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Ayer finalizó el macroevento mercadotécnico dirigido al ámbito educativo denominado SIMO 2015. Después de decenas de ponencias, cientos de stands y miles de horas perdidas de clase en los centros educativos (no olvidemos que, al realizarse en jornada escolar, son muchos los docentes que acudieron ahí que dejaron de dar sus clases) creo que ya toca empezar a analizar la repercusión real en nuestras aulas de dicho evento. Sí, reconozco que puede ser muy bonito e, incluso, muy motivador, acudir a un lugar plagado de luces, con amigos de las redes, para que te den un par de palmaditas en la espalda por lo que llevas vendiendo (o haciendo) con tus alumnos pero, más allá de lo anterior, me gustaría que alguien analizara la utilidad real de estos tres días.

Fuente: http://www.muycanal.com
Fuente: http://www.muycanal.com

Las subidas de ánimo, la empatía generada o, incluso, el considerar interesante el acudir a este tipo de eventos sigue dejando en el aire un análisis de su efectividad. ¿Ha valido o no ha valido el SIMO? ¿Alguien me puede dar algún valor objetivo que indique que este SIMO -o el anterior- ha tenido alguna afección en nuestras aulas? ¿Alguien me puede decir la importancia que tuvo el SIMO anterior, ya pasado un año del evento, más allá de unos cientos de tuits, fotos subidas a instagram o artículos en determinados blogs? Seguro que para algunos tiene esa utilidad, lo único que pido es que me la expliquen y la demuestren con datos empíricos.

Estoy convencido de que en SIMO se han presentado, igual que se hizo en años anteriores, maravillosas experiencias docentes. Estoy convencido de que hay grandes docentes que han acudido al evento y que, con su presencia, han validado un modelo mercadotécnico que, al final, es el que subyace tras la propia filosofía de este macroevento. Pero, más allá de lo anterior, sigue sin quedarme claro qué aprendizaje han realizado esos docentes que han ido. Me gustaría que alguien me afirmara… “he ido a SIMO porque mi aula va a ser mejor después de haber ido”. No sólo quiero que me lo afirme… quiero que me lo demuestre. Si un docente se coge días de formación en horario laboral, como mínimo habría de devolver a la administración que se lo permite ese aprendizaje y trasladarlo a su Claustro. Porque, no lo olvidemos, la innovación del francotirador tiene muy poco sentido si no viene acompañada de un trabajo a pie de aula en compañía de otros. Las aulas son para compartir aprendizajes y, a pesar que quede muy bonito eso de “mi Claustro es la red”, el cambio empieza en nuestras aulas y la de nuestros compañeros con los que compartimos sala de profesores y máquina de café.

Como dijo ayer muy acertadamente Víctor Cuevas en alguno de sus tuits…

 


Creo que, por desgracia, queda poco más que añadir más que esperar el SIMO 2016 donde, seguramente, tampoco se habrá analizado el impacto de las ediciones anteriores y su utilidad real para nuestras aulas. Otro macroevento donde, por desgracia, seguirán acudiendo demasiados docentes que, con su presencia desinteresada, avalarán un modelo que no sirve porque aún nadie me ha demostrado su utilidad.