Unas reflexiones antes de un mini “detox” digital

A partir de mañana a las dos de la tarde dejo de estar disponible a nivel digital. Sí, salvo las llamadas del teléfono, lo primero que haré será quitar la conectividad del móvil e invalidar cualquier posibilidad de conexión a internet con el portátil que me llevo, para intentar darle forma a un tercer libro sobre educación. Sí, de ese tema que dije que nunca volvería a escribir. Es lo que tiene ser medio veleta. O más bien, “veletón”.

Fuente: Fotolia CC

No desconecto porque esté cansado de la conectividad. Desconecto porque me apetece hacerlo y creo que, no es nada malo hacerlo cada cierto tiempo. Así tampoco me podrán localizar desde el trabajo. La desconexión, se hace bien o no se hace.

Por eso, antes de largarme por diez días (no es mucho, pero serán tres períodos en tres meses -ventajas de haber estado currando todo julio y agosto-), no puedo menos que compartir algunas reflexiones con todos vosotros. Más que reflexiones, incoherencias de esas que tengo en la cabeza y que, seguramente todos aquellos que me seguís por Twitter, ya me habréis oído decir en más de una ocasión.

En primer lugar me gustaría deciros que me parece patético lo que están haciendo algunos docentes publicitando determinadas herramientas y/o servicios de multinacionales. Más aún cuando, por ejemplo en la Comunidad Valenciana, existe todo lo anterior puesto a disposición de los docentes, de forma gratuita y segura para los datos de sus alumnos, por parte de la administración educativa. Claro que hay cuestiones a mejorar. Claro que, en ciertas ocasiones, hay servicios que fallan. Claro que sí pero, sinceramente, ¿alguien cree que apostar por una multinacional tecnológica es positivo para sus alumnos? Bueno, si lo cree, yo no puedo hacer nada más que dejar el debate aquí. Eso para mí es innegociable. Los datos de los alumnos son sagrados. Mucho más que cualquier legajo de esos que utilizan los creyentes de cualquier religión.

Me preocupa también el discurso del “eduentertainment”. Un concepto que alguien acuñó y que usé como hilo argumental para mi segundo libro (lo podéis descargar aquí). Por cierto, sigue sorprendiéndome a día de hoy la ínfima cantidad de personas que comentan qué les ha parecido, o haber recibido un correo de ellos. Las estadísticas de descarga son fantásticas y el feedback, al igual que sucedió con el primero (enlace para descargar) prácticamente inexistente. Y ya no digamos el tema de las donaciones. Es un modelo que, por lo que he podido comprobar, salvo que no tengan otra alternativa para obtener el producto y/o servicio que ofreces, no se usa. Por cierto, ¿sabéis que también tengo una página para que colaboréis económicamente con los proyectos que estoy llevando a cabo y ofreciendo de forma gratuita, como puede ser la red social tiraelchicle)? Un detalle para aquellos que me lo preguntéis: yo sí que hago donaciones, siempre que puedo, a determinadas personas que comparten altruistamente lo que están haciendo. O, si no puedo hacerla económica, como mínimo intento sacar un momento para decir qué me parece lo que están compartiendo o, simplemente, darles las gracias. Y me siento mejor haciéndolo. Ya lo sé, soy bastante raro en muchas cosas.

Retomo, después de la pequeña colleja por no “colaborar” (permitídmela), que siga hablando de mis preocupaciones. Preocupaciones que tienen mucho que ver con la cantidad de docentes que se suman a determinadas modas, formaciones con ponentes de muy bajo nivel o, simplemente, de algunos discursos que potencian al docente de forma individual. En educación no hay proyectos individuales porque, por muy buen francotirador que seas, es el contexto el que te da que algo funcione o no. Claro que se tiene mérito como docente (la mayoría hacen muy bien su trabajo) pero, al final, son en muchos casos factores exógenos a la tarea profesional los que marcan el futuro de los chavales. Falta, por cierto, mucha política en mayúsculas para mejorar la educación. Por ahora los que la gestionan, aunque algunos lo intenten más que otros, no están al nivel que la sociedad les exige. Y sé que no siempre es culpa suya pero, a veces, falta comunicación entre los políticos que gestionan la educación y los que trabajan en ella. Falta ese cariño horizontal que tan necesario se hace. Cariño que siempre, en el caso de la profesión, debe ir asociado con unas buenas condiciones laborales. Y no solo para los docentes; también para los adultos trabajadores de las familias que llevan a sus hijos a la escuela.

No quiero entrar en la irrupción, en busca de pasta, de determinados personajes o empresas en el ámbito educativo. No me preocupa que desembarquen, como elefantes en una cacharrería para acaparar lo que puedan. Me preocupa que nadie les frene. Que nadie, salvo pequeños intentos infantiles, se oponga a esa destrucción de un servicio que habría de ser para todos, con independencia de su situación familiar. El fracaso escolar, lamentablemente, tiene mucho más de social que de aprendizajes. Eso sí, siempre es mejor mirar a otro lado no sea que nos demos cuenta de la trampa, en ese juego de trileros que algunos están abonados.

Hablando de juego de trileros, ¿soy el único al que le preocupa la nueva droga del siglo XXI para nuestros alumnos? Sí, me estoy refiriendo a las apuestas. Y nadie de los que puede hacer hace nada. Publicidad en los medios, publicidad en las camisetas deportivas, publicidad de personajes que los adolescentes tienen como referentes, publicidad a todas horas en cualquier medio de comunicación.

Quizás vuelva de mi desintoxicación y todo haya cambiado. Ya no existan barracones, se haya apostado por una escuela pública, se hayan cepillado la religión y su alternativa o, simplemente, se deje de maltratar a la ciudadanía con mentiras interesadas para que votemos a unos u otros. Seguro que eso no es así pero, por tener esperanza, nadie pierde nada.

Sed buenos o muy malos. Eso sí, siempre actuando con los demás como os gustaría que se actuara con vosotros. Criticad si se ha de criticar. Enfadaos si os habéis de enfadar. Agradeced si habéis de agradecer. Discrepad si creéis que habéis de hacerlo. Da igual. No me hagáis caso… simplemente disfrutad de vuestra vida y aprovechad todos aquellos momentos que, por desgracia, pasan demasiado rápido.

¡Nos vemos en diez días! Ya, sé que a algunos os gustaría que no volviera, pero no voy a daros esa satisfacción 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener el blog, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

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