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No sé qué manía nos ha entrado con el temita de las graduaciones. Ya no es sólo la graduación, en formato yanqui, que lleva un par de décadas implantada en contextos universitarios. Sí, pasos del ecuador de universitarios y universitarias vestidos con sus mejores galas, formato cena a precio imposible en determinados restaurantes y, posibilidades infinitas de coger una buena castaña al tener la barra libre. Y, en este caso, ni tan sólo se han graduado porque el paso del ecuador, simplemente indica que uno se halla a mitad del periplo. Coño, ¿realmente es necesario hacer estas cosas? Bueno… ¿hasta qué punto tiene sentido juntarse con gente cuya única afinidad, en algunos casos, es que estudian el mismo curso que tú?

Fuente: http://www.farodevigo.es

Pero ya no es sólo en la Universidad. Ahora ya son muchos los que celebran la graduación de Bachillerato, ESO, Primaria e, incluso, Infantil. En el último caso con sus maravillosos birretes, padres babeantes y, sin llegar a entenderlo aún, maestros contentos de participar en lo anterior. Ya, todos sabemos que si no hay acto de graduación parece que el curso no haya servido de nada. Y cómo podríamos decir entonces lo mucho que han aprendido los chavales. Sí, incluso en Infantil.

La semana pasada, mientras tomaba una de esas horchatas tan placenteras en estas fechas, una amiga nuestra nos estaba comentando que su hijo iba a una graduación cuyo cubierto salía por treinta euros. E, incluso afirmaba que la mayoría de los compañeros de sus hijo, mediante los grupos de whatsapp de los padres, estaban difundiendo los vestidos y americanas que llevarían. Cuarto de ESO. Quince para dieciséis. Vestido de solo uso, americana cuyo reaprovechamiento posterior es nulo. Menús que permiten a ciertos chiringuitos montarse un buen negocio. No importa lo que coman. Lo importante es vender esa cena como el no va más.

Puedo llegar a entender una cena de sobaquillo donde los padres y los chiquillos se monten sus mesas en el patio del centro educativo. Puedo entender que, dentro de las ganas de algunos de convertir el fin de curso en una fiesta, se plantee el uso de las instalaciones para que se hagan unos bailes, los padres solteros puedan encontrarse a alguna madre con posibles -o a la inversa- y que, incluso, se permita el lujo algún chavalillo de fumarse un cigarro de escondidas en esos actos para demostrar que es mayor. Tampoco pasa nada si le da, a determinadas edades, un traguillo al calimocho. No es algo para no celebrarse pero sí que, por desgracia, da la sensación que lo de la celebración se ha convertido en el único objetivo de muchos. Y, a más coste de la misma para el bolsillo de los padres, más satisfechos parece que algunos se encuentren.

La verdad es que el tema de las graduaciones es algo que nos deberíamos replantear muy seriamente porque, no se trata de quitar la ilusión a nadie pero, ¿por qué no nos planteamos que deban ser low cost? Bueno, en un país donde algunos montan banquetes de cientos de personas para celebrar una comunión pidiendo un crédito bancario, esto de las graduaciones low cost, a base de bocata y mesita plegable, es una triste utopía que tiende a desaparecer.