Algunas propuestas realistas para unir universidad y escuela

En el día de ayer escribí un artículo en el que cuestionaba esa distancia tan evidente entre la universidad y lo que ocurre en las aulas de etapas obligatorias. Fue un desahogo necesario. Pero lo fácil siempre es señalar lo que falla. Lo difícil es asumir que, si no ponemos algo para que cambie, la queja se convierte en ruido. Y en eso, yo tampoco quiero contribuir.

Porque hay una realidad que no podemos ignorar. Esa realidad es que la universidad necesita a las escuelas tanto como las escuelas necesitan a la universidad. Ya va siendo hora de dejar de tratarnos como si viviéramos en planetas distintos, cada cual convencido de que entiende mejor que el otro lo que es educar.

La investigación tiene un valor enorme cuando nace de las preguntas que se hacen quienes están cada día en el aula, cuando no se limita a recoger datos y marcharse sin dejar huella, cuando sus conclusiones no se pierden entre tecnicismos y sus propuestas no se quedan atrapadas en un PDF al que nadie va a entrar jamás.

Y, a la vez, desde los centros educativos de etapas obligatorias también toca hacer autocrítica. No podemos pedir soluciones si giramos la cara en cuanto se menciona una tesis, un estudio o una jornada que pueda ayudarnos a entender mejor lo que vivimos dentro de clase. A veces la falta de tiempo o el agotamiento explican ese rechazo, claro que sí, pero no por ello podemos seguir alimentando la desconexión.

Haría falta algo tan sencillo -y tan complejo- como sentarse a hablar de verdad. No en mesas eternas ni en jornadas de fotos, sino tomando como punto de partida al alumnado concreto de un grupo concreto en un centro concreto. Menos discurso y más pisar el suelo. Menos proponer en abstracto y más entrar en el aula sabiendo a quién miras a los ojos. Menos «esto debería funcionar» y más «vamos a ver juntos si funciona».

Quizá la clave esté en compartir tiempo. Que quienes investigan se queden un rato más después de recoger sus datos. Que quienes enseñan puedan participar en proyectos sin tener que robar horas de un descanso que ya no existe. Que los resultados no lleguen al cabo de dos años sino cuando aún se recuerdan las conversaciones que los hicieron posibles.

No se trata de convertir a nadie en salvador de nadie. Ni de pedir a la universidad que renuncie al rigor, ni al profesorado que añada más carga a su mochila ya demasiado pesada. Se trata simplemente de reconocernos aliados. De entender que el valor de una buena investigación se multiplica cuando aterriza en un aula, y que muchas de las decisiones que se toman en esa aula pueden ser mejores si se apoyan en conocimiento sólido y relevante.

La crítica ya está hecha. Lo que toca ahora es lo que realmente decide si todo esto tiene sentido… trabajar para que el conocimiento no viaje solo en una dirección. Para que los pasillos de los centros educativos y las facultades no sean líneas paralelas. Para que cada avance, aunque sea pequeño, tenga una oportunidad de mejorar una clase, un grupo, una historia particular.

Porque la educación no se transforma desde lejos. Se transforma juntos. O no se transforma en absoluto.

Ahora viene la parte constructiva. La de esas propuestas que he mencionado de soslayo pero que quiero especificar en las siguientes líneas, mediante unos puntos concretos. No sé cuántos me saldrán, así que me ahorro deciros si van a ser dos o veinte. Es lo que tiene ir redactando sobre la marcha, con esos minutos que me marco por artículo.

Investigación en colaboración, no investigación sobre los centros.

Si los estudios nacen del aula, del profesorado y de las necesidades reales del alumnado, es mucho más fácil que terminen ayudando justo donde surge la pregunta.
Mi propuesta serían tesis y proyectos co-diseñados con los docentes de aulas de etapas obligatorias.

Resultados comprensibles y aplicables.

No basta con publicar en revistas que nadie conoce o puede pagar.
Mi propuesta sería que junto a cada artículo académico, hubiera una guía breve para docentes con ideas prácticas, adaptaciones posibles, límites y ejemplos reales.

Presencia continuada en los centros, no solo visitas de recogida de datos.

Si la universidad pisa aula de verdad, entiende aula de verdad.
Esto ya es un poco loco, pero creo que unas estancias bidireccionales -investigadores en escuelas y profesorado de etapas obligatorias en la universidad- irían muy bien para que la teoría y la práctica engranen.

Formación que acompañe, no que recite dogmas.

Los cursos dogmáticos sobre lo que no se ha probado en clases reales sirven de poco.
Mi propuesta serían formaciones ligadas a proyectos de mejora en los centros, con seguimiento, retroalimentación y tiempo para ajustar en colaboración con las facultades de educación.

Reconocimiento para quien investiga desde el aula.

Si el profesorado investiga, debe tener tiempo, mérito y apoyo.
Mi propuesta serían programas de incentivo para docentes que lideren investigación aplicada. Y en eso se podría trabajar colaborativamente entre los que lideran la investigación actual (las universidades) y los docentes con inquietudes acerca de ese aspecto profesional.

Comunicación clara y menos postureo.

Ni la escuela es amateur, ni la universidad es un laboratorio aislado del mundo real.
Mi propuesta serían foros conjuntos, reuniones de trabajo y espacios estables de diálogo entre personas que nos necesitamos mutuamente.

Evaluar juntos lo que la teoría promete.

Porque a veces una idea magnífica en papel se disuelve en la práctica.
Mi propuesta serían pilotos pequeños y medidos, antes de convertir cualquier moda en doctrina.

Lo sé. Esta es la parte fácil. La de realizar propuestas. Lo difícil es cuando una propuesta tiene que aterrizar. Y eso, los que trabajamos en educación, sea cual sea nuestro rol, lo sabemos perfectamente. Pero, como mínimo, si se hacen propuestas ya hay una base sobre la que empezar a trabajar. Un trabajo que debe de ir a solucionar el objetivo de todo el sistema educativo que, aunque algunos lo confundan interesadamente, es que el alumnado aprenda más y mejor.

¡NOS NECESITAMOS!

Haber dejado el artículo de ayer sin esta continuación hubiera sido dejarlo muy sesgado. Especialmente cuando algún comentario en el mismo tiene parte de razón cuando dice que hice lo fácil. Y lo fácil casi nunca es lo que debe hacerse aunque, por desgracia, sea lo que más vende en la actualidad.

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7 comentarios

  1. Los problemas de educación son mayoritariamente de información y de comunicación de la información. Jordi Martí por ejemplo tiene muchísimos artículos en XarxaTic, muchos de ellos excelentes y listos para debatir en las clases de didáctica de las universidades. ¿Por qué los expertos que tenemos no eligen los 10 mejores artículos de Jordi y lo comunican a los porfesores de todo el mundo?. ¿Por qué?.
    Aquí, en el sur de Europa tenemos muy buenos educadores, no entiendo ir a Finlandia, Suecia, Japón o Estados Unidos y no aprovechar las buenas innovacones e investigación que hay aquí como por ejemplo El Programa TEI de tutoría entre iguales de Andrés González Bellido de la Universidad de Barcelona, que evita el acoso escolar, con el 98% de eficacia, en realidad ya no se utilizan los protocolos debido a que el acoso se ha evitado antes y ya no se presenta. https://www.programatei.com/
    Hay muchos ejemplos de profesores investigadores, por ejemplo el Grupo Gea Clío de Valencia coordinados por Xosé Souto que tienen un enorme repositorio en la didáctica de las Ciencias Sociales, info por ejemplo aquí: https://geaclio.wordpress.com/gea-clio-valencia-ed-naullibres/ y otros grupos de innovación y centros de formación buenísimos como l’Associació de Mestres Rosa Sensat de Barcelona https://www.rosasensat.org/ ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué esta información no llega al profesorado?.El profesorado tiene derecho a la información y la responsabilidad de informarse, no se puede no informar y luego exigirles.

  2. Yo si voy a enumerar, Jordi, dos cosas, dos puntualizaciones a tus propuestas.
    Una, los profesores no pueden investigar porque no saben investigar, no investigan ni para actualizar los contenidos, primero tiene que saber de pedagogía a lo que se niegan, la respuesta muy mayoritaria…»yo no soy psicólogo, soy matemático» es un ejemplo de lo que hay y se permite por la administración de turno (incluyendo equipos directivos)
    La otra cuestión es lo de hacer «pequeños pilotos», no, no sé enseña eso en el máster, sé enseña a la accionen el aula y a equivocarse, cada profesor tiene el derecho y la obligación de poner en practica su libertad de cátedra (como dijo otro comentario, quien quiera peces, pues eso, quien quiera saber que significa la libertad de cátedra que investigue)
    El cáncer del sistema educativo es el profesorado, así de crudo, tendría que someterse a un tratamiento de máster.

    1. Buenas tardes Jesús, aunque es cierto lo que usted dice, también es verdad que hay docentes de niveles no universitarios que se han informado y actualizado en didáctica y luego han sido maestros, profesores y doctores en temas de educación. Le adjunto con el permiso de Jordi Martí mi contenido ya que estos son los resultados de mi caso y el de otros profesores. Confío que ayude a mejorar el aprendizaje de la infancia y la adolescencia y evite problemáticas disciplinarias, faltas de respeto al profesorado y limite la burocracia. Todos somos necesarios para hacer avanzar la educación, todos. https://linktr.ee/antoniballester

    2. «El cáncer del sistema educativo es el profesorado, así de crudo ,…» Buena tarjeta de presentación. Yo empezaría fusilando a los que lleven gafas, para dar ejemplo al resto.

    3. Jesús. Acabas de caer en las redes del sesgo de generalización apresurada.
      Ya lo apuntan en otro comentario: cada vez somos más los que ampliamos nuestros conocimientos de didáctica específica (que no necesariamente de pedagogía como malintencionadamente barrunto que apuntas) de nuestra materia. Y algunos, aunque tarde por edad, pero también investigamos y hasta publicamos algo de investigación, poco aún. En mi caso, de matemáticas, pq soy matemático y docente de matemáticas por más de 30 años, y NUNCA renunciaré a ninguna de ambas condiciones.

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