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¿Qué implica la retirada del mercado del 12% del aceite de oliva?

Cada vez que la administración interviene un mercado agrícola y ordena la retirada forzosa de producto, los titulares en los medios juegan a la desinformación ideológica. Te lo venden como la eterna película de buenos y malos. Da la sensación de que estás con la salvación del campo o estás a favor del atraco al consumidor en la caja del supermercado.

El último caso, ha sido la publicación en el BOE, de 6 de noviembre de 2026 de la «Resolución de 4 de noviembre de 2026, de la Dirección General de Producciones y Mercados Agrarios, por la que se determina el porcentaje previsto en el artículo 5 de la Orden APA/1145/2026, de 29 de octubre, por la que se establece la norma de comercialización del aceite de oliva para la campaña 2026/2027 en aplicación del Real Decreto 84/2021, por el que se establecen las normas básicas para la aplicación del artículo 167 bis del Reglamento (UE) n.º 1308/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de diciembre de 2013, regulador de las normas de comercialización del aceite de oliva«. El Gobierno ha activado ese mecanismo de regulación de mercado que obliga a retirar temporalmente el 12 % de la producción nacional de aceite de oliva de esta campaña (unas 188.000 toneladas en números redondos) para que los precios en origen no se vayan al suelo.

Quienes tenemos un cierto conocimiento del campo, de la política agraria y de cuestiones básicas de economía, sabemos que las cosas jamás son en blanco y negro. Ni esto es una bendición que vaya a arreglar el sector oleícola, ni es una ocurrencia diabólica para arruinar a las familias. Es un parche técnico con un equilibrio finísimo. Tiene sus ventajas contables a corto plazo, pero esconde peajes estructurales de los que casi nadie quiere hablar porque escuecen.

Mirado desde la óptica del productor, sacar volumen del mercado responde a una lógica de supervivencia básica frente a la volatilidad. Ello permite sostener las cotizaciones en origen, evitando que el mercado entre en pánico y muchas explotaciones tengan que vender por debajo de coste de producción y también, en el caso del olivo, un cultivo con vaivenes en la producción brutales, guardar ese producto en depósito para sacarlo cuando haya menos cosecha ayuda a amortiguar los vaivenes salvajes de precio y a planificar las inversiones a más de doce meses vista.

Ahora bien, los milagros en economía agraria no existen. Esta retirada tiene dos caras B muy feas que terminamos pagando entre todos.

En primer lugar, partiendo de un escenario actual donde el aceite virgen cotiza en origen a unos 3 euros, el litro se te planta en la estantería del supermercado a uno 4,50. Estoy hablando de la lógica, sumando un porcentaje básico que sume molturación, envasado, transporte y margen de distribución. Si forzamos la máquina, quitando el 12% de producto, los cálculos hablarían de un incremento de coste en origen de prácticamente el doble (un 25%). Así que, haciendo los números básicos, ese aceite de oliva nos lo encontraríamos a  5,4 euros en la estantería, siempre y cuando los intermediarios o la tienda, no aplicaran más subida que la que fuera lineal. Y ya sabemos que la tendencia es que ese 25% pueda repercutirse hasta en diez puntos porcentuales más para el consumidor. Esa subida, en una casa media de cuatro personas, podríamos estar hablando de una cantidad al año. de incremento de gasto, entre 35 y 60 euros más.

Pero, como ingeniero agrónomo (aunque nunca haya ejercido, salvo en momentos puntuales), hay algo que me preocupa bastante más. Me estoy refiriendo a que con esta medida lo que estamos haciendo es proteger a las explotaciones agrarias ineficientes que no se hayan modernizado. Un olivar tradicional, sin mecanizar, tiene unos costes de producción de 3 a 4 euros el kilo, mientras que las explotaciones más modernas, con riego por goteo y recogida mecanizada, están teniendo unos costes de producción de la mitad. Sí. Sé que el coste de mecanizar la producción y aumentar la eficiencia de la misma son altos. Por eso nunca he entendido que, en lugar de subvencionar a la agricultura por destruir o almacenar producto, se la subvencione para mejorar las fincas, con controles acerca de dónde se destina cada euro.

La resolución del BOE es un parche para pasar esta campaña. Evita que la cotización se desmorone mañana por la mañana, sí, pero convertir la intervención en el mecanismo habitual es una trampa. Yo creo que hubiera sido más útil no realizar la intervención, sacando ese 12% y permitiendo que el precio, al consumidor final bajara y dando ayudas para la reconversión técnica y competitividad real en el campo, estableciendo aranceles para producto que no provenga de la Unión Europea, que haga inviable que las grandes cadenas de supermercados se abastezcan en otros países (a los que no va a afectar esta regulación). Pero qué sabré yo…

Finalmente deciros, y ahora ya me salto el leitmotiv del artículo, la satisfacción que he tenido al revisar algunas nociones del campo que tenía abandonadas. Me encanta el cambio que he hecho del monotema educativo porque, como persona altamente curiosa, me apetece recuperar conocimientos y saber más de muchas cosas. Otro tema es convertirme en tertuliano o coach de la nada.

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Un comentario

  1. Completamente de acuerdo, Jordi.
    Tan solo añadir que la medida es además regresiva entre agricultores, porque permiten que el % de ganancia que obtengan los menos innovadores es superior al de los innovadores
    O dicho de otra forma: los primeros mantienen un margen ficticio sin hacer nada, lo cual podría restar incentivos a los segundos.
    Esto me recuerda a mi tema favorito: la Función Pública, donde el riesgo de hacer se penaliza, y tal vez por eso tan poca gente se mueve del sitio a la espera del maná que nunca falla.

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