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Enterarse de que tu Conseller propone, como últimas medidas “estrella”, la eliminación (o recomendación de esa eliminación) de los deberes en Primaria (fuente) y extender el modelo de los Jesuitas a los centros educativos públicos (fuente), te hace pensar si no se ha pasado con la ingesta de determinados productos en estas Fiestas. Cuando hay interinos de la Comunitat que llevan meses sin cobrar, edificios que se caen a trozos y sustituciones que, por falta de gente en listas (se han desactivado la mayoría de interinos para estudiar opos), se siguen sin cubrir creo que hay cuestiones que no tocan. Bueno, menos aún tomar determinadas medidas o, simplemente lanzar globos sonda, a ver si alguien pica. Pues bien, yo he picado.

En primer lugar te invito (permíteme tutearte como compañero de profesión y accidental Conseller) a que tengas una reunión conmigo. Si consigo estar recuperado de mi último susto y me dejan los médicos, en nada me tienes bastante cerca. Y estoy dispuesto, aunque no sea una horchata mediante, de explicarte que los deberes hasta quinto de EGB están prohibidos por la Ley General de Educación. Una medida que aún no ha estado derogada pero que, por lo visto, muchos desconocen. No hace falta legislar sobre algo que ya está legislado. Menos aún sin consultar con los docentes de a pie. Coño, esto de tomar medidas sin contar con los profesionales es de traca aunque entiendo que siempre es mejor contar solo con algunos “asesores” que, por lo vistos, asesoran de una forma bastante torticera.

Y ya en referencia al modelo de los Jesuitas (Horizonte 2020 si quieres saber exactamente su nombre) te recomiendo que te informes un poco. En esos centros donde se implantó, germen de la privatización nada encubierta del sistema educativo público catalán, Escola Nova 21, se ha visto como el aprendizaje de los chavales está por los suelos. Y eso que tienen un filtro de entrada muy potente de alumnos. Por cierto, el año pasado publicaron la evaluación de su modelo, acerca de lo cual escribí aquí. Ya, los mismos resultados para un viaje tan mediático. Bueno, y con muchas amenazas de familias que, salvo por tener solo alumnos de su nivel socioeconómico, no saben qué están haciendo allí. Es lo que tiene algo que sí que es importante: la segregación. Una segregación contra la que deberías luchar porque, al final, es mucho más importante eso que dedicarse a montar líneas lingüísticas, eventos cara a la galería o ir a cortar cintas de centros que jamás van a acabar de construirse. Lo digo con todo el cariño del mundo. Más habiendo padecido al gobierno anterior.

Si quieres, como he dicho antes, te explico algo acerca de metaanálisis educativos, experimentos fallidos, pseudoinnovación, peligros de la privatización de determinadas medidas, etc. No sé más que la mayoría de docentes que están en las aulas pero, al menos, no tengo ningún miedo a decir lo que pienso porque, al final, lo que me importa es mejorar la educación en mi Comunidad de adopción. Y hay muchas medidas interesantes (dos docentes en el aula, evaluación sistémica, controles de determinadas prácticas, creación de un observatorio de investigación educativa, etc.) que se podrían tomar. No venden tan bien ni generan tanto debate mediático pero, al final, ¿qué te interesa? ¿Salir en los medios o soltar ocurrencias o, simplemente, mejorar la educación? Y estoy convencido de tu interés en lo segundo. Si no fuera así me hubiera ahorrado este post.

Cuando quieras te lo explico. Prometo pagar la horchata.

A los tres años de poner en marcha su proyecto, Horizonte 2020, los Jesuitas han publicado en abierto la evaluación al proyecto. Un proyecto de innovación que se sustentaba en dos grandes ejes: el agrupamiento masivo de alumnos en espacios amplios mediante docencia compartida y el trabajo por proyectos. Un proyecto cuyo coste, inasumible para un centro público, ha supuesto cientos de miles de euros (curioso al tratarse de un centro concertado que, supuestamente, no puede obtener beneficios al ser financiado por el Estado o la Comunidad Autónoma que tiene las transferencias sobre esa gestión económica) y que, por qué no decirlo, jornadas maratonianas para los docentes que dan clase en esos centros educativos. Sí, hablando con alguno de ellos me han comentado jornadas superiores a las cincuenta horas semanales que, curiosamente, no son en ningún momento consideradas horas extra por la organización que gestiona estos centros. Eso sí, obligación a estar silenciando dicha casuística bajo amenaza nada velada de rescisión de contrato. Sí, por lo visto la existencia de centros concertados también es perjudicial para los propios docentes de esos centros.

Fuente: http://h2020.fje.edu

Pero no voy a hablar de cuestiones banales -o no tanto- como las anteriores porque, de lo que interesa hablar es del proceso de evaluación que han autocoordinado los propios Jesuitas con la participación de actores muy relacionados con la orden religiosa y, cómo no, de los resultados obtenidos que han publicado en abierto en su web (enlace). Son 90 páginas en las que desglosan el motivo de haber impulsado ese cambio en sus centros, establecen la hipótesis de partida, hablan de evidencias científicas medibles y de otras que, por desgracia, dependen de factores externos. La verdad es que a priori parece que sea una investigación en toda regla, bien realizada y sin ningún tipo de sesgo que haga parciales sus resultados. Lástima que al ir leyendo el documento, lo que debería ser una investigación educativa se convierta en una serie de mediciones falsas sobre rúbricas que, al final, tan sólo consisten en una simple realización de encuestas al alumnado y al profesorado. Más aún cuando los datos se ocultan bajo la simple muestra de unos resultados que dicen muy poco, se basan en premisas falsas y pretenden darse por válidos cuando no lo son. Y eso para quien sepa un poco de investigación -no hace falta que sea educativa- se ve muy claro.

El objetivo de la evaluación es medir lo que los Jesuitas denominan las cinco Cs (consciencia, competencia, compromiso, compasión y creatividad). Cinco parámetros asociados al modelo de persona que pretenden obtener dentro del proyecto. La verdad es que apriorísticamente ya podríamos cuestionarnos la posible medición de lo anterior porque no hay a día de hoy nadie que pueda medir la consciencia, la compasión, el compromiso o la creatividad. El tema de la competencia podríamos discutirlo ya que todo dependería de qué consideramos ser competente y hacia qué ramas del conocimiento.

Pero, por lo visto, algunos han encontrado lo que hace tiempo que buscan los investigadores: la posibilidad de medir intangibles o estados de ánimo (físicos o místicos). Más aún parece que lo hagan fácil porque sus ítems para medir lo anterior son los que se presentan a continuación…

Persona consciente

  • Un alumno que aprende a conocerse
  • Un alumno que cree que las competencias pueden aprenderse
  • Un alumno que cree que marcarse objetivos ayuda a dirigir su proyecto vital

Ya vemos que la consciencia, salvo por creencias personales, es muy difícil mesurar aunque, por lo visto ellos lo consiguen.

Persona competente
  • Un alumno que sabe solucionar problemas de la vida real
  • Un alumno que recorre a diferentes fuentes de información
  • Un alumno que sabe contextualizar y ordenar su aprendizaje

Persona comprometida

  • Un alumno que trabaja con y para los otros
  • Un alumno que conoce estrategias para relacionarse positivamente con los otros
  • Un alumno que pone sus talentos al servicio de otros

Persona compasiva

  • Un alumno que se interesa por el otro y por el entorno
  • Un alumno sensible con el mundo que le envuelve
  • Un alumno que se conmueve frente al dolor y las necesidades de su contexto más cercano

La verdad es que medir la compasión se las trae. Supongo que la prueba empírica es la donación, por parte de los padres, de cantidades superiores en las cuotas que de forma altruista reciben esos centros educativos, la cantidad de eventos religiosos (léase misas) a los que se asista o la colaboración con bancos de alimentos al salir de clase. Eso sí, lo de permitir que haya más de un 2% de alumnado inmigrante o de familias socioeconómicamente desfavorecidas (son datos suministrados por una docente que trabaja en uno de esos centros) en el pupitre de al lado no debe ser compasivo.

Persona creativa

  • Un alumno que utiliza el pensamiento divergente
  • Un alumno que aporta al grupo ideas para avanzar
  • Un alumno que toma riesgos saliendo de su zona de confort

Veo que, lamentablemente, no son muy conocedores de las últimas técnicas para medir la creatividad ni de lo que consiste ser creativo. Para ello sólo hace falta ir a una Facultad de Psicología y hablar con uno de los grandes profesionales que hay ahí que les dirán que por ahora no hay tests exactos y sólo inferencias. Eso sí, lo del pensamiento divergente se las trae porque es algo que se ha vendido mediáticamente muy bien desde la aparición de Ken Robinson y es una simple necesidad de buscar salidas a un problema concreto más que una configuración de alta creatividad. Eso sí, si uno se queda en la Wikipedia o en los gurús, no va a ahondar en el concepto pero seguro que va a venderlo mejor. Y el tema de la zona de confort prefiero no tocarlo porque, no es cuestión de tomar riesgos, es cuestión de incrementar esa zona de confort de forma segura y tomando, en esas etapas iniciales para el niño o preadolescente, las medidas adecuadas para ir avanzando en un contexto en el que cada vez conviene estar más cómodo.

Seguro que me diréis a estas alturas que soy un exagerado. Que tengo ideas preconcebidas y por ello no sé ver la evaluación que han realizado en su justa medida. Pues bueno, para aquellos que sepáis un poco de educación, tan sólo voy a poneros el ejemplo que publican en su cuaderno de evaluación de una actividad concreta y qué miden con cada una de las cosas que se hacen a lo largo de la misma.

Se aplica la hipótesis de partida que “si dejamos libertad para escoger las lecturas, leerán más y les gustará más. Como los niveles de lectura son diferentes, hemos de crear itinerarios. Si comentan lo que leen, querrán leer más”. Una hipótesis realmente curiosa pero que no me voy a dedicar a cuestionar. Sí que voy a hacerlo con los resultados que pretenden inferir de la misma.

Se escogen dos libros obligatorios y seis lecturas libres que permiten inferir que al alumno le gusta leer. ¿En serio? ¿Me están diciendo que leer obligatoriamente ocho libros permite inferir que a alguien le gusta la lectura y que además ese supuesto gusto hace que el alumno sea una persona más consciente? Y ya si lo mezclamos con la realización de un cuaderno de lectura, considerando la realización del mismo como el gusto del alumno por dar opinión sobre la misma infiriendo el compromiso del mismo, ya es de traca. La verdad es que es todo muy poco serio. Demasiado.

La verdad es que resulta sorprendente la evaluación que han autocoordinado los Jesuitas y que demuestra lo bien que les ha ido el nuevo modelo -curiosamente en período de preinscripciones-. Modelo que choca con los resultados académicos que, aunque digan que no han mejorado, la realidad de las pruebas que hace la administración educativa catalana dice que han bajado un poco. Algo que no es muy relevante porque, no olvidemos que con alumnos filtrados previamente, con recursos familiares que permiten complementar aprendizajes y pagar extraescolares, no debería haber ningún problema en los aprendizajes salvo que se hiciera alguna aberración educativa. Y, al final, en etapas iniciales del aprendizaje lo importante no es lo cuantitativo y sí lo cualitativo. Es por ello que, a pesar de lo que nos intenten vender, un modelo que no mejora en nada y su evaluación está basada en falacias o en una investigación muy poco seria, no tiene mucho sentido porque, a veces, no son necesarias tantas alforjas para tan corto viaje.

Un detalle final… muchos padres estaban preocupados con el modelo de los Jesuitas y sé de casos en los que algunos amenazaron de llevar a sus hijos a otros centros. Desde la dirección de alguno de esos centros se dijo que no se preocuparan porque, en realidad, lo único que hacían era lo mismo de siempre en espacios diferentes 🙂

No, no es una crítica al modelo. Es una crítica a la mediatización de modelos "innovadores", evaluaciones muy subjetivas y, cómo no, plastificaciones de aprendizajes.

¡Cuánto saben de estrategias de venta de producto determinadas organizaciones religiosas! Los jesuitas han conseguido que, en unos solos días, los diferentes medios de comunicación (incluyendo las redes sociales) difundan masivamente “su nuevo modelo educativo“. Plas, plas, plas. Sí, lo han conseguido. Más allá de hacer un modelo innovador que nos gusta a muchos, han conseguido venderlo muy bien. Sí, hay Escuelas Públicas que lo están haciendo muy bien y hacen cosas similares pero han sido los jesuitas quienes han salido beneficiados de su campaña de propaganda. Una campaña digna de Arriola y de otros grandes manipuladores de opinión. Una campaña impecable. Una campaña para la que han contado, incluso, con grandes defensores de la pública aplaudiendo sin cesar por la noticia. Sí, son unos genios de la comunicación.

Fuente: http://h2020.fje.edu/es/
Fuente: http://h2020.fje.edu/es/

Incluso han conseguido algo que parecía imposible. Menos aún después de conocerse encuestas que avalaban el buen funcionamiento de la Escuela Pública. Sí, han conseguido que se tilde a la Escuela Pública de conservadora. Lo que me faltaba por oír. Jesuitas como símbolo de la modernidad. ¿Tendrá algo que ver la campaña de marketing que le están haciendo al nuevo Papa, jesuita por cierto, determinados medios? ¿Tendrá algo que ver Bergoglio con la conversión de los jesuitas a lo más cool a todos los niveles? Modernidad a golpe de Vaticano.

Debo reconocer que me gusta lo que propone esta organización religiosa para sus centros educativos. Me gusta ver que, mezclado con crucifijos de diferentes tamaños (sí, he entrado en algunos centros de esos que son gestionados por dicha organización), van apareciendo modelos educativos basados en la colaboración y en el trabajo por proyectos. Me gusta ver como, en filas de alumnos seleccionados y docentes a los que se ha obligado a formarse, se siembran unas semillas que hace tiempo que se han sembrado en la Escuela Pública. Una Escuela, por cierto, más heterogénea y con mayores dificultades a la hora de ensamblar proyectos de este calado. Porque, no lo olvidemos, el profesorado de la Escuela Pública piensa de diferente manera y, por suerte, su ideología va a ser tan diversa como la sociedad a la que sirven.

Me fascinaría trabajar en un centro como el que plantean los jesuitas. Sin ninguna necesidad de inclusión porque el filtro ya está realizado previamente. Con todos los docentes trabajando a una. Con una formación concreta que permite mejorar las cosas. Con, digámoslo claro, una campaña tan maravillosa que hace que a la mayoría de padres que leen el periódico, escuchan la radio o ven el telediario, empiecen a salivar con lo que ofrecen para sus hijos. Grandes, son muy grandes. Y, como estrategas, sin parangón.

Sí, me gusta -mejor dicho, me encanta- el modelo que proponen los jesuitas en sus centros educativos. Me gusta saber que se hacen cosas nuevas. Incluso, me satisface saber que lo anterior quizás haga que dicho modelo pueda exportarse a otra tipología de centros de diferente financiación e ideología. Lo que me sorprende es la viralidad del mensaje. Un mensaje que se ha difundido masivamente y cuyos objetivos finales me da que no sólo es para vender las bondades de lo que va a hacer dicha organización religiosa en sus centros educativos. Tiempo al tiempo. Hasta entonces… a aplaudir con las orejas, que es lo que toca.