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Tengo dudas. Bueno, lo de ser persona dubitativa es algo que en demasiadas ocasiones afecta a muchas de mis decisiones. Decisiones que tomo más por impulso que por meditación profunda de sus consecuencias. Improvisando en cuestión de segundos algo que hace que las dudas sigan ahí. Esta semana he tenido el placer de leer el excelente artículo de Grant Wiggins. Un artículo donde habla de la inversión de roles. De convertirse por un tiempo en alumnos. Del aguantar y sufrir después de un montón de horas de inmovilidad una gran cantidad de discursos que poco tienen de productivo. Estabulaciones, exceso de tareas e incluso, imposibilidad de gestionar espacios.

Fuente: http://www.diariodenavarra.es
Fuente: http://www.diariodenavarra.es

Me gustaría probar la experiencia en mi centro. Me gustaría que mi inspector me diera permiso para, a lo largo de una semana, ir a un centro educativo y sentarme en las aulas como un alumno más. Me gustaría conocer la sensación, con un poco más de criterio, acerca de las realidades que nuestros alumnos viven semana tras semana. Me encantaría poder analizar la realidad desde otro punto de vista.

Reconozco que la coyuntura actual del sistema educativo de nuestro país es muy parecida al esclavismo en sus peores épocas. Alumnos sentados, docentes que sueltan su “rollo” (en formatos más o menos digitalizados) y una gran cantidad de vallas que impiden el moverse por el contexto. Cárceles donde los alumnos se someten a regímenes de falsa libertad. Espacios que recuerdan -me vais a permitir la acepción- esos campos de reeducación que consistían en laminar la voluntad de sus asistentes.

Creo que pasar una semana como alumno debería ser imprescindible. Debería ser una práctica habitual dentro de la formación del profesorado. Es imposible empatizar con los alumnos si no nos ponemos en su piel. Y ponerse en su piel no es decir “pobrecitos”, es trasladar nuestro rol docente al rol de alumnos con todo lo que ello implica. Profesionalización a base de analizar lo que sucede al otro lado. Repensar la educación sobre la base de realidades y no a suposiciones desde la tarima.

Podría ser una buena práctica. Obligar a todos los docentes de centros educativos a seguir una semana de clase como alumnos. Una semana en un centro educativo diferente del que imparten clase. Una semana que, incluso, podría realizarse (si hay miedo de compartir mesa con los alumnos), en contextos que imiten la realidad de las aulas. Instrucción pura y dura. Calco de realidades observables. Posibilidad de experimentar. Posibilidades infinitas de establecer cambios en los métodos de trabajo. Aprendizaje de la realidad.

Seguro que pueden establecerse pegas a la propuesta. Seguro que se trata de una idea utópica para más de uno pero, ¿nadie se plantea que la propuesta puede conducir a una mejora educativa? Yo es que, en este caso y a pesar de mis dudas continuas acerca de cuestiones educativas, lo veo bastante claro.