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impresión 3D

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Echaba de menos escribir sobre el “cacharreo” que tanto me gusta realizar en el aula. Debe ser tener bastante claro que la Tecnología, al menos según la idea con la que se creó la asignatura en su momento con la LOGSE, tenía una función más manipulativa que de conocimiento puro y duro. Lo sé. Tengo claro que en Tecnología han recalado muchos perfiles docentes y algunos de mis compañeros de otros centros pueden estar más cómodos con una clase teórica y con las manualidades de toda la vida. Pero, sinceramente, creo que las potencialidades de lo que se puede hacer en mi asignatura y, aún más después de ver cómo no hay ninguna prueba externa que nos presione (por suerte, aunque la Asociación de Profesorado de Tecnología de mi Comunidad se queje, es una bendición que Tecnología Industrial no vaya al Selectivo). Es por ello que nos permite unas posibilidades enormes el asunto. Además también hemos de tener claro que, a pesar de presupuestos bajos para el Departamento, los costes de determinado material (especialmente en lo que hace referencia a robótica y 3D) han bajado muchísimo de precio. Más aún si nos dedicamos a rebuscar “gangas”. Y hay gangas realmente interesantes.

En primer lugar conviene saber por qué decidimos en mi centro introducir la impresión 3D en el aula. Más aún por qué lo hicimos de una determinada manera y permitimos, con todo el riesgo asumido, que fueran los propios chavales de un determinado curso los que se dedicaran al montaje de la impresora y a su mantenimiento (léase calibración, un concepto que seguro que los que trastean con impresión 3D tienen bastante interiorizado, o un simple tuneado). Lo decidimos fundamentalmente por dos motivos: creíamos que la Tecnología debe ir con los tiempos y, además, estamos llevando a cabo un proyecto para incorporar la robótica, drones e impresión 3D en el Departamento. Todo consensuado. Eso sí, debo reconocer que yo soy un poco cabezón con esto de ir probando cosas por mucho que ahora algunos me tilden de “poco innovador” por cuestionar lo que se está vendiendo bajo el concepto. Nada, ya veis que la decisión fue meditada y teníamos claro qué queríamos. Ahora tocaba ver cómo diseñábamos el tema de la adquisición de nuestra primera impresora, teniendo en cuenta los dos requisitos básicos para cualquier centro público: presupuesto bajo y que tenga unas opiniones (el modelo elegido) más o menos positivas en las redes (o por conversaciones con profesionales de otros centros que ya las están usando).

Lo primero a la hora de seleccionar la impresora era ver si debía disponer de cama caliente o no. Es importantísimo saber si la tiene o no porque, si no la tiene, habrá material que no podrá usarse como filamento. Seguro que algunos diréis que mientras funcione un tipo de material hay suficiente pero, ¿por qué no pensar en poder usar la mayoría de materiales que hay en el mercado (ABS, PLA, etc.)? Primer requisito cama caliente. Segundo que el modelo fuera Prusa. Un modelo de impresoras 3D que tienen posibilidades de tuneado infinitas y que, además, tienen amplios espacios para consultar dudas. Ya veis… cama caliente y modelo Prusa. Ahora tocaba investigar…

Después de interacciones en las redes, visitar y revisitar foros buscando opiniones, charlas por teléfono, etc. decidimos que nuestro modelo iba a ser una Anet A8 (había salido el modelo A10 en ese momento, mucho más bonito por tener la estructura de aluminio pero a unos sesenta euros más). Pues ya está… ahora dónde la compramos. Pues rebuscando por la red la obtuvimos bastante económica. Unos 150 euros y nos regalaban la primera bobina para ya poder jugar. Voilà. Comprada.

La llegada fue bastante rápida y, ahora venía lo más complicado… estaba por piezas y no había montado una impresora 3D en mi vida. Bueno, entera no. Así pues tocaba tirar del alumnado de primero de Bachillerato y de Youtube. Excelentes vídeos sobre el montaje que permitieron, después de algunos “errores sin importancia” tener en unas ocho horas de trabajo (no todas en horario lectivo) la impresora lista para su primera impresión. Nada. No imprimía. La calibración.

Después de pruebas de calibración conseguimos la primera figurilla. Un pokémon. Para ser más concretos a Pikachu. Pero, por desgracia, la boquilla del extrusor se nos taponó y la tuvimos que cambiar porque, en lugar de limpiarla, nos la cargamos. Mentira. No se la cargaron los alumnos, me la cargué yo. Pero siempre es bueno obviar las cagadas. No venden bien. Pedimos unos cuantos de recambio y, además un mosfet para que no se nos quemara la placa. Después de cambiarlo y salvo un problemilla (bueno, un par) que os comentaré a continuación ya estaba de nuevo lista para la impresión. Y ahora ya imprimimos como prueba un objeto grande. Para los fans de Star Wars entre los que me encuentro… una figura que seguro que conoceréis.

Antes de que llegara la impresora, di clases a los chavales de TinkerCAD para que pudieran hacerse, de forma fácil, sus diseños en 3D. Entre esos diseños suyos y los que hay en Thingiverse (página fantástica con miles de diseños) vamos más que sobrados. Bueno, un detalle… los archivos .stl que se obtienen se han de pasar a .gcode porque si no es así la impresora no lo entiende. Otro problemilla… configurar CURA (el programa para convertir esos archivos) para que el archivo obtenido fuera compatible con la Anet A8. Cada impresora tiene sus pautas de configuración pero en internet hay mucha ayuda. Y, por favor, mirad bien la temperatura porque si usamos ABS o PLA no es lo mismo. Con PLA la temperatura es de unos 210 grados con cama caliente o sin ella pero para ABS la temperatura debe estar sobre los 235 y la cama a unos 90. Cosas que vas descubriendo con la práctica. Como también que es mala idea dejar la impresora encendida por la noche cuando no controlas muy bien la relación temperatura o empiezas con el tema.

La nueva adquisición de los últimos días ha sido un cristal de borosilicato sujeto con clips de esos negros para sujetar fajos de papeles. Algo que ha obligado a recalibrar de nuevo la impresora (qué pereza). No os lo he dicho pero sabed que para que la figura se adhiera a la cama caliente o al cristal debéis usar laca. Recomiendan la Nelly pero si vais a imprimir a alta temperatura con cama os recomiendo la extrafuerte porque, al tener la cama caliente la laca normal no la adhiere tan bien.

Os he resumido más o menos la situación. Ahora con la impresora, después de imprimir el frame del dron que estamos haciendo, hemos empezado a imprimir las piezas de los robots OTTO (sí, los Zowi que anunciaban en ClanTV) y, a veces, nos marcamos algún diseño de esos que piden los chavales de la ESO.

Quizás no sea imprescindible contar con una impresora 3D en los centros educativos y, por lo que veréis, casi ninguna administración educativa ofrece cursos de calidad para aprender a usarla pero, sinceramente, por el precio y las posibilidades que te ofrece, creo que vale la pena. Ahora estoy comprando un poco más de PLA en blanco y en negro con lo de las donaciones que hicisteis en su momento al libro que publiqué hace unos meses… estoy enganchado y mis alumnos también.

Finalmente un detalle. Si alguien quiere saber algo más del tema, en internet hay mucha información. Y si alguna de esas empresas que trabajan con el tema quiere regalarme material u otra impresora 3D para mi centro, prometo agradecérselo 😉

Qué guay. Este año en mi Comunidad se han tirado a la piscina ofreciendo robótica e impresión 3D. Tres cursos (uno básico y dos avanzados) de un porrón de horas en el que, si todo va bien, va a permitirnos a los docentes ser el no va más a nivel tecnológico. Cursos, por cierto, realizados por Telefónica. La ilusión está a flor de piel. Estamos en un estado de excitación permanente. Coño, vamos a ser superinnovadores y a usar las últimas herramientas del mundillo educativo. No habrá secretos en la robótica. Lo de la impresión 3D se convertirá en un juego de niños. A la mierda lo de seguir haciendo maquetas con los alumnos de la ESO, usando sierras de marquetería, cola, lijas y otras herramientas tan obsoletas. Ya nos olvidaremos de ese arsenal de dotaciones obsoletas que no pasan, ni que el revisor tenga disminuidas todas sus capacidades, ningún sistema de revisión de prevención de riesgos laborales. Mola. Y mola mazo.

Fuente: Youtube

Tan sólo le veo una pequeña pega como docente que me he apuntado al curso. Bueno, una cosa es apuntarse y la otra que le soporten a uno en los foros cuando empiece a cuestionar ciertas cosas (ya, lo sé, me adelanto a los acontecimientos). La pequeña pega que le veo es para qué me va a servir, al igual que a los otros cientos de docentes que se matriculen, el curso. No hay equipamiento de robótica ni impresoras 3D salvo en algunos centros que, de forma más o menos enrevesada, han conseguido hacerse con lo anterior. Sinceramente esto de ofrecer un curso del que no hay posibilidad de trasladarlo al aula es un poco raro. Al menos en Madrid dotaron con algunas cosillas a los centros. Estar en la periferia es lo que tiene. Más aún cuando los encargados de la formación del profesorado (y no me refiero a los pobres tipos que están pringando en los CEFIRE) no saben diseñar un plan formativo en serio, más allá de inspiraciones carajilleras porque lo han visto en algún vídeo de esos que distribuyen las multinacionales para que se compren sus productos. Hay qué joderse cuando ves que ofrecen cursos interesantes sin que tengas la posibilidad de aplicar lo aprendido a tu centro porque tu Conselleria no te dota de nada. Bueno, aquí no dotan ni a los nuevos ciclos de Informática de ordenadores. Supongo que pretenden que se compren arcilla y vayan aplicando la escritura cuneiforme para hacer un programa bien chulo que después van a calentar en el horno del comedor escolar. Surrealista no, lo siguiente.

Estoy harto de ver como las situaciones cada vez son más cercanas al despropósito. No se entiende que ofrezcan un curso de robótica e impresión 3D a docentes que no tienen esa dotación en sus centros. Yo pensaba que la formación se hacía para mejorar el aprendizaje de los alumnos gracias a lo que aprenden sus docentes. Por lo que veo, sólo sirve para que aquellos frikis nos podamos entretener en casa con la familia porque, ¿a qué no sabéis quién se acaba pidiendo una impresora 3D para Navidad? Bueno, al menos habrán tirado dinero público en formarme para el disfrute propio. Lo de la formación para la mejora de la praxis docente lo dejamos para otro día.

Sigo sin cobrar septiembre ni octubre pero, a pesar de ello, vuelvo a repetiros que si no tenéis ni idea de gestionar la formación docente me ofrezco a echaros una mano porque, sinceramente, es imposible hacerlo peor.

En mis diecisiete años de docencia aún no se ha acercado ningún inspector a evaluar mi práctica docente o a asesorarme sobre cómo mejorar si quitamos, los escasos dos minutos que dedicó el inspector a evaluarme mis prácticas una vez aprobadas las oposiciones. No es algo insólito ya que, salvo docentes que dan muchos problemas y padres que acuden a inspección educativa para quejarse de alguno de los docentes de sus hijos, no hay presencia efectiva de esos profesionales en las aulas de los centros educativos. Eso sí, siempre con la salvedad de exigir cuestiones puramente burocráticas (planes anuales de centro, programaciones o cualquier otra cuestiones que tienen demasiada poca afección directa en nuestras aulas).

El rey o presidente autonómico de turno, como mínimo, tienen su cuadro en formato facsímil, para dar la sensación de su presencia, en algún lugar más o menos ignoto de los centros educativos. Los pobrecitos inspectores, ni eso.

Fuente: http://www.informatica-hoy.com.ar
Fuente: http://www.informatica-hoy.com.ar

Es por ello que quizás, gracias a la tecnología de la impresión 3D (y de paso aprovechamos para que nos regalen alguna de esas impresoras a los centros educativos), podríamos imprimir a nuestro inspector educativo para que, el mismo, forme parte de un llavero o decore, en caso de poder contar con uno -aunque cada vez es algo más difícil por falta de espacios-, nuestros departamentos. Qué mejor que saber que, junto con la estampita de la virgen de turno, tenemos un maravilloso inspector en 3D en nuestro bolsillo o una figura de fácil acceso. Mirarlo nos reconfortaría su ausencia y, por cierto, saldría mucho más barato que aumentar el número tan escaso de inspectores que tenemos. Un fantástico ídolo para ser adorado y vilipendiado a partes iguales. Un vigilante siempre presente que nos permitiría sentirnos acompañados en nuestro quehacer diario. Una nueva religión basada en un ídolo tan necesario y, por desgracia, tan poco proclive -y, en muchas ocasiones, no por su culpa- a dar la ayuda que, en ciertos momentos, tanto necesitamos.

Poner a inspectores en 3D y las futuras evaluaciones PISA a mejorar a marchas forzadas. Eso sí, sin obviar la posibilidad de, en un futuro, sustituir dicha impresión (que quedará obsoleta en poco tiempo) por unos maravillosos hologramas. Que el holograma mola mucho más, muchísimo.

 Eso sí, una vez imprimidos (qué manía de no tener claro aún, a día de hoy si es imprimido o impreso) los inspectores, ¿qué tal si nos ponemos a imprimir al Ministro de Educación actual, a nuestro/a Consejero/a de Educación y a Jose Antonio Marina? Y, cómo no, imprescindible tener un Wert en 3D para no olvidarlo nunca 🙂

Muchas gracias al “maestro” Néstor Alonso, más conocido como @potachov, por inspirar este post.

inspector3dpotachov