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Vuelve la rutina escolar. Despertadores que suenan en la habitación de los chavales, madrugones, ojos legañosos, servicio técnico de desayunos, mochilas, …. Llega la vuelta al cole para la gran mayoría de los alumnos en nuestro país. Alumnos que acuden de nuevo a esa fábrica de ilusiones reconvertida en factoría de diseño único. Alumnos que van a intentar ser tratados individualmente en un sistema cuya máxima es la homogeneización de los mismos.

Fuente: vía Twitter
Fuente: vía Twitter

La vuelta al cole tiene sus frases repetidas hasta la saciedad. Frases que van desde lo cortas que han sido las vacaciones hasta, en las primeras semanas de curso, la más habitual que se escucha en los centros educativos y que vierte parte del profesorado: “es que no se acuerdan de nada”.

Normal. Después de dos meses de desconexión absoluta (más allá de algunos que, por diferentes motivos, han optado por dar beneficio a las editoriales -cuadernillos de vacaciones- o a las academias de repaso para recuperar alguna asignatura) es imposible que nadie se acuerde del sinsentido educativo que supone gran parte del conocimiento (que no aprendizaje) vertido de forma masiva en sus cerebros. Que sí, que ellos también tienen necesidad de desconectar y, como no, de olvidar gran parte de eso tan inútil que se vomita en los exámenes. Que no, que no es ningún delito olvidarse de lo que jamás van a necesitar.

Fuente: Bill Watterson (Calvin y Hobbes)
Fuente: Bill Watterson (Calvin y Hobbes)

Cuando el sistema se basa en errores de concepto como es la memorización sin más, avalado por gran parte de docentes que no quieren perder su parte del chiringuito (léase horas de clase semanales que se imparte de su “imprescindible” asignatura), es que hay mucho a cambiar. Conviene cambiar configuraciones educativas y, como no, la mentalidad de gran parte de la sociedad que sigue considerando a los centros educativos como factorías destinadas a que los chavales asuman miles de datos inútiles. Datos que, más allá del perjuicio que supone su memorización como competencia directa a los aprendizajes básicos e imprescindibles, lo único que hacen es justificar la existencia de modelos de evaluación homogéneos para discriminar a quien no quiera pasar por el aro de un sistema educativo industrial.

Por cierto, para aquellos que sigan defendiendo conceptos de memorización y horas (o años) de estabulación de los chavales en centros educativos tan sólo les pediría que echaran un vistazo al siguiente gráfico y sacaran sus propias conclusiones.

Fuente: The Huffington Post
Fuente: The Huffington Post

Ojalá mis alumnos no se acuerden de ninguno de esos datos irrelevantes que les han ido embutiendo a lo largo de un montón de años de sedentarismo mental. Ojalá.