Y lo que nos vamos a reír…

A uno en plenas vacaciones entra una risa hilarante al ver la gran cantidad de cursos y jornadas que se ofrecen para los docentes. Metodologías con nombres siempre derivados del inglés (no hay nada más cool que esa lengua) que, curiosamente, van a desaparecer en breve para ser sustituidos por otros vocablos igual de rimbombantes que los anteriores. Qué guay es ofrecer formación en vocablos. Qué bonito es vender burros a cuarenta grados. Qué maravilloso es observar como, en un par de meses, todo lo anterior se dinamita por una mayoría de docentes que lo que desean es algo que le sirva en su día a día. Y si no le sirve (o se le obliga a que le sirva) poco podemos hacer con tamaña innovación.

Fuente: http://cine.batanga.com

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Un día me preguntaron qué pensaba acerca de algunas cosas que nos están vendiendo como solución a todos los problemas educativos. Bueno, especialmente me preguntaron acerca de mi opinión del modelo que estaban implantando los jesuitas en sus centros educativos. Mi respuesta, como la de casi siempre que veo maremágnums mediáticos que, la práctica hace que sirvan para poco menos de nada en un corto período de tiempo, es que lo único que se ha de ver es cuándo dicho modelo deja de funcionar. Bueno, más bien saber qué nos van a vender una vez se agote la moto que nos llevan vendiendo en los últimos tiempos.

No es falta de querer cambiar las cosas. Es hilaridad por hilaridad. Cachondeo que, mezclado con el sudor, inunda todos los poros de mi cuerpo cuando veo a tantos vedenabos sin huerto o, incluso a esos ilusos que, por desgracia, viven de la ilusión. Escojone garantizado. Miles de neuronas en acción para sapiencias colectivas. Soluciones a todos los problemas que, curiosamente, siempre vienen del lado de quienes lo intentan, quienes lo venden y, como no, quienes tienen una fe absoluta en las maravillas del nuevo crecepelo educativo camuflado de novedad. Qué todo está inventado aunque algunos sigan sin saberlo. No hay novedad, hay cambio de nombre. Que los callejeros, por mucho que cambien de nombre, marcan las calles que siguen siendo anchas o estrechas en función de su construcción primigenia.

La temperatura, a pesar del aire acondicionado, sigue lastrando mi capacidad de respuesta. Es por ello que, más allá de estas líneas inconexas, tan sólo pensar en las risas que nos vamos a echar todos juntos cuando descubramos que la Tierra es redonda y que, por desgracia, no para de girar… Unas risas, como no, aderezadas con pensar en esos miles de euros que algunos se han gastado en descubrir que una sopa de cebolla sin cebolla es de todo menos sopa.

Por cierto, me voy a gamificar un rato mi horchata de chufa. Que con las pajitas salen unas burbujas la mar de interesantes 🙂

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