Tengo una familia maravillosa y trabajo con profesionales fantásticos… y al final es eso lo que importa

En el día de ayer, de nuevo, volvieron a producirse situaciones vergonzosas entre docentes y personas interesadas en educación en las redes sociales. Especialmente en X, antaño Twitter o red del pajarito. Tuve la mala suerte de pasarme un poco más de rato de lo habitual, como persona (auto)expulsada de esa red, en la que solo intercambio algunos mensajes directos o publico los artículos que voy perpetrando por aquí y volví a sorprenderme, aunque cada vez menos, de ciertas conversaciones. Eso sí, reconozco que en ocasiones, el leitmotiv de lo que escribo aquí surge de lo que sucede en esa red. Una red del odio y del metemierdismo. Pedro, por favor, no confundas “metemierda” con “comemierda”. No es lo mismo. Y aprovecho para darte un abrazo y mucho ánimo en tu situación. Hay cosas que están por encima de la discrepancia. Al menos para mí.

Esta mañana me estoy preguntando si en lo que decía ayer Juan Rafael tenía razón. Si realmente es la propia red social la que nos lleva a interactuar como si fuéramos australopitecus o a sacar lo peor de las personas. Es para darle una vuelta porque, sinceramente, hay personas con las que he compartido mesa que no entiendo cómo se están comportando últimamente en esa red social. Y no creo, como he dicho en más de una ocasión en público o privado, que sean malas personas ni que todos tengan un chiringuito que montar o defender. Además, mirad qué pasa con otros debates la polarización tan interesada que se da. Repito. Es para reflexionar.

Fuente: https://twitter.com/jrfern/status/1770174116433166431

No tengo muy claro si X potencia, más que otras redes sociales, el intercambio de insultos, descalificaciones y búsqueda, por parte de algunos, de resquicios para atacar a los que, a priori, son los más débiles para ellos. Fijaos que, al igual que sucede en la vida real, la cobardía está a la orden del día y que, cuando hay un ataque a alguien, hay personas que se agrupan en su “clan” o “manada”. Bueno, más bien “jauría”. Esto daría para más de una tesis doctoral. O para más de una investigación de esas que algunos publican sin pisar aula. En este caso solo haría falta pasarse por X un tiempo y empezar a apuntar las publicaciones, la relación entre los que se apuntan a hacer sangre, los que se esconden después de tirar la piedra y los que, cuando ven en qué sentido sopla el viento, cambian de opinión más que una veleta.

Pero, repito, lo anterior no es relevante. Bueno, no lo sería si no afectara personalmente a determinados usuarios de la red. Hay gente que lo está pasando mal por los ataques que está recibiendo en X. Y, el problema, es que la adicción hace imposible desengancharse porque, al igual que lo pasan mal, hay a veces feedback positivo que les impele a seguir. El algoritmo está muy bien planificado y mejor ejecutado.

La verdad es que leyendo lo que llevo escrito tengo dudas de si era de esto de lo que quería hablar. Bueno, creo que está relacionado porque, al final, X o cualquier otra red social, acaba supliendo determinadas necesidades que no se cubren en la vida más personal. Y la interacción con esas redes es, al final, un intento de que todo lo que sucede fuera de ellas pueda ser controlable. Lástima que no lo sea. No es controlable ni lo que sucede a nivel profesional ni, por desgracia, lo que sucede a nivel personal.

Estos días he vuelto a descubrir que estoy rodeado de una familia fantástica. Este fin de semana que viene voy a disfrutar de otra parte de la familia, igual de fantástica que esta con la que he disfrutado (no solo) estos días. Por ahora estamos bien todos. Algo que debemos estrujar al máximo porque es lo más importante de la vida de uno. Estar bien y que la gente más cercana esté bien.

Y en referencia a los debates (pseudo)profesionales en X u otras redes sociales, tan solo recordaros que lo importante es ser profesional en el trabajo. Una profesionalidad que mejora cuando los compañeros de profesión son grandes profesionales y mejores personas. Algo que he tenido, salvo excepciones, la gran suerte de tener. Por eso no necesito grupos ni adláteres en las redes sociales. Por eso, lo único que necesito es disfrutar de mi familia y de esos compañeros con los que comparto al día muchas horas.

Tenemos que valorar más lo que tenemos y a la gente que realmente vale la pena. Son mayoría. Lo que sucede en una red social, con objetivos de atraer y conseguir que cada vez estemos más horas en la pantalla, promocionando determinados contenidos o mensajes, es algo que puede ser complementario a lo primero pero, por suerte en mi caso, con una importancia ínfima tanto en mi vida personal como profesional.

Si os va bien publicar vuestras reflexiones en X o en cualquier otro sitio, hacedlo. Si os hace bien, al igual que me hace a mí, reflexionar en esta bitácora personal, no voy a dejarlo de hacer porque alguien me diga algo bonito o desagradable. Lo hago porque me hace bien, me apetece y, además, disfruto escribiendo, normalmente por la mañana, algunas líneas acerca de cuestiones que me planteo. No lo hago mejor ni peor que muchos. Ni lo hago para conseguir nada. Lo hago por mí. Y el día que deje de hacerlo, al igual que dejé de hacer otras cosas espero, a diferencia de otras cosas que he dejado de hacer por terceros o porque me hicieron mal, poder decidir dejar de hacerlo libremente.

No sé si me he explicado bien. Quizás no. Quizás haya muchos matices o cosas a las que, seguramente, alguien pueda sacar punta porque le interesa hacerlo. No pasa nada. Estoy, por suerte, por encima de estas nimiedades y relaciones de patio de colegio. Me he hecho ya muy mayor. Y espero hacerme todavía más mayor porque cumplir años, aunque no os lo creáis, es lo mejor que puede pasar. Especialmente si ves que los que quieres cumplen años contigo.

P.S. Que nadie de mi familia ni de mi trabajo se me enfade por la imagen que ilustra este artículo. Sois muchísimo más guapos.

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