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Puerto de Sagunto

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Después de más de medio año de trabajo -bueno, quién dice trabajo dice paellas (o arroces en diferentes formatos) y litros de horchata- ya queda nada para encontrarnos en las Jornadas Eduhorchata. Jornadas renombradas, por cuestiones de geopolítica básica, en Jornadas Educativas Activas. Unas Jornadas que, como ya sabéis, se realizarán el último fin de semana de septiembre en El Puerto de Sagunto y que cuentan con el apoyo de la Conselleria de Educación y del Ayuntamiento de la localidad. Sí, al final se han sumado al carro. El Ayuntamiento tiene sus defectos, pero uno no es el de no involucrarse en potenciar las actividades educativas que se hacen en la localidad que gobiernan.

Fuente: CEFIRE

Quedan algunos flecos por solucionar. Está el tema de visitar las infraestructuras, ver con qué se cuenta, intentar hasta último momento gestionar la posibilidad de streaming (o la simple grabación y posterior subida a la red para que podáis ver, los que no os venís, las ponencias), gestión de espacios para los talleres, etc. Ya, parece mucho pero, por suerte, creo que se podrá solucionar. Además, es la primera vez que los organizadores nos metemos en algo así. Bueno, en mi caso, creo que va a ser la última. No sirvo para estas cosas. Y esto que he aprendido muchísimo, he valorado mucho el trabajo que se hace a nivel administración y, también, me he desesperado al ver que había cosas que no cuadraban como queríamos. Además, qué demonios, me llevo tres grandes amigos del asunto. Una amistad que no va a quedarse en las Jornadas. Gracias Salva, Raúl y Óscar por ser como sois. Y por soportarme.

En esta recta final me gustaría agradecer a todos los que hemos liado para que se vinieran a dar charlas o talleres. El programa es fantástico y los ponentes/talleristas son de primer nivel. Hablarán de innovación educativa y evidencias científicas, establecerán un debate acerca del uso de dispositivos digitales, harán cacharrismo elevado a la máxima expresión, explicarán en qué consiste el aprendizaje basado en juegos, qué significa la FP dual, cómo se funciona en adultos, nos enseñarán en qué consiste una comunidad digital de aprendizaje,… y así hasta el infinito. Ellos han sido la clave para que todo esto fuera posible. Ellos y todos los que os vais a venir a verlos y a pasar un rato con nosotros.

La idea de las Jornadas es que no se queden en esos días. La idea es poder debatir más allá de las charlas y, cómo no, establecer esa comunicación tan necesaria entre muchos porque, a lo mejor, hay algo que os gustaría saber para lo que seguro que encontráis a alguien ahí que os puede ayudar. Y no estoy hablando solo de los que estarán arriba del escenario. Ellos y vosotros sois imprescindibles.

Hay tanta gente a la que agradecer detalles. Tantos nombres importantes que no menciono, por miedo de quedarme sin mentar a alguien, que han hecho que esto pudiera llegar. Tantos abrazos que debo. La verdad es que la respuesta ha sido fantástica. Gracias, gracias y  gracias. Más aún porque sé que para muchos es un esfuerzo venirse.

Ya estamos en la recta final. En cuarenta y ocho horas se cierran las inscripciones (Jornadas 18SA55IN009 – Jornadas Educativas Activas). Ya hemos publicado un formulario para los que queráis compartir con nosotros en una cena el cierre de las mismas (enlace). Y, más allá de lo anterior, aquí seguimos los cuatro para que nos podáis preguntar las dudas que tengáis acerca de las mismas. Nerviosos no, lo siguiente.

No querría finalizar el post sin acordarme de Néstor. Gracias por el cartel y sabes cuánto me hubiera gustado que te vinieras.

Recordar siempre es bonito. Más aún cuando se dispone de alguna fotografía, de esas que ahora han quedado ensombrecidas por la mala calidad de los móviles y de esos cientos de miles de fotógrafos aficionados que poco saben de fotografías, más allá de apretar un botón. Recuperar imágenes de las aulas de los 80. Compartir las mismas. Recordar que el tiempo pasa y que lo único que se ha solucionado, en algunas ocasiones (no todas), es la renovación de infraestructuras o, en algunos casos, el tapar algún simple desconchado.

Debo reconocer que las condiciones del centro educativo dejaban mucho que desear. Suciedad, pintadas y, eso sí, inexistencia de cualquier tipo de impedimento que permitiera que los alumnos pudieran campar a sus anchas por el pueblo.

Aulas con pupitres, ¿quién no recuerda esas aulas con pupitres clavados en las piernas si uno tenía la desgracia de ser un poco más alto de lo habitual? Que en los ochenta los alumnos éramos los de los setenta. Y allí, si no recuerdo mal, el petit suisse se convertía en un Chamburcy (y de unidad única por cierto).

Fuente: María Victoria García Castelló

Desconchones que brillan por su ausencia (miopía de horas delante del ordenador) y mesas sin ningún tipo de serigrafía en su inexistente melanina.

Fuente: María Victoria García Castelló

Armarios y colgadores. Algo que es un signo impepinable de que uno se halla en un recinto educativo aunque, lo primero, ya está en franca desaparición. Que con armarios se pueden meter menos chavales. Y, antes de volver al pupitre, conviene aprovechar el espacio para esas sillas y mesas individuales (que no individualizadas por ser normalmente de ese color verde hospital) que tanto abundan.

Y esos pasillos largos en los que siempre quedaban los rezagados de turno. Rezagados, por cierto, que si llegaban tarde se iban al bar a comprarse una cerveza y un paquete de cigarrillos. Que sí, que en los centros educativos se podía fumar libremente.

Fuente: María Victoria García Castelló

Eso sí, los patios sin medidas de seguridad. Nada de canastas ancladas al suelo ni porterías fijas. Nada de poner suelo almohadillado para evitar desgarrones a los que iban al parvulario. Que no, que la sobreprotección es una moda de ahora. Moda que da mucho dinero a algunas empresas y permite a esos padres sobreprotectores sentirse que no dejan de cubrir en algodón a sus hijos. El riesgo era sano. Daba mucha vidilla.

Fuente: María Victoria García Castelló

¿Y las salas de profesores? ¿Lugar de culto? ¿Lugar de debate? No había prisas. Las prisas las han traído los timbres. La puntualidad que, mal entendida, sólo ha servido para militarizar la mayoría de centros educativos.

Fuente: María Victoria García Castelló

Y, como no, dos de los lugares más interesantes de todos los centros educativos. El lugar típico para perderte después del bar y esa biblioteca donde los alumnos íbamos a consultar libros. Ahora, por desgracia, bibliotecas (en caso de que en el centro educativo existan ya que tienden a la desaparición) para que los alumnos en entornos digitalizados intercambien mensajes por su Facebook mediante el acceso con programas que se saltan los filtros de las Consejerías.

Fuente: María Victoria García Castelló

Fuente: María Victoria Garcia Castelló

Los recuerdos son bonitos pero el despropósito de la infraestructura anterior para esa época (estamos hablando de finales de los 80) obligaba a tomar medidas drásticas. Medidas que fueron desde manifestaciones masivas (en las que iban todos -padres y madres inclusive-)  en las puertas del centro y en Conselleria, hasta retrasar el inicio de curso.

Fuente: María Victoria García Castelló

Que sí, que antes sí se podía. Ahora, por lo que se ve, ni hay ganas de lucha, ni de movilizarse, ni de conseguir derechos educativos imprescindibles. Una lucha que consiguió transformar esas aulas de finales de los 80 en el instituto actual. Uno que, a nivel de infraestructuras, nada tiene que ver con ese antro de perdición que se recuerda con mucho cariño.

Stitched Panorama

 

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Las imágenes y explicaciones son del centro educativo donde estudió bachillerato mi mujer. El centro es el IES Camp de Morvedre de El Puerto de Sagunto (Valencia).

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