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Que en los centros educativos se están haciendo, puntualmente, auténticas barbaridades no es algo que pille a nadie, y menos aún a aquellos que conocemos un poco cómo funcionan los mismos, de sorpresa. Eso sí, en ocasiones hay auténticos cafres diseñando determinadas actividades que, tienen muy poco de educativas y mucho de criticables. Además, con el agravante de que, en muchas ocasiones, lo anterior se convierte en un arma de doble filo que perjudica, curiosamente, el fin de las mismas. Éste es el caso de esta discriminación por ser alumno que han diseñado en el IES del Andévalo para que así, supuestamente, sepan cómo lo pasan las alumnas.

Fuente: Twitter

Entiendo y respeto la necesidad de formar a los alumnos en la eliminación de conductas de discriminación por género. Defiendo y defenderé la necesidad de que, por mucho que no esté en el currículum oficial, haya cosas de las que se deba hablar en clase. De la necesidad del debate abierto. De la necesidad de explicar qué está pasando, tanto a nivel social como político con ciertas cuestiones. Y no, no me importa en exceso que un docente se apasione más o menos en la defensa de una determinada postura, siempre y cuando esté dispuesto a que pueda existir diferencias entre su opinión, las de sus compañeros y sus alumnos. Esa heterogeneidad es lo que hace grande a la educación, especialmente a la pública donde, al final, todo hijo de vecino tiene su pensamiento e ideología y no se siente coartado por ello. Otro tema es lo que han hecho en este centro: culpabilizar a los niños por ser niños. Sí, no hay justificación posible ni por dónde cogerlo. Hasta los más defensores de la igualdad y la necesidad de revertir la situación actual, en la que en demasiadas ocasiones se discrimina a la mujer, tenemos claro que se han pasado muchos pueblos.

Creo que se ha de ser beligerante defendiendo determinadas cosas pero, sinceramente, no me vale que para evitar situaciones de discriminación, discriminemos. No me vale considerar al ser humano mejor o peor por ser de un determinado sexo o, tener una determinada religión que practicar en su ámbito privado. Tampoco me importa si uno es del Barça o del Madrid aunque, como todos sabemos, no hay comparación entre ambos equipos. Más allá de esta última broma, la necesidad de educar a chavales para que consigamos tener una mejor sociedad que la que tenemos ahora. Denunciar lo que no funciona. Insistir en recordar errores del pasado para que los mismos no puedan volver a repetirse. Eso es educar. Lo que han hecho en este IES, por mucho que ahora lo intenten justificar de todas las maneras posibles, es injustificable. Esta propuesta jamás debería haber visto la luz. Si esto fuera un país serio habría sanción, tanto para el que propone como para el que dispone pero, al final, todos sabemos el grado de impunidad del que se disfruta en este régimen que, por mucho que algunos digan lo contrario es, por suerte, más garantista de lo que les gustaría a algunos.

A la mujer se la defiende de otra manera. La violencia de género no se soluciona sin medios y sin educación pero, debo informar a los que creen en que lo mejor es culpabilizar por defecto al hombre o, simplemente jugar a temas de paridad políticamente correcta, que todo es mucho más complejo. Y mucho más serio. Nos jugamos mucho. Nos jugamos ser mejores. Necesitamos ser mejores. Todo mi apoyo a las mujeres de mi vida porque, sabéis qué, son de las cosas más importantes que tengo.

El extremismo nunca es bueno. Menos aún, en temas tan delicados como éste.

Siempre he sido un gran defensor que nuestros alumnos tengan las mismas oportunidades. Es por ello que he sido partidario de reducir ratios hasta números que permitan la personalización y adaptación de los aprendizajes y, cómo no, de intentar establecer algún mecanismo para que la administración pueda actuar en las propias familias de nuestros alumnos. No olvidemos que la mayor parte de los alumnos que fracasan lo hacen como consecuencia de situaciones familiares y que, por desgracia, no es lo mismo proceder de una determinada familia u otra a la hora de garantizar las posibilidades futuras de los mismos. No todos nuestros alumnos pueden tener ayuda fuera del aula o un ambiente que facilite el estudio. A veces hay algunos que nunca ven a sus padres (¡apostemos de una vez por la conciliación laboral!), otros que tienen unos padres que pasan de ellos y están solos la mayor parte de las tardes o, un tercer grupo en el que, algunos alumnos, se ven obligados a ejercer de figuras paternas y maternas a muy tierna edad. Y eso lastra muchos futuros. Futuros que no podemos solucionar en exclusiva en los centros educativos, ni con metodologías e, incluso si me apuráis, sin legislación que englobe también lo que sucede en el contexto familiar.

Fuente: Facebook

Y ya que tenemos la obligación de dar las mismas posibilidades a todos los alumnos chirría que, en función de la Comunidad Autónoma en la que estudien, las pruebas del Selectivo sean más o menos difíciles. Algo que copa determinadas Universidades por alumnado que, quizás, no tenga tantos conocimientos (en algún momento debemos filtrar aunque ya me gustaría vivir en un lugar donde no hubiera nunca filtros ni segregación) pero por haberse presentado en una determinada Comunidad a hacer las pruebas, ya parte con esa ventaja. Sí, lo mismo sucede en algunos centros educativos donde, dentro de lo habitual de subir algunas décimas en segundo de Bachillerato, se pasan con el asunto para convertir seises en dieces. Existe esa casuística y, curiosamente, siempre se da en la misma tipología de centros. Ahí también debería intervenir la administración pero, por lo visto, lo de la igualdad, meritocracia y transparencia no tiene mucho valor para los que gestionan la educación. Si no fuera así no se entendería que las pruebas de oposición también fueran diferentes y que, en lugar de hacer una bolsa común con los mismos criterios de evaluación para convocar oposiciones, se permita que cada Comunidad monte su propio chiringuito. Chiringuito que, curiosamente, sí que permite a los aprobados moverse después por todo el territorio nacional. Lo mismo que sucede con los alumnos de Bachillerato que entran en la Universidad.

Reconozco que con mis alumnos, al igual que hacemos la mayoría de docentes, tengo muy en cuenta el contexto en el que viven a la hora de ajustar sus calificaciones. También veo que, ya en los primeros cursos, hay alumnos que han abandonado el sistema porque han tenido la mala suerte de nacer en determinadas familias. Debemos compensar lo anterior. Se nos debería obligar a hacerlo. Y no, la solución no es establecer grupos que segregan (léase bilingüismo) o centros específicos para determinadas familias (léase centros privados). La solución pasa por intervenir donde toca, invertir bien e intentar, dentro de las posibilidades que tenemos como sociedad desde la política, intentar que todos partan desde la misma línea de salida. Claro que ahora eso no existe. Claro que algunos tienen más oportunidades que otros pero, ¿no creéis que lo mejor sería que la cuna no marque el futuro? Hasta los años 80 había posibilidades de que los hijos vivieran mejor que los padres, ¿por qué no seguir permitiendo lo anterior? Si no lo hacemos, vamos a pagar un precio muy caro. Y no sólo los que están abandonados por el sistema porque, por mucho que algunos no quieran enterarse desde sus atalayas, todos somos parte de la sociedad.

La inclusión educativa y la igualdad de oportunidades no es lo que nos venden. Es otra cosa porque, nacer donde uno nace o pacer donde uno pace, nunca debería ser sinónimo de condena.

igualdad14Muchas líneas y gran cantidad de blogs hablando sobre educación en valores, educación para la igualdad, coeducación, inclusión, etc. Muchos vocablos para referirse a algo tan necesario como es marcar unas pautas comunes para que nuestros alumnos, sea cual sea su sexo, raza o situación socioeconómica puedan tener las mismas oportunidades. Algo que es muy difícil de mantener. Más aún cuando determinadas situaciones siguen primando en la sociedad que impera en nuestro país.

Hoy coronan al futuro Rey. Una coronación de un hombre por delante de sus dos hermanas. Algo que choca con la igualdad entre hombres y mujeres. Algo que consiente gran parte de la ciudadanía española mediante los votos que expresaron en las últimas elecciones. Democracia para la desigualdad. Democracia para considerar al hombre superior a la mujer. Democracia para expresar que alguien pueda, simplemente por haber nacido en determinada familia, ser superior a otros.

No tiene ningún sentido hablar de igualdad cuando nuestra sociedad es totalmente desigual. Las personas que ayer vi durmiendo en cajeros no son iguales que los que gestionan esos grandes bancos cuyas siglas están encima de donde estaban durmiendo. No tienen los mismos derechos. No han tenido las mismas oportunidades. La sociedad ha permitido que se liquide todo el sentido de la igualdad. Igualdad que no debe estar ligada a igualdades mal entendidas. Tener las mismas oportunidades no implica que todo el mundo llegue al mismo lugar pero, si ya las oportunidades no son las mismas, entonces el sistema educativo está fallando. El entramado social también. Los principios de igualdad se rompen.

¿Qué sentido tiene educar para la igualdad cuando nuestra sociedad es completamente desigual? ¿Qué sentido tiene regirse por un principio legal que habla de igualdad cuando, en la realidad, se rompe según necesidades del guión? ¿Qué sentido tiene hablar de buenismo en el ámbito educativo cuando lo que prima es el “coge la pasta y corre”?

No estamos en un sistema educativo que promueve la igualdad. Nos encontramos centros que segregan por sexos pagados con los impuestos de los ciudadanos. Vemos centros educativos subvencionados donde es raro encontrarnos algún tono más oscuro (como no sea algún docente que ha pasado por los rayos UVA) que el blanco ario. Centros que segregan por niveles a edades tempranas. Bilingüismo en el que se escudan muchos centros para separar a los “que sirven y a los que no”. Pero, ¿quién es alguien para decir que alguien sirve o no? ¿Quién ha dado el poder a los centros educativos para tener la varita mágica de saber el futuro de nuestros alumnos? ¿Quién ha decidido expulsar del sistema educativo, cada vez a etapas más precoces, a determinados alumnos? Por favor… esto se llama segregación e hijoputismo educativo.

No es de recibo que los centros educativos potencien la desigualdad. Mucho menos que la acepten como un valor contra el que no se puede luchar. Tampoco la administración debería permitirlo. La sociedad se merece ser mucho más justa. Y si la brecha va aumentando y dinamitamos el sistema educativo (lo más justo que existía hasta entonces y donde alguno, incluso partiendo de capas sociales desfavorecidas, conseguía cambiar de estatus) el punto de no retorno es cada vez más cercano. Determinismo por nacimiento. Nacer en una determinada familia determina el futuro. Un futuro que no debería estar determinado por factores ajenos al alumno. Un futuro que, por muchos que quieran defender su preponderancia en la escala trófica, debiera ser libre de imaginarse.

Estamos en un país desigual. Hoy se producirá tan sólo una desigualdad más. Otra afrenta a la sociedad de unos clanes que apuntalan privilegios. Otra más y ya llevamos muchas en los últimos tiempos. No es momento de aceptarlo. Es momento de luchar pero, como siempre pasa, hay gran parte de la sociedad a la que le da igual (o, incluso, que aceptan ese estado de sumisión libremente). Mucho por hacer. Muchísimo por cambiar.