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Hay una pregunta que siempre me planteo cuando los defensores de la concertada me hablan de lo necesaria que es su existencia por el bajo coste que supone para la administración la misma y los beneficios que, para los padres, supone incrementar la oferta educativa en determinadas zonas de un territorio. Más aún cuando defienden que la concertada no segrega y que, en ningún caso, se trata de un modelo de negocio y sí de un servicio gratuito que se da a las familias. Y entonces uno piensa… ¿de dónde salen los millones de euros que cuesta el edificio? ¿Cómo puede haber una organización tan filantrópica que, perdiendo dinero año tras año, pueda permitirse seguir aumentando el parque de centros educativos? ¿Por qué alguien es tan bueno que, en un negocio tan deficitario como es el educativo, pida préstamos a bajo coste o, incluso, se hipoteque hasta extremos insospechados para tirar adelante un centro educativo que va a ayudar a la sociedad a escolarizar a sus retoños?

Fuente: Fotolia
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La verdad es que no tengo ni idea de dónde sale el dinero. Si las parroquias se quejan de que cada año que pasan recaudan menos -por la cantidad cada vez menor de fieles que poseen-, los mandos de las organizaciones religiosas cuestionan que, debido a las posibilidades actuales de la declaración de la renta, cada año reciben menos y, por ello cada vez subvencionan menos a entidades sin ánimo de lucro que reparten comida o realizan cualquier otra labor social (léase Cáritas), ¿cómo puede ser que tengan millones para destinarlos a la construcción de centros educativos deficitarios? ¿Cómo puede ser que, en un negocio que, según ellos, sólo hay pérdidas, cada vez se entre con más fuerza por parte de estas organizaciones? Bueno, también podríamos hablar de determinados empresarios que están entrando en el negocio. Y que, curiosamente, además dan dinero a la administración (caso Púnica) para conseguir licitar la construcción de esos centros educativos que se van a concertar. Qué bondad. Destinar millones de euros a fondo perdido que no van a recuperar nunca. No olvidemos que un centro concertado, por ley, jamás puede obtener beneficios en la etapa concertada. Es por ello que, no podemos menos de alabar la decisión de algunos de meter su dinero altruistamente en infraestructura que va a albergar a unos retoños cuyos padres, contentos de tener esa oferta, van a hablar sólo bondades de esa tipología de centros. Unos centros que, además, son infinitamente más baratos que los públicos. Cuánta gente buena. Cuánto dinero destinado para mejorar la vida de los ciudadanos. Cuánto Bill Gates en nuestro país con decenas de millones disponibles para mejorar nuestro sistema educativo.

Reconozco que me gustaría saber realmente de dónde sale el dinero para construir un centro concertado. Saber cómo alguien (sea a nivel de persona jurídica u organización) es capaz de tener tantos billetes de quinientos para construir edificios, según ellos, en un ámbito como el educativo que sólo les hace perder dinero. La verdad es que me gustaría saberlo porque, en caso de que todo sea tan bonito como lo pintan y no haya ningún tipo de negocio tras los centros concertados tal y como defienden a capa y espada, deberíamos incorporar a sus constructores al callejero de esas ciudades a las que dotan de esos centros. En caso contrario, quizás alguien debería preocuparse en investigarlo. Porque, por desgracia, siempre que hay costes tan altos y empresarios u organizaciones que disponen de este dinero para repartir de forma tan desinteresada, hay algún lugar del que debe salir el mismo. Y eso es algo que, a día de hoy y no creyendo en los milagros, debería justificarse ante la ciudadanía porque, me da la sensación que hay algo que no acaba de estar del todo bien en el argumento buenista del artículo de hoy.