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No hay día en el que uno no se despierte en este país con algún titular, de esos que invitan a la controversia y a afilar las garras, publicado en algún medio de comunicación, acerca de cuestiones que “presumiblemente van a darse” en el ámbito educativo. No, ya no es sólo hablar sobre articulados legislativos y ponerse a interpretarlo según interés de la línea editorial. Ya se va incluso más lejos y se habla acerca de cómo va a influir un supuesto cambio legislativo en situaciones varias. Hoy, sin ir más lejos, se publica en un medio, un artículo titulado “Educación recula y ya no hará falta aprobar para conseguir el título de la ESO” donde, curiosamente, mencionan un borrador que conozco bien e infieren del mismo algunas cuestiones que, para aquellos que sepamos algo del tema, no pueden afirmarse tan rotundamente como lo hacen. Ni con tanta rotundidad, ni afirmarlo si lo analizamos un poco.

Fuente: Flickr CC

No, no es cierto que no vaya a hacer falta aprobar para conseguir el título de la ESO. Es que, al igual que sucede hasta ahora, en la evaluación final se puede por la Junta de Evaluación (los docentes que han dado clase a ese alumno concreto, con la participación de algún miembro del equipo directivo y la presencia del orientador -en caso de disponer de esa figura en el centro-) considerar de forma global la evaluación de dicho alumno y permitirle la obtención del título con alguna materia suspensa. Una materia que, por Junta, se le puede aprobar si lo consideran los profesionales. Sí, no es ningún proceso automático tal y como se plantea. Es, simplemente, considerar de forma más global el trabajo de ese alumno y permitirle o no que obtenga el graduado en ESO. Y de ahí a dar el título de la ESO con asignaturas suspendidas va un largo trecho aunque, como he dicho antes, queda muy bien para crear un ambiente de debate que hable de la necesidad de endurecer el sistema. No, no es lo mismo un alumno que tiene problemas con alguna asignatura concreta por determinados motivos que un “pasota” que se deja la asignatura porque le da la gana, ha generado problemas en el centro o, simplemente, no ha hecho nada y lleva el resto de asignaturas aprobadas con pinzas. El primero quizás puede ser habilitado para obtener el graduado pero, el segundo, jamás lo va a ser. Lo digo con conocimiento de causa y haber vivido muchas Juntas finales de cuarto de ESO. Algo creo que sabré de la situación y del temita 🙂

Lo grave es la intencionalidad del artículo, aderezado con algunas frases tipo “se han bajado los pantalones con la reválida” según alguna fuente educativa que no se menciona. Lo que añadido al titular ha provocado lo que se quería… un debate malsano en los comentarios, acusando al sistema educativo de blando y exigiendo, poco menos, que la fusta para aquellos alumnos que, lamentablemente, tienen algún problema determinado que les impide superar la ESO. No, lamento informar que los alumnos no son iguales y que, por suerte, no van a ser les comentarios de nadie ni los titulares interesados quienes van a hacer que un alumno titule o no. Lo van a hacer los profesionales que hay en los centros educativos porque, algo saben/sabemos del tema.

Bienvenidos, de nuevo, a otra de noticias interesadas sobre temas educativos. Y ya llevamos muchísimas sin contrastar o dando una versión muy sesgada de determinados aspectos que puede desmontar, fácilmente, cualquiera que esté en las aulas trabajando.

Me sorprende la gran cantidad de personas e, incluso profesionales de la educación, que creen en los milagros y se deshacen de halagos ante noticias como, la existencia de metodologías fantásticas, docentes salvadores o, incluso, colegios milagro. Y no, no son pocos. Cada vez son más los que se suman a la acrítica visión de titulares interesados, productos variopintos que interesa vender y encumbran, más o menos abiertamente, a determinados personajes como adalides de un nuevo misticismo educativo. Ojalá pudiera ser como ellos. Ojalá pudiera comprar milagros educativos sin preguntarme, ni tan sólo, si hay algo de verdad en ellos. Creo que, visto lo visto, lo que debería proponerse es una organización que confirmara o desmintiera esos milagros de forma razonada y razonable ya que, por lo que parece, apelar al sentido común cada vez está peor considerado.

Fuente: Flickr CC

Hoy comento la típica noticia que sale en los medios del típico colegio innovador que consigue milagros con sus alumnos. Y, ojo, en este caso da la sensación que los que defendemos la pública debamos congratularnos porque es un centro público de alta complejidad (aunque no lo dictamine así la Conselleria) con un 92% de alumnado extranjero. No, lo siento. A mí no me gusta que haya centros gueto que estén escolarizando masivamente a alumnos procedentes de familias socioeconómicamente deprimidas. Ni me gusta, ni creo que deba permitirse su existencia. Pero, ¿de verdad vamos a alabar la existencia de este tipo de centros? Pues va a ser que no por muy buen trabajo que se haga en los mismos.

Por cierto, en referencia al buen trabajo que están haciendo y a los datos que se nos suministran hay algunas cuestiones que me escaman. En primer lugar la comparativa que se hace de los resultados de los alumnos de ese centro con otros centros privados de supuesto prestigio. Bueno, habríamos de ver qué supone prestigio de un centro como no sea la pasta que tienen los padres que llevan a sus hijos ahí porque, ya de entrada, considerar prestigioso a un centro educativo por la tipología educativa del alumno que escolariza dice muy poco de ese tipo de valoraciones. Pero no nos vayamos por las ramas. En el artículo se afirma que ese centro educativo, el Joaquim Ruyra, situado en l’Hospitalet de Llobregat ha sacado mejores datos que otros centros en las pruebas de competencias básicas que gestiona y realiza la Generalitat en sexto de Primaria. Unas pruebas que no son públicas y que no permite difundir los valores de los centros, salvo para consumo propio del profesorado o simple comunicación individual a los padres de los alumnos. Algo chirría en el asunto. O se han pasado la ley de protección de datos por el forro o, simplemente, esa comparativa no existe. En el primer caso es delito y debería investigarse quién ha permitido que se filtrara los datos de determinados centros para la comparativa y, en segundo lugar es que simplemente son falsas esas informaciones. Yo, sabiendo lo cuidadosos que son en temas de protección de datos en Cataluña a nivel educativo (y, a veces, reconozco que en exceso, cosa que hace en ocasiones que te plantees si no estarán encubriendo algo) no creo que hayan permitido ese filtrado de datos.

Una vez hecho el primer supuesto vamos a detectar otra gran incoherencia del artículo: la dedicación del profesorado que está trabajando en el mismo porque creen en el proyecto que se está llevando a cabo. Ahí es fácil detectar la mentira porque sólo hemos de acudir a las adjudicaciones de destinos de la última década y observaremos que los funcionarios e interinos sólo buscan largarse del centro. Si tan maravilloso es, tanto funciona como un reloj suizo y hay un ambiente tan envidiable, ¿por qué la mayoría de sus docentes son interinos -repiten porque, en Cataluña, si no repites en el centro al tener potestad de selección el director te quedas posiblemente sin plaza para el curso siguiente- y la mayoría de sus funcionarios ha ido abandonando el centro mediante los últimos concursos de traslados? Algo que choca un poco con lo que se vende. Quizás es porque reciben mucha presión o, quién sabe si no es todo tan maravilloso como lo pintan.

Recomiendo también el análisis de la función de los voluntarios. La verdad es que es interesantísimo que los padres se impliquen en el funcionamiento del centro pero de ahí a usarlos como voluntarios gratuitamente para evitar la contratación de docentes va un largo trecho. Eso sí, reconozco que es bueno que la comunidad educativa participe y tenga entrada libre en el centro pero lo anterior jamás debería confundirse con el trabajo a coste cero que, lamentablente, es algo que nos llevan vendiendo demasiados.

No, no todo es tan claro en el colegio “milagro”. Me alegro, eso sí, que se difundan que hay cosas positivas en los centros públicos -al igual que en los concertados mediatizados más masivamente- pero, hay cosas que no me cuadran y ya veis que no entro en el modelo de Comunidades de Aprendizaje que usan porque, al final, algunos van a decir que me obceco en demonizar determinadas prácticas educativas, llevadas a juicio en más de una ocasión por ser consideradas sectarias, y no es el objetivo de este artículo.

Quizás conviene aplicar el principio de precaución cuando oigamos la palabra milagro relacionándolo con algo terrenal porque, seguramente, ni todo será tan claro ni tan calvo.

Ya veis que al final publico mis reflexiones acerca de los temas que me pedís pero, si a veces no lo hago, pensad que es por falta de tiempo y no por otra cosa.