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Torrezno 3PO XXXVII: Luis, el de Lengua, se sale del grupo de WhatsApp de profes

Ocurrió a las 22:17 de un miércoles.

Sin anuncio. Sin drama.

Solo eso:

“Luis ha salido del grupo.”

Tres segundos.

Silencio.

Luego… pánico.

-¿Lo habéis visto?
-¿Qué ha pasado?
-¿Luis, el de Lengua?
-Sí. Luis el silencioso. El que siempre pone el emoticono de un pulgar para arriba aunque no entienda nada.

TORREZNO 3PO, que había sido incluido en el grupo de WhatsApp del claustro bajo el alias “Observador externo – No responde”, observaba cómo la realidad se fragmentaba en stickers pasivo-agresivos.

A las 22:20, alguien escribió:

-¿Todo bien, Luis?

Sin respuesta.

A las 22:22:

-Supongo que esto no es personal.
-¿Seguro?
-¿Y si lo es?

A las 22:24:

Un gif de un gato saliendo por la ventana.

Un “yo le entiendo”.

Un “igual hay que replantear cómo usamos el grupo”.

A las 22:26:

Una captura de pantalla del último mensaje que se había mandado (una nota de voz de más de cinco minutos con instrucciones para la salida del viernes).

Alguien dijo:

-Esto le agobió. Seguro.

A las 22:28:

-No creo que sea por eso.
-Entonces, ¿por qué?
-Igual porque mandamos 236 mensajes al día y 78 son para decir “gracias”.
-Pues eso también es convivencia.
-No. Es ruido.

TORREZNO anotó: “El abandono de un grupo de mensajería activa más mecanismos emocionales que la baja voluntaria de un curso entero.”

A las 22:34, un valiente preguntó:

-¿Y si hacemos un grupo solo para cosas importantes?

Silencio.

Alguien abandonó el chat sin decir nada.

Y volvió a entrar por error.

A las 22:36:

-Propongo abrir un grupo paralelo para hablar de esto.
-¿Otro grupo?
-Sí. Para gestionar lo que ha pasado en este grupo.
-No tengo fuerzas.

A las 22:39, alguien escribió:

-Lo peor es que ahora Luis seguro que sabe que estamos hablando de él.
-No, lo peor es que todos hemos pensado en salir.
-Y no lo hemos hecho.

A las 22:43, Luis respondió.

Desde otro número.

Con un mensaje claro…

“Me salí porque me equivoqué. Quería silenciar, pero le di a salir. Sorry. Buenas noches.”

El grupo enmudeció.

Durante cuatro minutos.

Después, llegaron 17 gifs de abrazos, 24 “no pasa nada” y un “a mí también me ha pasado”.

TORREZNO, desde su rincón de observador, concluyó: “Salir de un grupo no es salir del grupo. Es una detonación emocional controlada. En la escuela moderna, el silencio digital es sospechoso. La desconexión, una forma de revolución blanda. Recomiendo permitirla sin drama. Y, de vez en cuando, también practicarla.”

Y cerró con una frase leída en el estado de WhatsApp de la orientadora al día siguiente: “Silenciar no es ignorar. Es querer sobrevivir.”

Podéis encontrar todos los capítulos de TORREZNO 3PO en la siguiente página. Espero que lo estéis disfrutando. Gracias por acompañarme en sus aventuras.

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