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Un alien en la Facultad de Pedagogía XXI: cena después de la Junta de Evaluación de segundo de Bachillerato

La junta de evaluación de segundo de Bachillerato había durado dos horas y cuarenta y seis minutos.

Tensión moderada. Café recalentado. Un tutor al borde del desmayo emocional.

Y al final, la frase fatídica:

-¿Vamos a tomar algo?

TORREZNO 3PO no entendió el tono, pero aceptó la invitación.

Era su primera cena post-junta sin convocatoria previa.

No había cartel, ni reserva, ni grupo de WhatsApp.

Solo hambre, agotamiento y necesidad de despresurizar sin dar parte a Inspección.

El grupo aterrizó en un bar con luces bajas y sillas cojas.

En la carta: bravas, calamares, cerveza y olvido.

La profesora de Biología pidió una tortilla «sin preguntas».

El jefe de estudios pidió una caña como si pidiera una tregua.

La orientadora no pidió nada. Se limitó a suspirar.

-¿Qué tal la junta? —preguntó TORREZNO.
-Ha ido bien. Nadie ha llorado.
-¿Y eso es normal?
-No. Es buenísimo.

Empezaron a repasar los nombres.

Uno por uno.

Marina, aprobada por los pelos.

Sergio, pendiente de que el tribunal de Selectividad no tenga mal día.

Dani, que ha hecho el curso entero en modo incógnito.

-Lo de Dani ha sido arte -dijo la de Filosofía. Ni un conflicto, ni una entrega. Ha sobrevivido por omisión.
-El primer alumno postmoderno puro -añadió la de Historia.

Entre las croquetas congeladas y los vasos medio llenos, llegaron las confesiones:

-Yo ya no sé si sirvo para esto.
-¿Para qué? ¿Para enseñar?
-No. Para fingir que me entusiasma corregir 87 comentarios de texto sobre el mismo poema.

TORREZNO 3PO observaba en silencio.

Nadie hablaba de programación, ni de metodologías activas, ni de rúbricas.

Solo de gente.

De chicos. De chicas.

De cómo se les rompe algo cuando ves a una alumna firmar el acta y sabes que probablemente no la vuelvas a ver nunca más.

O de ese otro que te ha ignorado todo el curso y hoy te ha dado las gracias “por no rendirte”.

En el tercer plato llegó el desmadre.

El profesor de Dibujo imitó al director.

La de Lengua confesó que corrige exámenes con auriculares puestos y Spotify en modo aleatorio.

Y la de Inglés dijo, sin ironía:

-A mí me caen bien todos. Pero si Natalia entra a Magisterio, me hago activista contra las vocaciones tóxicas.

Una copa más.

Y alguien se atrevió a decirlo:

-Estamos demasiado cansados para seguir. Pero demasiado implicados para dejarlo.

TORREZNO 3PO asintió.

Nadie lo escuchaba ya.

Alguien pidió la cuenta.

Otro la anuló para pedir postre.

Y otro más preguntó cuándo habría claustro.

Silencio. Luego risas. Risas de las buenas.

Ya en su nave, TORREZNO 3PO escribió: “Las cenas improvisadas no tienen protocolo. Solo sinceridad. Funcionan como válvula de escape para un colectivo que vive atrapado entre papeles y emociones. En esas mesas, los docentes no enseñan ni planean. Se reconocen. Se sostienen sin decirlo.”

Y cerró con una frase que escuchó mientras se recogían los abrigos: “Si alguna vez nos salvan, será en una mesa como esta. No en una circular ni en una charla de un pedagogo.”

Podéis encontrar todos los capítulos de TORREZNO 3PO en la siguiente página. Espero que lo estéis disfrutando. Gracias por acompañarme en sus aventuras.

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Un comentario

  1. Muchas gracias Jordi por las aventuras de Torrezno, las estoy disfrutando mucho. Abrazo desde Argentina.
    Alejandro Tortolini.

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