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evaluación docente

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Una de las últimas propuestas, destinadas a devaluar aún más la profesión docente, es la que surge del Consejo Escolar del Estado, proponiendo que sean los alumnos los que evalúen a sus docentes. No solo eso, también deberían poder evaluar la organización del centro educativo y sus infraestructuras (fuente).

Fuente: Desconocida

Lo sé, podría empezar el alegato en contra de esta medida diciendo que, por qué no ponemos a los usuarios de un puente a evaluar al arquitecto que lo diseñó, a los operarios que lo montaron e, incluso a los transportistas que trajeron el material. También podríamos analizar, sin tener ni idea de botánica, la jardinería usada en determinados lugares de la ciudad pidiendo, por ejemplo, que en zonas frías, se plantaran palmeras o, yendo más allá, bonitos baobabs porque quedan muy bonitos. Pero, lamentablemente para los que buscan otro de esos posts sin propuestas que, por lo visto, perpetro, debo informarles de que voy a acudir a reflexiones de otro calado. Eso sí, sin renunciar a la respuesta fácil que podría haberles dado (y que ya he metido disimuladamente en este párrafo).

Yo abandoné las aulas de esas etapas que pretenden que los alumnos evalúen hace casi veinticinco años. En su momento tenía una percepción muy sesgada de qué era un buen profesor y, curiosamente, conforme ha ido pasando el tiempo he ido valorando determinadas cuestiones que, en su momento, no valoré. Si me hacen ahora una encuesta o me la pasan a lo largo de, por ejemplo segundo de BUP, me encontraría con la asignación de valores totalmente diferentes a la mayoría de profesores que tuve. ¿Por qué? Pues porque la experiencia y la vida me han hecho valorar muchas cosas que, quizás en su momento, quedaban tras otras mucho menos profesionales. Quizás lo mismo sucedería ahora con esa evaluación. Se darían sesgos que permitirían que los más valorados fueran los que hacen cosas más excéntricas, ponen mejores notas a sus alumnos o, simplemente, les dejan a la dula sin hacer nada. ¡Claro que son capaces los alumnos de saber cómo les va en clase! ¡Claro que saben qué les gustaría hacer! El problema es que, quizás, al igual que en cualquier otra situación vital, esas necesidades pueden ser observadas demasiado parcialmente. No siempre el que reconoce mejor su enfermedad es el propio enfermo. Ya sabemos que los médicos son muy poco fiables cuando se autodiagnostican o lo hacen a alguno de sus familiares. Todo es mucho más complejo. Más aún algo tan poco difícil de objetivar como es la evaluación. Y ya no digamos la evaluación de algo por parte de alguien que no tiene todos los datos para evaluar.

Entonces, seguro que algunos se dirán… es que los docentes no queréis que os evalúen. Pues no. Precisamente al contrario. La mayoría de profesionales, entre los que me incluyo, queremos que haya un sistema de evaluación “lo más objetivo posible”, diseñado y ejecutado “profesionalmente” y por “personas que sepan”, para poder corregir nuestra praxis educativa, detectar errores y fomentar, por esa mejora, un aprendizaje mejor para nuestros alumnos. Y no, no voy a rehuir el debate sobre la evaluación para deciros de nuevo que hay temas mucho más importantes que éste. Ya da igual. Si queréis hablamos sobre esto pero lo hacemos poniéndolo todo encima de la mesa.

Vamos a evaluar. Vamos a hacerlo bien. Vamos a evaluar a todos los docentes (sí, a todos) de una forma sistémica, sistematizada y, mediante un diseño de dicha evaluación que venga marcada por la mayor parametrización posible de los datos de forma contextualizada. El modelo de evaluación debe tener en cuenta la especificidad de nuestros alumnos, tener claro que los alumnos no son tornillos y que, por desgracia, no podemos valorar en función de métricas industriales. Claro que se pueden hacer apaños para intentar evaluar con esas premisas. El problema es que vale dinero hacerlo. Conviene diseñar un plan, hablar con los profesionales, establecer un cuerpo de “inspección pedagógica” y, cómo no, decir claramente qué queremos evaluar y bajo qué criterios. Lo demás, sinceramente, humo.

Algunos estamos un poco hartos de globos sonda de un Consejo Escolar del Estado formado solo por docentes “elegidos por entidades sindicales”, “personajes de relevancia desconocida” o, simplemente, políticos, curas, monjas, organizaciones empresariales o, simplemente, habiendo pillado al que se encontraba en la calle para hacer el cupo. Si vamos a hacer las cosas hagámoslas bien. En caso contrario, por favor, callaos todos porque, sinceramente, el tema ya cansa. Y más aún las chorradas, como ésta, que se pueden llegar a plantear. Nuestro sistema educativo, compañeros, alumnos y padres se merecen mucho más que esto. Muchísimo más respeto como mínimo.

Ayer, sin ir más lejos, vuelve a sonar con fuerza (lleva años y sigue sin haber ningún tipo de actuación real sobre el tema más allá del lanzamiento de determinados globos sonda) la necesidad de un MIR para docentes. Un sistema que, según un 65% de docentes encuestados por el Consejo General de Ilustres Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias (más largo y rimbombante el título del entramado imposible), sería necesario incorporar para los docentes que aterricen nuevos en el aula. Docentes en activo con la silla a prueba de bombas queriendo que los que vayan a entrar pasen por un sistema de acceso y control más exhaustivo del que pasaron ellos. Qué bonito pedir para otros sin aplicarse el cuento. Qué bonito tener la solución a todos los problemas educativos haciendo recaer la responsabilidad exclusivamente en el profesorado.

Fuente: http://nuevosmaestros.wordpress.com
Fuente: http://nuevosmaestros.wordpress.com

Puedo estar, personalmente, a favor de un cambio en el sistema de acceso del profesorado (algo que, por cierto, también habría de incluir al profesorado de la concertada -pagados sus salarios con dinero público-) pero jamás puedo apoyar una medida que no incluya una evaluación a los que ya estamos dentro del aula. Evaluación que jamás hemos tenido porque lo del año de prácticas siempre ha sido un auténtico cachondeo. Visita del inspector, peticiones de papeles inútiles y, finalmente, expedición de un maravilloso título de funcionario del Estado. Y después, si uno quiere… a tumbarse a la bartola.

O evaluamos a todos los actores del sistema (incluyendo a cargos políticos que gestionan el sistema educativo, asesores puestos a dedo, liberados sindicales y, como no, a los docentes que ya estamos trabajando en el sistema educativo con plaza definitiva) o nos dejamos de estupideces. Que evaluar a terceros es algo que, por lo que se ve, gusta a demasiados de mis compañeros. Varitas, supuestamente mágicas, que unos decidirían aplicar con sus futuros compañeros. Se ha de ser bastante … (prefiero dejarlo abierto) para pedir que evalúen a otros y no hablar de la necesaria evaluación de uno.

Llevo más de quince años en esto y la única vez que un inspector ha evaluado mi trabajo (bueno, ni eso) es cuando vino a decirme que había aprobado la fase práctica que se realiza una vez pasadas las oposiciones. Más allá de eso, nunca ha venido ni un inspector a los centros donde he trabajado para proponer estrategias o metodologías educativas. Eso sí, algunos han llegado a pedir papeles. Papeles que, por cierto y debido al volumen de los mismos, es imposible que lleguen a leerse antes de su jubilación.

Harto que se pidan evaluaciones por alguien que no incluye su propia evaluación dentro de la propuesta pero, a pesar de ello, estoy convencido de que los docentes -y no sólo los que entran en el sistema- debemos ser evaluados. Creo, sinceramente, que en cada clase que impartimos, lo estamos siendo por parte de los evaluadores más importantes en nuestra profesión: los alumnos. Es por ello que me sorprende que haya compañeros que exijan un sistema que, supuestamente, permita acceder a los mejores. Porque, seamos sinceros, si el nuevo sistema permite elegir a los mejores, ¿qué consideración tienen hacia ellos mismos o el resto de sus compañeros que aprobamos una oposición en su momento?

Hay docentes buenos, malos y regulares pero plantearse que un MIR va a solucionar todos los problemas, como antaño sucedió con la sustitución del CAP por un máster (que lo único que ha servido ha sido para sanear las cuentas de algunas Universidades), sin plantearse el problema que subyace tras el sistema, es estar abocado a seguir disparando con balas de fogueo.

Podría estar a favor de un sistema que gestionara el sistema de entrada a la profesión docente mediante el acompañamiento inicial de los docentes en el aula. Sí, podríamos llamarlo MIR o DIR (docente interno residente). Pero jamás puedo estar a favor de un sistema que deje fuera de la ecuación a los que ya estamos en el aula y a los que tienen algún tipo de relación/responsabilidad (sea política o profesional) con el sistema educativo. Vamos a hacerlo bien porque si no es así, lo único que hacemos es verter titulares interesados.

Quiero que se me evalúe. Quiero que se evalúe a todas las personas que, directamente o indirectamente, están cobrando de la administración educativa. Quiero que la evaluación sea accesible y transparente. Quiero que la sociedad pueda conocer esas evaluaciones de toda la comunidad educativa. Porque, si sólo hemos de evaluar a unos cuantos y con criterios que poco tienen que ver con la capacidad docente, apaga y vámonos. En caso contrario… evaluadme.