Trece años en Twitter sin estar en Twitter

Hoy se cumple mi decimotercer aniversario en Twitter y, curiosamente, mis tres meses y medio alejado de esa red social salvo para la publicación de mis artículos. Bueno, alejado a nivel activo. Ahora estoy entre pasivo y muy pasivo. Es que, sinceramente, el cansancio que siento al ver tanto docente poseedor de verdades absolutas y de derechos de censura ante quienes no piensan como ellos me hastía.

Tengo una cuenta verificada y me he enterado, por los medios tradicionales, que posiblemente el nuevo propietario del “pajarito” azul va a cobrar por mantener o adquirir ese check azul que lleva al lado mi nombre. Me importa un huevo y parte del otro. Joder, hasta estoy verificado yo, así que ya veis el nivel que supone estarlo o no. Además, en mi opinión personal, me parece perfecto que alguien haga lo que le dé la gana con lo que ha comprado siempre y cuando respete la legislación vigente. Y si a uno no le gusta, que se largue. O que se monte su propio Twitter. Es que hay tantos que dicen que se van y luego siempre siguen ahí. Bocachanclas de manual. Entre ellos, demasiados dentro del colectivo.

Twitter solo sirve para tener carguito educativo. Twitter solo sirve para poder decir chorradas al mismo nivel que otras chorradas. Para ponerte al mismo nivel que el gurú de turno. Para ponerte en disfraz inquisidor y decir que a alguien no deben publicarle entrevistas en determinados medios porque, como bien sabes, jamás vas a leer nada que no esté de acuerdo con tus planteamientos. Cuánta hemorroide por curar. Cuánta tristeza al ver que algunos se creen que pueden decidir qué hace una empresa privada. A Musk se la trae al pairo tu tuit. Se la trae al pairo que yo esté en Twitter o que no esté. Que seas un defensor de la LOMLOE y del ABP o un crítico que añora una EGB edulcorada. Si no tiene ni respeto por los pedagogos. Así que, por favor, un poco de sensatez y de situarse en el plano real: sois una mierda pinchada en un palo en cuanto a importancia.

Yo juego a determinados juegos para el móvil sin pagar un euro para avanzar rápido de nivel. ¿Por qué? Porque me gusta jugarlos. Cuando me cansan los dejo y paso a otra cosa. El divertimento puede venir por soltar sandeces para que te escuchen los cuatro del bar o, el que puede y le dejan, disfrutar de finales felices con pareja o con quien le apetezca. Es que ya está bien de decir cómo deben hacerse las cosas. Al final, la opinión de Juan es igual de risible que la de Eloísa. Pero bueno, jugar es sano. Y el divertimento en Twitter a mí me ha durado casi trece temporadas.

Voy a contaros un secreto. He escrito este post porque me apetecía. La diferencia entre este post y un tuit (o una publicación en Facebook) es que este post, mientras pague a una empresa privada para que me mantenga el alojamiento, tendrá libertad de expresión. Otro tema es que llegue o no llegue a determinados lugares. O que se vete su publicación en otros. Pero, sabéis qué, eso solo importa a aquellos tan estúpidos que todavía creen que lo privado es de todos. Qué almas más cándidas. Si ni en la actualidad lo público es de todos.

Tomad aliento que mañana algunos volvéis/volvemos al trabajo. Espero que hayáis disfrutado de estos días y de vuestros hobbies. Yo os prometo que, salvo por el insufrible dolor de espalda, también lo he disfrutado. La medicación hace maravillas. Y mezclado con un enorme croissant de chocolate, el no va más.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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