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FP Básica

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Hoy ha sido un día de sensaciones agridulces. Dos cursos después se marcha la primera promoción de Formación Profesional Básica de mi centro. Alumnado que, por la vía ordinaria podía haber sido muy complicado que acabaran titulando o pudieran continuar estudios, a los que se les permitirá -si no la cagan durante su FCT (formación en centros de trabajo)- continuar con un ciclo formativo de grado medio o, incluso para aquellos que lo quieran, poder optar a un trabajo con su graduado escolar al ser una promoción a la que se permite la obtención directa de dicho título. Creo que ha valido la pena. Ha valido la pena hasta el último euro dedicado a su formación, las alegrías y disgustos de estos dos años e, incluso, las miles de conversaciones que se han tenido con ellos. Sí, creo que salen personas a las que el sistema educativo les ha dado una oportunidad antes de desahuciarlos. Y no, quizás no sea innovador el método que hemos aplicado con ellos, ni tampoco muy reglado, pero creo que lo que es importante es que no hemos perdido a nadie por el camino. Sí, no hemos perdido a nadie. Hemos luchado por no perder a nadie. Y hoy nos hemos felicitado por ello. Sí, se marchan para no volver salvo para recoger su título y venir de visita a explicarnos en un futuro sus vicisitudes personales y profesionales. Lo han conseguido. Lo hemos conseguido.

Mis alumnos de FP Básica

No, no somos Finlandia, ni Estonia, ni Canadá y, ni tan sólo uno de esos centros mimados por la administración educativa de turno. Somos, al igual que muchos otros centros educativos, un centro más en el que hacemos lo que podemos por nuestros alumnos y nos preocupamos por ello a pesar de las, cada vez peores condiciones laborales, mayores ratios o goteo demasiado escaso de recursos. Cuarenta docentes, cada uno con nuestras neuras y maneras de hacer, con encuentros y desencuentros profesionales puntuales, que permiten que este tipo de alumnos salgan. No es mérito personal porque, sinceramente, creo que lo de algunos en otorgarse medallas es algo totalmente erróneo porque unos no llegan al final de este camino, con situaciones familiares complejas y, por qué no decirlo, sin ganas de seguir una vía “tradicional” si no hay mucho trabajo detrás de muchos. Y han sido muchos los que han permitido este éxito que no va a salir en prensa pero que, a nivel de centro, nos alegra muchísimo. Y qué demonios… casi quince chavales que van a tirar para adelante y que no ven su vida truncada por un sistema educativo demasiado encorsetado y con pocas alternativas para ellos. Ahora tienen las puertas abiertas de muchos sitios. Ahora, al igual que estos dos años en los que han ido madurando como personas, van a ser ellos quienes van a decidir si comerse el mundo o permitir que el mundo se los coma. Espero que elijan lo primero. Pueden y deben. Tienen las herramientas y los recursos, ahora toca que sepan elegir bien.

Estoy -estamos- eufóricos por este éxito. Se marchan para no volver pero nos dejan la sensación de un trabajo bien hecho. Un trabajo que, como he dicho antes, ni es mediático, ni extraordinario porque hay muchos centros y docentes que lo hacen ni, mucho menos, heroico. Es, simplemente, como he dicho antes, un trabajo bien hecho, sin recetas mágicas, que nos llena como profesionales. Bueno, al menos a mí y a unos cuantos -entre ellos los chavales- copartícipes de lo anterior.

Una primera promoción que se nos va y otras muchas que espero vayan a llegar…

Permitidme ser feliz. Y hoy, sinceramente, a nivel profesional, lo estoy.

En nuestro país tenemos un grave problema a la hora de diseñar itinerarios formativos. Un problema que se agrava cuando esos itinerarios formativos están diseñados por alguien cuyo único contacto con el aula, si alguna vez lo tuvo, fue en el cuaternario. No, no son malas todas las ideas que salen de los despachos. Eso sí, debo reconocer que cuando llegan a su aplicación, ya se han convertido en un auténtico esperpento. Y ésta, al igual que muchas otras situaciones, es el caso de la FP Básica. Un modelo educativo pensado para “recuperar” a aquellos alumnos que por una vía convencional van a ver cortadas las expectativas de seguir estudiando a los que se les ofrece una salida, menos teórica (mediante ámbitos) y mucho más práctica. Una buena idea que pretendía recuperar a aquellos alumnos que, de catorce a dieciséis años, crean disrupción en las aulas o, simplemente, se ausentan de las mismas, para que pudieran tener un futuro más digno que el irse a casa sin ningún tipo de competencia o titulación. Lástima que, como siempre, una buena idea, se convierta en un auténtico esperpento… pero vayamos por partes.

Mis alumnos de FP Básica

Es un error considerar que un alumno “desahuciado” del sistema educativo tradicional deba seguir un sistema tradicional. Y no, no estoy hablando de metodologías, estoy hablando de configuración académica de esos estudios porque, sinceramente, ¿a quién se le ha ocurrido la brillante idea de implantar una FP Básica finalista en centros educativos que no tienen ningún tipo de estudios posteriores de FP de grado medio? ¿Qué burócrata ha pensado que, simplemente dotando de un docente más -o un par- a los centros va a conseguir resultados con una tipología de alumnos que demandan recursos humanos muy específicos e instalaciones en condiciones? La verdad es que, como implantación, la idea no podía haberse implantado peor. Y ya si entramos en la huida del profesorado fijo de los centros a la hora de encontrar voluntarios para un programa que debería ser uno de los más importantes del mismo… sin comentarios. No, no hay ni un docente de la casa (salvo muy contadas excepciones) que quiera entrar en esas aulas porque quieren sentirse cómodos dando clase y, esos grupos, son de todo menos cómodos.

Pero iba a hablaros de propuestas concretas sobre qué hacer con esos estudios que, con excepciones puntuales, están teniendo una tasa de abandono y fracaso del alumnado de más del cincuenta por ciento. Sí, de los quince alumnos que entran en primero de FPB en la mayoría de los centros, son la mitad o menos los que consiguen llegar a segundo. Y van a ser aún menos los que van a poder titular y continuar sus estudios en un grado medio. No, no es ficción. Es una realidad incómoda que implica que algo no se está haciendo bien.

La primera propuesta iría encaminada a delimitar qué tipo de profesorado debe dar clase en esos grupos. Debería ser profesorado del centro con destino definitivo en el mismo, que diseñen proyectos a largo plazo y, cómo no, con una habilidad extraordinaria para trabajar en contextos complicados. También sería imprescindible que, dentro de los profesionales asignada a esos estudios estuvieran miembros del equipo directivo y algún orientador. No, no es banal lo anterior porque, por desgracia, lo habitual es dar la docencia al último que llega. Sí, el interino que desconoce el centro o, aquel funcionario que llega en comisión de servicios, es asignado automáticamente a esos grupos. Algo que ya es un auténtico despropósito. Sumar a lo anterior la inexistencia de ciclos formativos en el centro educativo que se oferta la FPB que implica no disponer de recursos materiales -o sea dotación- adecuada para impartirse ya hace que las posibilidades de éxito se difuminen cada vez más.

He hablado de dotación. Se necesita mucha dotación. No es de recibo que una FP Básica de la rama informática se realice en un centro sin llevar asociada la dotación de equipamiento informático. Lo mismo para las otras ramas (agraria, sanitaria, administrativa, etc.). No, no es de recibo que no lleven dotación a la hora de implantarse. Menos aún cuando el dinero para pagar este tipo de estudios viene directamente de la Unión Europea y la administración educativa lo detrae para pagar otro tipo de partidas que están muy alejadas de los objetivos de ese dinero finalista que nos inyectan masivamente desde Europa.

Ya he hablado de personal específico y dotación. Me queda el tema del material teórico. No, no hay ningún tipo de material teórico de calidad para los docentes que imparten esos módulos específicos o básicos (léase ámbitos matemáticos y sociales) en esos estudios. Debería ser obligación de la administración educativa de poner un equipo a trabajar para que los docentes tuvieran algún tipo de guión al que poder ceñirse en su día a día. Un modelo teórico y, una recopilación de prácticas para que puedan realizarse. ¿Por qué no montar una plataforma donde todos los profesores puedan consultar materiales diseñados por docentes en activo que, a lo largo de un período de seis meses, han elaborado material? ¿Por qué no mantener una red de intercambio de prácticas entre los centros que imparten esos estudios? ¿Por qué no cursos de formación específicos? ¿Por qué no… tantas cosas?

Lo de la FP Básica es una buena idea pero, como he dicho antes, abocada al fracaso por muchos motivos. Da la sensación que no le interese a la administración que funcione bien, a la mayoría de centros sólo les interesa para reducir la conflictividad en otras aulas (sí, la mayoría de alumnos de esos estudios, tienen un perfil disruptivo) y, al final, lo único que va a garantizar el éxito o el fracaso de esos estudios es una mezcla de suerte y trabajo. El problema es incorporar la variable suerte al asunto porque, seamos sinceros, quién quiere jugar a un juego de azar a la hora de dar clase incrementando ya la lotería que supone la heterogeneidad del alumnado a factores que la incrementan. Yo creo que es un error pero, como digo siempre, podría estar equivocado.

Si algún responsable político de esos que llevan este tipo de estudios quiere que le detalle un poco más las propuestas que, como docente de este tipo de estudios los últimos dos años, puedo hacerle, que no dude en contactar conmigo o con cualquiera que esté impartiendo esos estudios. Eso sí, si queréis que siga funcionando mal por motivos ni achacables al alumnado ni al profesorado, podéis seguir ignorando a los que un día sí y al otro también están haciendo lo imposible para parchear vuestro mal diseño. Creo que los alumnos se merecen mucho más que una propuesta tan mal implementada como la que se ha realizado.

Un post dedicado a Manuel García que, el otro día cuando hablé de propuestas educativas, me recriminó que no hablara de la FP Básica 🙂

A veces a uno le da la sensación que, cuando alguien legisla sobre temas educativos, se queda sin ideas a la hora de trasladar dicha regulación legal al aula. No es extraño encontrar inventos y ocurrencias que, quizás con toda la buena intención del mundo se plasman en ciertos articulados que, por desgracia, nunca tienen los recursos necesarios para aplicarse correctamente. Ideas en bruto que se quedan en una simple declaración y que, a veces, ni se tiene en cuenta cómo aplicarlas ni qué recursos se van a disponer para ello. Esto es lo que sucede con la FP Básica.

No es una mala idea plantear un tipo de estudios para que, alumnado con dificultades en seguir una vía de aprendizaje normal, pueda profesionalizarse en determinados ámbitos. No es una mala idea pero debería ahondar en buscarse las causas para necesitar este tipo de planteamientos educativos. La FP Básica no surge para mejorar la educación de nadie, surge para resolver un problema que no quiere solucionarse (atajar la causas del fracaso escolar con medidas y recursos) intentando no dejar en el limbo a un porcentaje de alumnos demasiado grande para abandonarlos a su suerte. Pero, sabéis cuál es el gran problema de lo anterior… que al final te abandonan. Te abandonan como docente y abandonan, de paso, a nuestros alumnos. No hay buena gestión de recursos -ni a nivel de la administración ni a nivel de centros-, hay recursos materiales que no llegan y, por qué no decirlo, unas estrategias de acompañamiento nulas para aquellos que imparten este tipo de etapas. Costes reducidos para algo que podría ser la solución a muchos problemas que obliga a un esfuerzo, en ocasiones imposible de asumir, a muchos de mis compañeros y que descoloca totalmente a los alumnos porque cada centro y cada docente hace lo que le da la gana. Mucho currículum sin sentido y, al final, obligado el personal a hacer lo que puede con lo que tiene. Algo que perjudica totalmente a los alumnos de ese tipo de estudios.

Fuente: Fotolia CC
Fuente: Fotolia CC

Creo que plantearse la existencia de una dotación de recursos adecuada para la FP Básica no es algo descabellado ni imposible de cumplir. No es de recibo que centros impartan FP Básica de determinadas familias profesionales sin contar con ningún tipo de recurso. No, no ha llegado dinero a los centros para implementarla. No se han diseñado estrategias. Es un… coge la FP Básica y corre para sobrevivir el día a día. Y, reconozcámoslo también, la mayoría del profesorado no quiere dar estos grupos. Los funcionarios definitivos que, ética e incluso legalmente deberían darlos, huyen de los mismos por desidia y pocas ganas de trabajar con alumnos que necesitan trabajar de otra manera. Algo que requiere más esfuerzo de lo habitual. Algo que no gusta a aquellos que se sienten muy cómodos con sus grupos filtrados de alumnado chitón. Un auténtico problemón dejar esos estudios en manos del último que llega. Alguien que ni conoce el centro ni a los chavales. La tónica general.

No creo que sea tan difícil dotar de recursos a los centros que imparten FP Básica. No creo que cueste mucho dinero gestionar una red social para que el profesorado que imparte clase en dichos estudios pueda contrastar ideas y ver qué se está haciendo en otros centros. No creo que sea tan caro poner a disposición de los docentes un espacio donde poder encontrar material adecuado. No vale lo de que uno se apañe. Que es muy cómodo legislar para que te saquen las castañas del fuego los docentes. Que la administración está para algo más que para legislar, está para guiar, dotar de recursos y ayudar. Help. Los docentes de FP Básica necesitamos ayuda porque no sabemos si lo estamos haciendo bien. Y nadie nos asesora. Nadie nos facilita reciclaje o cursos de formación específicos para esa etapa. Nadie nos dota de los recursos necesarios más allá de plantilla que, al final, se queda con esos grupos que nadie quiere dar. Los chavales no se lo merecen. Los profesionales no nos lo merecemos. No somos docentes de segunda ni nuestros alumnos tampoco.

Los docentes y alumnos de FP Básica somos los grandes abandonados del sistema. Mucho mediatizarla y llenarse la boca de su importancia para dejarnos tirados. Sí, me siento, como docente de FP Básica -en mi caso elegido libremente porque, como todos los que recalan provisionalmente en un centro, podríamos exigir que lo dieran los funcionarios definitivos y esa exigencia tengo clara que podría plantearla- totalmente dejado de la mano de la administración. Sin recursos y sin ningún tipo de apoyo por parte de la administración. La suerte es que en mi centro el equipo directivo sí que apuesta por este tipo de estudios y cuento con un claustro que, salvo excepciones muy puntuales, nos deja “funcionar de otra manera” sin ponernos demasiadas pegas al ver que nos movemos un poco más por el centro haciendo “cosillas” prácticas. Eso sí, reconozco que estamos muy solos y abandonados. Que me abandonen a mí como docente ya lo tengo asumido con los años que llevo pero, lo de abandonar a los alumnos de estos estudios no tiene nombre. Bueno, uno muy feo.

Creo que a estas alturas del curso y, para complacer a algunos que quieren saber algo de mi aula además de agradecer a muchos el apoyo recibido, puedo y debo escribir un artículo acerca de lo que ha supuesto, para mí a nivel profesional, dar clase en FP Básica. Algo que, reconozco, estoy disfrutando muchísimo y que, lamentablemente, queda en ocasiones ensombrecido por la imposibilidad en muchos centros educativos de poder hacer nada en esos estudios que, por desgracia, son vistos como “anómalos” por parte de un buen número de docentes.

oie_9172533JVLsWYYvDebo reconocer que en septiembre, con centro nuevo y horario inexistente -sí, podría hablar largo y tendido sobre el tema pero se merce más una charla de café que un redactado-, tuve una cierta aprensión cuando me colocaron en mi horario unas horas de FP Básica de Informática. Más aún cuando, en un primer momento, descubres que la dotación presupuestaria que han asignado a dichos estudios de nuevo cuño es cero. Sí, cuando la dotación de unos nuevos estudios es cero y la mayoría de docentes de la casa huyen de impartir clase en los mismos, te planteas que, quizás, y sólo quizás, estás abocado a sufrir en penitencia unos meses. Una hemorroide silenciosa que, presumiblemente, va a acompañarte en tu larga travesía aunque, por suerte, la hemorroide no ha sido tal. Pero no adelantemos acontecimientos…

Empecemos por el principio. Por el primer día. Quizás, aquel en el que te planteas que lo que necesitan los chavales que tienes delante tuyo no tiene nada que ver con un currículum redactado por alguien que nunca ha pisado el aula. Un primer día en el que te planteas dos opciones: el subsistir o el echarle ganas. Y, por suerte, opté en su momento por lo segundo. Algo que no hubiera sido posible sin el apoyo del equipo directivo de mi centro, el coordinador TIC y una gran comprensión por el resto de compañeros del Claustro. Sin ellos, todo lo que cuento en estas líneas hubiera sido completamente diferente.

Lo primero que tocaba plantearse al no existir ningún tipo de dotación económica era cómo poder dar clases de Informática en un aula donde sólo había unas cuentas mesas que se habían robado al Departamento de Tecnología. Sí, dispones de mesas y sillas amén de una maravillosa pizarra verde pero, ¿qué demonios puedes enseñarles a los chavales con lo anterior? Bueno, les puedes pedir que compren un libro de texto, tomen apuntes y hagan ejercicios. Pero, sinceramente, no es plan.

Por tanto, ya tenemos el primer paso. Buscar un aula de Informática del centro para poder aposentar a los alumnos y e intentar solucionar dicho problema de falta de recursos en el aula. Un aula, como he dicho antes, con muchos armarios y sin ningún medio tecnológico. Así pues… primera dificultad.

¿Y cómo solucionamos la primera dificultad? Pues gracias a que, desde el propio centro y con recursos propios, se nos ofreció la posibilidad de que nos montáramos nuestra propia aula multimedia. Sí, pasamos del currículum para pasar cable, montar canaletas, agenciarnos conectividad desde otra aula llevando el cable de red, colocar una pizarra de esas que se descuelgan del techo y montar un proyector con unos altavoces. Ahora, los chavales encantados con su aula. Un aula multimedia a coste mucho más reducido que el que destina la Conselleria y con toda la funcionalidad posible.

Seguro que algunos diréis… ¿y los equipos informáticos? Pues bien, sabiendo que en los almacenes del centro había equipos obsoletos y con el permiso pertinente, nos pusimos a ensamblar los equipos cogiendo unas partes de aquí y unas partes de allá. Equipos que, con un Linux Mint, están funcionando más o menos aceptablemente. A falta de dotación, que mejor que ponerle imaginación. Los chavales, por cierto, unos auténticos cracks.

Como el éxito del aula fue importante nos encomendaron la misión de montar tres aulas multimedia más. Y sí, a día de hoy podemos decir que en mi centro los alumnos de FP Básica han montado cuatro aulas multimedia completas (sí, con su proyector, equipo de sonido y cableado). Algo que, por si sólo, ya indica la calidad profesional de nuestros alumnos.

¿Y qué, no han hecho nada más a lo largo del curso? Pues sí. También han creado sus blogs, han realizado multitud de presentaciones acerca de software y hardware informático y, han aprendido el uso de determinados programas multimedia. Incluso han participado en un concurso de bullying que organizó el propio centro. Y sí, falta el tema de la radio y la revista pero del año que viene no creo que pase. Al menos, estoy seguro de que se lo exigirán a su futuro profesor en caso que yo no esté.

¿Más cosillas? Pues sí… han montado una impresora 3D, han aprendido Scratch y han trabajado un poco con Arduinos (de los más baratos ya que no son ni Arduino). ¿Es mucho o es poco? Yo creo que no nos podemos quejar a estas alturas de lo que han hecho.

Finalmente un pequeño detalle… ahora los alumnos están cableando el centro con cable de categoría 6 y poniendo unos racks con sus repartidores respectivos. Por si alguna vez Conselleria decide llevar esas 100 Mbps que tanto prometieron desde el Ministerio hace bien poco 🙂

Este ha sido un breve resumen del curso que, en poco más de un mes va a finalizar. ¿Qué han faltado cosas? ¿Qué no todo ha sido tan fácil como se presume si lees las líneas anteriores? Seguro que muchas y que ha habido días buenos y malos, con trabajo más duro y otros menos, pero, lo que no puede ser es que no escriba unas líneas de agradecimiento a mis alumnos, a los que han ayudado a que esto sea posible (Bruno, Javi, Ángel, Josep Ramon, Toni y un largo etcétera) y a todos aquellos que nos han sufrido en silencio por el ruido que, en ocasiones, hacíamos.

Un post dedicado a Natxo. Un alumno de FP Básica que, por desgracia, tuvo un grave accidente y que hoy, por fin, después de largo tiempo ingresado, ha venido a obsequiarnos con tu presencia. Te esperamos el curso que viene.

La mediatización y los recursos no llegan por igual a todas las etapas educativas. Hay etapas que, por motivos ignotos, se silencian, se ignoran e, incluso, en ocasiones se difuminan como si no existieran en nuestro sistema educativo. Un sistema educativo abocado a hablar de Primaria y Secundaria, haciendo hincapié en los alumnos y profesionales que imparten/reciben enseñanzas en unos determinados niveles educativos mientras que otros quedan en el olvido más absoluto.

Fuente: Arturo Huichalaf Muñoz
Fuente: Arturo Huichalaf Muñoz

Resulta curioso que, habiendo miles de alumnos y docentes en Infantil, FP Básica, Ciclos Formativos (tanto de grado medio como superior), Escuelas Oficiales de Idiomas, Escuelas de Música, Conservatorios y Centros de Adultos, sean míseras las líneas que se dedican a hablar de ellos. Debates inexistentes acerca de sus necesidades. Jornadas y eventos que excluyen, de forma reiterada, las etapas anteriores por, supuestamente, no vender. Como dijo ayer Josep Miguel en Twitter, “en las escuelas de adultos no hay iPads… por tanto, no interesamos”. Ironía para referirse al nulo interés en unas enseñanzas y etapas educativas que, curiosamente, son prioritarias en la sociedad actual.

No entiendo ese oscurantismo en hablar de esas etapas. No me cabe en la cabeza que, por ejemplo, Infantil se considere por parte de muchos como una guardería cuando es la etapa inicial -de las más importantes para adquirir hábitos- de la escolarización de nuestros niños. No entiendo tampoco cómo la FP Básica -salida profesionalizadora para muchos alumnos que necesitan una vía más manipulativa- sea ignorada más allá de las discusiones estériles acerca de los títulos que pueden ofrecerse. Lo de los Ciclos Formativos ya no tiene nombre. La fábrica de profesionales por excelencia de miles de futuros trabajadores, en el olvido de la mayoría de planes educativos. Cómo mucho, alguna pequeña mención en las apariciones públicas de determinados responsables de la administración educativa pero, por desgracia, sin ningún tipo de acción que demuestre “cariño” hacia tan importante etapa educativa. Y, finalmente, los centros de adultos… esos grandes desconocidos para la mayoría de la sociedad que escolarizan, curso tras curso, a gran cantidad de personas adultas que quieren mejorar su formación básica. Una formación que, quizás en su momento no pudieron recibir y que, ahora, retoman. Sí, me he dejado de matizar la importancia de las Escuelas Oficiales de Idiomas, Escuelas de Música y Conservatorios pero, dudo mucho que nadie con un poco de sentido común, por poco mediatizadas y apoyadas que estén, pueda dudar que son pilares fundamentales en sus ámbitos de actuación.

Me da la sensación que, en ocasiones, hay etapas fantasma en nuestro sistema educativo. Amores de barra poco correspondidos y culpables de ser ignorados por estar, tradicionalmente, considerados como “amores de segunda”. Y eso es un error. No hay etapas de primera ni de segunda. Hay etapas educativas, cada una con sus necesidades específicas, que merecen ser tratadas al mismo nivel que otras que, parece, que sean las únicas que existen en nuestro sistema educativo.

Todo mi respeto y admiración a los compañeros de esas etapas, a los cuatro políticos que se ocupan realmente de ellas (porque, lamentablemente, no hay más) y a todos esos alumnos que existen con independencia que no sean visibilizados ni tratados, en ocasiones, con la importancia que se merecen por parte de muchos.

Dedico este artículo a todos los alumnos y docentes de esas etapas pero, me gustaría dar las gracias específicamente a Ramón Paraíso por servirme de inspiración con su último artículo. Un abrazo.