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Se me acusa en muchas ocasiones de ser excesivamente pesimista en mis redactados sobre temas educativos. De no dejar la puerta abierta a la esperanza y de demoler, de forma más o menos cínica, la ilusión de algunos en cosas que, como dije ayer, no van a mejorar la educación. Por tanto y aprovechando que hoy ha sido un día en el que he recibido una buena noticia (bueno, la recibí ayer pero cuenta para hoy ya que ya había perpetrado el post matutino), me pongo mi disfraz de optimista y voy a deciros 20 cosas que quizás mejoren la educación. Sí, el disfraz tiene ya sus años y el quizás es algo que se cuela por alguno de sus agujeros.

Fuente: Pixabay

Ya puestos me pongo a recordar que no me gustan las listas pero, al final me facilitan mucho ceñirme a determinados postulados que planteo en mis artículos. Sin enrollarme mucho más, le’ts go. Es una pena que el de “zarpamos” haya abandonado su blog. Había cosas que, quitándole la venta del producto, me gustaba leer.

Mejorar la competencia digital de los docentes podría llegar a mejorar la educación. Y voy a ceñirme al concepto de competencia digital porque algunos lo relacionan con saber usar una determinada herramienta. No, ser competente digitalmente significa poder saber moverte con fluidez en el uso de herramientas tecnológicas.

También añadiría que quizás acabe mejorando la educación los recursos que se invierten en formación del profesorado. Al menos, a más recursos, hay una mayor posibilidad de encontrar algo que sirva a los docentes en su día a día. Se ha de rebuscar pero, si aumenta la oferta, a lo mejor se cuela algo que pueda repercutir positivamente en el aula. A veces hay formación que repercute positivamente en la praxis y en la sabiduría de los docentes que imparten clase.

Las ratios reducidas también podrían llegar a mejorar la educación. Tengo claro que no se trata de personalizar uno a uno pero, en mi opinión, mantener aulas con más de treinta alumnos no mejora la educación. Cualquier reducción de ratios posiblemente lleve a una mejoría de los resultados del sistema educativo.

Relacionado con lo anterior, hay una apuesta que están haciendo algunos centros por la codocencia (dos o más docentes en el aula) que tiene muy buena pinta. Ojo, una cosa es la codocencia en un grupo de treinta mediante dos docentes en el aula y otra, muy diferente, la que venden algunos centros educativos “innovadores” con setenta alumnos para tres docentes. Cualquiera que sepa dividir y no haya sufrido el método ABN, seguro que inmediatamente ve dónde le quieren tangar.

La difusión de metodologías puede llegar a mejorar la educación. No me estoy refiriendo a que se potencie el uso de una concreta. Me refiero a que cuantas más estrategias metodológicas conozcan los docentes, más recursos tendrán para poder adaptarse a sus alumnos.

Las redes sociales también pueden ayudar a mejorar la educación mediante la difusión de prácticas y recursos educativos. Añado a lo anterior, aunque sea ligeramente diferente, la existencia de blogs en los que, altruistamente, muchos docentes cuelgan materiales de sus asignaturas sin pretender “ser mejor que”, “ni ganar premios”, “ni conseguir seguidores”, “ni ganar pasta con los contactos que van a hacer”, ni…

Los docentes que “adoctrinan” (y no estoy hablando de los de religión) también pueden ayudar a dar otro punto de vista acerca de ciertas cuestiones sociales que, quizás, puedan llegar a calar en los alumnos. A más cantidad de inputs diferentes, entre los que los alumnos puedan analizar e incorporar/descartar en su conformación como personas, mejor.

A veces los sindicatos también sirven y, aunque estén muy denostados interesadamente por parte de terceros (y también se ha de reconocer que, hay algunos liberados -pocos pero, curiosamente, se ven mucho- que dejan mucho que desear) para mejorar las condiciones laborales de los docentes. Y, a mejores condiciones laborales de los profesionales de cualquier ramo (educación incluida), mejor trabajo se hace.

La difusión de investigaciones educativas serias y las charlas sobre las mismas, alejándose del fenómeno de las pseudociencias educativas, también pueden ayudar a arrojar valores científicos en los que basarse. Bueno, ya sabemos que la educación es una ciencia social (para algunos no llega a ser ni ciencia) pero podemos obtener de esas investigaciones algunos indicadores. No está mal poder tener una idea más o menos científica de qué funciona. Eso sí, lo anterior no excluye que, al final, sea más una cuestión de adaptación al alumnado y experiencia. Hablando de experiencia. A mayor experiencia, mejora educativa. Estoy convencido de que conforme aumenta la experiencia de los docentes (ya lo sé, hay excepciones) mejora el propio sistema educativo.

Llevo la mitad y me estoy quedando sin ideas. ¿Será verdad que soy un pesimista nato y no puedo ver la luz al final del túnel? Lo importante es perseverar. Sigamos…

El trabajo por proyectos en etapas de escolarización inicial. Trabajo por proyectos complementado por estrategias de lectoescritura (sin forzar el momento de inicio de lectura a los tres años como pretenden algunos), potenciando la realización de operaciones matemáticas sencillas y entender algunos problemas básicos, puede mejorar la educación.

Otra clave para la mejora de la educación es que hay profesionales que se han incorporado en los últimos tiempos en docencia con una visión muy diferente de ciertas asignaturas (estoy hablando de la Educación Física y la Música). Antes Música la daba en primero de BUP el que pasaba por ahí y de Educación Física, salvo excepciones, teníamos a las de la Sección Femenina. Ahora son profesionales que salen de Conservatorios y de carreras como INEF. Es otro nivel de profesionales. A mejor currículum y formación académica, más posibilidades de ser buenos profesionales. La vocación ya sabéis que no influye para ser un buen profesional de la docencia.

A los medios de comunicación, a veces, se les cuela (o cuelan para disimular) alguna noticia positiva de docentes. Ese chute de ánimo también puede ayudar a mejorar la educación.

La mayoría de padres, por mucho que se difunda lo contrario, apoyan a los docentes en su trabajo y se preocupan por sus hijos. Eso también ayuda a que exista esperanza. Por cierto, a más preocupación de los padres por sus hijos, más tiempo con ellos y más comunicación, mejores resultados en el aprendizaje.

Os va a parecer raro pero incorporo a la administración educativa como motivo de esperanza para mejorar la educación. Ahora que estoy dentro sé que, al igual que sucede en los centros educativos, la mayoría se preocupan porque funcionen las cosas. Un detalle, administración educativa es el docente que está en el aula, el que está fuera de ella en una asesoría o el político que la gestiona. Hay buenos y malos profesionales en todas partes pero, antes sabía que en los centros eran minoría los malos y ahora sé que en la parte “más negra para algunos” de la administración educativa, también son minoría. Determinadas decisiones políticas también pueden ayudar a mejorar la educación. Y algunas decisiones políticas en ese sentido (menos de las que me gustaría) se están tomando.

Me he quedado a tres de las veinte. No me lo tengáis en cuenta pero, como siempre hago, os dejo los comentarios para que podáis añadir lo que queráis.

Hay motivos para deprimirse al ver ciertas cosas pero también hay motivos para la esperanza. Y, a pesar de lo que estemos viendo algunos en Twitter, la Educación en mayúsculas se juega en otros campos. Campos en los que no importa el número de seguidores, lo que se diga o lo que se venda. Campos en los que importa es cómo se juegue, en qué condiciones está el campo, si el árbitro ve los fueras de juego y si los jugadores se han preparado el partido (o se lo han podido preparar).

Le dedico este post a Roser porque ayer me dijo que fuera un poco optimista. La verdad es que lo soy… aunque algunos no se lo crean.

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Cada día que pasa que cuesta más saber o proponer qué puede llegar a funcionar para mejorar la educación pero, por suerte, me hace tener cada vez más claro que no va a mejorarla. Y creo que, tan importante es saber qué hacer como qué no hacer para mejorarla.

Fuente: Pixabay

Hoy, aprovechando otra noche de insomnio más, os voy a exponer un listado (qué poco me gustan los listados, pero qué fácil se me hace escribir sobre ellos, al ser un número tasado que obliga a centrarme) de cosas que se están haciendo/vendiendo/comprando que no van a mejorar la educación por mucho que, algunos se crean que van a hacerlo. De ilusión también se vive pero, para cualquiera con dos dedos de sentido común y capacidad intelectual mínima, sabe bien que lo que voy a exponer a continuación, o bien ha sido un fiasco o, simplemente, ha mantenido los resultados de aprendizaje de sus alumnos (eso sí, salvo que a uno le interese manipular, por interés o necesidad, ciertas cosas).

Si me permitís voy a empezar por las TIC. Lo más rancio del discurso de ahora (hace una década, con el reparto de portátiles iban a solucionarse todos los problemas) sigue siendo caballo de batalla de algunos. No, las TIC no van a mejorar la educación. Permiten una ventana abierta a muchas cosas y a una cantidad de información inabarcable pero, seamos sinceros de una vez, poner tablets, portátiles o, simplemente permitir el uso de los móviles, no está mejorando la educación. Y, en ocasiones, las pantallas acaban siendo más un distractor que otra cosa. Así que, si en algún centro os venden un modelo de mejora educativa basado en la tecnología, que sepáis que os están timando. No voy a justificarlo aquí con investigaciones varias. No es por escaquearme pero, es muy pronto y los artículos que escribo prefiero dejarlos a futuras matizaciones. Además, siendo claros, habrá personas que serán incapaces de cuestionarse ciertas cosas. Algo con lo que no tengo ganas -al menos hoy- de enfrentarme.

Relacionado con lo anterior, tampoco va a mejorar la educación que un docente sea Google o Microsoft Certified, Apple Distinguished, etc. Las certificaciones que dan las empresas privadas -especialmente las multinacionales tecnológicas- no aportan valor añadido a la educación. Yendo más lejos, tampoco dicen nada de la profesionalidad del docente que las posee. Al igual que algún máster de esos que se compran en muchas Universidades Privadas o se realizan en alguna Pública.

Tampoco va a mejorar la educación en su conjunto la existencia de centros-gueto ni la segregación escolar. Entro también en la nula mejora educativa que supone tener centros para niños y para niñas porque, por suerte, la educación diferenciada hace tiempo que, con estudios se demostró que era un bluf. Ya si eso los defensores de la misma buscáis investigaciones. Estoy perezoso a estas horas. Ya os lo he dicho antes. Un detalle importante, cuando me refiero a centros-gueto me refiero incluso a los centros para hijos de familias pudientes y lo extrapolo a las aulas homogéneas (por nivel) que algunos centros, de forma camuflada, usan para segregar a los alumnos. Los centros de excelencia tampoco mejoran la educación.

Dar clase en una lengua diferente de la materna o la cooficial no mejora la educación. No creo que se tenga que ser muy inteligente para entenderlo. Una lengua que no se habla en casa y que no se oye de forma habitual en el contexto, acaba siendo contraproducente para su uso en materias no lingüísticas.

La educación tampoco va a mejorar aumentando el número de asignaturas o la carga horaria de alguna de ellas. Va, voy a jugar a recibir capones… por ejemplo, aumentar las horas de Educación Física como pretenden algunos, no mejora la educación en su conjunto. Otra cuestión sería reformular el currículum de forma global para reducir asignaturas, haciendo que las mismas fueran casi mínimas en las etapas iniciales y que hubiera, dentro de ese currículum una apuesta por actividades deportivas, artísticas, plásticas y musicales, combinándolo con unos conocimientos matemáticos y lingüísticos muy básicos (saber leer, escribir, comprender y hacer operaciones básicas entendiendo problemas de la vida cuotidiana).

El uso de una determinada metodología de forma exclusiva, tener centros educativos basados en la misma (escuelas Montessori, ABN, etc.) no va a mejorar la educación. Las metodologías no mejoran la educación salvo que vayan ligadas a la adaptación al alumnado. Sin conocer al alumnado, el planteamiento previo de una metodología (no me estoy refiriendo a las actividades) es un error que, con suerte, no va a mejorar ni empeorar el aprendizaje de los alumnos. Sin suerte ya sabemos qué pasa.

La mayoría de libros que se escriben actualmente sobre educación -y más aquellos que solo tienen la vertiente guay, son autobiográficos sesgados o no invitan a la reflexión- no van a mejorar la educación. Tampoco lo van a hacer aquellos libros de viajes por centros educativos innovadores. Tenemos, como bien sabéis, literatura educativa escrita por encima de nuestras posibilidades. Como lecturas son interesantes pero si las mismas no te crean desasosiego o te obligan a pensar, de poco sirven. Mejor ponerte con alguna novela negra y no perder el tiempo en lo anterior. Bueno, salvo que te hayas tragado el fenómeno “fan” y compres las mismas porque están escritas por alguien que te cae más o menos bien.

El fenómeno gurú es otra de las cosas que no van a mejorar la educación. Esos ponentes que un día ves acudiendo a un macroevento X, al día siguiente van a un evento Y en un centro plagado de cruces para, acabar haciendo caja defendiendo la educación pública, mientras huyen de su trabajo en las aulas (sean de enseñanza obligatoria o postobligatoria) no van a mejorar la educación. Tampoco va a mejorar la educación ir a esos eventos educativos cuyo objetivo es hacer sesiones de meditación, bailar o que, alguien sin ningún tipo de currículum, te hable de temas que no existen como la neuroeducación. Pongo ejemplos pero, como digo siempre, a veces es más fácil explicar las cosas con un ejemplo que filosofando sobre el asunto y despersonalizándolo.

Las pruebas PISA tampoco van a mejorar la educación. Es que es de cajón que, unas pruebas diseñadas por una organización económica, no pueden llegar a mejorar nada. Bueno, a veces la joden porque a algunos países se les ocurre la brillante idea de seguir sus indicaciones. Seguir las indicaciones de la OCDE o del Banco Mundial es joder la educación.

Ya solo me quedan ocho. Lo escribo aquí porque así me organizo para las cosas que quedan, viendo que este post me está quedando mucho más largo de lo habitual. Tengo insomnio vomitador de ideas. Creo que lo patentaré. Aquí el personal es mucho de patentar y no debo ser menos. A ver si lo peto como con el palo de las fregonas o el Satisfyer.

Empeorar las condiciones laborales de los docentes tampoco mejora la educación. Ni eso ni dar a las direcciones de los centros educativos poder para seleccionar a sus docentes. La autonomía de los centros educativos -que habría de potenciarse- no debe jamás consistir en dar poderes sobre cosas que debería gestionar la administración. Menos aún en un país como el nuestro en el que, por desgracia, hay más picaresca que otra cosa. No soy crítico, simplemente describo la situación. Solo hace falta que miréis a vuestro alrededor y veáis la cantidad de personas que pagan en negro en el taller, la entrada de un piso, las reformas en casa, etc. y que lo consideran lo más normal del mundo. Y muchos de los que hablan de eso son compañeros tuyos de profesión. Es que es lo habitual. Pues en una sociedad con estas dinámicas, es muy complicado creer en ciertas cosas y en que no se va a usar ese poder como director, para convertir los centros educativos en chiringuitos. Mejor no arriesgarse. Además, en Cataluña, donde ya hace tiempo que se hace, no ha mejorado nada la educación. Tampoco ha empeorado pero, ¿para qué potenciar el clientelismo si no hay ningún tipo de mejora?

Creer que debemos preparar para empleos que no existen, convirtiendo la educación, mediante molones siglas como STEM o STEAM (para esconderlo un poco) en una preparación para la vida laboral es un error. También lo es la existencia de grupos de PMAR, FP Básica, etc. porque se ha invertido mal en etapas anteriores. O, simplemente, por creer que la educación mejorará simplemente por invertir en exclusiva en centros educativos, ratios, etc. La educación nunca puede mejorar si no se actúa también sobre las causas por las que determinados alumnos fracasan. Y esas causas, en la práctica totalidad de ocasiones, son de índole social.

Tampoco va a mejorar la educación que los docentes tengan cuentas en las redes sociales o blogs como éste, se debata sobre el PIN parental o, simplemente, se pretenda poner a un docente como responsable de educación. No, el responsable político de la educación puede ser o no docente. Lo importante es que se rodee de buenos asesores.

Y, finalmente, que ya me estoy quedando espeso sin ideas, la educación nunca va a mejorar si no se aíslan intereses personales/políticos y se intenta tener una visión amplia del objetivo final de la misma que, como repito cada vez más, es que los alumnos aprendan y puedan mejorar la sociedad en un futuro. Ya veis que quizás he finalizado con algo que sí que puede mejorar la educación. Así que, si queréis reformular el post como 19+1 podéis hacerlo. A mí, a estas horas, me da bastante pereza y si habéis llegado hasta aquí sabréis que, con mi mala literatura (sé que no llego a más), he sido aún más incoherente de lo habitual. Toca café…

Que os sea leve pero, para animaros, deciros que por fin es jueves. Y os prometo que en el próximo post voy a ser más optimista. O, al menos, voy a intentarlo 😉

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Tengo muy claro que, a pesar de los cantos de sirena alabando las pruebas estandarizadas o mediatización de determinadas fórmulas aplicadas, en grupos normalmente filtrados, la mejora educativa no va a llegar a menos que introduzcamos un objetivo claro. Si el objetivo que se pretende es que un alumno apruebe un determinado examen, aprenda una determinada lengua, memorice o, sepa realizar de forma repetitiva determinadas operaciones, no estamos hablando de mejora de la educación. Estaríamos quizás hablando de competencia en la resolución de pruebas estandarizadas, bilingüismo poco natural en caso de programas bilingües o, incluso, de esa línea tan difusa que convierte una operación matemática en el objetivo último de ese aprendizaje. Y no, para mí no es éste el camino necesario para la mejora educativa.

Reconozco que es muy cómodo defender aprendizajes memorísticos, pruebas estandarizadas y libros/materiales obligatorios para todos los alumnos que hacen de la imaginación docente para ir más allá una auténtica utopía. Reconozco que muchos padres lo único que quieren ver es el triunfo en una hoja de calificaciones o, incluso, en un título firmado por el responsable político de turno que garantice, según ellos, que su hijo o hija, tiene posibilidades de acceder a un determinado empleo. Qué bonita es la ilusión. Ilusión que impide ver el objetivo último de la educación. Un objetivo que, más allá de potenciar el título o la medida del éxito o fracaso en función de cantidad de papeles atesorados, debería ir en la línea del cambio social. Porque, perpetuar un sistema como el actual, basado en la endogamia -y no la competencia- en la mayor parte de empleos y, destinados los mismos, a una simple reducción de cuotas de tiempo basándonos en un falso objetivo de aumento de producción hasta el infinito, es algo que debería hacer pensar. Más aún cuando la mayoría de empleos en la empresa privada se consiguen, en la actualidad, por los contactos que uno pueda haber generado o que, mediante las relaciones familiares, le permita acceder a determinados puestos. Sí, por desgracia el “padrino” laboral es la máxima en muchas empresas privadas de nuestro país. Conocer a alguien abre más puertas que una determinada calificación e, incluso yendo más lejos, que una determinada competencia profesional.

Es por lo anterior que jamás puedo estar a favor de los que propugnan, de forma libre y totalmente lícita -las opiniones siempre deben serlo-, un sistema de medición de resultados educativos basados en el simple hecho de pruebas cada vez más objetivas. Objetivar a los alumnos y dejarlos simplemente como partícipes en un sistema donde lo único que les gestiona es un número, da para pensar. Más aún cuando se pretende que dichas pruebas, avaladas por parte de la sociedad y organizaciones empresariales que se han colado, desde hace mucho tiempo, en la gestión educativa de las administraciones, sean tomadas como referencia del aprendizaje de tal o cual alumno. Y eso, a mí no me va.

No, yo no quiero que se realicen pruebas desde la guardería para taxonomizar a los alumnos entre buenos y malos. Menos aún que usen las notas numéricas o resultados de exámenes para, supuestamente, reconducir la situación y mejorar la educación.

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Eso sí, tengo muy claro que el objetivo debe ser la mejora educativa pero ahí, por desgracia, la visión de un economista -por bien que me caiga a nivel personal- y la mía, no van a tener nada que ver 🙂isanz2

Reconozco que, en demasiadas ocasiones, nos centramos en la actuación del docente dentro del aula para delimitar las acciones de éxito o fracaso educativo. Asumimos que, la mayor parte de la responsabilidad, recae directamente sobre el profesional que imparte cada una de las materias del currículum. A veces también se echa las culpas a los padres y, como no, a situaciones externas al propio sistema educativo. El problema es que lo anterior requiere de un gran aporte económico para cambiar. Y sí, todos sabemos que, a día de hoy, pedir un euro más para Educación, cuesta mucho de aceptar por parte de muchos.

Fuente: http://www.seminariointernacional.com.mx
Fuente: http://www.seminariointernacional.com.mx

Por suerte hay algunas actuaciones que podrían hacerse a coste muy reducido. Ni tan sólo sería, en muchos casos, aumentar la cantidad destinada a la partida educativa. Porque, sabéis qué, hay muchas cosas que no se hacen porque no hay interés (incluso podríamos llamarlo desidia) en llevarse a cabo.

Infraestructuras ¿Quién no se harta de escuchar el discurso de la necesidad de construir más centros educativos públicos? ¿Quién no se plantea la necesidad de disponer de oferta pública para poder escolarizar a todos los alumnos que se ven obligados a marchar a otra tipología de centros para poder estar cerca de su domicilio? ¿Por qué no nos planteamos un doble turno en los centros educativos? Al menos, en los de Secundaria (aunque también podrían usarse los colegios como centros para formaciones puntuales una vez acabado el horario lectivo de los niños). ¿Por qué no plantearse una ESO de mañana y un Bachillerato/FP de tarde? ¿No facilitaríamos el aprovechamiento de espacios? ¿No ahorraríamos en cuanto a infraestructuras y mantenimiento? No es lo mismo la creación y el mantenimiento de un nuevo centro que exprimir uno que ya tenemos para habilitarlo para ese doble uso.

Los cursos por edades. Si asumimos la personalización del aprendizaje, ¿por qué nos empeñamos en situar a los alumnos por edades? ¿No sería mejor ofrecer alternativas para que, a nivel de aprendizaje, cada alumno pudiera reforzar sus déficits y ampliar sus fortalezas? ¿Por qué no eliminar los cursos y plantearnos la necesidad de asumir unas consecuencias para certificar etapas educativas? ¿Por qué no permitir una flexibilidad en lo anterior? ¿Es realmente necesario que un alumno tarde cuatro años en sacarse la ESO? Habrá algunos que necesitarán más y otros que necesitarían menos. Y esto sale muy barato. Es simplemente reorganizar la materia-curso por materia-competencia a adquirir.

Los horarios escolares. ¿Realmente son necesarias seis horas lectivas para todos los alumnos tengan la edad que tengan? ¿Realmente debemos plantearnos seguir manteniendo horarios irracionales? ¿Por qué no avanzar en potenciar actividades fuera del centro -potenciándolas e, incluso, subvencionándolas económicamente- en lugar de mantener un aprendizaje tan reglado? ¿Por qué no pensar en los picos de rendimiento y en la desconexión que supone el excesivo cansancio?

La tecnología educativa. ¿Realmente no podemos aprovechar la tecnología que ya tenemos? ¿Por qué cada dos por tres cambiamos de máquina en los centros educativos? Hay sistemas operativos que consumen pocos recursos y nos permiten realizar las tareas educativas más que aceptablemente. Por tanto, ¿por qué esa manía de lo último? Por cierto, con el ahorro en tecnología a nivel de cacharros y programas podríamos invertir en conectividad. Uno de los grandes hándicaps de muchos centros educativos.

Los comedores. Gestionar los comedores de forma global permitiría un ahorro económico considerable. ¿Por qué tenemos que ir jugando a las empresas privadas cuando una buena gestión pública de los mismos permitiría ahorrar?

Sólo cinco cuestiones en las que podríamos ahorrar una gran cantidad de dinero mejorando, a mi entender, la calidad educativa que damos a nuestros alumnos. No todo es dinero. A veces conviene pensar un poco y empezar a gestionar los servicios públicos correctamente.

Desde hace un cierto tiempo circula por la redes sociales la siguiente imagen. Una imagen donde se exponen, de forma muy concisa, las frases que algunos escuchamos, más o menos frecuentemente en nuestros centros educativos, y que son un lastre a la hora de establecer cualquier mejora en su funcionamiento o en las prácticas metodológicas. ¿Quién no ha oído nunca alguna de las siguientes frases aplicadas al ámbito educativo? Reformulo la pregunta, ¿quién no ha oído alguna vez todas las frases que se exponen a continuación?

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Fuente: Difusión masiva por la red (imposible de reconocer autoría primigenia)

Cuando hablamos de que nuestro trabajo es diferente de los demás ya estamos presuponiendo que lo que vale para otros no vale para el nuestro (algo que no siempre es cierto ya que hay cuestiones que pueden adaptarse). Además, si a lo anterior añadimos el discurso de que ya lo intentamos o, incluso, lo habitual que es escuchar que no es mi trabajo el crear mis propios materiales porque, aparte de no ser mi trabajo, es que cuesta mucho… ya se empieza a intuir lo que está sucediendo en nuestro trabajo.

Creemos que nadie nos apoya pero, ¿realmente hemos permitido participar a alguien de nuestro trabajo? Un trabajo, por cierto, para el que siempre existe tiempo para mejorar (aunque si nos pasamos la vida quejándonos de esa falta de tiempo para justificar nuestra inanición es probable que el tiempo se nos pierda en lo anterior). Eso sí, intentar mejorar el tiempo del que dispongamos para hacer cosas interesantes se basaría en la desaparición de burocracia y reuniones inútiles. Mejorar la productividad en nuestro trabajo pasa por muchos aspectos pero, el principal, es reformular los tiempos y hacerlos más flexibles.

A propósito, yo sí que creo en un cambio radical. El sistema educativo debe cambiar de forma radical. Para sólo cambiar los formatos de entrega de materiales o el libro de texto por un proyector, virgencita que me quede como estoy. Ha de importar tres pimientos lo que piense la dirección de nuestro centro (si la misma es inmovilista es su problema no el de nadie más). No hay políticas educativas rígidas, hay políticas que conviene saber como trampear. Y sí, como docentes tenemos autoridad (y si contamos con el apoyo de los padres sería el copón bendito) para hacer muchas cosas. El problema es querer hacerlas.

La realidad es la que nosotros queremos que sea. Y sí, lo que pasa en las aulas es el problema de toda la comunidad educativa. Un problema que no se soluciona quejándose de la gente que propone ideas (incluso que las mismas nos parezcan adelantadas o futuristas). No perderemos dinero a la larga por trabajar más horas (que es lo que implica una nueva manera de hacer las cosas). Una vez cambiado el modelo es todo mucho más rápido. Flexibilizar y modernizar siempre es sinónimo de dedicar menos tiempo a hacerlo mejor.

Si no podemos esperar más de nuestros equipos directivos, botémoslos. Que en un Claustro la opinión de la mayoría debe importar. Si los padres van de la mano con los docentes la gestión de los centros que no funcione, por mucho apoyo político que tengan, salta. Que la administración no quiere problemas. Por eso la versatilidad de poder hacer cosas nuevas.

Hay dinero para Educación. No hay falta de recursos. Hay, quizás, falta de transparencia y correcta gestión de los mismos. El problema de gestionar el dinero de terceros es lo que tiene.

Los docentes mayores, curiosamente, son los más innovadores. Así que nadie me venda que “al perro viejo no puede enseñársele a cambiar las cosas“. El inmovilismo tiene poco que ver con la edad física y mucho con la edad mental. Ser joven biológicamente tiene poco de positivo si dicha juventud no se traslada a su trabajo.

Todo se puede hacer. No hay imposibles. Incluso que nadie lo haya probado, siempre hay una primera vez. Y sí, el sistema educativo está roto. Por mucho que algunos se empeñen, necesita un arreglo. Un arreglo que quizás cueste trabajo pero cuya recompensa será (a todos los niveles) más que satisfactoria.

La comunidad educativa tiene en sus manos cambiar las cosas. Por muchas excusas que se pongan, la responsabilidad es de todos. No hay montañas imposibles de subir, hay personas que siempre van a tener motivos (injustificables para la mayoría pero que les permiten autojustificarse) para no subirlas. Soñar siempre es sano. Más aún cuando dichos sueños no son imposibles de cumplir.