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Windows 10

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Hace bien pocos días, con una campaña digna de la multinacional llamada Microsoft (a años luz, por cierto, de la realizada por los fanboys de Apple cuando lanzan un nuevo producto), se lanzó la nueva actualización del sistema operativo de las ventanitas, Windows. Un sistema operativo que, para las necesidades del usuario normal, aporta bien poco. Eso sí, el maquillaje exterior es digno del mejor maquillador de efectos especiales de la actualidad. Cambio visual imponente. Un cambio que sorprende a simple vista. Una maquetación a la que no se puede poner ninguna pega.

Fuente: http://www.muycanal.com
Fuente: http://www.muycanal.com

¿Por qué asociar el lanzamiento de Windows 10 con lo que sucede en el ámbito educativo? ¿Por qué comparar un sistema operativo con un sistema educativo? Porque ambos se basan en lo mismo. Lavados de cara, creación de necesidades inexistentes para el usuario y, como no, estrategias de marketing de amplio calado. Sí, un nuevo sistema educativo no es nada más que una propuesta educativa innovadora basada en premisas que ya existían. Sí, cambiar el sistema operativo a la última versión es una necesidad impuesta de forma ficticia para satisfacer unas necesidades que no existen. Plantear que algo ha de ser bonito no implica de facto que sea eficaz porque, en muchas ocasiones, lo bonito se convierte en modernidad mal entendida. Y de eso, los que trabajamos en educación sabemos un poco.

Si alguien me compra el uso de una herramienta que, visualmente puede dar el pego sin tener claro para qué vamos a utilizarla… vamos mal. Si a lo anterior añadimos costes de aprendizajes elevados -por no hablar de económicos- para complicar lo esencial, estamos tomando una senda peligrosa. Una senda que nos desvía del objetivo básico del sistema educativo: el ayudar a que nuestros alumnos se integren en la sociedad adulta con las mayores habilidades posibles. Que nuestros alumnos sean capaces, una vez pasada la etapa de la educación obligatoria, de autoformarse. Que nuestros alumnos sean capaces de moverse en una sociedad cambiante con independencia de los clichés que se estilen en cada momento.

 Lo de centrar un modelo en lo último lleva a obviar, en más ocasiones de las que se debiera, el objetivo final de las cosas. Si ahora actualizamos a Windows 10 por ser lo más nuevo, estamos priorizando la novedad frente a la necesidad porque, ¿realmente es necesario actualizar a Windows 10 teniendo versiones anteriores que ya hacen todo lo que necesitamos y podamos necesitar en un futuro próximo? Pues parece que sí porque, según los datos, en menos de 24 horas de salir la actualización ya han sido más de 14 millones de equipos los que se han actualizado a la nueva versión 🙂