Tag

burocracia

Browsing

A día de hoy soy el único funcionario docente dependiente de la Conselleria de Educación de la Comunidad Valenciana que no he cobrado. Y no he cobrado porque, a pesar de no haberme informado en julio acerca del papeleo que debía entregar al haberme dado el concurso de traslados desde Cataluña, una vez me he enterado de los papeles que debía aportar me he negado a hacerlo. Sí, me he negado porque el derecho administrativo dice que los papeles entregados a una administración no deben volver a entregarse. Algo que me reconocen los responsables educativos con los que he hablado pero que dicen que, si no es así, el interventor no dará permiso para abonar mi nómina. Por cierto, ni nómina ni ningún tipo de protección social a pesar de estar, desde el día uno de septiembre, trabajando en mi centro. Curioso lo de trabajar sin que te paguen y que te digan abiertamente que no vas a cobrar hasta “que te bajes los pantalones como han hecho todos” y presentes los papeles.

Fuente: Facebook

Estoy cabreado al ver que, sumado a los miles de docentes interinos que siguen sin cobrar, soy uno de los implicados en el despropósito de la gestión de recursos humanos de la Conselleria de Educación. No se puede ser más inútil ni intentándolo. Que a día de hoy, en pleno siglo XXI, no tengan un registro informatizado de la documentación es de traca. Más aún que pierdan tus papeles y te obliguen, por ello, a entregarlos de nuevo. Pero, sabéis lo más surrealista del asunto, que el curso pasado estaba trabajando en Comisión de Servicios en la provincia de Castellón y cobrando puntualmente. No sólo eso, también estuve en Comisión en la provincia de Valencia y tienen todos mis datos introducidos en su programa. Saben exactamente dónde estoy trabajando, estoy dado de alta en el programa de gestión de centros ITACA y tengo correo corporativo. Manda huevos. No se puede ser más inútil ni intentándolo. Inútil y, en este caso, en plena comisión de un delito por tener a un trabajador, funcionario del Estado transferido a la Conselleria, sin cobrar ni abonar los pagos pertinentes a MUFACE. No, no se entiende. No puede entenderse.

Hoy más de uno me ha dicho que me olvide del tema, presente los papeles como han hecho todos y agache el caperolo. Pues no me da la gana. Siempre he luchado por lo que es justo y legal. Lo de no cobrar porque no saben gestionar la documentación y, de forma ilegal, la piden de nuevo, no es de recibo. Es por ello que, mientras el cuerpo aguante y pueda ir tirando de préstamos familiares (sí, la familia me ha de ir dando dinero porque la situación se ha juntado con el pago de unas obras y transferencias periódicas que debo satisfacer) voy a ir hasta las últimas contra la Conselleria de Educación y contra el/los responsable/s de que se esté perpetrando este delito según el derecho administrativo. Ya no es sólo un delito administrativo pedir la documentación entregada de nuevo. Es mucho mayor el delito de tener a un funcionario dando clase sin cobrar, sin tener ningún tipo de protección social y, además, estableciendo un precedente que debería estar denunciado por todos los sindicatos.

Desde aquí pido a todos los sindicatos educativos, medios de comunicación o parte interesada en solucionar este tema por siempre que lo difundan. No, no pueden quedar impunes. Y por mi parte no voy a ahorrar esfuerzos para que paguen por lo que están haciendo, curso tras curso, a miles de familias.

Después de casi veinte años dando clase sigo sin entender aún para qué sirve la memoria fin de curso. Sí, ese maravilloso documento donde se exponen objetivos conseguidos, necesidades para el futuro y, cómo no, esos porcentajes tan maravillosos de aprobados y suspendidos que has tenido en tu asignatura. Un documento que JAMÁS va a ser consultado por nadie, ni va a tener repercusión acerca de las dotaciones que pueden asignarse a nuestro Departamento ni, aún menos, va a tener influencia en lo que vamos a hacer el curso que viene. Sí, el 99,99% de las memorias son para cumplir el trámite y el otro porcentaje restante es para aquellos que, lamentablemente, tienen ese gen de burócrata al que le mola hacer papeles (o papelinas según se tercie).

Fuente: http://tesea13.blogspot.com.es

Va, vamos a ser claros. Las memorias fin de curso, al igual que las programaciones copia y pega de otros años o, directamente fusiladas de las editoriales, no interesan a nadie. Ni a la administración -que las pide porque lo marca la ley- ni, mucho menos a los docentes que las están redactando. Y ya cuando hablamos de las posibilidades de mejora educativa que subyace de dicha redacción… mejor ni nos ponemos a valorar el asunto. Que sí, que todo es muy potito y los inspectores se hallan ansiosos por leerse las tropocientas memorias finales de curso de todos sus docentes. Y más ahora a finales de junio y julio que no tienen ningún otro trabajo que hacer. Sí, preguntadles a ellos y que os digan la cantidad de burocracia que tienen estas fechas para preocuparse, más allá de algún caso puntual de reclamaciones de nota, de leer los papeles que llevan redactados los docentes a lo largo del año. No tienen ni tiempo, ni ganas.

No tengo muy claro para qué sirven determinados documentos de obligada “falsificación” más allá de cubrir el expediente. Nunca me ha entrado en la cabeza el tema de las programaciones fijas a principio de curso sin conocer al alumnado y que, curiosamente, te obligan a temporizar sin conocer nada del contexto en el que te vas a mover. Imaginaros si me entra en la cabeza un documento que, pudiendo ser el más interesante del asunto, sabes que nadie va a leerse ni nadie, más allá del momento en el que uno lo escribe, va a echarle un vistazo. No, no es dejadez de funciones; es creer que hay funciones totalmente inútiles en nuestra profesión. Y el papeleo insustancial para cubrir el expediente es una de ellas.

La verdad es que, a veces y más en estas fechas, a uno le da la sensación que la docencia sea lo que menos interesa de la profesión. No es una sensación, es una realidad contrastable curso tras curso al ver la importancia que se da por parte de la administración a ciertas cosas, el tiempo que ocupan y, cuando ves que nadie va a echarle ni un simple vistazo a esas hojas que lo mejor que podría hacerse es haberlas quemado en la hoguera de San Juan.

Por cierto y para aquellos que ya estén cansados de la burocracia educativa y de las memorias fin de curso… haced una portada, poned fotocopiado el libro de Belén Esteban entre la portada y la hoja en blanco final, un tranchete o loncha de jamón del barato (vale mortadela) si estáis cachondos, y entregadlo en vuestro centro. Seguro que nadie se da cuenta. Bueno, a menos que lo contéis en Twitter y tengáis a vuestro inspector siguiéndoos 🙂

Creo que un diario, abierto y accesible a toda la comunidad educativa, redactado a lo largo del curso podría ser una herramienta interesante pero, lo que se nos pide a los docentes a nivel de papeleo obligatorio, está muy alejado de lo útil.

Ayer tuve la oportunidad de acudir a una charla sobre competencias básicas (sí, sé que ahora se denominan competencias clave) que se impartió en mi centro educativo. Ya sabéis que, por suerte o desgracia, tengo la necesidad de explayarme acerca de cuestiones educativas y, hoy no puedo evitar seguir reiterándome en uno de los postulados básicos de la mejora educativa: la necesidad de obviar el papeleo para centrarnos en el aula.

Fuente: ShutterStock
Fuente: ShutterStock

No, no tienen ningún sentido las rúbricas de evaluación para complicar, aún más si cabe, el proceso que permite dar como aptos o no a nuestros alumnos. No, no tiene ningún tipo de sentido una programación de curso que se realiza a principios del mismo y que no va a incluir ninguna de las casuísticas que se puedan dar a lo largo del año. No, sigo sin entender la necesidad de papeles y más papeles para justificar prácticas educativas que lo único que hacen es derivar el esfuerzo que debería hacerse en las mismas hacia cuestiones tan banales como rellenar formularios, justificar acciones formativas o, incluso, validar un modelo de docencia más ágil a golpe de cantidad de papeles con diferentes sellos.

Estoy convencido de la necesidad de hacer fácil la profesión. De, dentro de los márgenes que nos permite la misma -que son más amplios de los que nos pensamos- poder hacer cosas nuevas, equivocarnos y volver a plantear otras cosas diferentes. Quizás es que sea muy poco amigo de la regulación o del control o que considere al caos como mi gran amigo pero, sinceramente, es que no puedo con el papeleo. Ni con el papeleo, ni con las prácticas educativas que exigen aún más papeleo para ser gestionadas. No sé, como no sabía antaño, la utilidad que tiene poseer en papel o formato digital cientos de papeles para justificar mi práctica educativa. No creo tampoco que quien atesore más cantidad de los mismos sea mejor profesional. Más trabajador a nivel “papelario” quizás pero, la profesionalidad del docente nunca se demuestra en los papeles.

Supongo que, en el caso de los papeles, hablo de extremos. Que quizás, los papeles en su justa medida tengan su utilidad pero, para alguien cuya máxima es el aula y mejorar lo que pasa en ella -con sus aciertos y sus errores- es tan sólo una pérdida de tiempo. Tiempo que pasamos como docentes en demasía rellenando burocracia o justificando, mediante documentos que nadie va a leer jamás, nuestra competencia profesional. Con lo fácil que sería que alguien pasara por nuestras aulas para ver qué hacemos y nos diera algunas indicaciones. Con lo productivo que sería reducir el trabajo carcelario -o sea, el ejercer de burócrata- a su mínima expresión. Eso sí, cuando lo único que importa son los papeles o la necesidad de justificar por escrito lo que uno hace en su trabajo en lugar de validar los resultados obtenidos desde una óptica global, es que hay alguien, en algún momento y con capacidad de decisión en el ámbito educativo, que ha confundido el tocino con la velocidad.

Una pregunta siempre puede dar mucho juego a la hora de desarrollar un artículo. Más aún si se reconoce abiertamente, al principio del redactada, la posibilidad de estar completamente equivocado. De estar sometido a percepciones personales y, como no, al conocimiento sesgado de algunos servicios de Inspección que, al igual que los centros educativos de un determinado contexto, pueden ser tan poco representativos como los anteriores. Es por ello que pido disculpas previas antes de exponer, en mi opinión, qué es lo que falla en la Inspección Educativa.

Fuente: http://seccooleon.blogspot.com.es
Fuente: http://seccooleon.blogspot.com.es

Inspección Educativa se ha reconvertido en la burocracia del sistema. Unos burócratas -más por obligación que por devoción- cuya función principal es la de gestión de la ingente cantidad de papeles que se generan en los centros educativos. Inspección más diseñada en su vertiente leguleya y servicio de extinción de incendios. Sí, la función principal de la Inspección Educativa es que no se generen problemas. Bueno, más que de impedir la generación de esos problemas, de solucionarlos de la mejor manera posible (léase que manchen lo menos posible y aparezcan poco en los medios de comunicación). Lo de la supervisión pedagógica que existe en otros países brilla, salvo contadas excepciones (sobran dedos), por su ausencia salvo alguna presentación en PowerPoint infumable que algunos se empeñan en reproducir en los centros que tienen asignados.

Para esa función burocrática sobran Inspectores. Con administrativos se haría mucho mejor el trabajo y, como no, sin tanta necesidad de tener ocupado a un cuerpo de funcionarios tan importante para el buen funcionamiento del sistema. Una Inspección que la mayoría de docentes perciben como enemigos. Una Inspección que está ganando mala fama a golpes agigantados con su falta de aparición en los centros educativos. Porque, todos sabemos, que los Inspectores no se prodigan en los centros. Salvo que algo no acabe de ir del todo fino o haya, como he dicho antes, fuegos a extinguir antes que salgan fuera del centro.

Creo que la Inspección Educativa ha perdido todo su sentido tal y como funciona actualmente. No es cuestión de las personas que integran el cuerpo. Es cuestión de las atribuciones que poseen y de su conversión en un cuerpo excesivamente técnico. Y de técnicos-burócratas no vamos precisamente faltados. Lo que sí que encontramos a faltar es un liderazgo pedagógico de esa figura y una mayor intervención y ayuda a los profesionales que, día tras día, se están dejando la piel en el aula que. Docentes que, en demasiadas ocasiones, nos sentimos muy solos y abandonados por parte de la administración a la que, supuestamente, representamos.

Unas reflexiones muy breves después de haber leído cómo funciona la Inspección Educativa en otros países (en muchos llamado Supervisión) y sentir mucha, muchísima envidia.