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Al igual que siempre he pretendido que cualquiera que se pase por aquí o lea mis tuits pueda/deba cuestionar lo que escribo, me gustaría pedir el mismo respeto por la posibilidad de que sea yo quien cuestione ciertos espectáculos circenses (eduentertainment), prácticas metodológicas o, simplemente, teorías que pretenden dar la vuelta al concepto de la educación. No quiero tampoco mantenerme al margen de ciertas mediatizaciones de intereses muy oscuros o, simplemente, poder cuestionar decisiones políticas de uno u otro grupo. Es lo que tiene ir por libre. Por cierto, ir por libre no excluye cagarla a menudo ni, tan solo, tener una visión sesgada del asunto. Quizás esté viendo demasiado humo de colorines donde solo hay prácticas educativas de robusta evidencia científica. Quizás sea, como me dijo alguien ayer, que no haber leído a María Acaso o a algunos otros “expertos” educativos hacen que mi visión sea totalmente errónea.

Fuente: Twitter

No es cuestión de pervertir nada para convertirse en un caníbal sin escrúpulos. A veces me da la sensación que el más caníbal con quienes piensan diferentes de él, es el más contrario a que alguien pueda cuestionar lo que dice. Bueno, sé que no es una sensación pero para no perderme en una determinada jungla, mejor poner esa afirmación en barbecho. Y escondida bajo múltiples llaves en la celda más oscura e inaccesible de mi mente. Voy a desaprenderlo que es lo que mola. Bueno, ya sabemos la gente con dos dedos de frente que el desaprendizaje no existe (otra cosa es el olvido) pero, como dicen algunos, mejor ser tolerante con quienes piensen diferente que tú. Ahora va a resultar que ser tolerante significa no poder cuestionar ni reírte de ciertas cosas que algunos publican en las redes. Es que cuando veo a docentes disfrazados de unicornios, moviéndose como poseídos por extasis o, simplemente, ver como cierran los ojos para meditar guiados por una voz muy apta para la Eurovisión de Chikilicuatre, es superior a mis fuerzas. Lo sé, mi umbral de tolerancia es cercano a cero pero no puedo hacer más a estas alturas de la película.

No creo que deba permitirse la expansión de ciertas prácticas educativas. Tampoco creo que sea bueno dar pábulo a los magufos que últimamente están aterrizando en los medios. Claro que hay gente muy interesante en medio de una ponencia de reggaeton. Estoy convencido de la existencia de excelentes profesionales que, en medio de todo el espectáculo e incluso en medio de él, intentan aportar un punto de vista válido para la mejora educativa y para que nos repensemos ciertas cosas pero, al final, quizás sean los menos. O quizás, como he dicho antes y repito siempre, quizás no sepa ver todo lo interesante que hay en una clase magistral impartida en vídeo. Bueno, tampoco entiendo muy bien la insistencia de quienes hacen esos vídeos de cuestionar la clase magistral cuando, al final, simplemente lo que hacen es usar ese modelo de clase que tanto critican. Si queréis entramos en qué es una clase magistral pero creo que, con el calor que hace a estas horas ya, no toca.

En educación nos jugamos mucho. No todo es tan inocuo como se vende o mediatiza. Hay algo muy básico que jamás deberíamos olvidar. Algo que no deberíamos olvidar, seamos docentes o no. La necesidad de tener una tolerancia cero frente a ciertas cosas que se puedan cargar el mecanismo atrofiado de ascensor social para nuestros alumnos o, simplemente, el lastrar las posibilidades futuras de los mismos. Estos días algunos están defendiendo que no es de recibo pretender que un futuro maestro sepa realizar operaciones matemáticas básicas o escribir sin faltas de ortografía. Curiosamente, los mismos que están criticando mis posicionamientos o risas acerca de determinados temas. Pues va a ser que me van a encontrar frente a ellos porque, al final, la educación es algo muy serio. Y no lo es cuando nos cargamos ciertas cosas, vendemos otras o, simplemente, consumimos acríticamente ciertos modelos pedagógicos.

Un abrazo a todos. Espero que estéis disfrutando, al igual que yo, de estos trece meses de vacaciones que tienen los docentes. Si no trabajáis en la docencia, ya sabéis. Aquí se vive muy, pero que muy bien, cobramos un pastazo y, tenemos circo a diario.

La educación solo se mejora con políticas, aula e investigaciones serias. De nada.

En el día de ayer una profesora me recriminaba que había usado el tuit de alguien, en forma de captura de pantalla, para criticar determinadas formas lingüísticas ininteligibles a la hora de vender “chorradas” pedagógicas (sí, lo digo porque lo creo y no debe respetárseme por ello). Una crítica fundamentada en la necesidad de respetar a la profesión y a mis compañeros. El típico discuso de aquel que considera que, lo importante, es no pisar callos, decir qué buenas son todas las ideas y asociar, por desgracia, lo que uno dice o hace en o sobre el aula, a su profesionalidad. Un discurso que ha calado hondo en nuestra sociedad. Un discurso que, lamentablemente, lo único que hace es pervertir muchas cuestiones, obligar a no cuestionarse nada bajo el pretexto de ser políticamente correcto siempre y que, a la postre, lo único que hace -al menos en el ámbito educativo en el que profesionalmente me muevo- es permitir que algunos campen por el espacio y el tiempo vendiendo metodologías sin fundamento, diciendo determinadas “chorradas” o, incluso, aconsejando al personal acerca de lo que es bueno o no para conseguir algo en ellas cuando ni huelen el tema ni saben de qué va.

Fuente: http://www.jrmora.com

Lo anterior ya me crea hartazgo. No respeto todas las ideas. Nadie con sentido común debería respetar todas las ideas. No respeto la crítica a la clase magistral desde una ponencia magistral y unidireccional. No respeto las palabras o frases sin sentido que se formulan alegremente desde un púlpito. No respeto que, justificándolo bajo la libertad de elección, debamos pagar con nuestros impuestos servicios educativos que gestione una empresa privada. No respeto las ideas que obligan a usar un servicio o herramienta de una empresa con ánimo de lucro, por desidia de la administración en suministrar lo anterior. No respeto las ideas de aquellos que sólo ven mal lo que hacen otros y jamás se cuestionan lo que están haciendo ellos (va tanto por docentes como por partidos políticos a la hora de hablar de temas educativos). No, no respeto la idea de que para prestigiar una asignatura se debe dar barra libre al suspenso. No, no respeto las ideas de aquellos que hablan de las bondades del aula y se largan de ellas para evangelizar. No respeto aquello del ánimo de lucro en el ámbito educativo. No, tampoco respeto el modelo del que deja de dar clase para irse a dar una charla en horario lectivo. No tengo tampoco que respetar, por poner algunos ejemplos, el mindfulness, el Flipped Classroom o, la moda de la necesidad imperiosa de que el alumno sea feliz a cualquier precio. No, hay muchas cuestiones educativas que no respeto y, es por ello, que no puedo abstenerme de decirlo.

Reconozco que es muy cómodo respetar las ideas de todo el mundo pero, ¿realmente cree alguien que todas las ideas deben respetarse a cualquier precio? Pues va a ser que no porque, sinceramente, creo que en esta sociedad en la que vivimos, las personas son lo primero y las ideas algo que debe -o puede- rebatirse en caso de que las mismas choquen con nuestra manera, siempre subjetiva de ver las cosas. Además, seamos sinceros, ¿debemos respetar a aquellos que están haciendo negocio en educación vendiendo remedios milagrosos, a aquellos que llevan la ideología a su máxima expresión en sus centros o, simplemente, a aquellos que dicen/venden/compran “chorradas” a sabiendas o, por el simple hecho, de respetar sus ideas? No lo veo.

Seguro que hay alguien que se siente ofendido porque, a veces no respeto sus ideas educativas. El problema no es mío, es suyo por confundir la persona con la idea. Eso sólo demuestra que, a veces, hay algunos que aún no tienen claro qué es una idea, la convierten en algo personal y de ahí a algunas de sus reacciones. El respeto jamás debe ser usado como excusa para no criticar nada. El respeto debe ser usado para respetarse uno mismo, sus ideas y denunciar aquellas ideas que uno considere malas. Eso sí, de forma muy respetuosa.

Jamás he pretendido que se respeten mis ideas, las cuales pueden -y deben- ser criticadas. Entonces no pretendáis que respete ideas que considero nocivas para el alumnado, mis compañeros o, sociedad en su conjunto.

Resulta curioso observar la proliferación de discursos educativos vacíos de contenido y totalmente indefendibles. Resulta, además, paradigmático, que dichos discursos se sustenten exclusivamente en teorizaciones, más o menos cuestionables e, incluso, en datos sesgados que pretenden convertir la Educación en una ciencia exacta que no es. No es sólo la voluntad de aportar ideas -que, en ocasiones existe-, es la necesidad de defender unos argumentos simplemente criticando de forma muy burda a los que, tienen la mala suerte de no comulgar con determinadas cuestiones. Y eso, por desgracia, acaba pervirtiendo las posibilidades de llegar a acuerdos acerca de qué puede ser positivo y qué es un simple discurso vendido para satisfacer egos mal entendidos que pueda ser comprado fácilmente por el auditorio.

Fuente: J.R. Mora
Fuente: J.R. Mora

Voy a intentar, poner algunos ejemplos que, seguro que conoceréis para desprestigiar a los que osan cuestionar determinados “valores seguros”. Sí, lamentablemente, la mejor manera de defender la argumentación de algunos es aportar un toque demagógico en diferentes grados a las críticas recibidas.

Cada idea de este artículo es una tontería detrás de otra que podrían rebatirlas, una por una, con argumentos científicos y no con meras opiniones como las que componen tu artículo, la mayoría de los estudiantes de primero de Pedagogía (fuente)

¿Os suena la respuesta anterior? Sí, voy a cuestionar a quien me critica dando la sensación que dispongo de argumentos científicos para hacerlo pero, no voy a hacerlo porque, como son vox populi y conoce todo el mundo son innecesarios. Muy bonito. Sí, yo también tengo argumentos que explican la razón de la no existencia de pingüinos en el Sahara que me voy a ahorrar porque, lo único que me interesa es desmontar las opiniones de alguien que argumenta lo contrario. Interesante.

También resultan divertidas las respuestas a críticas recibidas acerca de determinadas modas educativas. Sí, uno como ose criticar la flipped classroom, la gamificación o los códigos QR (ostras, que eso ya no se lleva) tiene que estar preparado a sentirse un ignorante por la sapiencia de los que sí la defienden como modus vivendi.

Creo que para poder criticar deberías, primero, informarte mejor.

Realmente donde aprecio tu mayor falta de rigor es cuando afirmas “el “Flipped Classroom” una especie de declaración de intenciones contraria a la personalización de la educación (fuente)

Yo sí que sé y tú no sabes nada. Típico para zanjar rápidamente una cuestión que podría llegar a cuestionar un determinado producto o servicio. No, tú no puedes criticar a una compañía telefónica por ofrecer un mal servicio porque, como no tienes ni pajolera idea del funcionamiento de las centrales de telecomunicaciones ni conocimientos acerca del cableado…

Y ya cuando te aconsejan que leas más por ser un inútil integral ya es de traca…

Me permitirás que te aconseje te informes mejor, seas mas riguroso en tus afirmaciones y así conseguirás un juicio de calidad que seguro ayudará a muchos docentes en su formación como profesionales de la educación. (fuente)

La verdad es que lo más cómodo cuando alguien expresa dudas, más o menos razonables pero con ganas de saber, acerca de determinados postulados, lo razonable sería -y más en el caso de profesionales que se dedican directa o indirectamente a la educación- establecer un modelo de diálogo para intentar aprender uno de otro. En Educación no hay verdades absolutas pero sí mecanismos de defensa que convierten cualquier opinión en verdad indiscutible. Y así no vamos por buen camino.

Por cierto, sabed todos que la pedagogía es una mierda (y no me lo discutáis ya que os diré que hay pruebas científicas que lo demuestran y que no voy a aportar), los docentes los más vagos del mundo mundial (no pienso demostrarlo porque es obvio) y el uso de las TIC el peor invento que jamás ha llegado a las aulas. Y sí, si no os lo creéis, leed más. Es que sois unos auténticos ceporrines y no merece la pena rebajarme a vuestro nivel.

Cuando alguien hace de una herramienta su discurso pedagógico es que algo falla en la raíz de esa argumentación. Si a lo anterior se le suma la necesidad de insultar e, incluso, cuestionar a aquellos que piensen diferente de él, ya estamos en un terreno realmente cenagoso. No hay necesidad de supeditar aprendizajes a herramientas pero, cuando el único discurso es la bondad de esa herramienta y la inutilidad de quienes no sepan usarla correctamente (¡qué bonito es achacar la culpa a los usuarios de algo!) es algo que debería llevar a más de uno a reflexionar.

Fuente: http://nosinmiipad.blogspot.com.es/
Fuente: http://nosinmiipad.blogspot.com.es/

Ayer mismo, sin ir más lejos, encontré otro de los ejemplos que, últimamente pululan en determinados blogs (y ya no digamos en jornadas educativas) acerca de lo imprescindible que resulta una herramienta. De lo potente que es la misma y, como no, de la crítica absolutista que permite a algunos autorealizarse. Un post que merece ser analizado en profundidad por lo que se dice -y cómo lo hace- en el mismo. Un post titulado, ¿Cambian las tabletas la educación?, escrito por alguien muy conocido en los eventos educativos por prodigarse en los mismos. Algo que intrínsecamente no es malo pero, como mínimo, hace perder parte del desarrollo de la película. Una película que se graba y reproduce a cámara lenta en los centros educativos.

Vayamos sin más a analizar algunas de las cuestiones que se dicen sin ningún tipo de tapujos en ese artículo de defensa a ultranza del iPad…

Existe el planteamiento de algún “experto/a” en educación en el que elementos tecnológicos que empiezan (todavía empiezan por desgracia) a presentarse en las aulas son defenestrados, en especial las tablets, entre ellas, o quizás la más criticada entre ellas: el iPad

Ahora va a resultar que no va a poder hacerse crítica de una determinada herramienta. Cuando alguien niega la posibilidad que alguien cuestione una determinada herramienta e, incluso teorías metodológicas varias, está haciendo un flaco favor a un diálogo constructivo. Por cierto, somos unos cuantos los que criticamos el iPad mediante diferentes argumentaciones y, ni por ello, somos mejores ni peores que quienes alardean de esos dispositivos como la solución a todos los problemas educativos. Por cierto, la experticia es un estado de uso de la herramienta en determinados contextos más allá de presentaciones donde se puede vender lo que uno quiera sin saltar a la arena. Los leones -permitidme el símil- sólo se ven de cerca cuando uno está en la arena y no desde el palco levantando tal o cual dedo para indicar la suerte del gladiador al que le toca lidiar con los mismos.

Realmente que alguien que es incapaz de ver el potencial de un elemento tecnológico con tanta potencialidad, alguien que se basa en su propia ignorancia de lo que se puede hacer para negativizar su uso es alguien a no considerar como válido

Seguimos con la retahíla de insultos. En este caso dirigidos a Catherine L’Ecuyer y a todos aquellos “ignorantes” que no sepamos ver las bondades del iPad. Lo siento, ese insulto fácil a quien no piensa como uno es un error. Más aún viniendo de un docente (incluso que ahora esté alejado del aula). No discuto la crítica que puede hacerse a alguien que postula determinadas cuestiones desde fuera del aula pero, lo que sí que discuto es el insulto facilón con aire de superioridad que se muestra en el párrafo anterior.

Como los descalificativos deben sustentarse en el propio planteamiento de uno, se hace imprescindible asegurar -sin ningún tipo de estudio que lo demuestre- el buenismo de la herramienta. En este caso resulta que el iPad es “muy seguramente” lo mejor para el aprendizaje.

Las tablets no son una cortapisa del mundo analógico, más bien son un poderoso aliado para entender el mundo físico, para interpretarlo, para registrarlo indiferentes lenguajes y formatos, para recoger muestras, para analizarlas, para cotejarlas… En eso los tablets son, muy seguramente, la mejor opción actualmente

Por cierto, en el párrafo anterior se me ha generado una pequeña duda… ¿por qué las tablets son la mejor opción? ¿Por qué son mejores que un smartphone? ¿Por qué son mejores que un Chromebook? ¿Por qué son mejores que un portátil con Linux, Windows o iOS? No me queda muy claro. Me da la sensación de ser una reacción de opinólogo absolutista muy vacía de datos. Si uno critica la ignorancia, ¡qué menos que aportar pruebas para demostrar que uno no lo es!

Creo que el despropósito de Manel Rives podría haberse quedado en los anteriores párrafos pero va un paso más allá… afirma que el software libre “recorta clarísimamente las potencialidades de los equipos informáticos”. Además incluye, como no, la puntilla de tratarnos a quienes creemos en las bondades y potencialidades de ese tipo de soft (incluyendo las cuestiones éticas que se incluyen en su uso) como unos auténticos cegatos. ¿Ínfulas de superioridad manifiesta? ¿Necesidad de afirmación de posturas atacando sin ningún tipo de escrúpulos a quien no piense como él?

Aumentando el desconcierto algunas personas anteponen su propio criterio en cuanto a uso de licencias GNU, software libre, etc. en el uso e implementación de dispositivos, recortando clarísimamente las potencialidades que presentan los dispositivos de este tipo que, por mucho que no quieran verlo

Un artículo lleno de tópicos e insultos facilones para defender el iPad como herramienta imprescindible en las aulas. Hay usos del iPad fantásticos y conozco a docentes que, con esa herramienta, en sus aulas hacen maravillas pero, cuando alguno lee artículos como el anterior…

Ah, en el último párrafo sí que llevas toda la razón… yo reniego de su uso en el aula porque, en primer lugar, creo que hay otras necesidades previas antes de incorporar unas herramientas tan caras. Más aún habiendo alternativas más económicas que, para el uso que necesitamos, algunos tenemos más que suficiente 🙂

No, no lo digo ni lo pienso yo. Esto es lo que se desprende de las declaraciones realizadas, a tenor de los resultados de las pruebas de Competencias Básicas en Cataluña, por parte de la Consellera del ramo. Irene Rigau tiene claro los culpables de los bajos resultados en Matemáticas: el profesorado de la materia. Sí, proponer enviar al profesorado de Matemáticas a que se recicle en geometría es algo que se infiere fácilmente de lo anterior. Y, para ello, ha tenido la genial idea de realizar una formación para esa mejora en la UOC. Formación que, curiosamente, van a dar personas que no trabajan en Secundaria. Por cierto, a día de hoy sigo sin entender la razón de formar en metodología al profesorado mediante cursos impartidos por personas que nunca han pisado un aula de esas donde se va a usar esa metodología que “tan bien” explican.

Fuente: Alucard de Bran Flickr CC
Fuente: Alucard de Bran Flickr CC

Debe ser que soy el único docente que se cabrea con las declaraciones anteriores porque, incluso la presidenta de la Associació de Barcelona per a l’Estudi i l’Aprenentatge de les Matemàtiques (ABEAM), que es profesora de instituto, opina que “la formación permanente para los docentes será una decisión muy bienvenida”. Que a una la llamen inútil y que, además dé la bienvenida a ese tipo de afirmaciones, da qué pensar acerca de la autoestima de esta profesional. Quizás sería bueno que, más allá de las autoflagelaciones y el reconocimiento de lo que se está haciendo mal, se pidiera a la Consellera que recortara el sueldo del profesorado de Matemáticas por inútil. Bueno, quizás incluso sería bueno tirarlos a la calle.

Dejémonos de ironía y vayamos al análisis más serio de la noticia. Que, sin ningún tipo de sonrojo, la Consellera que, supuestamente es la responsable máxima del profesorado catalán, diga o permita extraerse de sus palabras que sus trabajadores son unos inútiles me parece un auténtico despropósito. Más aún cuando sé de buena tinta que lo anterior, más allá que pueda venderse muy bien mediáticamente, es totalmente falso. Hay excelentes profesionales de Matemáticas en nuestros centros educativos. Infinitamente mejores que los “jovencitos” a los que últimamente ficha esta Consejera con nóminas de más de 50000 euros al año cuyo máximo mérito es que su madre sea amiga de la Consellera o que tengan un determinado carnet político en el bolsillo. Sí, quizás el odio al profesorado de Matemáticas le viene por su aversión a los buenos profesionales independientes que lidian, a pesar de los recortes y el continuo maltrato mediático, con nuestro futuro. Quizás sea por la necesidad de vender a la sociedad culpables y, para eximir su culpa, tenga que arremeter contra algunos. Quizás, y sólo quizás, se deba a una mala noche. Sea como fuere, las declaraciones son muy graves por lo que implican. Unas declaraciones que merecerían ser cuestionadas abiertamente por parte de los sindicatos o por las organizaciones del profesorado de Matemáticas. Grandes profesionales que, a mi entender, deberían considerarse muy ofendidos.

Desde estas líneas todo mi apoyo a mis compañeros de Matemáticas (a los que trabajan conmigo codo con codo y a aquellos que trabajan en el resto de centros de Cataluña). Un fuerte abrazo de un compañero de Tecnología que tiene muy claro que, las declaraciones anteriores, ni reflejan la realidad ni tienen ningún tipo de justificación.