TIC, TAC, MOOC, NOOC

Recientemente disfruté de una tertulia distendida entre profesionales de la rama docente: profesores de geografía e historia de institutos, así como de didáctica en la universidad. Llegado el momento en que se abordó el tema de la formación permanente del profesorado, una compañera hubo de usar el foro para superar su enfado, que provenía de una total incomprensión –bastante lógica, como trataré de hacer ver a continuación– de los cursos que se ofertan actualmente para los docentes. Un correo del INTEF a mi cuenta me ha hecho escribir este artículo y unirme a la desobediencia formativa. Por cierto, por si alguien no lo sabe (imagino que serán muchos) el INTEF es el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del profesorado, una unidad del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que se encarga de integrar las TIC en la educación no universitaria. Entre sus objetivos se encuentran la elaboración y difusión de materiales curriculares y digitales, la realización de programas de formación específicos, así como mantener no sé qué red de recursos educativos. Desde luego, si no fuera por mi curiosidad natural nadie me habría informado nunca de la existencia de tal instituto que, por su descripción, debería solucionarnos la papeleta cada vez que tenemos las clases llenas de esos alumnos a los que no les gusta estudiar. Por supuesto, habría de llenarnos nuestros correos corporativos de materiales didácticos –siempre adaptados a las TIC y a las TAC– para ser los docentes más innovadores del mundo. Un inciso: las TAC sí existen, no es una broma, son las Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento. Sin embargo, en lugar de ello se encarga de la encomiable labor de crear MOOCs, NOOCs y SPOOCs. Qué difícil parece esto de la educación, ¿verdad? Vayamos por partes.

Fuente: Elaboración propia

Un MOOC (Massive Open Online Course) es un curso masivo en abierto al que los docentes pueden acceder para realizarlo a su ritmo. Los tres MOOCs que acaba de lanzar el INTEF llevan estos nombres: Educación expandida con nuevos medios, Aprendizaje Basado en Problemas y Realidad Virtual en Educación. Lo cierto es que los nombres abruman: tan solo he llegado a entender, después de leer varias veces, el de APB, del que algo había oído ya. El primero de ellos, ese sobre expandir la educación, es la plasmación de un libro de Rubén Díaz, titulado Educación Expandida, escrito así en mayúsculas, para darle más entidad. Los contenidos del curso son exotismos incomprensibles para paganos como yo, impartidos por ningún docente, sino por gente variada que tiene en común su participación y coordinación del festival cultural ZEMOS98. El curso de Realidad Virtual era demasiado para mí y no he podido seguir profundizando en ello.

Los NOOCs son semejantes, pero en este caso son cursos en modo NANO: con un máximo de 20 horas de esfuerzo. Entre las perlas que encontramos se encuentran Visualiza pensamientos e ideas, Comunícate en Digital, Dinamiza tus clases con Symbaloo, o ¿Postureo o Salud? Respecto a los SPOOC, la diferencia estriba en que son cursos self-paced, es decir, que se pueden cursar a nuestro ritmo, sin estrés.

Además de todo ello, el INTEF también otorga insignias a los docentes que acaban estos cursos, ya que imagino que es todo un reto de persistencia y tenacidad, y organiza cursos presenciales tutorizados, que parecen tener algo más de seriedad. Hace un par de años cursé uno sobre mediación escolar y pude aprovechar algo de él, aunque ahora se han adherido los cursos de Flipped, Scratch, eTwinning y AICLE. Patidifusos, ¿no?

Si la propuesta del INTEF no satisface nuestras expectativas y necesidades como docentes siempre podemos hacer uso de los cursos del CEFIRE, en el caso del País Valencià, si tenemos la suerte y la gracia de ser adjudicados con una plaza. ¿Cuál es la naturaleza de los cursos que actualmente se ofertan en los distintos centros del CEFIRE? En cabeza se sitúan, con 27 cursos en periodo de inscripción, los referidos a plurilingüismo y proyectos varios de Erasmus. CLIL, AICLE, ICT, speaking skills, y Erasmus +. Les siguen los cursos dedicados a tecnologías aplicadas a la educación: los irresistibles de Apps para la educación, cómo sobrevivir con LliureX, cuadernos Idoceo y Additio, eXelearning, Mestre@Casa, etc. Y en tercer lugar se sitúan los cursos científicos, de los que no opinaré por no tener grandes conocimientos del tema. También hay bastantes cursos para educación infantil, gestión de centros, formación profesional o educación física inclusiva. Brillan por su ausencia los cursos para la formación de personas adultas, los de atención a la diversidad –que den respuesta a los nuevos programas de ámbito como el PMAR– y, especialmente, los de humanidades, si quitamos todos los que han introducido con calzador bajo esta denominación. Respecto a mi disciplina, la geografía y la historia, tan solo he encontrado un curso: El monasterio y la romería de la Santa Faz como recurso didáctico patrimonial, no precisamente pensado para el gran público, por sus características y el horario planteado.

Por último, obviando la oferta de los sindicatos y los cauces de la autoformación, existe la posibilidad de aprender asistiendo a cursos del Servicio de Formación Permanente e Innovación Educativa (SFPIE) de la Universitat de València, también totalmente desconocido entre los docentes. ¿Qué encontramos entre su oferta formativa? Cursos sobre aprendizaje cooperativo de Spencer Kagan, un psicólogo clínico que parece estar triunfando en educación, del cual disfrutaré de diez horas de formación este mes en el centro. Cursos sobre Aprendizaje-Servicio, sobre el uso de rúbricas, o gestión del aula, la mitad de ellos anulados. El que más podría interesarme y, sinceramente, sí me gustaría hacer, es el de Actualización de la enseñanza de la Historia, la Historia del Arte y la Geografía, de 10 horas de duración presenciales en Gandía, repartido en tres sesiones vespertinas los viernes de febrero. Conclusión: no lo voy a hacer. Vivo a más de una hora del lugar del curso y nadie me va a pagar el gasto en gasolina y comidas.

¿Es importante la formación del profesorado? Sí, y en ello coincidíamos todos los que compartimos la tertulia distendida de la que hablaba al principio. Si no fuera así no invertiríamos nuestro tiempo libre en reflexionar sobre la docencia. No se nos puede acusar de vagos y maleantes: nos gusta nuestro trabajo, leemos e investigamos para mejorarlo, pero todo ello cae bajo nuestra iniciativa personal. No es de recibo ofertar un conjunto de cursos tan absurdos como hace el INTEF, o una formación excesivamente centrada en las nuevas tecnologías (con institutos que carecen de posibilidad para aplicarlas) o en el plurilingüismo. La metodología CLIL, que sufrí en un curso el pasado año, no es efectiva, y así se ha visto en comunidades como Madrid: nuestros alumnos no tienen una competencia lingüística ejemplar en las dos lenguas que aquí se hablan, tampoco en una tercera. La solución no está en otorgar horas en inglés a docentes especialistas en otras materias, ni tan solo a docentes de inglés que dan clase de materias de las que no son especialistas. Su acción plurilingüe no pasa del Good morning! y de las fichas con vocabulario que no entienden. No puedo parar de pensar qué extraños intereses están detrás de toda la orquesta que se ha montado alrededor de esta fanfarria plurilingüe. Y tampoco se puede aceptar que la universidad ofrezca cursos tan importantes como los de actualización científica en horarios imposibles y en formatos inaccesibles. Cursos distribuidos por toda la geografía, en formato semipresencial o en formato en línea podrían tener mayor aceptación y público. Los docentes necesitamos que se nos facilite nuestro trabajo y que se nos ofrezcan herramientas para ello: desde la didáctica y desde cada una de nuestras disciplinas. La dictadura de las siglas tecnológicas con que se nos abruma está eclipsando la necesaria y pausada reflexión dentro de cada rama del saber. Queda claro, pues, mi escepticismo sobre la validez de esta oferta formativa para llegar al alumnado, así como mi voluntad por seguir formándome.

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