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Creo que algunos de mis compañeros no tienen clara su función como profesionales de la educación. No tengo demasiado claro si saben para qué les paga el contribuyente o, ni tan sólo si creen realmente que ir a evangelizar ovejas en horario laboral es más importante que su día a día en el aula. Sinceramente, no me queda claro cómo puede ser que haya algunos que, sin ningún pudor ni sonrojo, acudan a clase sólo cuando no tienen alguna charla de esas que dan para que algunos les aplaudan con las orejas (no olvidemos que, por desgracia, a las charlas educativas sólo van convencidos o necesitados, en caso de necesitar puntos para su futuro estadio salarial).

Fuente: http://www.euroturismo.es
Fuente: http://www.euroturismo.es

El otro día, sin ir más lejos, hablé con un alumno que había acabado Magisterio acerca de sus estudios. Además, curiosamente, conocía alguno de los docentes que le daban clase porque, en el mundillo educativo y gracias a las redes sociales, uno empieza a conocer a mucha gente. Cuál fue mi sorpresa al informarme de que, esos que considero grandes profesionales porque me gustan sus argumentaciones y manera de exponerlas, eran bastante reacios a acudir a darles clase. Sí, entre un par que iban sólo una clase cada diez, hasta el grado máximo de desfachatez de uno de sus docentes que, simplemente les mandaba un cuadernillo a principio de curso y después desaparecía completamente de la Universidad. Alucinante no, lo siguiente. Bueno, simplemente me confirmó algunas cosas que ya viví cuando estudiaba en la Universidad: docentes cuya prioridad era muy diferente de la de dar clase. Algo que se ha extrapolado últimamente a las etapas obligatorias de la enseñanza.

Sí, cuando digo que se ha extrapolado, lo estoy diciendo con todas las consecuencias. En el curso actual hay docentes que, por irse a dar conferencias, cursos o ponencias, han dejado a sus alumnos de Primaria y Secundaria muchos días sin darles clase. Algo que no me entra en la cabeza. Menos aún cuando el trabajo principal es el dar clase en esas etapas -junto con todo lo que lleva asociado- y para eso les pagan. Y ya cuando en sus cuentas de las redes sociales se congratulan de poder ir en jornada laboral a pontificar al personal ya da para pensar que algo está fallando.

Yo trabajo en un centro educativo y me negaría, en caso de encontrarme con algún compañero de esos, a hacerle las guardias. No es mi función la de cubrir a docentes que hacen dejadez de su función principal. Por cierto, una cosa es ir a reuniones convocadas por la administración educativa en horario laboral y otra a impartir charlas, en muchos casos organizadas por organizaciones privadas, en ese horario. Sí, ya sé que puntualmente es algo que no está mal e, incluso, puede redundar en un cierto beneficio para el centro tener un docente “conocido” pero, pervertir el asunto y cambiar el trabajo principal de uno debería llevar a una profunda reflexión sobre el tema.

La función principal del docente y por la cual le pagan es dar clase. Si uno quiere creerse otra cosa y prefiere hacer esos recorridos de evangelización, le recomiendo que deje su profesión para que entre alguien a quien le guste estar en el aula y sepa cuál es su función y para qué le pagan.

Aprovecho el post para pediros que no me sigáis invitando a dar charlas en horario lectivo porque, es algo que os agradezco, pero debo renunciar a ello porque debo dar clase.