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Empecé a usar Moodle allá por el 2003 y diez años después de ser un usuario activo de la plataforma me rendí. Incluso publiqué un post en el que informaba que para mí Moodle había muerto. Que no me satisfacía su modelo feo y rígido de la plataforma. Y que, sinceramente, no era una plataforma amigable para un usuario que acabará de aterrizar con ella. Y, en 2018 volví a darle otra oportunidad (no en producción y sí en cuanto a aprendizaje), descubriendo que, en los últimos años se habían hecho ingentes esfuerzos para hacerlo más intuitivo y bonito. Algo que, al final, es la clave de todo porque, seamos sinceros, una plataforma educativa no se usa por funcionalidad, se usa por lo bonita que es y lo que nos facilite su uso. Incluso que, como sucede actualmente, tenga tan pocas funcionalidades como ese Google Classroom en el que tantos docentes han caído. Sí, Google Classroom tiene muchísimas menos funcionalidades que Moodle y es mucho más rígido. Bueno, seamos sinceros, es el típico libro de texto trasladado a formato digital. Algo que también era Moodle. O que quizás lo sigue siendo pero añadiendo algunas características “sociales” que permiten una configuración diferente del aprendizaje. Con esfuerzo en el diseño, claro está.

Fuente: Elaboración propia

Me gustaría, previamente a analizar las mejoras de Moodle en los últimos tiempos, entrar en  la manera de implementar Moodle en un centro educativo. De los factores que, a priori, se deberían tener en cuenta:

  • Implicación del profesorado en el proyecto de sustitución de libros por gestión de contenidos en plataforma online. Hay mucho trabajo de buscar recursos, adaptarlos, conocer las herramientas para realizar dicha adaptación, etc. Sin un Claustro implicado es imposible gestionar una implantación masiva del sistema
  • Formación del profesorado en la plataforma y herramientas para crear o adaptar contenido. Necesidad de lifelong learning a lo largo del proceso de implementación que, va a ser un proceso a tiempo indefinido, ya que los propios contenidos de los cursos irán evolucionando en función del aprendizaje de los propios docentes en su gestión e incorporación de materiales. ¿Quién mejor que el propio docente que imparte el curso para saber lo que le funciona?
  • Conexionado. No podemos estar pendientes en todo momento de que nos funcione la conexión a internet. Realizar una sustitución del libro de texto tradicional por materiales más adaptados a nuestro centro (ya que en principio estarían diseñados y ejecutados por los propios Departamentos) no puede estar supeditado a una mala conexión a internet. No se trata de tener un plan B (con los esfuerzos de la planificación dual) por si falla la conexión. Se trata de implementar un plan A en condiciones
  • Establecimiento de un encargado de la gestión de la plataforma. Tiene que haber alguien en el propio centro, con el rol de coordinador de la plataforma de formación, quien sea capaz de resolver aquellos problemas técnicos que se puedan plantear en determinados momentos de su uso (si está instalado en un servidor del centro solucionarlo y si es la administración la que dota de ese entorno virtual de aprendizaje, saber a quién dirigirse para comunicar la incidencia). También tiene que ser el encargado de resolver las dudas puntuales de sus compañeros.
  • Buen sistema de apoyo y ayuda por parte de la administración. La administración debe hacer las cosas fáciles para el docente para que, con un solo clic, pueda incorporar a sus alumnos en los cursos (algo que ya se hace en la Comunidad Valenciana) y hacerles bonito el entorno. Incluyendo, claro está, una formación de calidad con evaluación posterior porque, al final, son miles de horas de formación en Moodle que, en la mayoría de ocasiones, se diseña mal y se ejecuta aún peor. Sin quitar responsabilidad a los docentes que, una vez superado el curso, no vuelven a trastear con Moodle (o que ni lo hacen más allá de realizar las propias tareas del mismo).

Ahora sí que voy a entrar a analizar las dos grandes mejoras de Moodle: el aspecto de skins (“temas”) y la versión móvil. Para mí son las dos claves del asunto. Más allá de mejoras en cuanto a la solidez de la plataforma, mejoras de herramientas integradas, existencia de múltiples plugins para hacer prácticamente de todo desde dentro de la propia plataforma (videoconferencias incluidas) y un sistema de comunicación/retroalimentación muy potente. Por cierto, el feedback (o retroalimentación) va a depender del docente ya que puede ser tan bueno o malo como se quiera. Si no hay un buen feedback ya puede ser buena la plataforma. Por tanto, el feedback es muy importante. Más aún en enseñanzas semipresenciales o virtuales.

En primer lugar Moodle no es lo que nos ofrecen muchas administraciones educativas. No es ese entorno tan feo y desagradable. Hay temas gratuitos que permiten hacerlo muy agradable a la vista. El tema Eguru, Moove y Fordson son fantásticos. Además, se instalan con un solo clic. El tema de hacerlo bonito es algo que muchas veces falla y, aunque no incorpore valor pedagógico a la plataforma, sí que frena la sensación de rechazo que, a veces, el alumnado y docentes tienen al ver algo “feo”. Además del propio “caparazón” hacerlo bonito también implica esfuerzo por parte del profesorado para incorporar etiquetas, vídeos y materiales interesantes.

También la versión móvil es fantástica (no hablo de la app que, aún necesita un buen lavado de cara). Hablo del acceso a Moodle desde el navegador del teléfono móvil o de la tablet. Se adapta como un guante la visibilidad e incluso permite trabajar bien desde ahí. Ayer, por cierto, estaba corrigiendo las actividades del “curso” que he montado desde el móvil. Y es muy cómodo.

La plataforma no es tan fea ni mala como nos la pintan (o interesadamente los defensores de alguna multinacional, nos la intentan pintar). Eso sí, reconozco que la curva de aprendizaje de uso es más complicado que la de otras herramientas pero, lo de poder trasladar los cursos entre espacios diferentes (imaginemos que nos cambiamos de centro) es un plus que pocas plataformas tienen. Menos aún aquellas que están usando masivamente los docentes de este país.

No me gustaría dejar en el tintero otra cuestión aún más importante: en Moodle (el que nos ofrece la administración o montamos en nuestro centro educativo) sabemos dónde están los datos. ¿Podéis decir lo mismo los que usáis una plataforma gestionada y controlada por alguien que, ni sabéis dónde tiene sus servidores? Yendo aún más lejos, ¿podéis saber cuándo esa empresa va a convertir lo que os está ofreciendo en una versión de pago o, simplemente, os va a borrar los datos? Es que, un Moodle bien montado con formación adhoc solo tiene que ventajas. Otro tema es que no se sepa vender bien.

Un detalle importante… que el servidor no funcione en ocasiones no es cosa de Moodle. En plena pandemia hasta han experimentado caídas las empresas que tienen granjas de servidores. Por eso no mezclemos churras con merinas porque, seguramente, más de uno va a intentar interesadamente confundir el tocino con la velocidad.

Cambiar de opinión no es malo. Justificar el porqué se hace imprescindible 😉

Hecho. Esta mañana he realizado el sorteo entre los que se inscribieron al curso de “Competencias Digitales para docentes (nivel básico)” y he procedido al registro, con envío de correo preceptivo, de los 50 docentes que han salido en el programa. Un programa que, entre los 1081 usuarios (¡una burrada!) que se inscribieron, ha seleccionado los números de inscripción que iban a participar en el curso. Y, buscándolos en la hoja de cálculo de las respuestas al formulario, he podido cargarlos en la Academia y, de paso, matricularlos en el curso. Alea jacta est. Ahora solo falta que los que han recibido el mail entren y cambien la contraseña. Por cierto, he tenido que sortear una segunda vez para dos plazas porque dos no me habían puesto bien el correo electrónico.

Fuente: Elaboración propia

Aproveché también el día de ayer para “vitaminar” el foro TIC, mediante la creación de nuevos apartados y la incorporación del espacio para tutoriales y dudas de herramientas para cada uno de ellos.

Fuente: https://xarxatic.com/community/

Actualmente el foro dispone de los siguientes apartados y herramientas:

  • Blogs, webs y wikis (Blogger y WordPress)
  • Creación de actividades/contenidos/materiales educativos (EdPuzzle)
  • Ecosistema Google (Gmail, Chrome, Classroom, Drive, Meet, Sites y YouTube)
  • Edición y grabación de audio (Vocaroo)
  • Editores de vídeo, grabación de pantalla y streaming (Loom, OBS y ScreenFlow)
  • Entornos virtuales de aprendizaje (Edmodo y Moodle)
  • Mensajería (ClassDojo y Remind)
  • Organización (Wakelet)
  • Presentaciones e infografías (Canva, Genially y Keynote)
  • Redes sociales (Facebook, Instagram y Twitter)
  • Software matemático y estadístico (GeoGebra)
  • Videoconferencias (Discord, Jitsi, Skype y Zoom)

Unos apartados y herramientas que se van a ir modificando porque, al final, si un foro no es vivo no tiene ningún sentido. Tampoco lo tiene si no se usa. Solo para consultar manuales no tiene mucho sentido. Lo importante es que pueda ser un espacio para solucionar dudas de forma horizontal acerca del uso de determinadas herramientas, incorporar tutoriales, etc.

Nada, hoy me apetecía contaros algunas cosillas de las que estoy haciendo. Y no, aunque en el foro haya herramientas “de pago”, en ningún momento las he puesto porque ninguna empresa me pague nada. Se han incorporado porque son herramientas de uso extendido entre los docentes. Ya sé, como me recordó alguien ayer, que me faltan los “cuadernos del profesor” pero dadme tiempo 😉

Y ya sabéis, si queréis colaborar en que estos proyectos salgan adelante, podéis hacerlo participando en ellos o mediante donaciones voluntarias. Lo de crear un negocio para vender ciertas cosas aún no está en mi lista de objetivos post pandemia.

 

 

Llevo diciendo hace tiempo que no entiendo qué les ha dado a algunos docentes por Google. De verdad que no entiendo nada. No entiendo que jueguen a hacer publicidad a la multinacional y, aún menos, que intenten justificar todas las fugas de datos que ha habido últimamente en sus productos. A mí, por desgracia, cada vez me preocupan más los datos de los alumnos. Y, aunque no me importaran los datos de los alumnos, no entiendo los motivos de algunos para usar una herramienta, tan a años luz de otras alternativas, como Google Classroom.

Fuente: Desconocida

Hoy voy a ofrecer alternativas a Google Classroom. No solo basándome en la ética de los datos de los alumnos, también voy a hacerlo en función de la calidad de sus alternativas. Por cierto, a día de hoy -y lo digo como persona que he usado y testeado Google Classroom y las alternativas que os propongo-, Google Classroom no tiene ningún sentido para ser usado en el aula. Bueno, salvo que estés totalmente abducido por la compañía. En ese caso, ya te puedo ofrecer alternativas que, contra este tipo de obsesiones, poco puedo hacer.

Voy a empezar si me lo permitís con Moodle. Reconozco que es la más árida de las alternativas por su curva de aprendizaje. Aún así, hay algunas administraciones que ofrecen “ya configurado” un espacio para poder ser usado fácilmente por docentes y alumnos. Espacios que cargan automáticamente los datos de los alumnos y cuyos datos siempre están en servidores gestionados por la propia administración educativa. Algo realmente importante para algunos. Ya sé que a otros os va a dar igual y vais a justificarlo de la manera que consideréis. Aquí, como ya sabemos, uno puede justificar cualquier cosa. Otra cuestión es que esas justificaciones, por elaboradas que estén, caigan por su propio peso. Pero da igual, a los convencidos (al igual que los que creen en determinados gurús y se han convertido en sus acólitos), no puedo ofreceros alternativas porque no las vais a querer. Sé que nada puede competir con ser el Google Certified o el Trainer. Y ya cuando uno se convierte en un Google Innovator, cuesta mucho sacarle de su error de concepto.

No voy a entrar en explicaros cómo funcionan las alternativas. Eso sí, voy a comentaros mi opinión. Quizás sería bueno poner una puntuación, pero a mí me gustan muy poco los rankings numéricos. Es uno, entre muchos, de los defectos que tengo.

Sigo con Edmodo. Una alternativa a Google Classroom infinitamente más potente, de curva de aprendizaje impresionantemente sencilla. Funcionalidades mejoradas en los últimos tiempos, aspecto impecable, interacción con herramientas de terceros muy fluida (especialmente con las herramientas de Google -sí, ya veis que no hace falta renunciar a ellas-). Fantástico a nivel de escritorio. Y la verdad es que, tanto en tablet como en móvil, como herramienta está muy bien. Además me encanta que muestre las notificaciones pendientes, se integre con el calendario de Google y permita una comunicación fluida en la mensajería con alumnos y padres. El gran problema es cuando me enteré que una empresa china destinada al sector de entretenimiento había comprado Edmodo pero, ya puestos a despreocuparnos de los datos de nuestros alumnos…

Va, pongamos que voy a preocuparme de las condiciones de servicio. Pues la alternativa lógica, muy parecida a Edmodo, con prácticamente las mismas funcionalidades y con algún extra que va muy bien para alumnado de ESO, existe la alternativa de Schoology. El aspecto de la página inicial, muy parecido por cierto al de muchas redes sociales, es muy cómodo y visualmente muy atractivo. No se ha de despreciar esta característica cuando se plantea el uso de una herramienta. A propósito, lo visual va unido a lo intuitivo de su uso (curva de aprendizaje más que suave). Una baza nada despreciable. Foros, tests, calendarios, lecciones y un largo etcétera de posibilidades. Además, en este caso, la política de privacidad (fuente) es de las menos lesivas para los datos de los alumnos. No lo he comentado anteriormente pero, tanto Edmodo como Schoology, a diferencia de Google Classroom que necesita el correo electrónico de Gmail, no necesitan ningún dato que identifique a los alumnos para registrarse. Algo que permite jugar con datos ofuscados que, nunca podrán ser asociados a ningún alumno. Otra cuestión es que si se usa en el centro, el código al ser público, permita que esas empresas analicen internamente qué evolución del aprendizaje de forma global hacen los alumnos de ese centro pero, datos privados de alumnos y/o padres…jamás.

Estoy hablando solo de alternativas GRATUITAS. Alternativas a Google Classroom que no tienen ningún tipo de coste para las familias ni para los centros educativos. Claro que se pueden comprar “extras” pero con las versiones gratuitas se puede gestionar el aula sin ningún tipo de problema.

Os he ofrecido tres alternativas a Google Classroom. Todas con mejores prestaciones y dos de ellas, infinitamente mejores a nivel técnico y funcional, con curva de aprendizaje muy rápida. Ergo no entendería que nadie, después de esto siguiera usando la alternativa que ofrece Google, porque no hay ninguna justificación lógica ni pedagógica que lo avale.

Además, para aquellos que intentarán justificar seguir usando Google Classroom porque les permite que solo tengan que depender de Google, les informo que esto de crear una dependencia única de una empresa privada es muy peligroso. Va, animaos ir más allá de vuestra necesidad orgásmica de usar Google y pensad en vuestros alumnos. Si no queréis pensar en sus datos, ya os he ofrecido también un par de alternativas muchísimo mejores. Así que, sinceramente, solo queda un motivo por el que seguir usando Google Classroom: el motivo ideológico. Y ese es un motivo contra el que poco puedo hacer.

Nadie puede obligaros a usar una determinada herramienta en vuestra aula. Así que incluso que por defecto vuestro centro tenga Google Apps, podéis resistiros a la "fuerza" de Google. Sí se puede. Sí se debe.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener el blog, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Hacía bastante tiempo que, por determinados motivos, no escribía ningún artículo relacionado con herramientas educativas pero, el otro día alguien me llamó (sí, por desgracia doy mi teléfono a cualquiera) para preguntarme acerca de alternativas para gestionar su aula online. Después de un rato, más largo de habitual, con las ondas nocivas para algunos demasiado cerca del cerebro, voy a intentar compartir con vosotros el contenido de la conversación e intentar exponer, las que a mí entender, pueden ser, a día de hoy, las alternativas gratuitas más interesantes para gestionar nuestra aula online.

En primer lugar, por las múltiples mejoras que ha experimentado en los últimos tiempos y que, hace tiempo había descartado para Secundaria, aunque a día de hoy me retracto y me atrevo a afirmar que es la mejor decisión (por la curva de aprendizaje sencilla y, cómo no, por lo que engancha a los alumnos su uso) es la de optar por Edmodo. Sí, creo que Edmodo se ha convertido a mediados de noviembre en el mejor todo en uno para gestionar un aula sin complicarnos la vida y cubrir nuestras necesidades como docentes. Facilidad de registro, posibilidad de hacer registros masivos de los alumnos, envío de materiales -en formato texto, imagen o vídeo- o tareas, app rápida para el dispositivo móvil que se actualiza continuamente y, por si fuera poco, con una gran cantidad de aplicaciones de terceros (Google Drive, editores de imágenes, creadores de mapas conceptuales, etc.) que pueden ser integradas en el propio entorno.

La segunda opción, más interesante para Secundaria que para Primaria, sería el uso de Schoology. Fue una decisión que tomé hace un par de cursos, pasar de Edmodo a Schoology por considerar que Edmodo se había quedado muy pobre en cuanto a funciones (sí, hace un par de años, no sé la razón de que hubo un momento en que la app de Edmodo fallaba más que una escopeta de feria y no recibía actualizaciones que, para mí resultaban imprescindibles -especialmente en el tema de integrar un blog, algo que no ha solucionado ni Edmodo ni ha acabado de diseñar bien Schoology-). Es otra buena opción que, este último año está haciendo lo contrario por lo que me quedé con la alternativa: adolecer de una falta de mejoras. Y ya si hablamos de la app… se cuelga demasiado para aquellos que usen el móvil para gestionarlo todo. Como he dicho antes, se ha quedado, tanto a nivel visual como de herramientas disponibles, muy pobre en los últimos tiempos.

La tercera opción, aunque, por desgracia significa ir a morir al ecosistema de Google Apps, es el uso de Google Classroom. ¿Problemas? La excesiva dependencia de Google y las limitaciones que, por desgracia, tiene la imposibilidad de integrar herramientas de terceros. Sí, se supone que Google lo tiene todo pero, ya más de un año después de empezar a ser usado por algunos docentes en sus aulas, sigue adoleciendo de errores de principiante. Pequeños detalles que hacen que algo tan potente como un entorno virtual de aprendizaje formado por Google Drive, Hangouts y Youtube entre otros gigantes siga dando la sensación de ser un entorno formado “a pedazos”. Si alguien lo usa ya sabe qué quiero decir. Herramientas muy potentes que no se han integrado nada bien. Eso sí, como punto positivo, la posibilidad de establecer videoconferencias de una manera muy sencilla entre la comunidad educativa. Pero, ¿hay suficiente con lo anterior? Porque, a mí, personalmente me ha defraudado mucho que no me aporte ningún tipo de mejora respecto a usar determinadas herramientas por separado.

Y, finalmente, para mí el gran fiasco de los entornos de aprendizaje: Moodle. Sí, Moodle es libre y gratuito, dos cosas fantásticas para ser usadas en el ámbito educativo. Por tanto, ¿cuál es el problema? Pues que da la sensación que cada versión se acaba complicando su uso. Aparecen decenas de pequeñas novedades interesantes que, por desgracia, tienen la manía de ser demasiado complicadas de implementar. No tiene sentido que una herramienta educativa se convierta en el objetivo básico de la enseñanza y, a veces, con Moodle te da la sensación que debes dedicar demasiadas horas a formarte en la herramienta para sacarle el jugo que necesitas. Porque, un entorno de aula es mucho más que ir colgando materiales (algo muy fácil en Moodle, como en las otras alternativas) pero que, por desgracia, no acaba de gustar a los alumnos. He visto entornos en Moodle fantásticos pero, hablando con los administradores de los mismos, me han comentado que la dificultad de gestión de los mismos les implica dedicarse muchísimas horas para que tengan ese aspecto. No, lo siento, yo no voy a recomendar, a pesar de que sea el entorno usado por la mayoría de administraciones educativas y que ponen a disposición de sus docentes, una herramienta que para hacerla bonita y útil se deben dedicar más horas de la necesaria. Eso sí, antes de optar por una aplicación de pago… siempre voy a preferir el uso de Moodle 🙂 Por cierto, lo de trabajar con Moodle desde el móvil… ciencia ficción.

Un breve esbozo de la conversación mantenida acerca de cuáles son, dentro de mis planteamientos, mis opciones a la hora de elegir un entorno virtual de aprendizaje para ser usado con nuestros alumnos.

El docente medio está obsesionado por el control del aula. Es fácil comprobar que, si uno pisa las salas de profesores, son muchos los que se quejan del descontrol del aula, de la imposibilidad de mantener silencio, de lo bien vistos que están aquellos docentes en cuyas clases se puede oír el aletear de una única mosca.

Fuente: http://www.publico.es
Fuente: http://www.publico.es

Controlar el aula y, como no, al alumnado en su vertiente más humana, es el leitmotiv de gran parte de los docentes de nuestro país. Docentes cuyas aulas desean que sean lo más “controladas” posibles. Docentes a los que les gustaría tratar con alumnos perfectamente situados en pupitres totalmente paralelos y que no chitaran más allá de cuando se les pregunte. Docentes a los que les gustaría tener autómatas. Docentes que añoran modelos de fusta y látigo en su vertiente más disciplinaria.

Resulta curioso que también el control se traslade a la forma de evaluar a los alumnos. Evaluaciones que, como más “objetivas” sean, más supuesto control permiten al docente de la situación. Evaluaciones, libros y, como no, entornos virtuales de trabajo que permiten llevar un control, aún más exhaustivo si cabe, de una evolución del aprendizaje de los chavales que se encargan en cuantificar de cero a diez. Qué obsesión. Qué ganas de tener milimetrado el nueve coma noventa y nueve. Qué satisfacción poder cuantificar con más o menos cero coma veinticinco alguna de las cuestiones que los alumnos responden de forma cada vez más automatizada.

¿Por qué la mayoría de docentes que usan las nuevas tecnologías optan últimamente por la realización de exámenes tipo test? Porque los mismos le permiten controlar al milímetro la nota que va a aparecer en los expedientes de los alumnos. Exámenes tipo test que justifican como los más objetivos. Exámenes tipo test que son los que desprenden mayor “control” del aprendizaje. Exámenes, cuya posibilidad de equivocarse en la corrección es mínima. Es muy cómodo para los docentes usar pruebas de evaluación imposibles de cuestionar. Qué bonito dar cuatro respuestas sabiendo que una es la correcta. Qué bonito es que el ordenador me pueda dar el resultado automáticamente. Qué cantidad de problemas evitamos con esas pruebas tan “objetivas”.

Los timbres, los silencios, los deberes, el uso de Moodle, el uso de libro de texto, etc. son sólo modelos de enseñanza en los que prima el control por delante del aprendizaje. Control que enmascara la inseguridad profesional de muchos. Control que, no por su existencia, no es demasiado positivo para el objetivo final de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. Una metodología de control muy cómoda pero demasiado sesgada. Una metodología que se vende como sanctasanctórum del buen profesional que lo único que hace es pervertir la función docente para reconvertirla en la búsqueda de la comodidad para el docente. Qué tener unas clases dispersas es mucho más incómodo. Qué una clase incómoda es mucho más difícil de gestionar.

Es relativamente fácil implementar una profesionalidad basada en el control. Lo realmente complicado es lidiar con la libertad que debe darse a los alumnos (reconozco que es complejo establecer el límite entre libertad y libertinaje), establecer mecanismos para evaluar donde lo que prime sea la evaluación del aprendizaje por adaptación y personalización del mismo y, como no, tener la posibilidad de dejar al margen el temario para no desligar el contexto que nos rodea. Lo anterior es realmente complejo. No es cuestión de hablar de zonas de confort. Es cuestión de cambiar modelos educativos. Y, lamentablemente, el modelo educativo del control exhaustivo del aula es el que sigue teniendo más adeptos entre docentes, administración y, como no, padres.