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Claustro

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Hace mucho tiempo que buceo/naufrago en las redes sociales. Ya son unos cuantos años compartiendo reflexiones y muchos más admirando la gran cantidad de cosas maravillosas que están haciendo algunos en sus aulas. Y, a pesar de ello, sigo encontrándome incómodo. Incómodo al ver que, por desgracia, esas horas de tertulia digital o cafés en buena compañía cuestan que se trasladen a los centros educativos. Unos centros donde está la clave de la mejora educativa. La verdad no está fuera ni dentro, la verdad es que lo imprescindible para que se produzca una mejora educativa es que haya una mayor relación entre los miembros del Claustro. Sí, la mejora educativa pasa porque los compañeros que estamos trabajando bajo el mismo techo sepamos entender que lo que sucede cuando se cierran las puertas afecta al resto de compañeros y, cómo no, al aprendizaje de los alumnos. Conviene desterrar miedos. Conviene hablar. Hablar sin imponer. Hablar para aprender. Disfrutar de la discrepancia y de los debates que pueden llegar a generarse.

Fuente: http://ies-antoniocalvin.centros.castillalamancha.es
Fuente: http://ies-antoniocalvin.centros.castillalamancha.es

No es pasar horas en reuniones aburridas en las que lo único que te apetece es salir pitando por la puerta. No es necesario que todos estemos de acuerdo ni que pensemos igual. Lo que se hace imprescindible es entender que lo que pasa en nuestro centro nos implica a todos y que, al final, por mucho que queramos echar balones fuera o esperar ayuda divina, los únicos en los que podemos confiar son en quienes están, día tras día, haciendo lo mejor que pueden/saben en unas puertas demasiado cerradas para poder ser productivo.

Me encantaría hablar de propuestas entre todos. Me gustaría escuchar las propuestas de aquellos que nunca hablan sobre cuestiones educativas. Me gustaría alejar el miedo a que se perciba la opinión de uno como el ataque a otro. Me encantaría poder ir de la mano a nivel profesional con todos los que convivo en mi trabajo porque, una de las grandes ventajas de mi trabajo es que TODOS los que estamos en el ajo estamos al mismo nivel. No hay jefes ni súbditos mal entendidos. Hay un plantel de excelentes profesionales que, lamentablemente, seguimos huyendo de la transparencia de nuestros pensamientos en lo que se refiere al funcionamiento de nuestro centro. Y eso, al final, lo único que hace es generar malos entendidos y convertir a profesionales que deberían ir codo con codo en poco menos que enemigos irreconciliables. Eso no es. No es el objetivo del Claustro.

Quizás peque de optimista en ocasiones -y, especialmente, cuando hablo de interioridades de un centro educativo- pero estoy totalmente convencido que la mejor red social para la mejora educativa es el Claustro. Un Claustro que no depende de la cantidad de megas que te queden en el móvil ni de la wifi a la que te puedas conectar. Démosle el valor que se merece y potenciemos, no la homogeneización con ideario único, y si el establecimiento de un espacio de debate donde la opinión de todos sea escuchada.

Debo reconocer que unas décimas de fiebre, mezcladas con un sueño muy poco relajante, hacen que no pueda salir nada bueno de mis actuaciones. Creo que, a lo largo de mis horas de clase, con la cabeza entre inexistente e inoperante, no se ha notado demasiado más allá de la voz cascada. Eso sí, sumergirse por la tarde en un Claustro como el de hoy, ha roto todas mis posibilidades de mejoría rápida al mezclarse la fiebre con la sensación, esa tan ácida, que aparece en más ocasiones de las que debiera, en la boca del estómago.

No me interesa hablar demasiado del Claustro. Ni tan sólo detenerme a hablar de la presentación utilizada para defender un proyecto de Dirección que no existe aún. Tampoco voy a pararme mucho en charlas sobre temas en los que da la sensación que el alumno siempre pasa a un segundo lugar. Estoy acostumbrado. Sí, ya son unos cuantos años en esto y unos cuantos Claustros a los que he acudido. Normalmente, por cierto, en bastante mejores condiciones físicas que hoy.

Pues sí, hoy me he largado del Claustro. Es la segunda vez que lo hago. La primera fue en la Comunidad Valenciana cuando querían aprobar los fantásticos Contratos-Programa en mi centro. Un programa que permitía “elegir a dedo” a parte de los docentes del centro. Y, como ya sabéis, siempre he cuestionado este tipo de procesos de selección por diferentes motivos.

Fuente: http://www.enriquevilamatas.com
Fuente: http://www.enriquevilamatas.com

Hoy ha sido por algo que me ha afectado el amor propio. Llevo tres cursos seguidos en el mismo centro. Asesorando y, como no, solucionando con mi compañero de Departamento, todas las dudas tecnológicas que van surgiendo a los alumnos o a nuestros compañeros. Nunca hemos hecho una mala cara a nadie. Prometo que, dentro de nuestras posibilidades, hemos hecho lo que hemos podido. Y hoy… ¡boom! Resulta que no servimos para nada.

Hoy he preguntado sobre el plan TAC (plan TIC en muchos centros). Un proyecto que aparecía en las presentaciones del proyecto de Dirección como algo a realizar a lo largo de estos cursos. Un proyecto que, sin ningún tipo de sonrojo, comenta el Director que ya está siendo realizado por dos compañeros del centro. Bueno, que van a ser ellos los que van a encargarse del asunto. Estupefacción. Más aún cuando no cuentan con ninguno de los dos docentes que llevamos asesorando, y perdiendo multitud de horas de nuestro tiempo libre, a nuestros compañeros sobre el tema. Alucinante.

He tomado el turno de palabra y he dicho que me parecía fatal. Que me parecía un auténtico despropósito. Que, más allá de las personas que lo hacen, no contar con los dos que estamos “en el fregado” era una decisión bastante cuestionable. Pero, ¿sabéis qué es realmente lo jodido del asunto? Que aún algún personaje se atreva a cuestionar tu reducción horaria (dos horas) cuando has dicho que te plantas y que, a partir de ahora, se busquen a otro “esclavo” al cual se pueden permitir el lujo de maltratar. Au revoir informática educativa de mi centro, bienvenida máquina del café.