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Hay personas a las que no se puede convencer de algo con independencia de las pruebas que les muestres. Además, siempre van a buscar algún argumento enrevesado para intentar difuminar los dato. Así, de esta forma tan torticera, podrán autojustificarse.

Fuente: Desconocida

Esto me lleva pasando en los últimos tiempos. Creo que estos últimos tiempos ya se alargan demasiado pero, sinceramente, creo que el intento de justificación de la segregación que se ejerce, por parte de la escuela concertada (privada subvencionada por todos), es algo digno de estudio. Le puedes dar los datos, incluso muchos de ellos dispuestos de manera que se entiendan perfectamente. Lo expones para que no queden dudas y, aún así, hay personas que son capaces de decirte “es que no has visto en la concertada que trabajo yo la cantidad de inmigrantes que hay”, “lo que comentas de otros países acerca del porcentaje de escuela privada que tienen es falso”, “hay públicas en las que hay muy pocos inmigrantes”, o … Da igual, ya les puedes decir que son datos globales, y que ese sesgo de centros con menos porcentaje de alumnado inmigrante también se da en públicos y concertados, por lo que los porcentajes globales se mantienen estables. También les puedes decir que, a nivel de los estudios que existen, con la segregación que se da en la concertada por nivel socioeconómico, los resultados son mucho peores que los de la pública aislando ese factor “de selección”. Algo que significa, aunque algunos no quieran oírlo e intenten justificarlo como quieran, que la pública hace mejor su trabajo que la concertada. Y que ahí los alumnos aprenden más. Pero les da igual. No les interesan los datos. Les interesa defender su ideología. Ah, por cierto, son capaces de manipular el argumento para decirte que eres un marxista, que no quieres que los padres elijan o ya, directamente, que eres un totalitarista. Coño, si solo les estoy dando datos. Que les gusten o no, no es mi problema.

Lo mismo para determinadas “modas” educativas. Ya puedes sacar estudios, realizados en múltiples países por organizaciones independientes, acerca del nulo efecto de la tecnología en el aprendizaje de los alumnos -llegando muchos informes a cuestionar, abiertamente, su expansión en el aula por los problemas que supone- y les da igual. Se creen antes un informe de Orange, Google, Telefónica o HP que el de investigadores de intachable reputación. Seguro que les encuentran una pega a esos investigadores. A ver si va a ser que alguno de ellos, por desgracia, tiene la mala suerte de ser gay. Es que, no es por hacer demagogia, pero después de ver las críticas recibidas a la mujer, lisiada en una silla de ruedas por disparos de su cuñado, por parte de los cachorros de VOX, llamándola vividora de subvenciones, invasora o, simplemente recomendándole que se fuera a Marruecos a defender a las mujeres porque ahí no se atrevía, ya uno entiende muchas cosas. Todos incapaces de negar la lesión pero derivando el tema a otras cuestiones interesadas. Es lo que tiene la sociedad de hoy en día… que hay muchos incapaces de aceptar la realidad.

Podría seguir con los estudios que desmontan las inteligencias múltiples o la existencia de inteligencia emocional. He enlazado decenas de estudios sobre ello y sobre la imposibilidad, a día de hoy, de extrapolar los estudios neurocientíficos a la educación. Aún así hay quien se cree más a un maestro, de nulos conocimientos en psicología, que tanto da una charla sobre flipped, como otra sobre ABP, para complementarlo con una de neuroeducación, que lo que puedan decir personas de currículum incuestionable. Pero, sinceramente, da lo mismo. Algunos prefieren creerse y justificar sus cuentos que enfrentarse con la realidad porque, por desgracia, a veces la realidad es muy diferente de la que a uno le gustaría.

Sinceramente, no entiendo que haya tantísima gente que tenga más fe en creencias indemostrables -y muchas de ellas erróneas- que en lo que dice la ciencia. No me cabe en la cabeza que alguien crea que con una planta, diluida hasta el infinito, se va a curar el cáncer, el ébola o la gripe común. Tampoco que pueda creerse -y ya pongo casos extremos- en que la Tierra es plana pero, aún así, hay gente que se lo cree.

Eso sí, siempre les queda la excusa a los que no quieren creerse ciertas cosas, de pedir cada vez más investigaciones (nunca tienen suficientes), derivar los datos objetivos a cuestiones que no tienen nada que ver con lo que se está planteando y convirtiendo, lamentablemente, todo el debate en algo estéril porque no se puede argumentar con personas que tienen claro, les digas lo que les digas, qué es lo que debe ser. Misión imposible.

Tan solo hace falta recordar, hace bien poco tiempo una sentencia que afectaba a personas que habían sido cargos de gobierno de un determinado partido político. Hubo gente que no dijo ni mu sobre el tema, recordando el típico “y tú más” de cuando faltan argumentos de otro choriceo de otro partido político diferente. Es lo que tienen la ideología monolítica… una falta de crítica y el negacionismo más absoluto.

Yo seguiré intentándolo. A veces, como ayer, también me tocará rectificar porque, al menos en mi caso, sí que puedo cambiar mi visión acerca de ciertas cosas habiendo datos que me demuestren lo contrario. Hay otros para los que es misión imposible. Y ahí poco se puede hacer.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Ayer algunos “amiguetes” con mala leche me enviaron por correo electrónico y mensajes directos en Twitter el siguiente artículo. Un artículo muy bien redactado de un compañero al que sigo desde hace tiempo porque aún, a día de hoy, sigo planteándome si realmente la metodología Flipped es ese milagro que defienden algunos. No, no lo digo en sentido crítico, lo digo desde la necesidad de encontrar el santo grial de la educación. Algo que hago diariamente al igual que la mayoría de mis compañeros pero, por desgracia, sigo sin encontrarlo tal y como les sucedió a muchos antaño embarcados en la misma búsqueda. Y, después de casi veinte años en esto, cada vez tengo más claro que no voy a encontrarlo ni, tan sólo oler la posibilidad que exista.

Fuente: https://giphy.com

Creo que en los últimos tiempos me he convertido en un docente del NO. Es habitual en mis artículos oponerme, con mayor o menos profusión de desacatos a determinadas prácticas educativas, a la mediatización de determinados personajes e, incluso, a plantearme si realmente vivo en una realidad paralela al no parecerse mi aula ni, ser mi espíritu de trabajo acorde con las posibilidades infinitas que les ofrecen a algunos sus tiempos vitales. La verdad es que tengo muchas ideas sobre educación, la mayor parte equivocadas y que, al final, se quedan en simples ideas vertidas en alguno de esos artículos que pasan sin pena ni gloria por el blog (sí, al personal le va más la carnaza) que no van más allá por mi vagancia habitual. Me preocupa. Me preocupa que, tal y como se dice en el artículo, sea uno de esos 95% de docentes inútiles que pueblan nuestras aulas. Una barbaridad de profesionales, oigan. Y, lo más curioso es que, después el crítico soy yo y decir abiertamente que 570000 de los 600000 docentes que hay en las aulas son pasivo-agresivos y viven en la época del pedernal, se aplaude por los mismos que dicen que en mi blog se critica en demasía.

…ya que dudo mucho que de los más de 600000 docentes que hay en España más de un 5 % usen metodologías activas u otros modelos, enfoques o herramientas diferentes.

Vamos a ver como nos identifican los docentes del Flipped a los que nos cuestionamos el asunto. Ya, seguro que no debería sentirme identificado pero, a la vista que algunos han creído que el artículo me venía … sí, sois unos cabroncetes… como anillo al dedo, mejor pararse a asimilarlo y filtrarlo a todos los poros de tu piel.

El primer punto es interesante. Un docente negacionista es aquel que critica todo lo que hacen los demás. Supongo que criticar al 95% del profesorado que está en las aulas expresando una duda, supuestamente basada en percepciones, también dota del carácter negacionista a alguien. O quizás no. Quizás la pirámide educativa permita obtener esa visión sistémica del asunto desde atalayas divinas. Más aún cuando se muestra todo lo que se hace, los cientos de vídeos que se realizan al cabo del año (lo siento, mi religión me prohíbe dedicar, en el caso de un centenar de vídeos aproximados a media hora de edición de los mismos si quiero una mínima calidad, 3000 horas anuales a su confección) y, se plantea la existencia de enemigos para crear una secta de esclavistas conformistas. Ya, seguro que ser esclavo si a uno le dan pan y circo (sustitúyase Youtube e inversión del aula) es incluso agradable. Seguro que sí.

Critican todo lo que hacen los demás, sin embargo cuando intentamos descubrir en lo que si creen, cuando buscamos su práctica educativa su presencia en la red desaparece. Son docentes que ejercen su influencia en la red, y sin embargo su día a día en el aula es una incógnita.

La mayoría de mis compañeros no tienen presencia en red y sé de buena tinta que se lo curran en sus aulas. Quizás su día a día sea una incógnita para terceros pero no para sus alumnos. Tener o no presencia en las redes, decir las cosas maravillosas que haces o, incluso, dedicarse a convertir la web del centro en una plataforma de merchandising quizás no es el objetivo de muchos. Ser docente, salvo a aquellos que nos gusta dar transparencia a nuestra profesión, se fragua dentro del aula. Y que conste que yo siempre he defendido la transparencia de las prácticas, el abrir puertas y que la sociedad pueda ver qué estamos haciendo pero entiendo a aquellos que, por determinados motivos (y no siempre es para esconderse como se plantea en muchas ocasiones en determinados foros de “innovadores”) no ven la difusión de lo que hacen como un objetivo básico de su trabajo. Lo entiendo y lo respeto.

Después toca entrar en la evidencia científica. Algo realmente curioso porque da la sensación que, a veces, la única evidencia científica es la que demuestra que algo funciona -o no lo hace- en función de nuestras necesidades de afirmación. Una evidencia científica no tiene nada que ver con una práctica pedagógica realizada en un contexto puntual en un parámetro temporal determinado. Es mucho más que eso y, siendo sinceros, no todos los docentes están/estamos preparados o tenemos tiempo para realizar una investigación en condiciones. Ya, otra excusa. La falta de tiempo. Pero es que los que tenemos familia e, incluso aquellos que no quieren vivir para su trabajo, necesitamos ese tiempo para otras cosas. Eso sí, si a uno le gusta la educación y la considera su hobby, nada que opinar o criticar acerca del tiempo que dedique a la misma. Cada uno gestiona el tiempo libre como le da la gana.

Se quejan o critican los nuevos modelos, teorías, enfoques, y afirman que no tienen evidencias científicas.

Un detallito sin importancia… que haya modelos metodológicos que estén funcionando en contextos muy concretos, no significa que lo hagan siempre ni, por desgracia para aquellos que nos gustaría que algo fuera de uso habitual y garantista de éxito, exista. Las teorías de Montessori, Freinet u otros modelos basados en pedagogías libertarias, Rousseau o, aquellos basados en la aplicación de reglas militares (muy en boga en EE.UU.) a las aulas, tampoco tienen visos de ser soluciones globales. Eso sí, siempre es bueno conocer qué hacer o qué han hecho otros para poder quedarse con lo que funciona. Y lo que funciona no es quedarse con el pack completo porque, los packs, siempre llevan aquella gominola que no te gusta o los aritos de cebolla del combo de alguna de esas multinacionales de la hamburguesa, que tienes que dejarte porque sabes que te van a sentar mal.

En otros casos se preocupan por buscar en Google un artículo científico. Mas que suficiente  para desmontar cualquier  modelo o teoría. Es decir, a los docentes que intentan cambiar su práctica educativa les requieren evidencias, sin embargo a ellos con su opinión y algún artículo científico,  les basta para sentenciar la inutilidad de esa práctica educativa.

Estoy seguro que todos los docentes buscamos con ansia en Google bajo “criticism (…)” para encontrar aquello con lo que poder rebatir las metodologías que no nos gustan ya que, al final, da la sensación que haya gente que se pase el día buscando como trolear a la teoría de turno para joder al alumnado cuando, al final, la realidad es que el problema pueda ser que hay personas incapaces de ser críticos con lo que creen. La religión usa los mismos parámetros… uno no cree por falta de pruebas en contra, es que no tiene ninguna prueba a favor y sigue haciéndolo. Y quien habla de religión habla de homeopatía. No hay estudios científicos que avalen o no muchas cosas. La investigación educativa carece, en ocasiones, de estudios científicos serios por muchos motivos y, los que hay son capaces de, con los mismos datos, decir una cosa y su contraria. Lo malo es quedarse, como he dicho antes, con la visión que queremos que tengan. Algo que perjudica, y mucho, al sentido crítico y a la capacidad profesional porque, nuestro trabajo no es sólo enseñar nuestra materia -algo que debemos saber hacer y tener recursos para ello-, es cuestionar y que nuestros alumnos se cuestionen muchas cosas. Y si nos creemos a pies juntillas que algo funciona, si no lo hace debamos buscar alternativas para seguir usando la misma metodología (porque a estas alturas de la película para qué vamos a cambiar si hemos descubierto la religión) o, simplemente obviemos los problemas que se presentan, es hacer mal nuestro trabajo. Nuestro trabajo no es usar una metodología, es intentar que nuestros alumnos aprendan, usando las herramientas y estrategias adecuadas a cada contexto.

En cuanto al tema de los expertos de salón… algunos no nos quejamos de que existan expertos en educación. Existen y están, en más ocasiones de las que nos pensamos, en las aulas sin obviar que también, en educación al igual que en otros campos, también deben haber investigadores que recojan datos, los analicen y encuentren cosas para ayudar a los que estamos en las trincheras (ya sé que gusta poco el símil militarista pero, hoy en día con tanto mal uso de lo políticamente correcto me lo voy a permitir). Otra cosa es pensar que aquel que nos cuenta anécdotas de aquel año que estuvo dando clase, escribe recetas mágicas en varios libros o, simplemente, dice frases enlatadas, sean expertos.

Se quejan de la existencia de expertos educativos, y es probable que existan demasiados. Sin embargo, eso no resta que sea necesaria su existencia. Conforman el cuerpo científico y académico, que aporta seriedad y evidencias sobre lo que funciona o no en el aula.

¿Es necesario que existan expertos? Pues va a ser que, para aquellos que defendemos la horizontalidad, el intercambio al mismo nivel y, la conformación de la docencia como algo que se realiza de tú a tú, no lo tenemos nada claro. A propósito, ¿qué es aportar seriedad y evidencias? ¿Decir qué ha funcionado en un momento determinado, con un grupo de alumnos y que ha permitido que viva el resto de mi vida de ello? ¿Currárselo mucho, publicar a tope en el blog determinadas prácticas y cuestionar a todos aquellos que no hagan como yo? ¿Ser de la cuerda? La verdad es que el tema de los expertos ya resulta algo más que desagradable a estas alturas del vodevil educativo.

Los encuentros horizontales no les suelen gustar. Lugares en los que no hay escenarios, ni cámaras, y donde se puede hablar de tu a tu con cualquiera. Esos lugares en los que la formación no necesita de certificaciones, y que se suele realizar durante los fines de semana y con cargo al bolsillo personal.

Algunos no vamos a encuentros horizontales porque, como he dicho antes, consideramos nuestra profesión y nuestra faceta personal como algo que no se mezcla. El tiempo para la familia es sagrado y, aquello de pagar para ir a tomar cañas con el grupete de amiguetes que va a asentir a rabiar nuestras diatribas no nos va. Quizás es que, a veces, lo de salir de juerga lo dejamos para los amigos y eso no obsta a que se tengan amigos que se hemos conocido en las redes pero, ¿qué mejor que tomar un café u horchata con ellos que ir a un evento, siempre los mismos, juntándonos con los que piensan como nosotros y criticando a aquellos que, por determinados motivos, no van? Que no es mejor ir que no ir. Que no es mejor docente uno que va a esos encuentros que uno que no va. A ver cuándo nos entra en la mollera que no por tener más mediatización, dar más ponencias o asistir a más encuentros (o quedadas, en formato guay) uno no es mejor profesional. Curioso también lo contradictorio de lo anterior con la cantidad de selfis que se realizan en dichos eventos, la profusión de frases en Twitter y, por qué no decirlo, las típicas fotos de la mesa en comunión divina del personal. Si yo admito que se lo pase bien el personal pero que no se venga a manipular el asunto ni a encumbrar a quien toma un tipo de decisiones o no. Y ya lo de pagarse del bolsillo el asunto y considerarlo como mérito… sin comentarios.

Y ya no entro en el tema emociones porque creo que no hay ningún docente carente de ellas (en buen o mal sentido) ni, mucho menos nadie que se despreocupe si ve ciertas cosas en su aula. No, hay muy buenos profesionales en las aulas que, al final, hacen lo que pueden con lo que tienen. Que hay de malos. Claro que sí pero, ser buenos o malos no depende de ser negacionistas, positivistas o, yendo más allá, un o una happy flower de la educación (o un/una flower happy en el aula invertida).

Me gusta leer este tipo de artículos. Creo que es bueno expresar críticas pero, por favor, que nadie me venga después a decirme que yo critico al personal cuando hay gente que, sin ningún sonrojo, trata a todos los que no piensan o hacen como ellos como malos profesionales. Y eso es lo que hacen, curiosamente, los que más me critican por decir ciertas cosas.

Hoy me he marcado un gif animado (que es lo más interesante del post)… a que mola 🙂