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Es muy difícil cabrearte después de una ingesta de magnífica paella y una siesta de esas que, por no provocar envidias, voy a obviar comentar el tiempo que la he disfrutado. Es difícil, pero no imposible. Menos aún si abres Twitter y ves a responsables políticos o algunos docentes cuya capacidad neuronal, por lo visto, se halla totalmente al margen de sus posibilidades, que alaban un artículo publicado hoy titulado… “¿Cuál es la mayor estafa del mundo? La educación“. Un panfleto escrito por alguien en cuyo currículum se encuentra la fantástica gestión del banco de Venezuela y la dirección de su banco central que llevó a Venezuela a convertirse en uno de los países más pobres que, al final, optó por un modelo como el actual (ya veis si debían estar mal). Un currículum mejorado con la Dirección Ejecutiva del Banco Mundial. De los mejores perfiles para hablar de Educación. Bueno, para algunos a nivel de tertuliano de Sálvame. Ya, eso los que normalmente acostumbramos a sumar dos más dos antes de ponernos a aplaudir con las orejas determinadas aberraciones encubiertas bajo el concepto “panfleto de opinión sesgada y con interés manipulador”.

Fuente: Wikipedia

La mayor estafa del mundo por lo visto somos los docentes. Grandes responsables de todo el fracaso escolar y que, por lo visto, somos “ignorantes”, “absentistas” y que provocamos la malnutrición de nuestros alumnos. Empieza hablando de países donde los docentes lo están pasando muy mal en cuanto a condiciones laborales y lo acaba extrapolando a todo el colectivo. Con un par. Añadiendo, eso sí, la coletilla de que los sindicatos y la defensa de los trabajadores son obstáculos al cambio y los docentes, para añadir otro adjetivo, “corruptos”. Bueno, y ya lo de sustanciales presupuestos cuando los vemos desde la visión de un país que no llegamos al 4% de PIB destinado a ello…

Fuente: El País

Continua su panfleto hablando de la necesidad de medir y usar, por lo visto, unas herramientas determinadas para que, así, esos estudiantes y profesores sean mejorados para el sistema productivo. Un buen discurso de esos tan habituales últimamente en los medios: medir hasta morir y, una vez muerto, volver a medir. Bueno, o simplemente medir hasta que salga lo que uno quiera que salga. Bueno, para eso ya pueden usarse los informes PISA. Para decir una cosa y su contraria después de haber pagado un pastazo. Claro que sí monada. Sí se puede.

Me pilla aún con modorra  post siesta y el café no me ha hecho del todo efecto porque, si me llega a coger en condiciones, empiezo a enviar a personal al infinito y más allá porque, sinceramente, ver que docentes aplauden con las orejas lo anterior me preocupa. Bueno, también me preocupa que lo hagan los responsables políticos de la Educación de este país pero, como bien sabemos, con un centenar largo de miles de euros anuales en el bolsillo uno se deja sodomizar. Más aún si no tiene donde caerse muerto en caso de que no haga las genuflexiones pertinentes.

La mayor estafa del mundo eres TÚ. Sí, tú. El que te crees lo que dicen este tipo de personajes.

Es totalmente lícito que todo el mundo opine de Educación. Creo que, también entendéis que es lícito que todos podamos cuestionarnos qué dicen y los motivos que subyacen tras sus palabras.

Arcadia, ese lugar imaginario donde reina la felicidad, la sencillez y la paz en un ambiente idílico, habitado por una población variopinta de seres que vive en comunión educativa, es algo que, por mucho que algunos se lo crean, no existe. La docencia no se da en un paraíso sin problemas, donde los alumnos vienen a aprender, los docentes están dispuestos a colaborar y los padres, a aportar su granito de arena en el aprendizaje de sus hijos. Va a ser que la docencia en Arcadia es una simple utopía. El problema es cuando se abandona Arcadia y se convierte en el Far West gracias a los maravillosos novelistas que, en sus medios, se dedican a despotricar a diestro y siniestro contra los docentes. No hay medio que se precie que cada cierto tiempo no incluya determinados adjetivos, más o menos peyorativos, para dirigirse a los docentes. Lo de vagos es algo que ya viene de serie en las rotativas. Unas rotativas que, por desgracia, en lugar de parar, siguen echando tinta para poner, aún más si cabe, a los profesionales de la educación en la picota. Unos profesionales cuestionados un día sí y al otro también por tertulianos que, dentro de su incapacidad, está la de juzgar la profesionalidad de terceros. Si uno es capaz de juzgar los devaneos de algún torero, cómo no va a ser capaz de juzgar el trabajo que cientos de miles de docentes hacen en sus aulas. Que todo el mundo sabe lo mejor para sus hijos, sus limitaciones o sus genialidades que, por lo visto, ese mameluco que les da clase no sabe sacar.

Fuente: Wikimedia

Ahora toca la caza al docente. Ya no son sólo las agresiones, cada vez más habituales, de alumnos a docentes. Es el simple ninguneo de su función, la necesidad de muchos de encontrar enemigos y, por qué no decirlo clara y llanamente, de desahogar su propia frustración. Ha de ser muy frustrante para uno no reconocer sus limitaciones y qué mejor para encubrirlo que buscar los defectos de alguien. Y si ya son los defectos de un colectivo como el docente, ninguneado por la administración, vapuleado mediáticamente sin pausa por parte de los medios y, como siempre, culpabilizado de todos los males de la humanidad desde que la humanidad tiene recuerdo, no hay más que decir. Eso sí, todos se acuerdan de ese docente excepcional que hacía atractiva su asignatura. Uno de miles. El resto, bazofia humana y profesional.

A mí no me van a vender la moto de la falta de profesionalidad de los docentes en nuestro país. Son, al igual que el resto de las profesiones, un batiburrillo heterogéneo de profesionales que, entre buenos, malos y regulares, intentan hacerlo lo mejor posible. Ya, siempre es bueno sacar al docente que abusa de menores en titulares o al que siempre encuentra la excusa para no ir a trabajar pero, sinceramente, esto de magnificar casos aislados ya es algo que cansa. Bueno, más que cansar, demuestra la campaña mediática que, en los últimos tiempos, se está cebando en el colectivo. No hay día sin una noticia que diga lo poco que se preocupan los docentes de los alumnos con altas capacidades, los que tienen disfunciones de varios tipos, los que tienen TDAH o, simplemente, aquellos que no entienden la asignatura y suspenden porque su profe es más malo que la tiña. Bueno, y lo de estos últimos tiempos del adoctrinamiento… Hay qué joderse. Bueno, no. Hay que apostar para que, de una vez por todas, dejemos el silencio y empecemos a decirles a los medios y a los personajes que alientan esa visión que se vayan a la mierda. Sí, a la mierda.

Por cierto, si alguien se cree que la taxonomización peyorativa indiscriminada de un colectivo como el docente es positiva, tiene un gravísimo problema. Eso sí, por lo que se ve últimamente, el problema está bastante extendido.