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Educación Física

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Esto de las asignaturas, autodenominadas por sus defensores internamente “chiringuitos estancos” o “parcelas de poder”, ya tiene algo de esperpéntico. Ayer mismo, sin ir más lejos, se desveló la propuesta (o más bien se mediatizó) de aumentar las horas de Educación Física dentro del currículum para “luchar contra la obesidad infantil” (enlace).

Fuente: Photopin CC

Ole, ole y ole. Otra nueva propuesta para aumentar el número de horas que van a impartirse de una determinada asignatura. En este caso, a diferencia de las dos últimas propuestas de incorporar una asignatura específica de oratoria y otra de educación ambiental, ya disponemos de la asignatura y, lo único que debemos hacer es aumentar su carga horaria hasta, por lo visto, la necesidad de impartir una hora diaria al día de Educación Física. Y ahí me surgen varias dudas. Dudas que cualquiera con dos dedos de frente debería tener.

La primera duda me surge acerca de la necesidad de los motivos para incorporar esa asignatura. Lo de mejorar los hábitos saludables de los estudiantes no acabo de creérmelo porque, siendo sinceros, cuando el alumnado entra en la ESO, ya los tiene configurados. Entonces, si es por eso, supongo que debería aumentarse el horario lectivo en Primaria y ser eliminada la asignatura en la ESO y etapas posteriores. Y, por favor, que nadie me venga con la imprescindibilidad de nada porque, cualquiera que dé clase sabe que hay muchos contenidos que, a lo mejor no van a ser utilizados nunca pero que, como digo siempre, es importante llevarlos en la mochila. Quizás no usemos ciertas cosas pero, ¿es necesario dejar de darlas porque no van a usarlas muchos de nuestros alumnos en su futuro? Además, ya rizando el rizo, ¿qué pasaría si nos cargamos del currículum todo lo que puede encontrarse en Google? Estoy siendo muy irónico pero, a veces conviene aclararlo porque algunos se piensan -y más si no me leen habitualmente- que, en este caso, estoy hablando en serio. No, por desgracia Google no es lo que les gustaría a más de uno. Y saber sumar, restar, escribir e, incluso en este caso, conocer las estrategias de ciertos deportes, son cosas que nunca está de mal saber. Claro que hay cosas más importantes que otras pero ahí no voy a entrar porque, sinceramente, al igual que cada uno tiene su culo, también tiene sus ideas acerca de este tema.

Un detalle que no he comentado, ¿sabéis que el tema de la alimentación y hábitos saludables puede darse de forma transversal entre varias asignaturas? Lo digo por si a alguno se le escapa el asunto y obvia que en los centros educativos ya hay profesionales, además de los de Educación Física, que saben bastante de eso.

Eso sí, la primera duda es más personal que otra cosa pero la clave es cómo podemos meter más horas de una asignatura en un currículum ya excesivamente sobrecargado. ¿Aumentamos el horario lectivo de los alumnos hasta el infinito y más allá? ¿Eliminamos alguna asignatura para poder meter ese aumento horario o las nuevas asignaturas que a uno le surjan? ¿Decidimos unilateralmente, según la presión que hagan cada uno de los colectivos de docentes de una asignatura, crear, reducir o aumentar el horario lectivo de la misma? Es que, al final, el discurso de algunos docentes de Educación Física es el mismo que se usa para pedir el aumento de otras asignaturas: “ser imprescindible”. Y, sintiéndolo mucho, quizás lo imprescindible no sea dar más horas de una determinada asignatura.

Finalmente no me gustaría dejar de comentar que la escuela, a pesar que algunos defiendan otra cosa, no puede solucionar todos los problemas de la sociedad. Si que puede dar una visión acerca de determinadas cosas pero es muy simplista pensar que aumentando el horario de Educación Física va a reducir la obesidad en nuestros adolescentes o que, por crear la asignatura de Educación Ambiental nuestros alumnos van a ser más respetuosos con el medio ambiente y se va, de un plumazo, a mejorar la calidad del aire que respiramos. Va a ser que no. Por cierto, como todos los que os pasáis habitualmente por aquí sabéis, yo siempre he defendido que SOBRAN ASIGNATURAS.

Me parece fantástico que los chavales hagan más deporte, tengan más hábitos saludables y que, para lo anterior les puedan ayudar los excelentes profesionales de Educación Física pero... (sí, los puntos suspensivos son lo que intento plasmar con mayor o menor inteligibilidad en el post).

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Resulta curioso pero, en nuestros centros tenemos la asignatura que más ha innovado en sus praxis y, por desgracia nadie la usa como modelo a seguir. Sí, estoy hablando de la Educación Física. Una asignatura que, gracias a  la Ley 77/61 sobre Educación Física, de 23 de diciembre de 1961  y, a la posterior creación el Instituto Nacional de Educación Física bajo la dependencia de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, teniendo como finalidad “…la formación y perfeccionamiento del profesorado de Educación física y de los entrenadores deportivos (..)”, ha conseguido reformular totalmente el modelo del profesorado que la imparte y dotar a la asignatura de valor científico.

Fuente: http://www.inefc.cat
Fuente: http://www.inefc.cat

Sí, yo soy de una generación en la que se mezclaban impartiendo Educación Física, profesorado recién horneado en esos nuevos centros universitarios y otros que, por desgracia, eran o bien docentes que, por necesidad de completar su horario se les pedía impartir la asignatura o, el caso más sangrante de mujeres pertenecientes a la Sección Femenina que, por el simple hecho de pertenecer al sector franquista, fueron recolocadas en muchas ocasiones como profesoras de Educación Física u otras asignaturas transversales. Y, curiosamente, siendo nombradas funcionarias sin pasar ningún tipo de prueba u oposición que validara su capacidad.

Además, estos miembros de la Sección Femenina tenían una determinada práctica habitual: dotar de un balón de fútbol a los niños y una de vóley a las niñas para que, a lo largo de esas horas de la asignatura, pudieran ejercer su rol diferenciado. Con el agravante de la traslación de ese rol a las calificaciones: excelente para los niños y notable para las niñas. Sí, no suspendía nadie y, por ello, era considerada como una maría. Una percepción sobre la asignatura que sigue arrastrándose hasta la actualidad.

Entonces empezaron a llegar los profesores que salían de INEF (hablo de Secundaria) y la asignatura dio un vuelco. Ya no era sólo llegar a la clase y que te dieran un balón. Se empezaron a trabajar deportes minoritarios, a realizar actividades formativas al margen del simple hecho de la actividad física y, lo que era más importante, se empezó a personalizar el aprendizaje de los chavales mediante la adaptación a las actividades por parte del docente a las características de cada uno de sus alumnos. Lo que antes era una actividad desorganizada, sin fundamento y preparación se convirtió en algo totalmente planificado. Y ya no hablo sólo a nivel de las horas lectivas de la asignatura porque, si uno se pasa por los centros verá qué cantidad de actividades organizan desde los Departamentos de Educación Física. Muchas, muchísimas.

httpv://www.youtube.com/watch?v=7y5fE4KIUSQ

Ahora sólo existe un problema: la necesidad de quitar el mantra de la asignatura e intentar evitar la tentación que tienen algunos que, para que se la tomen en serio, deban suspender a casi todos sus estudiantes. La asignatura se prestigia por ella misma y, por suerte, tanto la calidad de los profesionales que la imparten como el nuevo enfoque que se ha dado a la asignatura está permitiendo que sea la asignatura más innovadora. Y cuando hablo de innovadora, hablo en el más necesario de sus significados.

A ver si empezamos a aprender de lo que se ha hecho en Educación Física y tomamos su ejemplo porque, sinceramente, no hace falta ir a Finlandia y simplemente tenemos que ver lo que se ha hecho en nuestro país con algunas cosas e intentar exportarlas.

Me vais a perdonar el título pero, siempre me parece interesante saber quién se lee el texto (ya los hago bastante cortos para hacerlo) y quién, simplemente, se queda con el titular. Un titular que nada tiene que ver hoy con el post :)

Reconozco que observar la realidad educativa es, en la mayoría de ocasiones, sesgarla en función del rol que te toque asumir. No es lo mismo la visión de un docente, que la de un alumno o un padre. No es lo mismo hallarte situado estratégicamente a un lado u otro de una triste barrera que aún permanece inalterable cuando, por desgracia, debería ser dotada de una mayor permeabilidad. Algo que lastra, como he dicho antes, la perspectiva sobre lo que sucede en las aulas de nuestro país.

Hoy intentaré ser imparcial y, como no, totalmente incoherente. Sí, la incoherencia es la base de las personas. Ser demasiado coherente implica, en demasiadas ocasiones, falsear observaciones por necesidad de adoptarse a esa coherencia que, supuestamente, tiene. Por favor, libradnos de las personas coherentes. Más aún de aquellas que, dentro de su coherencia, son capaces de sustituir matices para adaptarlos a sus propias necesidades.

tocaflauta
Fuente: http://www.shutterstock.com/

Me apetece disertar un poco acerca de las flautas. Bueno, siempre es bueno que algo no sea monotemático y, por ello, voy a llevar al enemigo declarado de gran parte de nuestros alumnos al debate: ese potro que, curiosamente, desde hace décadas obligan a ser saltado en la mayoría de centros educativos. Joé, qué manera de torturar al personal. Me acuerdo lo mal que lo llevé en mi época de estudiante y, por desgracia, sigo viéndolo montado en demasiadas ocasiones en los gimnasios de los centros educativos. Lo siento, me sigue generando una mezcla de desazón y repulsión en partes iguales. Y no, ahora pasados más de veinticinco años de la última vez que tuve que padecerlo, no me apetece volver a repetir la experiencia.

Me da la sensación que hay temas en el ámbito educativo que permaneces inalterables por motivos que desconozco. No sé qué lleva a la necesidad de tener que soportar a gran cantidad de alumnos de la ESO tocando notas con fruición con una flauta que, lo único que hace es demostrarte la mejor manera de no usarla. Lo de la flauta -y ya sé que se puede justificar por lo barato del instrumento y la facilidad de tocar las primeras notas- es algo que no entiendo. No entiendo que para enseñar Música se deba atacar con fruición los oídos de padres y vecinos. No entiendo cómo podemos seguir basando una materia, a mi entender muy importante como esa, en que los chavales aporreen ese intrumento y decidan, con mucha coherencia, abandonar para siempre cualquier espíritu musical que les pudiera quedar. Que no, que los chavales no tienen la obligación de recoger las ratas de su localidad para llevárselas a la localidad vecina.

 Supongo que todo tiene sus motivos pero, cuando veo el trabajo que están realizando las Escuelas de Música y lo comparo con enseñar a tocar cuatro notas en la flauta, teoría infumable que hace odiar a los alumnos determinadas materias que deberían ser más de “favorecer el gusto por…” y, como no, la necesidad de algunos de revindicar lo anterior suspendiendo a la mayoría de alumnos para, supuestamente, dotar a esa materia tan vapuleada de empaque, me chirría el tema.

Sinceramente creo que Educación Física, Música y Plástica (entendiendo como tal también la Educación Visual) deberían desaparecer como materias y diseñar, de una vez, una formación artística global, combinando partes de esas tres materias y aumentando su carga lectiva demasiado reducida, para convertirlas en algo imprescindible para nuestros alumnos porque, por suerte, la Música y la Educación Física son algo más que tocar la flauta o saltar el potro 🙂

Sí a las Artes en Educación. No a prácticas que lo único que hacen es desprestigiar tres de las materias más importantes para la conformación del individuo.