Todo espectador es un cobarde o un traidor

No puedo menos que relacionar la frase que titula este post con lo que estoy viviendo desde que estoy trabajando como docente. Espectadores que sólo hacemos de espectadores. Interventores que, más allá de pequeños contextos y muy controlados, somos incapaces de modificar.

Fuente: http://www.gracielataquini.info

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¿Es lícito actuar de espectador? ¿Es ético hacerlo? ¿Es posible una mejora educativa cuando la mayoría de la comunidad educativa se dedica a observar y criticar el sistema educativo sin actuar sobre el mismo? ¿Cobardía? ¿Traición?

No hay discusión pequeña ni discrepancia innecesaria. No hay palabra pequeña, hay palabra que deja de pronunciarse. No hay miedo, hay comodidad. No hay dejadez de funciones, hay erróneas percepciones de  lo que significa ser docente. Y ser docente no es para cobardes. Ser docente es de valientes. De muy valientes.

Se necesitan valientes. Se necesitan profesionales que valoren su profesión por encima de la simple visualización de lo que sucede. Si algo falla, conviene hablarlo. Si algo funciona, conviene reforzar los puntos fuertes de lo anterior. Si algo no acaba de ir del todo bien, conviene analizar los porqués. Porque, al fin y al cabo, a esta profesión se ha venido a ser profesional. En algo tan sensible como es la Educación sobran medias tintas y falta dar un golpe encima de la mesa. Querer mejorar a golpe de agachar la cabeza y dejar pasar los años tiene poco de deseable y mucho de traición. Y no queremos traidores para la causa. Ni uno ni medio.

No es una guerra, es peor. No hay muertos, hay resultados peores. No hay buenos y malos, hay espectadores y quienes actúan. Porque ver pasar las cosas es muy fácil, actuar sobre las mismas para cambiarlas es bastante más complicado. Complicado y complejo. De gestión difícil. De factura poco fina para aquellos que les guste mantener la manicura. Mucho barro que cruzar y Rubicón a vadear. Cuesta. Es difícil. Duele.

Quiero militantes de aula. Quiero anarquistas con las ideas claras. Quiero docentes que actúen, que discrepen, que se mojen. Quiero, en definitiva, que el espectador desaparezca hasta su mínima expresión. Porque ver, para aquellos que ven, es muy duro. Más aún cuando uno tiene conciencia. Una conciencia que, en demasiadas ocasiones, ni se huele ni se nota.

Sí a la acción, no a la sumisión. Sí a la valentía, no a la cobardía. Si al hablar, no al callar. Sí a la acción, no a la pura observación.

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