Un blog con fecha de caducidad

Vivo de la educación. Mi profesión está relacionada con al mundo educativo. Me pagan por ello. Y, es por ello que, al igual que mi profesión espero tenga fecha de caducidad, también la va a tener este blog. No tiene ningún sentido mantener una moleskine orientada a algo que no conoceré. Y que, siendo sinceros, a lo mejor me importa una mierda. Señal de que tendré cosas más importantes en las que pensar. Algo que significará que, por suerte, hay vida más allá de la profesión de uno.

Fuente: Desconocida

Siempre he dicho que caí en la docencia por accidente. Ni por vocación ni leches. He sido un mercenario de la tiza al que, por determinados motivos ignotos, le ha acabado gustando su profesión. Eso sí, con partes que me gustan más y otras menos. Ahora que estoy fuera del aula también me gustan las cosas que estoy haciendo. Y quizás si me dedicara a otra cosa, a lo mejor me gustaría también hacerlo. No me he casado con la educación. Casarse con la profesión de uno es un error. A mí esto (no el blog, sí el curro) me da de comer. Y da de comer a mi familia. Más allá de eso, una profesión como cualquier otra, formada por profesionales variopintos y plagada de buenas y malas personas. Ni por ser docente me siento superior ni inferior a nadie. Los superhéroes o supervillanos quedan muy bien para las películas de animación.

No sé qué día esto va a acabarse. Tengo claro que, cuando esté para peinar canas, si sigue este blog, va a ser muy diferente de lo que es ahora. A lo mejor ya no existen ni los blogs ni las redes sociales. Quién sabe. Lo de predecir el futuro se lo dejo a otros que, por cierto, también viven de ello. No es mal negocio echar las cartas, leer una bola de cristal o inventarse datos para que afirmen que, en un futuro, algo va a suceder.

Hoy me he levantado preguntándome qué haré cuando me jubile. Cuando deje de trabajar. Cuando abandone de una vez el esclavismo al que los pobres debemos someternos. Pues, sinceramente, no tengo ni idea. Tampoco me queda claro cuándo abandonaré la profesión. Es la ventaja de poder decidir el momento, aprovechando que los genes o la mala suerte decidieron ciertas situaciones personales. Lo que sí que tengo claro es que este blog dejará de tener sentido. No me veo con setenta años haciendo de abuelo cebolleta diciendo qué pienso de algo que, por suerte, ya habré dejado atrás. Y eso que me gusta lo que hago pero, al final, no deja de ser un trabajo.

Todo tiene su fecha de caducidad. También la tiene este blog porque, a diferencia de los yogures que, para algunos no caducaban nunca, este blog sí. Mientras llegue esa fecha de caducidad seguiré escribiendo, fundamentalmente, sobre temas de los que algo sé. O acerca de los que no tengo ni idea pero, como mínimo, sé disimularlo bastante 😉

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Iñaki Murua

Pues seguro que de algo escribirás. Que eso que te ahorras (y ahorrarás) en el psicólogo 😉

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