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Estos últimos días estoy recibiendo varias ofertas para dar formación a docentes en activo, tanto de administraciones públicas como de empresas privadas. Entre las propuestas que me están haciendo y que, por motivos de coherencia y ética he renunciado, están la de ser ponente en unas jornadas sobre “neuroeducación” y la realización de un taller, para unas treinta personas de, entre otras cosas, Flipped Classroom. No, no es broma ni es producto de mi mente calenturienta. Tengo el intercambio de mails con las personas que, muy amablemente, han pensado en mí para ello. Os prometo que los acabo de releer antes de ponerme con este post.

Fuente: https://www.jrmora.com/

Y lo anterior me preocupa. Me preocupa que piensen en mí, sin ningún tipo de formación ni experiencia acerca de neurociencia, más allá de lecturas varias. Me preocupa también que piensen en mí para hacer un taller, en el que se supone que se deben explicar herramientas TIC para creación de material para poder flippear el aula. Además, también se debería incluir el análisis de la metodología y explicar, de la forma más científica posible, cómo funciona esa metodología. Pues va a ser que no tengo ni pajolera idea. Lo siento, no sirvo para dar charlas de ciertas cosas. Además, no quiero estafar a nadie ni cobrar por formar en lo que no sé. Soy raro. En un contexto en el que el más tonto hace y vende relojes, me siento incapaz de timar al personal. Me quiero mucho. Y, además, quiero y respeto muchísimo a los docentes que, en su tiempo libre, deciden formarse.

Puedo dar charlas cuestionando la innovación educativa. Puedo dar mi visión acerca de lo que está sucediendo en educación. Puedo, incluso, explicar mi experiencia profesional como docente A.L.A. (antes de largarme del aula) y, tirándome de la lengua, puedo hablar de propuestas que tengo para mejorar, siempre desde mi óptica personal, la educación. En cambio me veo incapaz de la todología que, por lo visto, algunos aplican. Con lo fácil que sería poner la mano, decir cuatro tonterías, ponerme a mover las caderas y soltar obviedades, mezclándolas con algunos eslógans de alguno de esos gurús que todos conocemos. Y ya si lo mezclo con emociones, unos minutos de meditación en el que obligo a los asistentes a cerrar los ojos o, simplemente, alguna astracanada para que los más fans me aplaudan a rabiar, seguro que lo peto. Pero sería una estafa. Una estafa, legalmente permitida, pero que me haría sentirme mal conmigo mismo.

No tengo un título de psicología, ni relacionado con la neurología, para ser ponente de “neuroeducación”. Además, estoy convencido de que no existe el concepto y que, al final, es el invento de algunos para intentar justificar ciertas cosas apelando al cerebro. Falta mucho, según los que sí saben, para poder usar ese concepto pero, con lo bien que vende lo “neuro”, es lógico que se haya acuñado la fórmula. Un detalle, lo de aquellos maestros que se han sacado un máster en emociones o neuroeducación, tampoco les capacita para dar cursos de eso. Que los másters sobre esas cosas los regalan después de pasar por caja. Algo que saben todos los docentes que necesitan másters para conseguir plaza en el concurso de traslados o puntos en oposiciones. No pongo universidades concretas porque son muchas. No solo privadas ni online.

El dinero siempre va bien para tapar agujeros. El problema es lo que implica, al menos para mí, el aceptar ciertas cosas. No es fácil no venderse en el contexto actual pero, habiendo formadores capaces y capacitados, ¿por qué se tiene que ir buscando a aquel que tiene un blog o, simplemente, tiene una cuenta de Twitter para ahorrar en psicólogos? ¿Por qué los que contratan a ponentes o formadores no miran, en lugar de si les cae más o menos bien, tiene una determinada ideología, es activo en las redes sociales, etc. el currículum del personal? Con lo fácil que sería filtrar por datos objetivos. Con lo sencillo que sería exigir que, para que alguien diera un curso de formación relacionado con las TIC, tuviera un título relacionado con la informática. Con lo lógico que sería que, si alguien debe dar un curso o formación en cuestiones relacionadas con el deporte, fuera licenciado en INEF o maestro especialista en Educación Física. Con lo fácil que es exigir que alguien que dé charlas sobre temas históricos, tenga formación en lo anterior. Yo no veo tan difícil este primer filtro.

La clave es qué pretendemos con la formación del profesorado. Una formación del profesorado que puede ir encaminada a fomentar el fenómeno fan mediante ponentes muy mediáticos (incluso que solo sepan decir obviedades), a cubrir el expediente necesario para sexenios o conseguir puntos para oposiciones o traslados o, lo que sería más lógico, capacitar y mejorar la formación de los docentes en determinadas cuestiones.

A veces me dicen que soy “gilipollas” por no aceptar ciertas propuestas que, además conllevan dinero fácil. No me sentiría a gusto haciéndolo y, por suerte como he dicho en más de una ocasión, a mí ya me pagan por hacer mi trabajo.

¿Y en el futuro qué? Pues quién sabe las vueltas que da la vida pero, por ahora puedo permitirme seleccionar en qué participar y en qué no, priorizando siempre mi ética profesional. Sí, he puesto “mi” delante de ética 😉

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Hay dos claves principales para tener una buena formación docente: el contenido de la formación y el ponente que la diseña/imparte. Pongo por separado el tema diseño e impartición porque, al menos en la formación a distancia, un curso se replica varias veces, asignando diferentes tutores al mismo. Un curso que, en muchas ocasiones, ni han diseñado los tutores de los mismos y, en más casos de los que sería deseable, se han leído antes de corregir con desgana las actividades que les van presentando sus alumnos. El tema de los cursos a distancia y la falta de feedback en la mayoría es de traca. Lo digo con amplísima experiencia como receptor de esos cursos a distancia y con comentarios recibidos de muchos de mis compañeros. La verdad es que hay auténticos “pasotas” en muchos cursos de formación. Algo lógico si se intuye un poco el proceso de selección de esos ponentes.

Fuente: ShutterStock

Sabéis que nunca me he metido con las empresas que, dentro de su discrecionalidad, deciden elegir a tal o cual persona (docente o no) para que imparta una charla o dé una determinada formación dedicada a profesionales de la educación, padres o alumnos. Jamás voy a entrar en la manera de gestionar el dinero privado, siempre y cuando el mismo se gestione con arreglo a la ley vigente. Una empresa, que obtenga parte de sus ingresos del sector educativo, tiene todo el derecho a contratar a quién quiera bajo la premisa que considere oportuna (ideología, aspecto e, incluso, por motivos que tengan mucho de subjetivos y poco de razonables). No es mi problema. Yo decidiré libremente si acudir a su formación o no. Además, al estar pagado con dinero privado, no se tienen que seguir los criterios que, presumiblemente, deberían imperar para las contrataciones con dinero público.

El problema es la selección de profesionales que realizan las administraciones educativas para dar charlas o cursos. Nunca he visto ningún proceso meritocrático o, simplemente, una selección más allá del típico “conozco a este que tiene un blog o, a éste que es amigo mío o amigo de algunos de los que ya han dado algún curso para nuestra administración”. Sí, la selección de los que imparten cursos o dan charlas, tiene mucho de subjetivo, amiguismo e, incluso, de clamorosos ninguneos a quienes, por determinados motivos, se han posicionado ideológicamente en las redes sociales o por cualquier otro medio, contra el partido político que dirige determinadas Comunidades. Uno es difícil que dé cursos para el INTEF si no se posiciona de forma afín, ahora al PP, antes -aunque de forma no tan descarada- al PSOE (aunque se admiten algunos de ambos porque se sabe que tarde o temprano van a ir rotando) o tiene la “suerte” de tener conocidos ahí. Es algo muy curioso. No se valora la calidad de la formación, se valora la persona. Se valora su popularidad en las redes. Se valora que tenga un blog. Se valora lo que vende y no lo que sabe. Y así nos encontramos a magníficos formadores y a formadores, entre malos y muy malos. Es cuestión de suerte. Los amiguetes no lo copan todo y a alguno que sabe (por suerte más de uno) tienen que contratar. Eso sí, el proceso… opaco, opaco, opaco.

Veo mucha formación que ofrecen las administraciones públicas que se adaptan al formador. Son, curiosamente, los mismos colegas de metodologías magistrales que trabajan en las asesorías, los que contratan a los que defienden la misma metodología que ellos creen milagrosa y, para ello, se dirigen a los mismos con los que ya comparten a menudo cafés y “quedadas”. Bueno, ahora lo de las “quedadas” está en horas bajas pero los que ya lleváis un tiempo por aquí me entenderéis. Si uno revisa, por ejemplo a los formadores del INTEF verá que curiosamente hay una gran parva de ellos que pertenecen a una determinada asociación. No doy nombres porque es fácil de encontrar. No hay puntada sin hilo. Todo es muy raro y, en ocasiones, huele demasiado a contrataciones dedocráticas por motivos muy poco profesionales. Y eso que entiendo que si uno no está en las redes, no publicita/vende lo que hace en su aula y se da a conocer, es muy complicado que le llamen para dar un curso. Con lo fácil que sería investigar la trayectoria profesional de la gente que se contrata en lugar de contratar por lo que dicen los propios contratados. Con lo sencillo que sería, por ejemplo, para dar charlas de mindfulness, contar con profesionales, titulados en psicología, que pusieran en valor el modelo o se encargaran de criticarlo con argumentos coherentes, en lugar de contratar a un maestro que cuelga fotos en su blog haciendo mindfulness con sus alumnos. Lo sé, no se busca la profesionalidad de los ponentes ni de los formadores. Se busca otra cosa.

La verdad que, al menos en mi caso, he dejado de hacer mucha formación que ofrecen las administraciones educativas porque, una vez he llegado a ellas, me he encontrado a alguien que, supuestamente era un experto y cuyo discurso solo colaba a alguien que no tuviera ni idea del asunto. Está muy bien que te apetezca sacarte un sobresueldo impartiendo cursos y que, conociendo al asesor de turno o al contratante, puedas dar un curso hoy de ABP, mañana uno de inteligencias múltiples y, la semana siguiente, uno de Arduino. El problema es que no cuela. Se puede saber muchas cosas pero, por desgracia, no en suficiente profundidad para poder impartir formación a docentes que, en algunos casos, no vienen a pasar el rato y a certificar el curso, y sí a aprender.

Y ello me lleva a hablar del currículum de estos formadores. Un currículum que dista mucho de ser la persona más capaz o con más conocimientos para hablar del tema. Personajes que ponen en su exiguo currículum académico, al mismo nivel una titulación universitaria que ser Google Certified, Apple Distinguished o Microsoft Innovative Educator. Es que hay cosas que no hay por dónde cogerlas. Menos aún que nos encontremos impartiendo cursos de programación o tecnología educativa por alguien que no tiene conocimientos tecnológicos. Ya he hablado antes del ejemplo del “experto en Mindfulness” que, a veces, tiene un título de Arquitectura o del mismo que imparte estrategias de lectoescritura, memoria histórica, PBL, creatividad o visual thinking, siendo maestro de Educación Física. Sí, estoy hablando de casos reales. Es que tan solo os pido que os pongáis en la página de alguna administración educativa (especialmente el INTEF o el Centro de Profesorado de la CAM) y busquéis el currículum de los ponentes que imparten ciertas cosas. Además, ya os garantizo que, por ejemplo el INTEF, a veces ha decidido de prescindir de formadores cualificados, con buenos resultados en la valoración de la encuesta final para poner a personas que no sabes qué hacen ahí. Bueno, lo intuyes si eres un poco inteligente.

Un detalle que me gustaría aclarar a estas alturas: no estoy diciendo que todos los ponentes de los cursos de formación no tengan currículum ni capacidad para impartir ciertas cosas. Digo que hay mucho ponente muy mal cualificado, que entra por procesos muy extraños a dar ponencias/cursos pagados con dinero público. Además, hay algunos que en su currículum ponen que son “especialistas en bioenergética, sincronización de hemisferios cerebrales y terapeutas Gestalt” que también son contratados en ese despropósito que se ha convertido la oferta en neuroeducación o inteligencia emocional. Sin ninguna validez científica pero trincando del erario público. Vuelvo a repetir que no son casos aislados.

Ser ponente para determinadas administraciones educativas es fácil. Consiste en crear un perfil en Twitter, generar mucha baba en los comentarios que publicas en esa red y en los foros en los que participas en tus cursos online o dejarte ver en determinados lugares y, la clave es saber no pisar charcos y saber a quién arrimar el ascua. Es fácil de ver solo que te muevas un poco por la red. Además, claro está, de no tener ningún tipo de escrúpulo y saber sumarte a los ataques cuando se critica a alguien que cuestiona a ese grupo homogéneo. Por cierto, como he dicho antes, no importa lo formado que estés, el currículum que tengas o lo que sepas. Y ya si te “afilias” a un determinado club que gestiona la formación en la Comunidad de Madrid y el INTEF, lo petas.

Ya he hablado de ponentes y currículum. Ahora quiero cerrar en clave personal. De situaciones que he vivido y sufrido (bueno, tampoco no me ha importado demasiado aunque, el malestar te lo lleves). De propuestas que he recibido por parte de determinados asesores, llamándome para dar charlas y siendo desautorizados al poco por su “jefe” bajo el pretexto de mis escritos en el blog y las redes sociales. Que no se podía contratar a alguien que criticaba el modelo de formación. Menos aún que hubiera criticado a sus amigos del alma. Por lo visto, lo de la libertad de expresión o, incluso el tema de expresar opiniones, sigue siendo en pleno siglo XXI algo muy difícil de encajar para algunos. Bueno, sinceramente, debo reconocer que para los menos porque, en mis años de transparencia (léase expresar mis opiniones en abierto) han sido pocas ocasiones en las que he sido vetado tan abiertamente. Debo decir que tampoco lo tengo tan claro porque, a lo mejor sí que lo han hecho y no me he enterado. No es óbice tampoco el tener muy claro que, a veces, opinar en libertad tiene sus repercusiones. Más aún en un ámbito como el educativo, que se está convirtiendo en un movimiento acelerado de algunos para poder salir en la foto y, la necesidad de ir moldeando las opiniones para no ir pisando callos. Por lo que pueda pasar o las dificultades futuras de trincar.

Me acuerdo hace unos años que, desde Galicia me invitaron a dar unas charlas sobre innovación educativa. Ya, todo eso que cuestiono siempre en abierto pero que he ido probando a lo largo de mi vida profesional en mi aula. Resulta que, una vez ya todo hablado y aprobado el programa de las jornadas, me envían un correo diciéndome que no iban a contar conmigo porque no consideraban que mi perfil fuera el adecuado. Tiempo después uno se entera que ha sido por un artículo que escribí en ese momento acerca de los cambios que deberían hacerse en formación del profesorado, gestión de esos centros de formación y mis críticas a aquellos que habían abandonado el aula para no volver. Hay temas tabú que impiden a uno hacer ciertas cosas. Y es por ello por lo que agradezco que exista la escuela pública y la figura del funcionario por acceso libre y meritocrático porque, ¿alguien se imagina las presiones que reciben los docentes de la concertada o cómo pueden vetar el acceso a la docencia por, simplemente, ejercer en libertad tu derecho de opinión?

También genera desasosiego ver cómo se puede llegar a manipular a alumnos de una determinada Universidad (no, no voy a decir el nombre) para que, después de haberme entrevistado para una asignatura vía Hangout, su docente de la misma les dijera que ya podían cambiar de entrevistado si no querían que les suspendiera. Una persona que, curiosamente, está mucho en las redes y que, después de una disputa que tuvimos a nivel profesional, de la que da la sensación que nunca se ha recuperado, me tiene una cierta ojeriza que trasladó a sus alumnos. Demostrando su nivel y usando la amenaza con sus alumnos. Alumnos que se disculparon conmigo y dijeron que iban a usar esa entrevista sí o sí. Algo que les dije que no debían hacer porque lo primero era sacarse esa asignatura, aprobar la carrera y, una vez entraran en el aula, empezar a hablar con claridad de ciertas cuestiones. No, nunca he pretendido que nadie dé la cara por mí porque tengo la suerte de poder tener suficientes habilidades para hacerlo por mí mismo.

Si a lo anterior le sumamos los vetos por parte de una Fundación, muy relacionada con el ámbito educativo, para que se publicara un determinado libro en el que he colaborado, quizás uno debería empezar a preocuparse. Eso sí, curiosamente, la misma Fundación contactó conmigo hace poco para ofrecerme colaborar en uno de sus proyectos. Surrealista, no. Lo siguiente.

Debo reconocer que no me preocupa que haya casos puntuales de veto hacia mí por lo que escribo o por las opiniones, que más o menos acertada o equivocadamente, puedo verter en abierto. No me preocupa porque mi objetivo jamás ha sido el de promocionarme o venderme ante nadie. No lo necesito porque tengo un trabajo por el que no debo nada a nadie. No me interesa tampoco porque hay un modelo de formación o venta mediática de determinadas cuestiones relacionadas con el ámbito educativo que no son en las que me apetece participar. Eso sí, no puedo menos que sentirme un poco dolido cada vez que me entero de uno de estos casos. Casos que son muy aislados pero que me permiten entender muchas cosas de algunas personas. Y eso es lo que me he llevado de cada una de estas situaciones.

Como todos sabréis hace muchos años que estoy alejado de “dar charlas” o “formación”, salvo alguna excepción que hago para algunas asociaciones u organizaciones a las que tengo mucho cariño. Desde hace tiempo se me está presionando para que salga más y vaya más a determinados lugares. Sí, aún tengo sitios en los que no me vetan a los que estarían contentos que fuera a hablar -más bien a reflexionar- de lo poco que sé. No me veo dando charlas sobre metodologías o herramientas. Eso sí, me gustaría que, como mínimo, hubiera una voz discordante en determinados lugares porque, por mucho que parezca que somos muchos en las redes (especialmente en Twitter) somos cuatro gatos. Y, a veces, creo que toca explicar ciertas cosas a muchos docentes en activo y futuros docentes porque, al final si solo reciben un solo tipo de input basado en “lo que todos estamos viendo” (incluso los que sacan tajada de ello) se van a creer que ese discurso es válido. Y un discurso sesgado jamás puede serlo.

Creo que voy a volver a aceptar hacer ciertas cosas. Eso sí, siempre con las mismas condiciones que he puesto siempre: libertad de expresión y poder decir lo que quiera y, lo que es más importante, que no pierda dinero por hacerlo. No hablo de ganarlo porque, por suerte, tengo un trabajo que me permite vivir y no tengo ninguna necesidad de ir amasando dinero. Ni tan solo mantengo los anuncios en el blog y solo admito donaciones porque mi modelo educativo es otro. Muy diferente del de los docentes que han convertido sus webs en puro elemento de merchandising y de venta de su marca personal. Algo totalmente lícito a lo que no me apetece jugar. Se me da muy mal lo de venderme y, peor aún lo de hacer determinadas genuflexiones.

Disculpad el “rollo” pero, a veces, me pongo a escribir y rehacer ciertas cosas que ya tengo escritas y me lío 😉

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Reconozco que tengo el defecto de pensar en exceso y, por desgracia, darle vueltas a ciertas cosas. Además, aunque a algunos no les guste por tenerme atragantado por motivos ignotos, soy más de proponer que de criticar. Bueno, depende de la temporada, de la cantidad de magufismo educativo que esté a la orden del día o, simplemente, de las ganas de juerga que tenga ganas de montarme. En esas temporadas me va la marcha y, por desgracia, proponer tiene que tener su contrapeso en el juergódromo educativo.

Fuente: ShutterStock

Hoy me apetece proponer un currículum para etapas obligatorias. Las etapas obligatorias, como todos sabéis, van de primero de Primaria hasta cuarto de ESO. Es decir que tengo seis años de Primaria y cuatro de Secundaria para asignaturizar (o desasignaturizar) el asunto porque, visto lo visto, creo que, en lugar de aumentar hasta el infinito las asignaturas como proponen algunos, lo mejor es empezar a cortar por lo sano. Y eso voy a hacer en este post. Recortar sin ningún tipo de miramiento hacia chiringuitos o imprescindibilidades totalmente subjetivas. Es lo que tiene quererme muy poco porque, con lo bonito que sería decir que, por ejemplo, mi asignatura es imprescindible para que mis compañeros de la misma me aplaudieran con fruición…

Voy a empezar a simplificar Primaria. Sé que seguramente me repito (porque lo he comentado en varias ocasiones), pero tengo muy claro que los objetivos básicos de esa etapa deberían ser los siguientes:

  • Aprender a leer con corrección (en la lengua o lenguas cooficiales), sabiendo interpretar lo que se lee.
  • Aprender las operaciones matemáticas básicas (sumar, restar, multiplicar y dividir).
  • Competencias básicas con las TIC (saber buscar información, cribarla y usar herramientas ofimáticas básicas).
  • Escribir con corrección en la lengua o lenguas cooficiales en su territorio.
  • Introducción a una lengua extranjera (capacitación básica en la misma a nivel oral y escrito).

Más allá de lo anterior podemos fabular acerca de lo imprescindible que es saber muchos datos u olvidarlos. Un detalle que quiero remarcar: que los objetivos sean tan pocos, no implica que la exigencia en la obtención de los mismos deba ser laxa. A ver si no confundimos calidad con cantidad. Que estamos hablando de educación y no de otra cosa.

¿Cuántas horas a la semana necesitan los alumnos para lo anterior? ¿Con cuántas horas podemos hacer que todos los alumnos, sin dejar ninguno atrás, puedan cumplir los objetivos anteriores? ¿Hay suficiente con quince horas semanales? Yo creo que sí. Además, con buenas ratios, con esa cantidad de horas, se cumplen sobradamente los objetivos anteriores. Si lo pasamos a jornada lectiva nos encontramos con tres horas diarias de clase para asumir esos objetivos básicos e imprescindibles.

Añadiría si me lo permitís una hora más diaria para llevar a cabo determinados proyectos, bien diseñados y planificados, para los alumnos en los que se introdujeran el aprendizaje de ciertas cuestiones. Proyectos que pueden ser históricos, científicos, sociales, humanísticos, etc. Ya veis que con cuatro horas diarias nos hemos cepillado las necesidades de esos alumnos. De nueve a dos, con una hora de patio intermedia, ya tenemos todas las necesidades de aprendizaje de los chavales cubiertas.

Ahora bien, ¿debemos dedicarnos solo a lo anterior? No, hay otras cuestiones básicas para ser tratadas en educación. Deporte, arte, música, etc. Por tanto, ¿por qué no abrir por las tardes esos centros educativos de Primaria y ofrecer, por parte de los profesionales que saben del asunto (los maestros especialistas en las mismas), ese tipo de cosas. Dos horas diarias por la tarde, que acabarían a las cinco de la tarde y evitarían que ninguno de los chavales tuviera que hacer actividades extraescolares. Lo siento por los que ofrecen esos servicios pero, en una concepción global del aprendizaje como es la que tengo, no es malo ofertarla a todos los alumnos. No solo a los que puedan permitírselo económicamente. Por eso tengo claro y meridiano que de tres a cinco los centros educativos deberían estar abiertos para ofrecer extraescolares pedagógicamente dirigidas por profesionales. Pintura, baloncesto, danza, música, etc. Escuelas de música y Conservatorios dentro de los centros educativos, instalaciones deportivas de calidad en esos colegios de Primaria (también en los centros de Secundaria, aunque no lo mencione posteriormente), etc.

Una vez cambiado el currículum de Primaria, empezando de forma paulatina por dos cursos a la vez, en tres cursos podemos empezar con la ESO. Una ESO que dividiría en dos partes muy diferenciadas: primero y segundo en pack, con unas necesidades de alumnos similares y, una segunda parte formada por tercero y cuarto.

En Primero y Segundo de la ESO tengo claro que debería trabajarse por proyectos. Por proyectos dentro del aula (porque, al igual que en Primaria, considero que no debería haber trabajo para los alumnos fuera del horario lectivo). En este caso, el modelo ya sería más específico, porque se supone que las habilidades y aprendizajes adquiridos en Primaria ya no necesitan reforzarse. Va, voy a dar un margen de un par de semanas para que recuerden y se pongan al día pero, por suerte, esos aprendizajes básicos que propongo, al igual que ir en bicicleta, no se olvidan con facilidad. Son perdurables a lo largo del tiempo. Algo que resulta muy interesante para futuros aprendizajes.

¿Qué propuesta hago para los dos primeros cursos de la ESO? Proyectos interdisciplinares, con aparición de todas las disciplinas, en los que haya posteriormente a los mismos una valoración del aprendizaje adquirido. No se pueden hacer proyectos por hacer proyectos (que es lo que sucede habitualmente, incluso por parte de algunos que venden sus proyectos como sanctasanctórum). Proyectos que deberían realizarse a lo largo de tres semanas y que permitieran, en cada uno de ellos, una semana de evaluación posterior. Así pues, para nueve meses reales de clase, tenemos un total de nueve proyectos (o nueve asignaturas implicadas sobre las que recaería “el trabajo” de los mismos). No sé si me explico pero creo que queda bastante claro y si alguien tiene dudas no me cuesta nada aclarárselo por mail o respondiendo a vuestros comentarios.

Y no, no debemos de dejar ni las actividades deportivas ni la música. El trabajo gráfico y visual puede integrarse dentro de los proyectos. Por eso creo que hay suficiente con un modelo 3+2 (dos horas de proyectos y dos de actividades deportivas más música). A ver, resumo mucho el tema de lo deportivo y lo musical pero intento decir que, tanto lo que implica la educación física como la educación musical (amén de la visual integrada en los proyectos) son tan importantes como el aspecto más academicista de los mismos. Los proyectos deben ser exigentes. No me valen los proyectos de chichinabo para cubrir el expediente. Requiere, eso sí, mucho trabajo colaborativo y cooperativo de los docentes. Es que lo de trabajar como islotes, al menos hasta los doce años de nuestro alumnado, es un poco incongruente. Ale, ya lo he dicho.

En tercero y cuarto de ESO es donde tengo mis grandes dudas. Si fuera por mí, ya una vez superadas las etapas anteriores, mantendría el modelo de asignaturas actual, reduciendo su número, pero sin ningún tipo de optatividad. Sé que estoy diciendo algo que no gusta, pero creo que aún son pequeños (ya sé que algunos/as son más altos que yo -bueno, más que yo no, pero más que alguno de sus profesores sí-), para saber qué quieren hacer en su futuro. Bueno, seguro que hay excepciones que ya saben qué quieren ser desde el destete pero, como son un porcentaje ínfimo, nos podemos arriesgar a hacer un currículum común.

El currículum de tercero y cuarto debe ponderar correctamente los aprendizajes científicos y humanísticos. Historia (con pinceladas de Geografía avanzada -la básica ya habrá ido a los proyectos de primero y segundo de ESO), Matemáticas, Pensamiento Científico (incluye toda la parte científica, en todas sus formas, de los aprendizajes), Lengua y Literatura (de la oficial y la cooficial en los territorios que la tengan), Lengua Extranjera, Cultura Clásica y Tecnología (incluye tanto la Tecnología como la Informática, con todos sus avances) y, una asignatura que combine Arte, Educación Física y Música. No pongo la carga horaria porque, aunque yo considere que todas tengan que tener la misma importancia -y para mí la tienen-, siempre puede haber algunas características del alumnado que haga modificable esa carga lectiva.

Seguro que me he pasado de frenada. Seguro que todo lo que he propuesto es una auténtica chorrada sin sentido pero, sinceramente, a mí me gustaría llegar a verlo algún día. Y, como siempre digo, esta es mi propuesta. No pretendo imponerla a nadie y, como bien sabéis, tampoco nadie de los que legislan me va a hacer nunca ningún caso. Así que, quedará como otras propuestas que he ido haciendo a lo largo de estos años, en agua de borrajas. Ojalá no fuera así.

Intento encontrar el motivo por el que he cogido la imagen que ilustra este post y, sinceramente, el único que se me ocurre es porque la imagen me parece preciosa. Sí, también le podemos sacar una pequeña relación con lo que he escrito ;)

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No, hoy no voy a mostraros una fotografía de mi maravillosa y fotogénica anatomía. Hoy voy a intentar responder a todos aquellos que, curiosamente, piden transparencia en ciertas cuestiones y jamás ofrecen nada más que opacidad cuando lo piden. Escudados bajo el anonimato o, simplemente, con pocas ganas de mostrar ese currículum tan invisible que tienen. Es lo que tiene la envidia. Y, para satisfacer su curiosidad, hoy voy a quitarme hasta los gayumbos (metafóricamente hablando, claro está).

Fuente: Desconocida

Si me permitís voy a empezar por el currículum profesional para, posteriormente, centrarme en mi experiencia laboral. Es que, sinceramente, no tiene demasiado sentido hablar de una cosa sin hablar de la otra porque, al final, tiene mucho que ver el asunto. Bueno, en mi caso quizás no ya que, como siempre digo, soy un docente muy poco vocacional, aterrizado por avatares de la vida en la docencia y que, curiosamente, le he encontrado gustillo a la educación en todas sus vertientes. Eso sí, como digo siempre, podría haber sido cualquier otra cosa y, sinceramente, creo que me hubiera aplicado de la misma manera. Quién sabe. Eso sí, tampoco se trata de fabular porque, al final, uno toma las decisiones que quiere y/o puede en cada momento de su vida.

Sin más dilación voy a empezar por mi currículum, obviando la EGB, el BUP y el COU por no tener demasiada relevancia para el asunto. Bueno, ya que algunos están interesados en todo (con el fin de buscar algo para desprestigiarme o, simplemente, por cotilleos varios) voy a comentarles que mi EGB la partí en tres centros educativos. Empecé mi EGB en Torà, de la comarca de La Segarra. Repetí primero de EGB por haber empezado un año antes el curso y al cambiar de centro el inspector obligó a que repitiera, a pesar de llevar unas notas excelentes (salvo en comportamiento). Ese primer curso de EGB y hasta sexto lo hice en Balaguer, en otro centro público (El colegio Gaspar de Portolà). Después mis padres se empecinaron, por cuestiones que no vienen al caso, en matricularme en un colegio privado de Lleida. Para más señas, del Opus. Y no, ningún problema académico en ninguno de los centros educativos salvo, por desgracia, algunos “detalles” menores por culpa de ser un chaval excesivamente introvertido.

Después de octavo y, en vista que el funcionamiento del centro del Opus no era demasiado bueno, empecé BUP en un instituto público de Lleida (el Joan Oró), donde acabé hasta COU y, posteriormente, después de la Selectividad entré en la ESTEALL (Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Agrària de Lleida) donde cursé Ingeniería Técnica Agrícola en Industrias Agrarias y Alimentarias. Y, solo acabar la carrera ya me puse, en noviembre que empezaba el segundo ciclo, a trabajar como profesor de Secundaria. Por cierto, sí que me saqué el título de Ingeniero Agrónomo sin ir a ninguna clase y solo a las prácticas porque, como os he dicho antes, estaba trabajando a dos horas de la Facultad.

Añado por si os interesa que mis proyectos finales de carrera fueron, en el caso de la ingeniería técnica un proyecto sobre el “estudio de la degradación de lipasas por Aspergillus niger” y en la superior el “diseño de una panificadora industrial”. Así que, ahora ya tenéis el pack completo de mis estudios reglados.

Al acabar la ingeniería técnica no lo he mencionado pero me saqué el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) pero, como ya sabéis, en esos tiempos no se necesitaba para trabajar de profesor de algunas especialidades (ni para Tecnología, ni para los ciclos de FP, ni para…).

Mientras estaba estudiando Ingeniería hice varios cursos acerca de gestión de recursos hídricos, química industrial aplicada, enología, espectrofotometría básica, etc. Eso, claro está, sin olvidar la vida de estudiante, los aprendizajes en los bares y los típicos jueves.

Otro título reglado que poseo obtenido con posterioridad a los anteriores, es el Máster en Educación y TIC de la UOC, de 60 créditos ECTS (1500 horas).

Bueno, ya que nos ponemos a hablar de títulos reglados y cursos de formación realizados, relacionados con mi profesión como docente, voy a enumerar los que me acuerdo. Seguro que me dejo alguno.

  • Creación de aplicaciones en internet: WebQuest (45 horas)
  • Jornada técnica sobre wifi (6 horas)
  • Autómatas programables (30 horas)
  • Gestión académicoadministrativa con SAGA (12 horas)
  • Asesoramiento en proyectos de prevención de drogodependencias y situaciones de riesgo (15 horas)
  • Introducción a LInux (40 horas)
  • Joomla! La web en entornos educativos (60 horas)
  • Cursos de Lingüística valenciana y su didáctica (50 horas)
  • Programa experimental para prevenir el abandono escolar (60 horas)
  • Malted Básico (40 horas)
  • Competencia comunicativa en inglés (60 horas)
  • GIMP, aplicaciones prácticas (50 horas)
  • Conocer AGREGA (60 horas)
  • Creación, reutilización y difusión de contenidos (40 horas)
  • Gestión de webs con WordPress (120 horas)
  • Programación y robótica: nivel avanzado (120 horas)
  • Proyectos educativos con drones para la innovación social (45 horas)
  • Actualización curricular y didáctica en programación, robótica e impresión 3D (30 horas)
  • Gestión psicológica de la conducta de los adolescentes (60 horas)
  • Código html y gestión de mysql (100 horas)
  • Liderazgo educativo (45 horas), etc.

Además de lo anterior, podría sumar todas las titulaciones lingüísticas de la EOI que dispongo y algunos certificados de esos que, por lo visto tantos mencionan y algunos que, también los tenemos, nos avergonzamos un poco de tenerlos. Bueno, no de tenerlos porque nunca va mal aprender; sí que nos da pereza de difundirlos.

En total puedo llegar a sumar solo de cursos y titulaciones que no me han servido para acceder a mi profesión, unos cuantos miles de horas en veinte años. Creo que no está nada mal porque, en esa lista, faltan todas esas Jornadas y Seminarios a las que he acudido. Y son unos cuantos.

Supongo que el currículum ya debería bastar para los que siempre están cuestionándolo. Ahora, voy a entrar en la experiencia laboral (y solo de cuestiones relacionadas con la educación porque, además de lo que incluyo, he tenido varias becas en la Universidad para trabajar acerca de proyectos relacionados con biogás y microbiología, amén de algunos otros “trabajillos”).

Empecé a trabajar de docente, como sustituto, en noviembre de 1998, dando Tecnología en el IES Hug Roger III de Sort. Sí, donde toca la lotería a todo el mundo. Bueno, conozco mucha gente a la que no le ha tocado jamás pero qué se le va a hacer.

Al curso siguiente (1999-2000) volví a repetir en el mismo centro pero como profesor de FP de Electricidad (Sistemas Electrotécnicos y Automáticos).

En el 2000-2001 estuve dando Tecnología en el IES de Tremp.

Posteriormente, estuve un año en el IES Martí l’Humà de Montblanc, como profesor de FP de Organización y Fabricación Mecánica, dando algunas horas sueltas de Tecnología.

Volví a subir a Sort para dar clase de Tecnología al siguiente curso, donde me quedé hasta el curso 2008-2009 (con un interludio de otro año en Tremp), ocupando algunos de esos años un cargo directivo.

No lo he comentado pero, en esos años fui Jefe de Departamento en un par de ocasiones y coordinador TIC.

Por motivos médicos, después de darme la plaza definitiva (entre que me saqué las oposiciones y me dieron mi definitiva pasaron algunos cursos) en La Sénia (Cataluña), tuve que pedir ese primer año por motivos médicos una Comisión de Servicios que me concedieron en la Comunidad Valenciana. Estuve un año dando el programa Integra de Prevención del Abandono Escolar en Segorbe (IES Cueva Santa) y, a finales de curso, por desgracia, tengo que volver a pasar por el hospital por mi enfermedad. Al curso siguiente me deniegan la Comisión de Servicios y el médico no deja que me incorpore a esa distancia de un hospital de primer nivel. Algunos ya saben de qué va el tema y para los otros, simplemente comentaros que tengo bastantes problemas médicos de importancia.

Posteriormente me incorporo de nuevo en la Comunidad Valenciana (en Comisión de Servicios en el IES El Quint de Riba-roja de Túria) donde imparto clase a alumnado con riesgo de exclusión social (todo mi horario se destina a ello -estoy 18 horas con ellos-) dentro del mismo programa Integra que ya impartí en Segorbe. En este caso con el apoyo de un compañero que contrataba el Ayuntamiento.

Después de eso recortan las Comisiones de Servicio y me voy a mi plaza definitiva. Interpongo una reclamación judicial que me reconocen y, al cabo de tres cursos, esa resolución obliga a que me den una Comisión de Servicios permanente al lado de mi centro de referencia (El Hospital de La Fe).

Estoy un par de cursos en Almenara dando FP Básica y alguna hora de Matemáticas hasta que, al tercer curso me dan la definitiva en el IES Les Alfàbegues de Bétera.

Después de estar un año ahí,  por cuestiones personales, acepté la posibilidad de entrar como ATD (asesor técnico docente) en la Conselleria de Educación hace un año, a caballo entre el SIGE (Servicio de Informática y Gestión Educativa) y el SGFP (Subdirección General de Formación del Profesorado), he optado por renovar este curso que viene. Un detalle, no he tenido aún vacaciones porque, los motivos más personales que no voy a exponer aquí, hacen que deba optar a cogerme las vacaciones en otra época del año. Y no, no lo he hecho para trabajar menos porque, ya os digo yo que, todo lo que os puedan decir de lo bien que se vive en la “deserción” no debe haberme tocado a mí. Muy contento, por cierto, de la experiencia y la oportunidad que se me está dando.

¿Volveré al aula? Pues no lo descarto aunque, lamentablemente, algunos médicos no opinan lo mismo 🙁

Eso sí, si os habéis dado cuenta, en ningún momento he puesto si soy bueno o malo en mi profesión. Creo que quien debe juzgar lo anterior son los alumnos a los cuales he dado clase. Espero que algunos se acuerden de mí. O que no se acuerden, pero deseo que a todos les vaya lo mejor posible en la vida.

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Entiendo que haya personas que, cobrando de una determinada multinacional, deban estar dispuestos a todo para vender los productos de la misma. A diferencia de los docentes que, alegremente venden esa apuesta por un modelo educativo centrado en la herramienta (o en la marca de la misma), puedo entender que el mercado exija tener a sus vendedores para vender el material que crea la empresa. Por eso no me sorprende nada este tuit de alguien que trabaja para Google.

Fuente: Twitter

Por cierto, no voy a entrar en temas de objetividad porque, al final, todo el mundo sabe que es mucho más objetivo hablar sin tener la economía pendiente de lo que se dice, que hacerlo por deberse a una empresa. Una ventaja de ser funcionario público. Que, por suerte, puedo hablar de lo que quiera sin estar condicionado por no cobrar a final de mes o tener represalias por ello. Bueno, salvo que diga cosas que puedan ser constitutivas de delito, claro está. Pero, por ahora, hablar mal de las multinacionales tecnológicas que quieren adueñarse del futuro de nuestros alumnos no es delito. Tiempo al tiempo.

La noticia a la que enlaza es la siguiente (fuente). Una escuela para clases acomodadas, situada en Holanda, donde por lo visto han abolido las asignaturas, las clases unidireccionales (o magistrales) y el currículum. O sea que, un modelo Summerhill, apoyado por la tecnología de Google, con clases no dirigidas y laissez faire entre el alumnado.

Y a mí me surgen unas pequeñas dudas. La primera es intentar entender como una escuela sin aulas ni currículum beneficia el aprendizaje de los alumnos. Si eso fuera así y el aprendizaje fuera autónomo (y se murieran los alumnos por aprender), los lugares del planeta donde mayor aprendizaje auténtico se daría sería en zonas en las que no hay escuelas, en las que los niños viven en plena naturaleza y, aprenden por necesidades vitales de pura supervivencia. Ya, seguro que estoy siendo muy demagógico… pues va, pongamos como ejemplo las escuelas libertarias que, en algunos momentos se montaron en Europa y de cuyas aulas han salido miles de científicos y personas que han aportado muchísimo a la sociedad por sus hechos (literarios, humanos, etc.). Pues va a ser que tampoco tenemos ejemplos de lo anterior pero, seguro que es porque no tenían la tecnología de Google para ayudarles.

Vamos a dejarnos de chorradas. Una escuela no dirigida solo puede llegar a funcionar puntualmente para hijos de clases muy pudientes porque, al final, el aprendizaje se complementa en casa. Y aún así, el déficit de contenidos y aprendizajes, puede llegar a ser demoledor. Ya no digamos meter este tipo de aulas, sin asistencia obligatoria, sin currículum y donde el alumno puede hacer lo que quiera con sus dispositivos móviles, en determinadas zonas marginales de las grandes urbes. ¿Realmente alguien cree que si no hay obligación de ir a clase o se puede pasar de curso sin ningún tipo de evaluación, va a hacer algo? Coño, que todos hemos tenido clases con determinados alumnos. Sabemos perfectamente que su motivación intrínseca para el aprendizaje es cero. Imaginaos para el esfuerzo autónomo de realizarlo porque, por mucho que algunos lo olviden, si no hay esfuerzo (no estoy hablando de flagelación), no hay aprendizaje.

Un detalle… el modelo Summerhill que algunos tanto alaban, con costes de inscripción de 8000 a 14000 libras por año, es algo que solo sirve para aquellos hijos que no van a tener problemas en sobrevivir con el sustento de sus padres y pueden dedicarse a hablar con los pajaritos. Para los del mundo real, ya si eso.

Las escuelas deben mejorar su modelo. Los currículums, en muchas etapas, son excesivos y el número de asignaturas inasumible. Otro tema es creerse el modelo de “dadme un Chromebook -o herramienta digital- y los alumnos aprenderán solos”. Un modelo que solo pueden defender los que se ganan la vida vendiendo determinados productos o quienes, por desgracia, leen poca investigación educativa y solo ven lo que les venden terceros.

Las escuelas libertarias, al igual que las escuelas de la felicidad, solo funcionan para aquellos que no necesitan aprender porque, aprendan o no, van a tener los riñones bien cubiertos. Para todos aquellos que quieran cambiar el mundo… necesitamos otro tipo de modelos educativos que los basados en tecnología, clases masivas, aulas sin paredes o, estrategias del laissez faire.

Seguro que estoy equivocado y los centros exclusivos basados en libertinaje y tecnología, a los que solo pueden acudir niños bien, son la solución a todos los problemas educativos. O quizás no. Quién sabe.

Debo reconocer que los contratados por Google están haciendo un fantástico trabajo en nuestro país. Entre ellos y sus acólitos que les hacen la campaña de marketing gratis, están consiguiendo una publicidad y una cuota de mercado envidiable.

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