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Los docentes estamos de enhorabuena. La mayoría de discursos educativos, más o menos mediatizados y/o mediatizables, han variado sus postulados tecnocentristas a disertaciones acerca del uso de un determinado método educativo. Por suerte nos hemos librado del bombardeo incesante de la necesidad del iPad o, de lo imprescindible que supone seguir usando Moodle o saltar a una herramienta de gestión del aula más parecida a lo que usan nuestros alumnos (léase, por ejemplo, Edmodo). Se sigue hablando de herramientas aunque, como he dicho antes, cada vez más diluido el asunto en estrategias de uso de las mismas. O, incluso, obviando totalmente su necesidad. Y eso es un gran avance.

Sigue habiendo aspectos residuales del asunto. Se sigue jugando a establecer premisas básicas muy relacionadas con la necesidad imperiosa de determinadas asignaturas. Bueno, los que postulan su eliminación, también caen en la trampa de priorizar determinadas cuestiones dentro del currículum incluso que no se den bajo el formato habitual. No es eliminar las asignaturas ni el libro de texto, es tener una concepción clara de qué necesidades tienen nuestros alumnos y qué podemos aportar para que las tengan. No es fácil y hay muchos intereses en potenciar una cosa u otra. El simple hecho de establecer reválidas y el resto de pruebas de evaluación que otorgan un mayor peso porcentual a determinadas asignaturas lo deja muy claro. Hay discursos de poder. De asignaturas imprescindibles. De necesidades, más o menos impuestas con calzador, que obligan a esfuerzos titánicos por parte de alumnos y docentes para ponerse el vestido del emperador de turno. Nada, que al final, la casa sin barrer.

Fuente: http://serpadres.taconeras.net
Fuente: http://serpadres.taconeras.net

No se trata de saber mucho (estoy hablando de alumnos) aunque no es tan malo el saber como algunos lo pintan últimamente. Se trata de tener una competencia -no, no me meto en el tema indefinible de si son básicas, estandarizadas u otro vocablo sin sentido- en determinadas cuestiones. Un alumno debería leer, comprender lo que lee y adquirir una determinada cultura humanística. No me vale que los datos estén en Google o si lee en papel o digital. Lo que me preocupa es que los alumnos no entienden lo que leen. Bueno, ya no sólo es grave que no sepan entender lo que leen, lo grave es que, en muchas ocasiones, se basan en acciones demasiado repetitivas para proceder a esa comprensión. Comprender como se hace una suma no es sólo cuestión de hacer sumas, es cuestión de entender cómo se hacen y cuál es su sentido. Sumar por sumar aunque sea imprescindible, en ocasiones, hacer una tarea repetitiva puntualmente, un despropósito que sólo sirve para justificar que uno apruebe en un examen.

Reducir el currículum se hace imprescindible. Más aún en etapas de desarrollo inicial. No necesitamos que sepan o memoricen cantidades ingentes de datos. Nos vemos abocados a exigir que sepan leer, comprender y desarrollar un bagaje cultural determinado. Y si todo lo anterior lo aderezamos con muchas horas de actividades más manipulativas o enriquecedoras (música, dibujo, expresión corporal y un largo etcétera) creo que conseguiremos el objetivo básico que necesitan nuestros alumnos: ser unas personas válidas para la vida con espíritu crítico.

Fabular acerca de qué supondría la introducción de determinadas estrategias educativas es muy bonito pero, por favor, primero lo primero. Hay cosas que van antes que otras y, no es necesario ni tener muchos recursos ni desterrar de un plumazo todas las prácticas que se están dando en nuestros centros educativos. Me importa poco si un alumno acaba la etapa obligatoria de su aprendizaje sabiendo mucha programación o acumulando miles de datos. Me importa que sepa discernir lo que le dicen, tenga capacidad de cuestionarse las cosas, gusto por la lectura y sea cada vez más persona. Lo demás… intereses creados y mucho discurso interesante pero poco válido hasta que consigamos lo anterior.

Una aclaración final: tenemos tres años en Infantil, seis en Primaria y cuatro en Secundaria para conseguir el objetivo anterior. Así que no nos pongamos nerviosos si un alumno no empieza a leer a los tres años. Va, que un poco de sentido común en el asunto tampoco está mal y vamos muy bien de tiempo.

Los docentes, al igual que sucede con los padres, tienen muy claras las prioridades a la hora de seleccionar un centro educativo para trabajar. Bueno, más bien la prioridad única que, en la mayoría de casos, se refiere a la distancia a su domicilio. Sí, un docente no valora un centro educativo por la calidad de su proyecto. Un docente valora un centro educativo por los kilómetros (e, incluso para algunos ¿afortunados?, metros) que le separan del lugar donde duerme.

Fuente: http://www.fondosparapantalla.com
Fuente: http://www.fondosparapantalla.com

Cuando vienen los concursos de traslados, ese procedimiento por el cual los docentes realizan peticiones de centros, se eligen centros educativos por proximidad al domicilio. Hay incluso aplicaciones que permiten geolocalizarle a uno y le suministran, de forma muy rápida, los códigos de esos centros en función a la proximidad de su domicilio. Sí, los docentes, al igual que la mayoría de los trabajadores, prefieren trabajar al lado de casa incluso que en dicho centro no haya proyecto educativo, ni ganas de innovar, ni ningún tipo de plan de mejora, a hacerlo a unos kilómetros de ella. Es una realidad incómoda pero que, por diferentes cuestiones muy relacionadas con motivos personales y económicos, es la que se observa en la mayoría de las configuraciones de las plantillas de los centros educativos. Si no fuera por eso, ¿alguien se piensa que un docente de un centro concertado, más presionado por sus jefes que en la pública y más sometido a abusos en su trabajo, no se presentaría a unas oposiciones? ¿Alguien se cree realmente que un docente de la concertada quiere trabajar en la concertada? ¿O, realmente, es que se prioriza el estar al lado de casa? Porque, los primeros años (e, incluso en casos, alguno más) un docente de la pública debe desplazarse muchísimos kilómetros de su domicilio para poder trabajar.

Sí, a los docentes se las trae al pairo el proyecto educativo de su centro. La calidad del centro es lo de menos, lo importante es poder ir a comer a casa cada día. Sí, la configuración de plantillas se da por proximidad y, es por ello, que muchos centros educativos situados “en el quinto pino” tienen una rotación de docentes más elevada, menos capacidad de realizar proyectos y, como no, mucha más dificultad de planificar a medio -ya no digamos a largo- plazo.

La docencia no es más que un trabajo y, es por ello, que sus trabajadores buscan el máximo beneficio para ellos. Y ese beneficio consiste fundamentalmente en un trabajo de proximidad. Un beneficio que, por desgracia, es el único que existe porque, seamos sinceros… un docente con familia y obligaciones siempre va a tener muy claras sus prioridades. Algo que no implica jamás que se sea -o no- un buen profesional.

Me gustaría aclarar que, tanto en este artículo como en el anterior, puede haber quien se sienta excluído de la generalización del titular. Las excepciones siempre confirman la regla 🙂