Manual rápido para limpiar tu red de charlatanes educativos
A estas alturas de la película, con el inicio de curso llamando a la puerta y la red convertida en un estercolero de ruido, conviene hacer un ejercicio básico de higiene digital. En la era del algoritmo, cualquiera que sepa poner tres emoticonos y estructurar un hilo bonito se cree con el derecho de pontificar sobre cómo debe aprender un chaval de quince años. Hemos sustituido el estudio, la evidencia empírica y la revisión rigurosa de datos por el aplauso rápido de la tribu.
Seguir a la gente equivocada en redes sociales no solo hace perder un tiempo precioso. Destruye la salud mental, distorsiona la realidad y confunde la divulgación seria con el mero panfleto. Por eso, para evitar que nos sigan vendiendo una moto usada a la que han falsificado el cuentakilómetros a las puertas de septiembre, toca establecer un filtro de entrada exigente.
Antes de ver a quién vale la pena prestar atención, conviene sacar la tijera y purgar la lista de referencias. Deberían quedar oficialmente fuera de nuestra dieta de lectura los siguientes perfiles…
- Los mercenarios de la batalla cultural. Esos que solo ven la escuela como un campo de minas para colar su doctrina partidista. Les da exactamente igual si los alumnos aprenden cálculo o si la comprensión lectora se hunde. Solo buscan el tuit incendiario, la polarización barata, la trinchera política y el aplauso de sus feligreses.
- Los profesionales del señalamiento y la horda. Perfiles tóxicos que han convertido el debate educativo en una cacería de brujas. Si la única forma que tienes de defender tu postura es linchar a quien piensa diferente, señalarlo con el dedo o montarle una jauría de troles en redes, tu discurso vale cero. Cero aportación, 100% matonismo digital.
- Los cínicos del «haz lo que digo, pero no lo que hago». Adalides del buenismo que predican las bondades del aprobado general, la ausencia de esfuerzo y la supresión de la exigencia mientras matan por asegurar a sus propios hijos en entornos de alto rendimiento donde sí se imparte rigor académico. A esta estafa no debería dárseles ni un solo clic.
- Los vendedores de crecepelo pedagógico. Creadores de contenido que sobreviven a base de frases enlatadas de autoayuda, conceptos rimbombantes sin base científica alguna y humo diseñado únicamente para conseguir likes o vender su próximo taller de tres horas.
Para que las reflexiones de alguien sobre educación tengan valor real y merezcan un minuto de nuestro tiempo, deberían cumplir cuatro condiciones indispensables. Sí, ya veis que hoy estoy con las listas.
- Rigor, datos y evidencia empírica. No hace falta estar pasando lista en un aula a las ocho de la mañana para aportar luz al debate. Hay investigadores, analistas y divulgadores fabulosos que hacen un trabajo impecable documentándose, analizando datos reales y revisando la literatura científica sin sesgos. A la gente que contrasta antes de pontificar hay que leerla siempre.
- Coherencia y honestidad intelectual. Si defiendes una postura, demuéstrala con argumentos sólidos y datos verificables, no con marcos teóricos ideologizados. Quien respeta la educación no oculta los datos que contradicen su opinión previa.
- Capacidad para criticar a los «suyos». Si todo lo que escribe una persona coincide al milímetro con el argumentario de un partido político, de un sindicato o de una corriente concreta, no estás leyendo a un pensador independiente. Estás leyendo un boletín de propaganda. La independencia se demuestra cuando se es capaz de señalar las miserias del sistema, caiga quien caiga.
- Respeto sagrado al conocimiento. Buscar a referentes que defiendan la importancia de la cultura, la transmisión del conocimiento y la dignidad del aprendizaje real, sin necesidad de disfrazarse de influencers de pacotilla ni de buscar el casito constante.
Evidentemente, esto no es un código deontológico ni un mandato papal. Faltaría más. Cada cual es perfectamente libre de seguir, leer, aplaudir o engordar el ego de quien le venga en gana. Si a ti te entretiene el circo de las batallas culturales, te apasiona ver cómo se zurran dos trolls en X o prefieres consumir frases motivacionales en formato taza de desayuno, adelante, pero si lo que buscas es entender qué demonios le pasa a la educación, dónde se están cometiendo los errores reales y cómo se puede proteger el aprendizaje de los chavales sin trampa ni cartón, conviene empezar a seleccionar muy bien las fuentes. Las conversaciones sobre educación son demasiado serias para dejársela a los mercenarios del algoritmo. Y por eso conviene dotar de valor a las opiniones de calidad aunque, en ocasiones, no digan lo que te gustaría oír.
Finalmente un detalle importante… podemos creer en el poder de las redes, pero las decisiones se toman en ciertos lugares. Decisiones que, en ocasiones, dependen más del voto que de lo buenas que sea la mismas. Algo que, como siempre he dicho, en los últimos tiempos puede variar en función del discurso que las redes magnifiquen.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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