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Son muchas las personas que estos últimos días -sí, da la sensación que se esté produciendo de nuevo el desembarco en las redes y los blogs de los docentes en este final de vacaciones (¡sí, soy un poco vaguete y tengo nulas ganas de volver al tajo!)- me están preguntando acerca de mi metodología. Ya son unos cuantos artículos en los que estoy dudando de metodologías estandarizadas vendidas como solución a todos los problemas y creo que, más allá de las dudas que uno expresa, creo que debe aportar algo más allá de las mismas. No quiero que el personal se quede sólo con lo fácil que puede ser cuestionar determinadas modas o prácticas. Quiero ser un poco constructivo en el asunto y exponer cuál va a ser mi metodología para este nuevo curso.

Fuente: Bansky
Fuente: Bansky

Pues bien, lamento informar al personal que a finales de agosto, conociendo sólo parcialmente a uno de los grupos a los que voy a dar clase y, sin tener muy claro si voy a poder contar con determinadas herramientas o conectividad en el aula se me hace imposible definir mi metodología para el nuevo curso. Voy a ser más claro… antes de entrar en el aula y empezar a tratar con los alumnos creo que nadie es capaz de plantearse una metodología concreta que pueda llevar asociada posibilidades de éxito. Y voy a ir un poco más lejos… si alguien se plantea y planifica el curso antes de conocer a sus alumnos -e, incluso que les conozca, ver qué cambios se pueden haber producido en los grupos en estos meses de asueto- está cometiendo un gravísimo error. La clave de cualquier metodología es la adaptación al alumnado y establecer premisas previas es imposible. Menos aún plantearse algo monolítico sin tener a mano alternativas por si uno se encuentra con la necesidad de hacer B, C o D.

Debo reconocer que alguna idea tengo para el nuevo curso. Tengo bastante claro que en la FP Básica (sí, soy de los raros a los que les gusta dar estos grupos porque, sinceramente, lo que puedes llegar a sacar de los mismos es mucho mejor que cualquier clase con alumnos “que no molestan” y las relaciones que puedes llegar a establecer son fantásticas) voy a seguir haciendo lo del curso pasado: práctica, teoría la justa y, cómo no, plantearme día a día actividades que puedan interesarles y que les sirvan para el futuro incluso que no estén reguladas en el currículum. Eso sí, ¿cómo? ¿Qué estrategias voy a utilizar para lo anterior? Pues, más allá de mi necesidad de hacerlo en abierto y publicar en un blog o en otros medios lo que vayamos haciendo en el aula, lo que sí voy a usar un poco más son las herramientas de comunicación tipo Whatsapp o Telegram. Sí, mis alumnos de FP Básica de segundo (ya los tuve en primero) tienen mi número de teléfono. Y nunca he tenido ningún problema con ello. Son chavales que se merecen un trato de tú a tú y que, seguro, van a ser grandes profesionales -porque lo de personas, ya me lo demostraron el curso pasado-. Ya veis que, incluso conociendo al grupo, no me atrevo a pronosticar el éxito de nada de lo que vaya a hacer. Así que, improvisaremos dentro del caos que supone dar clase. Un pequeño inciso… dar clase no es una ciencia exacta.

He hablado de segundo de FP Básica donde gestiono, a su vez, la FCT (formación en centros de trabajo) y que me apetece un pijo burocratizar. También doy un módulo en primero. Ahí debo reconocer que no tengo demasiado claro qué hacer. Mi idea es ponerme a explicar un poco conceptos eléctricos y, como los de segundo, mucha práctica con tableros e instalaciones eléctricas reales. Si el año pasado nos cableamos con los chavales dos plantas del centro, montamos varias aulas multimedia e hicimos una nueva aula de informática con los ordenadores viejos que teníamos jugando a quitar y poner piezas, creo que para los de primero puede ser interesante aprender cosas que van a encontrarse fuera de las aulas. Eso sí, ya veremos. Los conozco de vista y de verlos en el patio pero, más allá de lo anterior, no tengo muy claro cómo me van a responder en el aula. Y por eso esta planificación etérea que tengo del asunto no sé si se va a llevar a cabo o tocará hacer otra cosa. Veremos.

Además este curso vuelvo a dar un par de horas de Tecnología en tercero de ESO con los nuevos grupos PMAR (algo parecido a diversificación). Alumnos con los que tengo claro que de teoría la justa, de currículum lo que me interese -o sea, entre poco y nada- y que, si consigo tener ya conectividad en el centro en condiciones, va a ser mediante trabajos realizados de forma autónoma, explicaciones las justas y alguna práctica. Tengo ganas de jugar con ellos a realidad aumentada, algo de programación y autómatas. ¿Y esto es lo que tengo que dar? Pues no lo sé pero creo que les será más útil que cualquier otra cosa. Y ya si podemos montar algún tipo de actividad con ellos para que participe el resto del centro (tengo algunas cosillas en mente), fantástico.

Finalmente, me han adjudicado (¡joder qué malos son los de mi equipo directivo, pero cuánto los quiero!) la maravillosa “Iniciativa Empresarial” en tercero de ESO. No tengo ni idea de qué dar. Leo el currículum y me parece un auténtico empastre. A que me pongo a hablar del capitalismo, de los ladrones que desahucian al personal y de cómo debería ser el sistema social en este país. Odio las asignaturas que vienen impuestas por intereses muy alejados del educativo. Así que toca darle la vuelta y, por ello, me he planteado que la asignatura se convierta en un espacio de debate sobre determinados temas que van a tener que preparar en casa. No, en este caso no tengo opción B porque no me planteo en ningún momento impartir algo tan ideológico y formulado de forma tan demagógica como es la incorporación de este tipo de estudios en el ámbito de la educación obligatoria. ¿No es mi obligación que los chavales aprendan a pensar? Pues es lo que voy a hacer en esta asignatura.

Ya veis que no tengo una metodología establecida y que, como cada curso, iré a salto de mata adaptándome a lo que, en cada momento, necesiten mis alumnos. Ni tengo claro el porcentaje de éxito que supone lo anterior ni me baso en nada más que la experiencia acumulada en cursos anteriores (con los errores que he cometido y las cosas que han salido medianamente bien). Eso sí, lo que sí que tengo claro es que, más allá de vivir en el caos más absoluto -algo que me encanta- voy a pasármelo bien. Y esa siempre ha sido la principal premisa de mi profesión. Pasármelo bien, tener vacaciones larguísimas y cobrar un pastazo que me permite vivir en un pedazo de chalet y disfrutar del jet privado que tengo aparcado en mi aeródromo particular 🙂