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¡Consulta a Grok!

Estamos en ese momento brillante de la historia en el que, si te duele un dedo, te peleas con tu cuñado o se te cae el Wi-Fi, la reacción lógica no es pensar, ni mucho menos decidir. Es consultar a Grok.

Porque Grok lo sabe todo. Grok es el oráculo moderno. Una mezcla entre Wikipedia con esteroides, gurú de autoayuda y cuñado.
¿No sabes qué película ver esta noche? Pregúntale a Grok.
¿Dudas entre cambiar de trabajo o mudarte a una cabaña en el bosque? Grok te hace una lista de pros y contras, con emojis.
¿Tienes una conversación pendiente con alguien y no sabes si hablarle ya o esperar 37 minutos para no parecer ansioso? Tranquilo: Grok tiene protocolo emocional para eso también.

Y claro, tú, feliz. Porque por fin alguien -bueno, algo- te da respuestas. Sin juicios. Sin contradicciones. Sin pausa.
El problema es que, a fuerza de consultar todo, ya no decides nada tú.
Te conviertes en espectador de tus propios dilemas, esperando que una inteligencia artificial te dé el ok para sentir, opinar o pedir pizza.

Y lo peor es que Grok no se cansa. Ni se equivoca. Ni duda.
Grok no dice «no lo sé», ni «haz lo que te diga el cuerpo».
Grok simula empatía, pero nunca ha tenido resaca, ansiedad de domingo o esa sensación de me estoy olvidando de algo y no sé qué.
Grok no ha llorado en el coche sin saber por qué.
Grok no ha discutido por tonterías y luego se ha sentido idiota durante horas.
Grok no te mira raro cuando cambias de opinión.
Tú sí.

Y por eso, por más útil que sea, hay algo profundamente ridículo en consultar a Grok para todo.
Porque vivir no va de tener siempre la respuesta perfecta. Va de equivocarse, de hacer el ridículo, de decir «qué demonios» y luego decir «¿en qué estaba pensando?».
Va de tener contradicciones, manías, impulsos que no cuadran con ningún prompt.
Va, en definitiva, de no saber.
Y de decidir aún así.

Así que no, no le preguntes todo a Grok. No le delegues tus dudas existenciales.
No le consultes qué responder a ese mensaje.
No le pidas que te diga si debes cambiar de sofá, de vida o de serie.
No necesitas una inteligencia artificial para eso.
Lo que necesitas es hacerte caso a ti, aunque a veces no te aguantes ni tú.

Y si sale mal, al menos podrás decir… la culpa fue mía, no de un algoritmo que se cree listo porque leyó medio internet.

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Un comentario

  1. Buena la chanza perfecta de cree en todo!
    Qué suerte que giraste en el último párrafo, que ya se estaba poniendo cómodo… y la incomodidad siempre obliga a la propia acción.
    Una vez más

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