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Reconozco que tener insomnio es un hándicap para mi, cada vez más maltrecha, neurona. Por suerte creo que, a día de hoy, aún hay ciertas noticias que, por su formato y encapsulado, hacen que aún tenga esa alerta que se me dispara en color fosfi que activa todas las señales de peligro. En este caso por culpa de una empresa de capital de riesgo (fuente), Learnlife, que ha creado el modelo educativo “sin exámenes, sin títulos y dejando en manos de alumnos qué y cuándo quieren aprender” (noticia).

Fuente: https://mundopan.es

La verdad es que es un modelo de toma pan y moja. Ideal para veganos y, amantes de las curas con hierbas naturales y rezos, para cánceres y similares. Sí, este modelo tiene mercado. Más aún en un contexto en el que, por lo visto, se ha fracasado en la educación porque ha permitido que estos personajes sean capaces de forrarse vendiendo crecepelos. Da igual lo que se venda en educación. Lo importante es que tenga el nombre más inverosímil o, simplemente, se jacten los defensores de ciertas cosas en soltar los típicos mantras acerca de la creatividad, la vocación, las metodologías activas o se inventen que, al final, es mejor modelo el que tienen en un país en vías de desarrollo donde los niños van a la dula, que en sistemas con educación a base de edificios (con muchas necesidades estructurales) y profesionales del ramo.

Los docentes no molan. Lo que mola es meter a operadores financieros, tipos cuyo único contacto con la educación es darse garbeos por el mundo a gastos pagados, community managers, chefs, community hosts (a saber qué es) o community wizards (esto ya es el top de lo molón). Sí, estos son los perfiles que se hallan tras el invento (fuente). Un perfil, como todos los de este tipo de “iniciativas”, complementado por auténticos estrategas del marketing. Incluso han fichado al responsable de una tienda de venta de segunda mano de coches por internet. Es que, como todos sabemos, lo mejor para vender algo relacionado con la educación es que se fragüe en un laboratorio donde se considera al alumno como cliente y se pueda sacar pasta.

Lo de vender cosas que molan en educación ya está llegando a unos extremos delirantes. La complejidad del tema es que tanto han machacado algunos con la necesidad de cambiar la educación que, al final, por lo que algunos han optado, con la campaña mediática que les han hecho determinados medios de comunicación y difundida por algunos (docentes entre ellos) cuya falta de pensamiento crítico empieza a ser preocupante, es por creer en estas cosas.

Todo el mundo tiene derecho a creer en modelos educativos de toma pan y moja. El problema es cuando tras los mismos no hay pan ni moje. Solo hay un chiringuito, montado por algunos que ahora están viendo el gran pastel educativo que, en el momento en el que haya otro tipo de negocio, van a reinventarse sin ningún problema.

De verdad que no entiendo que pueda haber personas que crean en este tipo de cosas. No lo entiendo. Bueno, tampoco entiendo a los que creen en pseudoterapias, en que uno va a ir o no a “su” cielo en función de si come cerdo o carne en determinadas fechas, en que la tierra es plana o, simplemente, en la existencia de una base militar en la que están adiestrando a miles de alienígenas para que tomen el control de las instituciones. Bueno, vistas las negociaciones para la formación de gobiernos y ayuntamientos, algún alienígena debe habérseles ha escapado 😉

Sed buenos, suerte en las opos los que vais y los que ejercéis como tribunales, esforzaos los alumnos que tenéis los últimos exámenes (o las recuperaciones, tan mal gestionadas a nivel de calendarios, en quince días) y pensad que, en nada, muchos vais a poder disfrutar de los once meses de vacaciones que tenéis. En nada están ahí.

A algunos que venden determinadas cosas, la educación les importa una mierda. Su objetivo basico es otro.

A los tres años de poner en marcha su proyecto, Horizonte 2020, los Jesuitas han publicado en abierto la evaluación al proyecto. Un proyecto de innovación que se sustentaba en dos grandes ejes: el agrupamiento masivo de alumnos en espacios amplios mediante docencia compartida y el trabajo por proyectos. Un proyecto cuyo coste, inasumible para un centro público, ha supuesto cientos de miles de euros (curioso al tratarse de un centro concertado que, supuestamente, no puede obtener beneficios al ser financiado por el Estado o la Comunidad Autónoma que tiene las transferencias sobre esa gestión económica) y que, por qué no decirlo, jornadas maratonianas para los docentes que dan clase en esos centros educativos. Sí, hablando con alguno de ellos me han comentado jornadas superiores a las cincuenta horas semanales que, curiosamente, no son en ningún momento consideradas horas extra por la organización que gestiona estos centros. Eso sí, obligación a estar silenciando dicha casuística bajo amenaza nada velada de rescisión de contrato. Sí, por lo visto la existencia de centros concertados también es perjudicial para los propios docentes de esos centros.

Fuente: http://h2020.fje.edu

Pero no voy a hablar de cuestiones banales -o no tanto- como las anteriores porque, de lo que interesa hablar es del proceso de evaluación que han autocoordinado los propios Jesuitas con la participación de actores muy relacionados con la orden religiosa y, cómo no, de los resultados obtenidos que han publicado en abierto en su web (enlace). Son 90 páginas en las que desglosan el motivo de haber impulsado ese cambio en sus centros, establecen la hipótesis de partida, hablan de evidencias científicas medibles y de otras que, por desgracia, dependen de factores externos. La verdad es que a priori parece que sea una investigación en toda regla, bien realizada y sin ningún tipo de sesgo que haga parciales sus resultados. Lástima que al ir leyendo el documento, lo que debería ser una investigación educativa se convierta en una serie de mediciones falsas sobre rúbricas que, al final, tan sólo consisten en una simple realización de encuestas al alumnado y al profesorado. Más aún cuando los datos se ocultan bajo la simple muestra de unos resultados que dicen muy poco, se basan en premisas falsas y pretenden darse por válidos cuando no lo son. Y eso para quien sepa un poco de investigación -no hace falta que sea educativa- se ve muy claro.

El objetivo de la evaluación es medir lo que los Jesuitas denominan las cinco Cs (consciencia, competencia, compromiso, compasión y creatividad). Cinco parámetros asociados al modelo de persona que pretenden obtener dentro del proyecto. La verdad es que apriorísticamente ya podríamos cuestionarnos la posible medición de lo anterior porque no hay a día de hoy nadie que pueda medir la consciencia, la compasión, el compromiso o la creatividad. El tema de la competencia podríamos discutirlo ya que todo dependería de qué consideramos ser competente y hacia qué ramas del conocimiento.

Pero, por lo visto, algunos han encontrado lo que hace tiempo que buscan los investigadores: la posibilidad de medir intangibles o estados de ánimo (físicos o místicos). Más aún parece que lo hagan fácil porque sus ítems para medir lo anterior son los que se presentan a continuación…

Persona consciente

  • Un alumno que aprende a conocerse
  • Un alumno que cree que las competencias pueden aprenderse
  • Un alumno que cree que marcarse objetivos ayuda a dirigir su proyecto vital

Ya vemos que la consciencia, salvo por creencias personales, es muy difícil mesurar aunque, por lo visto ellos lo consiguen.

Persona competente
  • Un alumno que sabe solucionar problemas de la vida real
  • Un alumno que recorre a diferentes fuentes de información
  • Un alumno que sabe contextualizar y ordenar su aprendizaje

Persona comprometida

  • Un alumno que trabaja con y para los otros
  • Un alumno que conoce estrategias para relacionarse positivamente con los otros
  • Un alumno que pone sus talentos al servicio de otros

Persona compasiva

  • Un alumno que se interesa por el otro y por el entorno
  • Un alumno sensible con el mundo que le envuelve
  • Un alumno que se conmueve frente al dolor y las necesidades de su contexto más cercano

La verdad es que medir la compasión se las trae. Supongo que la prueba empírica es la donación, por parte de los padres, de cantidades superiores en las cuotas que de forma altruista reciben esos centros educativos, la cantidad de eventos religiosos (léase misas) a los que se asista o la colaboración con bancos de alimentos al salir de clase. Eso sí, lo de permitir que haya más de un 2% de alumnado inmigrante o de familias socioeconómicamente desfavorecidas (son datos suministrados por una docente que trabaja en uno de esos centros) en el pupitre de al lado no debe ser compasivo.

Persona creativa

  • Un alumno que utiliza el pensamiento divergente
  • Un alumno que aporta al grupo ideas para avanzar
  • Un alumno que toma riesgos saliendo de su zona de confort

Veo que, lamentablemente, no son muy conocedores de las últimas técnicas para medir la creatividad ni de lo que consiste ser creativo. Para ello sólo hace falta ir a una Facultad de Psicología y hablar con uno de los grandes profesionales que hay ahí que les dirán que por ahora no hay tests exactos y sólo inferencias. Eso sí, lo del pensamiento divergente se las trae porque es algo que se ha vendido mediáticamente muy bien desde la aparición de Ken Robinson y es una simple necesidad de buscar salidas a un problema concreto más que una configuración de alta creatividad. Eso sí, si uno se queda en la Wikipedia o en los gurús, no va a ahondar en el concepto pero seguro que va a venderlo mejor. Y el tema de la zona de confort prefiero no tocarlo porque, no es cuestión de tomar riesgos, es cuestión de incrementar esa zona de confort de forma segura y tomando, en esas etapas iniciales para el niño o preadolescente, las medidas adecuadas para ir avanzando en un contexto en el que cada vez conviene estar más cómodo.

Seguro que me diréis a estas alturas que soy un exagerado. Que tengo ideas preconcebidas y por ello no sé ver la evaluación que han realizado en su justa medida. Pues bueno, para aquellos que sepáis un poco de educación, tan sólo voy a poneros el ejemplo que publican en su cuaderno de evaluación de una actividad concreta y qué miden con cada una de las cosas que se hacen a lo largo de la misma.

Se aplica la hipótesis de partida que “si dejamos libertad para escoger las lecturas, leerán más y les gustará más. Como los niveles de lectura son diferentes, hemos de crear itinerarios. Si comentan lo que leen, querrán leer más”. Una hipótesis realmente curiosa pero que no me voy a dedicar a cuestionar. Sí que voy a hacerlo con los resultados que pretenden inferir de la misma.

Se escogen dos libros obligatorios y seis lecturas libres que permiten inferir que al alumno le gusta leer. ¿En serio? ¿Me están diciendo que leer obligatoriamente ocho libros permite inferir que a alguien le gusta la lectura y que además ese supuesto gusto hace que el alumno sea una persona más consciente? Y ya si lo mezclamos con la realización de un cuaderno de lectura, considerando la realización del mismo como el gusto del alumno por dar opinión sobre la misma infiriendo el compromiso del mismo, ya es de traca. La verdad es que es todo muy poco serio. Demasiado.

La verdad es que resulta sorprendente la evaluación que han autocoordinado los Jesuitas y que demuestra lo bien que les ha ido el nuevo modelo -curiosamente en período de preinscripciones-. Modelo que choca con los resultados académicos que, aunque digan que no han mejorado, la realidad de las pruebas que hace la administración educativa catalana dice que han bajado un poco. Algo que no es muy relevante porque, no olvidemos que con alumnos filtrados previamente, con recursos familiares que permiten complementar aprendizajes y pagar extraescolares, no debería haber ningún problema en los aprendizajes salvo que se hiciera alguna aberración educativa. Y, al final, en etapas iniciales del aprendizaje lo importante no es lo cuantitativo y sí lo cualitativo. Es por ello que, a pesar de lo que nos intenten vender, un modelo que no mejora en nada y su evaluación está basada en falacias o en una investigación muy poco seria, no tiene mucho sentido porque, a veces, no son necesarias tantas alforjas para tan corto viaje.

Un detalle final… muchos padres estaban preocupados con el modelo de los Jesuitas y sé de casos en los que algunos amenazaron de llevar a sus hijos a otros centros. Desde la dirección de alguno de esos centros se dijo que no se preocuparan porque, en realidad, lo único que hacían era lo mismo de siempre en espacios diferentes 🙂

No, no es una crítica al modelo. Es una crítica a la mediatización de modelos "innovadores", evaluaciones muy subjetivas y, cómo no, plastificaciones de aprendizajes.

El modelo finlandés es el que nos están vendiendo como modelo a imitar para resolver todos los problemas que presentan los sistemas educativos de medio mundo. Bueno, el otro medio tiene problemas de subsistencia primaria mucho más prioritarios que, por desgracia, dedicarse a jugar a hacer exámenes a coste elevadísimo que va a certificar una organización empresarial. Ahí entran otros intereses en juego que todos conocemos. Así que hablemos de lo que toca: del modelo finlandés y la necesidad de implantarlo en cualquier país.

Fuente: http://indieemergente.blogspot.com.es
Fuente: http://indieemergente.blogspot.com.es

Tenemos modelos educativos que tienen sus rasgos característicos: desde los EEUU donde, incluso las familias deciden comprarse una casa en función del centro educativo que les tocaría para sus hijos, la India y Pakistán donde, a pesar de ser enemigos acérrimos, hay unas pruebas finales marcadas por el mismo corte que hacen que uno sea un fracaso o su vida se vea maravillosamente coloreada por poder acceder a determinados estudios haciendo que padres sean detenidos por intentar chivarse, hasta llegar a nuestro modelo educativo donde el fracaso escolar roza el 30% y que, curiosamente, en casi su totalidad se asocia a cuestiones sociofamiliares. Sí, uno tiene modelos a imitar hasta la extenuación e, incluso, argumentos varios para considerar qué debería hacerse para obtener un sistema educativo fetén para sus hijos o para los alumnos, en caso que seas docente.

La verdad es que nos pintan tan bien el modelo finlandés que, más allá de la salivación permanente, queda poco por decir. Bueno, quedan algunos detalles que se escapan de la mediatización del mismo. Entre ellos la renuncia a tener ningún finlandés como destacable en ninguna profesión. No, no conozco ingenieros finlandeses, ni médicos finlandeses que hayan desarrollado una vacuna contra una enfermedad hasta entonces incurable ni, mucho menos, ningún cocinero, novelista, poeta, pintor o cualquier otro empleo creativo que les avale. Ya, ya sé que son muy pocos pero, sinceramente, un modelo que lo que ha hecho es jugar con el nivel socioeconómico del país para anclarse en la media es, como mínimo, cuestionable. Sí, que todos los finlandeses viven, trabajan, ganan un buen dinero y tienen la nieve garantizada pero, seamos sinceros… ¿qué aportan a su país más que perpetuar lo que ya existe? No me vale sacar el tema de Nokia que, curiosamente, se fue al garete precisamente por la falta de innovación que tenía la empresa.

Yo prefiero un modelo con extremos, intentando que nadie se quede en el camino y que, permita generación tras generación, ir incorporando más personas en los márgenes superiores de la sociedad. No me vale, como está sucediendo últimamente, dejar de lado a las personas que, al igual que la mayoría de la sociedad, son considerados como “normales” y destinar sólo recursos a los “extremos”. Tenemos que conseguir eliminar la brecha. Que los hijos de familias con problemas consigan romper la brecha social en la que se encuentran y sus hijos, una vez rota dicha brecha, puedan llegar al extremo superior de la sociedad. Y eso, lamentablemente, no lo hace la escuela finlandesa. Una escuela sosa, sin incentivos más allá de normalizar la sociedad y que, por desgracia, obvia hasta el infinito la necesidad de mejorar la sociedad en su conjunto.

Una sociedad cuyo único objetivo es mantenerse tiene un gran problema. Aprovechemos las potencialidades de la nuestra para intentar, en unas generaciones conseguir cada vez menos gente “normal” y mucha más de “extraordinaria”. Ahí está la clave de un buen sistema educativo: no dejar nadie atrás y, a su vez, conseguir que cada vez se vaya hacia una sociedad más culta, inteligente y crítica. Y no, lo anterior no se hace sólo actuando sobre el sistema educativo de forma aislada.

Perdonad la incoherencia del artículo y la imagen que he usado para ilustrar el post (sí, yo tampoco le veo la relación) pero, con fiebre y una nariz de flujo incontrolable, es lo máximo a lo que he podido aspirar hoy.

Estar a caballo de dos modelos educativos hace posible que me permita, desde una situación privilegiada, comentar las grandes diferencias entre dos modelos educativos que, últimamente, están siendo totalmente opuestos en cuanto a la toma de decisiones por parte de la administración educativa e, incluso, presentan sesgos ideológicos muy marcados. Sí, por desgracia, la educación depende de cuestiones ideológicas o políticas. Algo que, a veces, obliga a hacer malabarismos entre lo que se quiere obtener a nivel de rédito electoral con los intereses más profundos que tienen algunos de los políticos que gestionan ese ámbito.

Fuente: http://www.kidup.mx/
Fuente: http://www.kidup.mx/

Pues bien, las diferencias entre los modelos -y no, no voy a detenerme en volver a comentar que, por desgracia, yo creo poco en modelos educativos territoriales y más en contextuales- son claramente visibles en algunas de las cuestiones más controvertidas. Especialmente en aquellas que se refieren a la gestión del personal, a las ratios, al cierre o ampliación de líneas educativas, al trato hacia modelos privados y, cómo no, a las particularidades personales del Consejero de turno.

En primer lugar me gustaría hablar del perfil de los dos Consejeros de Educación. Ahí ya entra la primera diferencia fundamental. Tenemos en Cataluña a una Consejera, Meritxell Ruiz, economista y, según ella “docente de vocación”. Cinco años de experiencia laboral en La Caixa como asesora de servicios financieros antes de dedicarse en cuerpo y alma a la política. Un perfil completamente opuesto al del Consejero valenciano, Vicent Marzà, maestro de profesión que ha ejercido, antes de dedicarse a la política como Conseller, como maestro en la pública.

Una vez tenemos delimitada la formación y la tipología de los Consejeros, ya podemos intuir que las diferencias van a ser importantes. No es lo mismo gestionar desde una mentalidad economicista un ámbito tan complejo como el educativo que hacerlo desde la experiencia de conocer qué se cuece en las aulas. Eso sí, siempre he dicho que no es tan importante saber del tema cuando uno entra a gestionar la educación que saber rodearse de buenos profesionales.

Vamos a hablar de articulados legislativos. En Cataluña existe una ley educativa propia, la LEC, que se aplica en los centros y que, es para que nos entendamos, una versión dura de la LOMCE. Sí, una ley que permite, dentro de sus posibilidades, la gestión directa del personal por parte de los directores de los centros educativos (en Cataluña el 25% de los docentes son elegidos “a dedo” por parte de los directores sin tener en cuenta ningún criterio objetivo más allá de conocimiento del profesorado por parte del director, recomendaciones de terceros e, incluso últimamente, convocando concursos sin demasiada legalidad, para que se cubran determinadas plazas en los centros al margen del sistema de provisión meritocrático -que podemos discutir- que garantiza la igualdad de condiciones y la transparencia) y, cómo no, con la evaluación de los centros educativos en cuatro niveles en función de los resultados que obtengan en unas pruebas externas que se realizan en los centros. Clasificación que, por cierto, va a influir en el salario de los docentes de esos centros y en las posibilidades de que puedan concursar a otros. En la Comunidad Valenciana se aplica la LOMCE con algunas pequeñas matizaciones a nivel de horarios en Bachillerato.

Otra cuestión nada banal es el aumento de profesorado en expectativa e interinos en Cataluña. Sí, hace muchos años que no se convocan oposiciones mientras que, en la Comunidad Valenciana, este curso se van a poner sobre la mesa 1000 plazas de oposición y en el concurso de traslados se ha recolocado prácticamente al cien por cien de los profesores en expectativa. No olvidemos tampoco que en Cataluña aún no se han recuperado las pagas extraordinarias perdidas (sí, fue de los lugares donde se alargó más ese recorte) mientras que, en la Comunidad Valenciana, la recuperación está a punto de llegar.

Más cuestiones. Y esta vez referidas al procedimiento de sustitución del profesorado que está de baja. En Cataluña se cubren las sustituciones aproximadamente a los quince días al igual que sucedía en la Comunidad Valenciana. Últimamente, y no me atrevo a generalizar, parece que tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana se están adelantando las mismas. Al menos, en algunos casos concretos que conozco, se están sustituyendo a partir de la semana.

En la Comunidad Valenciana se reducirán las ratios (número de alumnos por aula) a los valores de antes de la crisis de forma progresiva mientras que, en Cataluña, aún no se ha hablado del tema.

Otro dato… La Conselleria de Educación valenciana aumentará en 414 aulas más en los centros públicos mientras que en Cataluña se reducirán en 67 las aulas de P3 (de esas sólo 4 en la concertada). Algo muy relacionado con lo anterior es la diferencia entre la prohibición en la Comunidad Valenciana que los centros concertados cobren cuotas “ilegales” a los padres mediante un control de sus cuentas y la subvención de 30 millones de euros que el curso que viene se destinarán a los colegios del Opus en Cataluña.

Finalmente sólo matizar que, por desgracia, ni la Conselleria catalana ni valenciana, se están poniendo las pilas en cuanto a lo que sucede a nivel metodológico en los centros educativos. Algo que, por mucho que se realicen inversiones, se aumente en infraestructuras (en Cataluña y la Comunidad Valenciana se van a construir nuevos centros públicos) y se gestione mejor al personal o se reduzcan las ratios, sigue siendo el aspecto más abandonado de las decisiones que se están tomando. Eso sí, a nivel de gestión de los recursos públicos y apuesta decidida por la educación pública, la Conselleria valenciana está ganando a la catalana por goleada. Y eso, para mí como catalán afincado en la Comunitat, es una lástima porque creo que Cataluña está perdiendo en los últimos tiempos todo aquello que le hacía ser la envidia de los otros territorios.

Eso sí, lo mejor de ambas Consellerias son sus excelentes profesionales. Unos profesionales que, en ambos lugares, se dejan la piel en sus aulas.

Actualización

Me gustaría matizar que hay algunas cuestiones que no aparecen en el redactado que quizás, sería bueno que aparecieran para hacer la comparativa “según algunos” más justa. Sí, es de justicia comentar que los tutores en la Comunidad Valenciana no cobran y que las diferencias de gestión (a nivel de servicios web y atención personal) en la Conselleria valenciana dejan mucho que desear (a pesar de haber mejorado en los últimos tiempos). Los teléfonos de las delegaciones territoriales están siempre comunicando -me refiero a la Comunidad Valenciana- y la digitalización de la documentación del profesorado es bastante lamentable (a diferencia del portal ATRI catalán donde es bastante fácil la consulta de la vida laboral del personal que dependen de ellos). También me gustaría comentar que hay una gran cantidad de profesores valencianos en Cataluña debido a que, durante muchos años, no se han convocado oposiciones en la Comunitat y, por qué no reconocerlo, porque las listas de interinos corrían bastante más rápido en Cataluña.

Otra cuestión que también convendría recordar es que la tasa de repetición en la Comunidad Valenciana es prácticamente el doble que en Cataluña, así como el número de abandonos escolares también más abultado. Por tanto, a nivel educativo parece que hay una diferencia.

Aclarar finalmente que no se trata de una lucha entre catalanes y valencianos. Simplemente plasmar las diferencias actuales (y sí, me refiero al año 2016) en cuanto a la visión que se plantea desde las administraciones políticas pertinentes en cuanto a lo que se entiende por prioridades educativas. Lo importante es analizar qué está sucediendo y qué va a suceder con independencia que sean los políticos que gestionan la educación más o menos afines con nuestros postulados porque, sabéis qué, la educación debería ser un espacio de consenso y no de lucha ideológica.

Ah… y para cerrar la cuestión (al margen de los comentarios que siempre agradezco que puedan hacerse al post) simplemente comentar que tanto el SAGA como ITACA son una auténtica chapuza 🙂

Tengo muy claro que, a pesar de los cantos de sirena alabando las pruebas estandarizadas o mediatización de determinadas fórmulas aplicadas, en grupos normalmente filtrados, la mejora educativa no va a llegar a menos que introduzcamos un objetivo claro. Si el objetivo que se pretende es que un alumno apruebe un determinado examen, aprenda una determinada lengua, memorice o, sepa realizar de forma repetitiva determinadas operaciones, no estamos hablando de mejora de la educación. Estaríamos quizás hablando de competencia en la resolución de pruebas estandarizadas, bilingüismo poco natural en caso de programas bilingües o, incluso, de esa línea tan difusa que convierte una operación matemática en el objetivo último de ese aprendizaje. Y no, para mí no es éste el camino necesario para la mejora educativa.

Reconozco que es muy cómodo defender aprendizajes memorísticos, pruebas estandarizadas y libros/materiales obligatorios para todos los alumnos que hacen de la imaginación docente para ir más allá una auténtica utopía. Reconozco que muchos padres lo único que quieren ver es el triunfo en una hoja de calificaciones o, incluso, en un título firmado por el responsable político de turno que garantice, según ellos, que su hijo o hija, tiene posibilidades de acceder a un determinado empleo. Qué bonita es la ilusión. Ilusión que impide ver el objetivo último de la educación. Un objetivo que, más allá de potenciar el título o la medida del éxito o fracaso en función de cantidad de papeles atesorados, debería ir en la línea del cambio social. Porque, perpetuar un sistema como el actual, basado en la endogamia -y no la competencia- en la mayor parte de empleos y, destinados los mismos, a una simple reducción de cuotas de tiempo basándonos en un falso objetivo de aumento de producción hasta el infinito, es algo que debería hacer pensar. Más aún cuando la mayoría de empleos en la empresa privada se consiguen, en la actualidad, por los contactos que uno pueda haber generado o que, mediante las relaciones familiares, le permita acceder a determinados puestos. Sí, por desgracia el “padrino” laboral es la máxima en muchas empresas privadas de nuestro país. Conocer a alguien abre más puertas que una determinada calificación e, incluso yendo más lejos, que una determinada competencia profesional.

Es por lo anterior que jamás puedo estar a favor de los que propugnan, de forma libre y totalmente lícita -las opiniones siempre deben serlo-, un sistema de medición de resultados educativos basados en el simple hecho de pruebas cada vez más objetivas. Objetivar a los alumnos y dejarlos simplemente como partícipes en un sistema donde lo único que les gestiona es un número, da para pensar. Más aún cuando se pretende que dichas pruebas, avaladas por parte de la sociedad y organizaciones empresariales que se han colado, desde hace mucho tiempo, en la gestión educativa de las administraciones, sean tomadas como referencia del aprendizaje de tal o cual alumno. Y eso, a mí no me va.

No, yo no quiero que se realicen pruebas desde la guardería para taxonomizar a los alumnos entre buenos y malos. Menos aún que usen las notas numéricas o resultados de exámenes para, supuestamente, reconducir la situación y mejorar la educación.

isanz1

Eso sí, tengo muy claro que el objetivo debe ser la mejora educativa pero ahí, por desgracia, la visión de un economista -por bien que me caiga a nivel personal- y la mía, no van a tener nada que ver 🙂isanz2