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Quiero, por motivos obvios y defendiendo esa libertad que algunos pretenden tener para que el Estado adoctrine a sus hijos en determinada religión o manera de entender la vida, que me subvencionen un centro educativo pastafari donde llevar a mi hija. Soy pastafari y quiero, al igual que desean los padres que llevan a sus hijos a centros católicos concertados, que se eduque a mi hija al margen de cualquier tipo de libertinaje ideológico. No, no quiero docentes heterogéneos ni que puedan acceder por una oposición libre. Quiero docentes, seleccionados a dedo por parte de la organización pastafari que regente ese centro educativo. Y, además, exijo, por demanda social del colectivo pastafari, que se subvencione su salario y el mantenimiento del centro con los impuestos de todos. Yendo aún más lejos, exijo que haya una parte de los impuestos de todos, al margen de cualquier tipo de crucecita en la declaración de Hacienda, a mantener y subvencionar estrategias acordes con mi libertad. Una libertad incluida dentro de los Derechos Humanos y la Constitución. Sí, pido justicia y el mismo trato que se da a otras confesiones religiosas.

Fuente: Wikia.com
Fuente: Wikia.com

No pido nada que no se haya dado con anterioridad -o se siga dando- a centros educativos de una determinada ideología. No pido más que lo que unos padres estamos demandando con urgencia. La posibilidad de que nuestros hijos no se mezclen con nadie que no tenga una determinada ideología. Queremos un centro exclusivo para pastafaris, con menú en el que no se incluya jamás determinado tipo de pasta (sí, recordemos que a nuestro dios espagueti le debemos adoración) y con un horario adecuado a las necesidades de nuestro credo. Y sí, exigimos la posibilidad de cobrar cuotas voluntarias a los padres para obtener beneficios y poder mejorar las infraestructuras de nuestro centro educativo. Por cierto, no, no nos hemos olvidado del modelo de uniforme imprescindible para aquellos alumnos que quieran acudir a nuestro centro. Ya tenemos incluso el contrato con una determinada multinacional que nos va a suministrar los coladores metálicos en diferentes colores según el sexo de los chavales. No vaya a ser que tengamos la tentación de educar en igualdad a los niños y a las niñas. Dónde va a parar semejante despropósito.

Si el dinero público debe ir a satisfacer las necesidades individuales de los ciudadanos, qué mejor que destinar parte del mismo a un centro educativo demandado por un gran número de padres. Que esto del procomún está muy mal visto y el Estado ya está bien que mangonee qué hacer con el dinero que pagamos en impuestos. No, no es de recibo que nadie me diga que debo dar parte de mi dinero a centros educativos públicos donde lo único que se hace es adoctrinar a los chavales. Sí, los únicos centros que no adoctrinan son los pastafaris y, dentro de mi libertad de educar a mis hijos como me dé la gana, debo evitar cualquier interferencia externa no sea que se me contaminen.

Pido ya desde ahora la petición al Ministerio de Educación o a las Consejerías de las Comunidades Autónomas que apoyen decididamente a los pastafaris. No, no es lógico que una religión en expansión no tenga sus lugares de culto y de adoctrinamiento. Es por ello que, como muchos padres, quiero concertar un centro educativo de ideología pastafari. Y sí, no os preocupéis por la infraestructura del centro y los milloncejos que cuesta que ya tengo inversor para ello. Inversor que sabe que en poco tiempo va a recuperar el capital invertido porque, ser pastafari no es ser tonto. Es una opción de vida igual de válida que la de cualquiera.

Ayer en Valencia se dio cita un numeroso grupo de docentes de la concertada, padres que llevan a sus hijos ahí y, cómo no, los responsables políticos del anterior gobierno de la Comunidad para apoyar la libertad de enseñanza frente al supuesto ataque brutal a la misma que se estaba realizando desde la Conselleria de Educación. Supongo que los responsables políticos del PP no se acuerdan de cuando cerraron cerca de un millar de líneas en la escuela pública ni de los recortes a los que sometían, curso tras curso, a sus trabajadores. Bueno, por lo visto ayer, no eran sus trabajadores ni sus centros educativos.

Fuente: Twitter
Fuente: Twitter

No es malo que alguien se manifieste para mantener su puesto de trabajo (sí, como trabajador entiendo que los docentes de la concertada, seleccionados por procesos opacos y discrecionales por determinadas organizaciones religiosas y/o empresariales, deban defender sus puestos de trabajo). Tampoco veo malo que haya padres que, habiendo elegido libremente esos centros educativos, prefieran que la administración les siga pagando esos centros educativos con porcentajes irrisorios de alumnos de bajo poder adquisitivo. Que no hay nada más bonito que poder evitar que los hijos de uno se mezclen con la “purria” (y no, no lo digo yo, lo dicen algunos padres que llevan a sus hijos a la concertada en las conversaciones más personales). Y para ello qué mejor que establecer unas cuotas ilegales que ya disuaden al personal con bajos recursos de llevar a sus hijos a esos centros pagados con el dinero de todos que, por lo visto, obtienen pingües beneficios. No, no hay nada de malo en tener un negocio y ganar dinero. El problema es cuando dicho dinero lo estamos pagando entre todos para subvencionar unos servicios de unos cuantos.

Pero no voy a hablar de lo surrealista que era el lema de algunas pancartas (especialmente aquellas que textualmente decían… “defendamos la escuela privada” o “no queremos barracones”). Algo alucinante cuando la mayoría de centros concertados que conozco en Valencia disponen de infraestructuras bastante mejores que las de los públicos cercanos. Sí, salvo contadas excepciones, la cantidad de dispositivos electrónicos (léase tabletas, PDI o aulas de informática), el equipamiento deportivo (algunos incluso se permiten el lujo de tener piscina propia) y, cómo no, grandes espacios para el solazamiento de los alumnos, se contrapone a una escuela pública que ha estado dejado de la mano de dios desde hace décadas. Pero, como he dicho antes, no voy a hablar de ello. Voy a hablar simplemente del principal argumento que sustentan los defensores de la concertada: la libertad de enseñanza.

Ahora resulta que en la escuela pública no exite libertad de enseñanza. Que, dentro de un colectivo heterogéneo de profesionales, no hay posibilidad de una formación global e ideológicamente dispar. Que la libertad de enseñanza se sustituye por la libertad de elegir adoctrinamiento. Que, por desgracia, algunos interesadamente confunden libertad de enseñanza con libertad para que enseñen de una forma que sustente ideológicamente unas ideas de los padres. Y eso creo que, en un Estado como el nuestro, es algo totalmente al margen de la Constitución. Esa Constitución que, por cierto, usan cada vez los defensores de esa liberta de enseñanza.

No, no es cierto que se adoctrine en la escuela pública porque, por suerte, no hay posibilidad de hacerlo ya que está, en su mayoría, formada por profesionales que han accedido de forma meritocrática y transparente a unas determinadas plazas docentes. No deber nada al amo (y esa es una de las grandes bondades del funcionario) hace imposible cualquier perversión o adoctrinamiento hacia los alumnos. Algo que no sucede en los centros concertados donde, para trabajar ahí, uno debe seguir unas determinadas doctrinas o se va a la calle. ¿Alguien cree realmente que es más libre un docente de la concertada que uno de la pública para expresarse? ¿Alguien cree que se puede hablar de libertad de enseñanza en la concertada cuando ya son sus propios trabajadores los que están sometidos a un régimen dictatorial de monolitismo ideológico? Un monolitismo ideológico que, por cierto, va en contra de los principios básicos de cualquier libertad.

Sí, uno debe tener derecho a recibir adoctrinamiento cuando ya se le supone uso de raciocinio pero permitir que se adoctrine a los niños es algo muy peligroso. Peligroso el decidir que sólo vean una visión de la vida, se relacionen exclusivamente con otros niños calcados ideológicamente a ellos y, por desgracia, incrementar de esa forma las desigualdades y prejuicios en una sociedad cada vez más clasista. Una sociedad en la que van a tener que convivir con personas que no piensen como ellos. Es por ello que esos guetos no deberían pagarse con el dinero de todos -ni mucho menos existir pero, ahí ya iría otro debate-.

Sigo sin entender a día de hoy qué supone libertad de enseñanza porque, a pesar de la propaganda que se haga de dicha libertad, sigo sin verla como nada más que un leitmotiv para que algunos pretendan seguir manteniendo sus chiringuitos, otros sus caprichos y, finalmente, muchos otros sus barracones. Barracones que, por cierto, son demasiado habituales en los centros públicos.

Uno puede defender los conciertos educativos e, incluso, que con el dinero de todos se repartan sobres a los políticos a los que vota por permitir la construcción de determinados centros educativos. Eso sí, la sociedad de forma democrática, puede decidir que la prioridad para nuestros niños sea la misma para todos con independencia del poder adquisitivo de los padres o de su situación sociocultural porque, permitir centros gestionados por organizaciones privadas con el dinero de todos, es algo muy alejado del principio de igualdad que se establece en ese texto tan bonito que sólo se usa cuando nos beneficia su articulado.

Finalmente me gustaría aclarar que el concepto libertad, como he dicho antes, queda muy vapuleado cuando resulta que un docente que trabaje en la pública o un padre que lleve a sus hijos ahí pueda escribir como lo hago yo cuestionando lo que no funciona en la misma y, uno de la concertada -sea docente o padre- deba esconderse tras el anonimato para hacerlo 🙂