oral y técnico: 4 h/semana
  • TIC, cultura audiovisual y digital: 2 h/semana
  • Arte y Técnicas de expresión artística: 4 h/semana
  • Nociones científicas y experimentación (incluye biotecnología): 4 h/semana

Y ya. Horario global para todo el alumnado de Primero y Segundo de Bachillerato que, incluye 30 horas lectivas con una distribución de asignaturas que, en principio, debería hacerse en función de módulos cuatrimestrales (sí, se obliga a cargarse también los trimestres) de libre elección por parte del alumnado. Eso qué significa. Pues que, por ejemplo, un alumnado puede hacer el módulo de Cultura audiovisual el primer cuatrimestre  y dejarse para el cuarto cuatrimestre el de TIC. El alumnado pasa de tener dos cursos a tener cuatro cuatrimestres. Creo que se me entiende la idea pero no dudéis en preguntar si os surgen dudas con lo que estoy planteando. Sí, también sirve por si alguno de los que legislan de pasa por aquí y quiere sacar ideas para la nueva Ley de Educación. Os recuerdo, a los políticos que gestionáis esto, que no tengo ningún problema de desarrollaros un poco más la idea si tenéis ganas.

Seguro que os chirría el tema de que, en Comunidades con lengua cooficial, se reduzcan ambas a un 2+2. ¿De verdad que no entendéis que, al final, la literatura puede tratarse de forma global y que, a veces, hay más cosas que unen que no separan entre múltiples lenguas?

¿Y por qué me he cargado la posibilidad de que el alumnado curse Educación Física, Tecnología Industrial, Economía, Análisis Musical, etc.? Pues, la versión corta es porque veo más lógico un horario racional y porque, si os habéis leído el post de ayer que enlazo al principio de éste, ya habréis visto que incluyo la colaboración con Conservatorios y espacios deportivos. Algo que no tiene que finiquitarse en la ESO. Un detalle, ¿no veis que, por ejemplo, se pueden introducir nociones de economía en Matemáticas como uno de esos módulos cuatrimestrales? Es que si diseñamos bien los cuatrimestres, la cosa puede salir bastante interesante.

Hoy sí que podéis, como dije ayer, molerme a collejas. Eso sí, seguiré pensando lo mismo porque, lamentablemente para alguno que solo piensa en espacios estancos, yo pienso en la educación como algo mucho más global.

Se admiten matices, críticas e, incluso, que añadáis vuestras propuestas como comentarios al post.

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No he podido resistirme, después de ver que algunas respuestas a la “brillante” idea de una nueva asignatura para el curso que viene en la Comunidad Valenciana. Una nueva asignatura denominada Cultura Digital, impartida en inglés, de la que hablé en un post hace unos días. Respuestas que no cuestionan el que aparezca una nueva asignatura ni, tan solo cuestionan que se deba dar en inglés. Cuestionan que lo den los profesores de Inglés. Surrealista. Algunos llevan el chiringuito en la sangre y, mientras se les dé a su Departamento, da igual que la idea sea nociva para los alumnos. Lo importante es que vayan sumando horas. Y no son casos aislados. Es una perspectiva habitual de muchos docentes en Secundaria (que es lo que más conozco).

Fuente: ShutterStock

Estoy harto de los putos chiringuitos que algunos se están montando para defender sus asignaturas sin mirar más allá de su ombligo y creando, como siempre, necesidades en función de sus intereses y justificando lo “imprescindible” que es su feudo. Los alumnos, ya si eso, daños colaterales en forma de aprendizaje mínimo.

Cansado de ver cómo se defienden los chiringuitos de uno. Unos chiringuitos que se defienden más allá de las necesidades de nuestros alumnos. Reuniones donde se “orienta” al alumnado para que elija unas materias en bachillerato para que el docente de una determinada asignatura no salte del centro. Reuniones donde se decide que un docente complete horario con asignaturas que desconoce. Hablando del Latín… ¿sabéis que hay muchos centros educativos donde quien da Latín es un docente que no es de clásicas de formación? ¿Sabéis que, a veces, da Griego alguna persona que no tiene ni idea de esa lengua para poder completar su horario? ¿Sabéis que hay docentes que imparten la asignatura inglés técnico en ciclos formativos que estudiaron toda su vida en francés y que no tienen ni idea de la lengua de Shakespeare?

He visto decenas de casos donde pasa lo anterior. A eso yo no lo llamo mejora educativa. A eso lo llamo chiringuito educativo. Un chiringuito que consiste en defender lo que da de comer a uno por delante de los intereses reales del alumnado. Intereses contrapuestos en los que la mayoría de veces gana el del docente. Allí sí que existe el corporativismo. Corporativismo, chiringuitismo (a ver si lo reconoce la RAE en una de sus actualizaciones) y amiguismo educativo.

Así que voy a proponer una distribución horaria de asignaturas para la ESO sin tener en cuenta qué me puede o no beneficiar. Bueno, más bien, voy a cargarme entre otras cosas la mayoría de la carga horaria de mi asignatura. O, quizás, al acabar el post ya me la he cargado del todo. Es que, a veces, el procomún debería estar por encima de las necesidades de cuatro que creemos que “somos lo más” e “imprescindibles” dentro de un currículum demasiado cargado. Vamos a ser claros…no ver que 30 horas semanales de horario lectivo en la ESO es de auténticos zoquetes mentales. O de putos defensores de chiringuitos.

Una ESO que dividiría en dos partes muy diferenciadas: primero y segundo en pack, con unas necesidades de alumnos similares y, una segunda parte formada por tercero y cuarto.

En Primero y Segundo de la ESO tengo claro que debería trabajarse por proyectos. Por proyectos dentro del aula (porque, al igual que en Primaria, considero que no debería haber trabajo para los alumnos fuera del horario lectivo). En este caso, el modelo ya sería más específico, porque se supone que las habilidades y aprendizajes adquiridos en Primaria ya no necesitan reforzarse. Va, voy a dar un margen de un par de semanas para que recuerden y se pongan al día pero, por suerte, esos aprendizajes básicos que propongo, al igual que ir en bicicleta, no se olvidan con facilidad. Son perdurables a lo largo del tiempo. Algo que resulta muy interesante para futuros aprendizajes.

¿Qué propuesta hago para los dos primeros cursos de la ESO? Proyectos interdisciplinares, con aparición de todas las disciplinas, en los que haya posteriormente a los mismos una valoración del aprendizaje adquirido. No se pueden hacer proyectos por hacer proyectos (que es lo que sucede habitualmente, incluso por parte de algunos que venden sus proyectos como sanctasanctórum). Proyectos que deberían realizarse a lo largo de tres semanas y que permitieran, en cada uno de ellos, una semana de evaluación posterior. Así pues, para nueve meses reales de clase, tenemos un total de nueve proyectos (o nueve asignaturas implicadas sobre las que recaería «el trabajo» de los mismos).

El trabajo gráfico y visual puede integrarse dentro de los proyectos. No me valen los proyectos de chichinabo para cubrir el expediente. Requiere, eso sí, mucho trabajo colaborativo y cooperativo de los docentes. Es que lo de trabajar como islotes, al menos hasta los catorce años de nuestro alumnado, es un poco incongruente. Ale, ya lo he dicho.

¿Queréis una distribución horaria para ver, plasmado con horas semanales lo que propongo para esos dos cursos? Pues vamos a ello…

  • Ámbito humanístico y social: 6h/semana
  • Ámbito científico y matemático: 6h/semana
  • Ámbito lingüístico (lenguas oficiales y literatura): 6 h/semana
  • Ámbito TIC: 4 h/semana

Las actividades artísticas, deportivas y musicales se irían haciendo fuera del horario lectivo, mediante la ampliación de Conservatorios, polideportivos municipales y lugares de enseñanza artística, en los que irían todo el alumnado de la localidad. Sería obligatorio acudir, como mínimo, un total de 3h/semana a las actividades anteriores.

Sí, el profesorado de Lenguas Extranjeras ya habéis visto que os he abandonado del horario lectivo. Es porque me paso por el forro la existencia de la asignatura al margen y la integro dentro de todos los ámbitos anteriores. En este caso, el profesorado de inglés iría apoyando en los proyectos e introduciendo, dentro de los mismos, vocabulario, gramática y expresión oral.

Reducido horario de 30 h/semanales a 25 h/semanales incluyendo en las últimas todas las extraescolares que muchos de nuestros alumnos hacen.

En tercero y cuarto de ESO es donde tengo mis grandes dudas. Si fuera por mí, ya una vez superadas las etapas anteriores, mantendría el modelo de asignaturas actual, reduciendo su número, pero sin ningún tipo de optatividad. Sé que estoy diciendo algo que no gusta, pero creo que aún son pequeños (ya sé que algunos/as son más altos que yo -bueno, más que yo no, pero más que alguno de sus profesores sí-), para saber qué quieren hacer en su futuro. Bueno, seguro que hay excepciones que ya saben qué quieren ser desde el destete pero, como son un porcentaje ínfimo, nos podemos arriesgar a hacer un currículum común.

El currículum de tercero y cuarto debe ponderar correctamente los aprendizajes científicos y humanísticos. Historia (con pinceladas de Geografía avanzada -la básica ya habrá ido a los proyectos de primero y segundo de ESO), Matemáticas, Pensamiento Científico (incluye toda la parte científica, en todas sus formas, de los aprendizajes), Ciencias Experimentales, Lengua y Literatura (de la oficial y la cooficial en los territorios que la tengan), Lengua Extranjera y Cultura Clásica. Al igual que en el caso anterior, amplio el modelo de actividades artísticas, musicales y físicas, aumentando su dedicación horaria a 5 h/semana.

Si queréis que hile un poco más en el horario, voy a poneros una idea…

  • Historia y Geografía Avanzada: 3 h/semana
  • Matemáticas: 3 h/semana (una de las horas obligatoria de “problemas reales”)
  • Pensamiento científico: 2 h/semana
  • Ciencias Experimentales: 3 h/semana (incluye Biología, Geología, Física y Química)
  • Lengua y Literatura: 3 h/semana (una lengua) o 6 h/semana (territorios con cooficial)
  • Cultura Clásica: 4 h/semana

En total, en territorios monolingües, un total de 23 h/semana (incluyo, al igual que en el caso anterior, el tema Conservatorio, Polideportivo, Escuelas de Arte). Las 3 h/semana más que hacen en territorios con lengua cooficial, pueden usarse para realizar, con el apoyo del profesorado, trabajos de ampliación sobre determinadas cuestiones (bien planteados y diseñados).

Si se ha hecho bien la inmersión en inglés y/o francés en los cursos anteriores, podría entrar el profesorado de esas asignaturas como apoyo a cualquiera de las otras. Esto sí que sería bilingüismo de calidad. Y no lo digo yo. Me lo han comentado los docentes de esas asignaturas, aunque no sé qué pensarán cuando vean que me los he cargado como asignatura 😉

¿Os chirría lo de las 4 h/semana de Cultura Clásica? Pues tiene todo su sentido y es fácil de comprender si un piensa un poco.

Me he cargado muchas cosas pero aún me voy a cargar más en el Bachillerato (próximo post). Si os sentís atacados porque la propuesta os quita parcela de poder es que no habéis entendido nada. Eso sí, se trata de una propuesta muy personal, pero creo que entendéis la idea y el sentido de la misma. Mucho por pulir y matizar.

Espero vuestras aportaciones y propuestas. También vuestras críticas a la propuesta. Podéis hacerlas como comentarios a este post porque, como digo siempre, no pretendo llevar razón. Y menos en reflexiones tan personales como ésta.

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No, el titular no es algo que surja de teorías de la conspiración o de un simple calentón matutino. Es lo que se esconde tras la propuesta del gobierno para hacer laborales fijos a los funcionarios interinos del ámbito educativo. Algo que, por desgracia, se va a vender como una mejora de condiciones para esos interinos sin tener en cuenta que, por desgracia, lo único que hace es dinamitar sus condiciones laborales y ofrecerles un estatus que, a medio plazo, sólo va a servir para que el servicio se acabe privatizando. Un servicio que, al igual que el resto de servicios públicos, tiene en el funcionario su garantía de independencia y, cómo no, de eficacia. Lamentablemente para algunos el sistema de funcionariado, más allá del típico inútil de la ventanilla que, siempre le ha tocado sufrir a alguien y cuya presencia se ha magnificado dentro del colectivo, está funcionando muy bien. Demasiado bien después de las campañas de descrédito orquestadas por algunos y compradas por muchos otros.

Fuente: http://www.laverdad.es

La verdad es que me preocupa que haya interinos que deseen ese pan para hoy que supone hambre para mañana. Me preocupa también que haya funcionarios docentes que crean que lo mejor para el sistema educativo es eliminar ese estatus y reconvertirse en trabajadores sin derechos. Es algo que no entiendo y procuro hacerlo. No me cabe en la cabeza que pueda haber alguien que esté criticando un sistema -mejorable- de acceso a una profesión de servicio con criterios transparentes y meritocráticos. Ya, ya sé que el sistema de oposiciones es mejorable y que, antes o después, debería haber un sistema de prácticas en centros mucho más exigente del actual pero ello no obsta a que, como sistema, sea el único que permite el acceso a la docencia de profesionales sin filiación política, amistades o situaciones económicas. Sí, la docencia y el acceso a la condición de funcionario no depende nada más que de la capacidad de la persona para enfrentarse a una determinada prueba, en igualdad de condiciones que miles de aspirantes más, y conseguir sacar la mejor calificación. ¿Es justo? Hombre, yo creo que bastante más que otros sistemas de acceso a otras profesiones. Y no hablo sólo de docencia ya que todos los sistemas de acceso a la condición de funcionarios públicos se basan en el mismo modelo. Algo que permite tener, si no a los mejores, a los más independientes del gobierno de turno en los puestos más importantes de la sociedad. Qué demonios, yo que he pisado varios centros y conozco a muchísimos docentes, a muy buenos profesionales.

Me molesta que se quiera manipular y vender la conversión de interinos como laborales indefinidos como un éxito. No es un éxito por muchos motivos. Y, el primero de todos, es que veo un error que existan en el mismo centro educativo trabajadores con unos derechos A y otros B. Y eso es lo que consigue lo anterior. Bueno, eso a menos que, dentro de ese decreto decidan rescindir el estatus de funcionario a todos los que lo somos y convertirnos, de golpe y plumazo, a todos en laborales. Algo que ya les gustaría a los que mandan pero que, por desgracia para ellos, no permitirían los jueces. Sí, esos que también son funcionarios y dictan sus sentencias con independencia de los gustos de los políticos porque se ciñen a unos determinados articulados legislativos.

Creo que debemos eliminar esa bolsa de interinos de más del 30% en la educación pública. Creo que el mejor sistema sería la convocatoria de oposiciones, sacando el máximo de plazas, para dentro de un año y así dar tiempo a planificarse a los que están trabajando como interinos y a los que, recién graduados, quieren optar a la docencia en centros públicos. Oposiciones a nivel nacional que permitan que, más allá de esas diez plazas que llevan sacándose de algunas especialidades los últimos años, puedan permitir que se reduzca esa bolsa de interinos porque, al final, lo que importa es la mejora de sus condiciones laborales.

He sido interino y creo que un interino debe tener las mismas condiciones laborales que un funcionario. Que debe conocer su destino para el curso siguiente cuanto antes posible, debe poder participar en la elección de asignaturas en sus nuevos centros y, cómo no, tener el mismo tipo de retribuciones que el funcionario que ha pasado por unas oposiciones. Eso y la convocatoria masiva de oposiciones para reducir esa bolsa ingente es lo que debería hacerse. No reducir sus condiciones laborales bajo el pretexto de hacerlos laborales fijos porque, entonces, sí que vamos a tener un problema.

Muy harto de que se juegue con los interinos porque tras cada uno de esa generalización como colectivo hay una persona. Y no hay derecho ni a manipularla vendiéndole un trabajo de por vida con unas condiciones que nada tienen que ver con las que deberían tener, ni a ningunearla, tal y como están haciendo últimamente algunos diciendo y rectificando acerca de la convocatoria de oposiciones. Las personas que hay detrás de cada nombramiento como interinos no se merecen eso.

En este caso no tengo claro quién se halla detrás de las sesenta y nueve (sí, son sesenta y nueve) hojas publicadas bajo el título “Hacia un nuevo modelo de profesionalidad docente para el siglo XXI“. Después de nuestro ínclito Marina con su propuesta de Libro Blanco, el PSOE ha decidido hacer un adelantamiento por la derecha para publicar su idea acerca de cómo mejorar la profesionalidad docente. Debo reconocer que es una lectura interesante, más aún porque, hay algunos detalles que, a mí limitada interpretación, entran en el meollo del problema. Eso sí, lamentablemente, hay algunas cuestiones “controvertidas” que, por desgracia, siempre pueden estar sujetas a interpretación. Y la mía, como profesor de Secundaria, va a ser muy diferente que la de los maestros de Infantil o Primaria y, cómo no, a su vez, muy diferente de la de muchos de mis compañeros. Sí, las opiniones son libres y, por suerte, no son nunca únicas.

En primer lugar me gustaría felicitar al PSOE por la estructuración del documento. No es malo felicitar a alguien pero, en este caso, me gustaría saber quiénes hay tras el redactado. Un documento anónimo deja en el aire algo tan importante, en el caso de hablar de la función docente, como la cantidad de docentes en activo que hay tras el redactado, de qué nivel educativo o si, por ejemplo, tan sólo han contado con personas alejadas del aula. Saber quién hay detrás de la propuesta resultaría muy interesante porque, por mucho que se diga que hay aportes de muchos, me gustaría saber quiénes son los “muchos”.

Resulta muy interesante el marco de la propuesta porque, en lugar de empezar por la evaluación del profesorado (tal y como propone Marina en la propuesta encargada por el PP), incorporan la necesidad de reformular la profesión docente para “satisfacer expectativas de la sociedad”. Algo más básico y necesario que el jugar a premiar o a castigar a docentes y centros. Si los docentes y el sistema educativo en su conjunto saben ver cuáles son las expectativas -qué se espera de ellos- de la sociedad y se establecen vías para satisfacerlas, podría ser un buen documento de partida.

El problema al que nos enfrentamos no es como reconocer y premiar a los mejores profesores, ni tampoco cómo premiar a aquellos centros cuyo alumnado obtiene los mejores resultados, sino como definir las bases materiales y culturales de una nueva profesión para que pueda satisfacer las altas expectativas que la sociedad ha puesto en la educación de las actuales y futuras generaciones.

Otra cuestión también importante es que, donde se pretenden centrar los esfuerzos es en la formación inicial del profesorado. Una formación, hoy en día totalmente deficitaria para cubrir las necesidades de los docentes (tanto de Infantil, Primaria o Secundaria en todas sus etapas -Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato, FP, EOI, Ciclos Formativos de grado medio y superior, Formación de Personas Adultas y FP Básica) e inexistencia, por ahora, de una evaluación práctica en condiciones de las estrategias docentes que usan una vez se aterriza, por primera vez, en un aula.

Ahora, lamentablemente, va a ser cuando voy a expresar mi gran pero a todo el documento… el famoso MIR y las titulaciones de acceso a la docencia. Sí, por desgracia, algo tan habitual como es el maltrato continuo al profesorado de Secundaria bajo el mantra de “no estamos preparados pedagógicamente” entra en el escenario de la propuesta. No creo que las especialidades -o la especialización- impida que un docente sea mejor o peor. No creo que mi orientación académica (una ingeniería) me impida ser peor docente que, por ejemplo, una nueva orientación académica basada en la reducción (como plantea el documento posteriormente) destinada exclusivamente a la docencia en ESO y etapas postobligatorias.

Finalmente hay que destacar dos cuestiones que obstaculizan actualmente la calidad de la profesionalidad del profesorado de secundaria. La primera es la constatación de la divergencia entre el currículo actual para la educación secundaria y las vigentes especialidades docentes.

Pues sí, ya veis que en unas pocas líneas he entrado en el meollo del asunto. En las dos propuestas “estrella” del PSOE para la mejora de la profesionalización educativa. Una primera destinada a modificar los planes de estudio para el acceso a Magisterio mediante determinadas pruebas de cultura general y una mayor exigencia a nivel de calificaciones de quienes quieren optar a esa salida profesional y la eliminación del profesorado de Secundaria tal como lo entendemos actualmente. Sí, la idea es crear un grado B, ligeramente diferente de Magisterio, con igual carga horaria -cuatro años-, un máster de especialización en un área de conocimiento para los maestros y otro de especialización didáctica para el profesorado de Secundaria para acabar con una habilitación (una prueba) que permita hacer formación remunerada en centros educativos.

Fuente: PSOE
Fuente: PSOE

Ahora vienen mis “dudas” razonables… ¿dos perfiles de formación inicial para dar clases en la ESO? Sí, por lo visto en la propuesta, un estudiante de Magisterio podrá dar clases en toda la ESO en igualdad de posibilidades con un estudiante de esa nueva graduación universitaria para profesor de Secundaria (se insinúa pero no se plasma documentalmente el temario de esa nueva carrera). Dos vías de acceso para trabajar en los mismos cursos. Tan sólo una pregunta, ¿no estamos complicando la docencia en una determinada etapa educativa con esa doble vía? Sí, ahora cualquiera con un título universitario y un máster que no sirve de nada (hablo del actual que sustituyó al CAP) puede dar clase en toda Secundaria (que incluye la ESO). ¿Cómo se va a conjugar esto con la eliminación de la posibilidad de acceso desde una carrera X a la docencia? ¿Es de recibo eliminar la posibilidad de contar con licenciados en Historia, Matemáticas o cualquier otro título universitario para el acceso a la docencia? Porque, por lo que se plantea en el plan, al acabar el Bachillerato o la FP de grado superior, un alumno debe tener muy claro su futuro como docente. ¿Hasta qué punto debemos prescindir de los docentes no vocacionales que, al final, pueden ser mejores profesionales que los primeros? No lo veo claro.

Y, finalmente, unas pinceladas, acerca de la formación continua del profesorado una vez ya se ha incorporado a la docencia y su promoción.

Fuente: PSOE
Fuente: PSOE

Un cuadro que habla de algunas cosas interesantes…

  • Posibilidad que un docente que haya superado la vía A (destinado a la docencia en Infantil, Primaria y ESO) pueda pasar a la vía B (ESO y Secundaria postobligatoria) y, como novedad, la posibilidad que un docente que hay superado la vía B (destinado a la docencia en ESO y Secundaria postobligatoria) pueda dar clases en Infantil y Primaria. A día de hoy un profesor de Secundaria no puede opositar a Primaria y, en cambio, con este nuevo modelo se difuminan completamente las líneas entre Primaria y Secundaria. Eso sí, me parece curioso que, por desgracia, la permeabilidad entre el profesorado de la vía B y la Universidad no se plantee en ningún momento. La presión de la Universidades sigue siendo mucha.
  • Promoción interna a determinados cargos educativos (entre ellos la supervisión educativa). Se redefine el concepto de inspección educativa para reconvertirlo en supervisión educativa. Algo que falta por desarrollar.

En definitiva, una propuesta bien elaborada, muy marcada ideológicamente por las Facultades de Magisterio (sí, de un plumazo se encargan de la formación de todos los futuros docentes -tanto de Infantil, Primaria y Secundaria-) y que, por desgracia, deja como siempre al profesorado de Secundaria en el limbo de los justos. Nunca he sido defensor de mi estatus ni he creído que por ser un titulado universitario superior sea mejor -ni peor- dando clase que uno que viene de Magisterio pero, siempre me chirría que los sindicatos educativos y las decisiones de algunos partidos políticos vayan siempre en contra de esos “pobres” que entramos en docencia creyendo que era una profesión y no un acto de fe (o vocación).

Una propuesta inicial que puede establecer un marco de trabajo interesante aunque, como he dicho antes, quedan muchos flecos que tratar.

Harto de que las únicas posibilidades consistan, para unos u otros, en decidirse por una jornada escolar continua o partida, voy a intentar proponer un tipo de jornada que, a mi entender, beneficiaría a los alumnos. Tengo muy claro que, al final, las discusiones sobre el tipo de jornada escolar dependen demasiado de cuestiones ideológicas y, por desgracia, se basan siempre en informes contradictorios (es tan fácil encontrar informes que defiendan jornada continua como partida).

Fuente: Shutterstock
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En primer lugar conviene desterrar un error que se está cometiendo en muchos centros educativos: la necesidad de que los alumnos empiecen a horarios excesivamente tempranos ya que, en muchos centros educativos de nuestro país, es normal que las clases empiecen entre las ocho y ocho y media de la mañana. Algo que, tal como exponen determinados estudios científicos es totalmente contraproducente para el aprendizaje. Por tanto, ya tenemos la primera premisa de la propuesta… la jornada escolar de los alumnos debe empezar a partir de las nueve de la mañana.

Lo anterior obligaría a reformular completamente el esquema de la jornada escolar. Una jornada que quizás convendría estructurar en dos grandes bloques: un bloque, realizado en horario de mañana, donde los alumnos adquirieran las competencias que exigen una mayor carga intelectual (lo que sería el equivalente a las asignaturas de mayor carga conceptual) y, un segundo bloque, realizado por la tarde, basado en el aprendizaje de disciplinas más manipulativas o artísticas. Sí, la tarde, cuando el alumnado ya está más cansado de asimilar conceptos -sí, podemos hablar en otra ocasión sobre cómo se asimilan dichos conceptos-, es un buen momento para dedicarlo al deporte, a la música o a la tecnología (en todas sus vertientes). Unas actividades más placenteras para la mayoría de alumnos que, por desgracia, siempre vienen lastradas por tiempos cuando, lo que deberían hacer es, estructurarse de forma más abierta. Y eso, por desgracia, con la jornada escolar actual no es factible.

Si nos ceñimos al currículum actual, observaríamos que, con el modelo propuesto, los alumnos tendrían tan sólo una jornada de mañana, como máximo, cuatro horas seguidas. Sí, el horario ideal sería de 9 a 13 horas (pudiendo tener un pequeño descanso en medio de las dos primeras sesiones). Un horario al que seguirían dos horas de comida y, curiosamente, tres horas por la tarde. Sí, habéis oído bien… he aumentado en la propuesta una hora más para nuestros alumnos. ¿Pero no íbamos a reducir el horario? No, vamos a racionalizarlo. La primera hora, a las tres de la tarde, se habría de dedicar a realizar esas tareas que, por desgracia, lastran el horario de nuestros alumnos una vez acabada la jornada escolar (sí, gracias a esa hora nos cargamos los deberes -porque se hacen en los centros bajo supervisión de los docentes- y, además, podemos incorporar que adquieran gusto por la lectura -implementando bibliotecas de calidad en los centros educativos- o sesiones más individualizadas para que los docentes puedan ayudarles en las dudas que tengan). A partir de las cuatro ya empieza el segundo bloque de asignaturas… formación artística (musical y plástica -en todas sus vertientes), deportiva y manipulativa (a ver si convertimos de una vez la Tecnología en algo más que dar teoría y enseñamos cuestiones más útiles dotándola del equipamiento adecuado). Las asignaturas de tarde deberían exigir una mayor dotación de recursos porque, lo que no es de recibo es seguir dando Música o Educación Física -entre las otras que se pueden ofertar en dicha franja- con treinta alumnos. Por cierto, dichas asignaturas deberían personalizarse aún más que las de mañana y ofrecer, a cada alumno, lo que necesite de ellas.

Por cierto, me queda hablar de la religión y la tutoría. La primera, tal como exige su optatividad, podría realizarse los sábados por la mañana y que, el alumno que quisiera, la cursara. Así se respeta la libertad religiosa de nuestros alumnos y el concordato vigente. En cuanto a la tutoría, ¿no se podría desterrar para convertirla en una mentorización de pequeños grupos de alumnos -no más de diez- donde todos los docentes intervinieran como mentores? Porque, sinceramente, las tutorías masivas, no tienen demasiado sentido y, al final, se convierten en algo que pierde su utilidad.

Un esbozo muy rápido de algo que, antes de tomar decisiones acerca de decidir optar por jornada continua o partida, debería hablarse. Hay una tercera opción, y es la que planteo en este breve post.