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En educación tenemos un grave problema con los discursos. Especialmente con aquellos que, por desgracia, centran todo el modelo educativo, o bien en el uso de una determinada tecnología o bien, como sucede últimamente con más asiduidad, en una metodología. Hemos pasado de lo imprescindible que supone usar una determinada herramienta (sea un iPad, un Moodle, las herramientas de Google o, simplemente, un PowerPoint) a darle una vuelta al concepto para pretender que, según algunos, el uso de un modelo de clase invertida, ABP, gamificación o, simplemente, mantener el modelo unidireccional, sea la solución a todos los problemas educativos. Y eso, al igual que sucede con la mayoría de decisiones educativas tomadas por los políticos que la gestionan, con suerte, son solo parches que no tienen ningún atisbo de mejorar la educación por ningún lado.

Fuente: ShutterStock

Ya sé que puede sonar muy petulante pero, sinceramente, os prometo que tengo en cuenta la opinión de muchísima gente (y, especialmente de grandes profesionales de aula) a la hora de plantearme la necesidad de reducir discursos y centrarnos, de una vez por todas, en las claves que permitirán, quizás de forma no tan mediática pero mucho más efectiva, mejorar la educación de nuestros alumnos. Y ya de paso, conseguir una mejor sociedad porque, no lo olvidemos, la sociedad es reflejo de su sistema educativo.

¿Cuáles son los cuatro pilares que permitirían mejorar la educación? Pues son leer, escribir, comprender y razonar/argumentar. No es de recibo que, a día de hoy, aún sean muchos los que pasan de Primaria a Secundaria sin haber asumido lo anterior, llegan a la Universidad (y salen de ella) sin tampoco tenerlo claro y algunos, por lo visto, acaban dando clase sin tener esas competencias básicas (bueno, más que básicas, imprescindibles) asumidas. Me da igual que en las etapas obligatorias se deba prescindir de determinados contenidos o, simplemente, que se conviertan en tiempos en los que lo urgente desplace a lo secundario pero, ¿alguien me puede decir cómo podemos aprender de nada sin saber leer, entender lo que leemos o, ser capaces de argumentarlo por escrito u oralmente? Yo no lo veo.

Hay miles de estrategias para llevar a cabo una mejora en esos cuatro aspectos. Desde la lectura intensiva (sí, en voz alta se hace imprescindible), los dictados, las preguntas de comprensión acerca de textos y los debates acerca de ciertos temas. No es malo establecer más tiempos para debatir entre los chavales. No es malo que algunos lean más tarde de los tres años. No es imprescindible que todos los chavales lean el mismo tipo de lecturas (aunque eso jamás debería impedir que cierta literatura pasara por sus manos). Y todo lo anterior se puede hacer sin tecnología, sin necesidad de reinventar ninguna rueda y, solo con el trabajo que supone para el docente el de adaptarse a sus alumnos obviando cualquier necesidad de centrarse en una sola metoodología. Claro que el formato multimedia es importante pero, ¿por qué no empezar por el principio antes de ponernos con otras cosas? Es que, como bien deberían saber algunos, hay cosas que van antes que otras. Esto de construir la casa por el tejado es algo que, al menos en educación, siempre me ha preocupado.

No lo sé pero, ¿qué os parecería si desde el momento en que los alumnos empiezan a escribir llevaran un diario y vieran, en el mismo, su evolución en los redactados y argumentaciones? ¿Os resultaría interesante establecer concursos de palabras, encuentro de sinónimos y debates entre alumnos/centros acerca de determinados temas que pudieran elegirse dentro de un currículum destinado a lo anterior? ¿Veis positivo que se investigue más a fondo acerca de las mejores estrategias para adquirir una lectura en condiciones? ¿Qué tal se compraría por parte de los docentes y padres si se les dijera que quizás antes de empezar con las capitales del Báltico conviene que sus alumnos/hijos sean capaces de tener unas habilidades básicas asumidas? Y ya rizando el rizo y sabiendo que no todos los chavales adquirirán lo anterior al mismo tiempo, ¿qué tal lo de dejar de agrupar al personal por su actividad fisiológica y eliminar los cursos en etapas obligatorias para marcar unos objetivos muy claros a la hora de obtener una determinada certificación al finalizar esos estudios? Ya si eso nos ponemos también a reducir ratios en esas etapas iniciales porque, como todo el mundo con dos dedos de frente sabe, hay ratios que son infumables y dificultan el aprendizaje. Más aún en etapas incipientes del mismo.

Quizás esté siendo muy prepotente al creer que lo que propongo mejoraría la educación pero, sinceramente, ¿veis tan erróneo mi planteamiento?

Sí, lo digo alto y claro. Odio las pruebas de Competencias Básicas. Odio esas pruebas que nadie sabe de dónde han salido, que pasan a nuestros alumnos de cuarto de ESO y que, como mucho, miden la capacidad de nuestros alumnos para enfrentarse con exámenes estandarizados. Sí, si uno se considera docente no puede menos que odiar este tipo de pruebas. Más aún si se tiene claro que lo de las Competencias Básicas es un timo, orquestado por personajes variopintos (muchos de los cuales no han dado nunca clase en los cursos en los que se aplican) que, lamentablemente, vende muy bien cara a la galería. Sí, a la gente le encanta que los alumnos cada vez estén más controlados. Sí, a muchos padres les encanta ver que sus hijos son sometidos de forma continua a exámenes. Sí, que si a los padres no les llegara el boletín de calificaciones, a muchos les daría un infarto y considerarían que el sistema educativo no cumple su labor. Este asociacionismo prueba-evaluación-informe es algo que está demasiado extendido en nuestro país.

Fuente: Néstor Alonso
Fuente: Néstor Alonso

Hoy en mi centro se están pasando estas Pruebas. Pruebas que vienen unos docentes “de fuera” a pasar “a nuestros” alumnos. ¿Desconfianza de la administración educativa? ¿Es que no confía en sus docentes? Porque, si esto es así… que coja y envíe a sus inspectores a ver qué pasa. Porque insinuar que no confías en los profesionales que tienes es mucho peor que no hacerlo. Y eso es lo que se desprende de este tipo de pruebas estandarizadas y homogéneas.

Además, también resulta curioso cómo reacciona el colectivo docente ante tamaña intromisión. Ayudando y colaborando a pasar esas pruebas. Avalando con sus actuaciones un despropósito como el anterior. Sí, he sido el único docente de mi centro que me he negado a pasar esas pruebas. Sí, he cogido esa hora en la que había de repartir etiquetas y exámenes, la he cambiado a un compañero y, me he ido a hacer guardia. Una guardia que he reconvertido en clase. Una guardia en la que he aprovechado para preparar material para mis alumnos. Porque, mi trabajo es enseñar. Mi trabajo no incluye el vigilar pruebas externas en las que no creo y que, a mi entender, están muy mal diseñadas. Y ese es el trabajo que me gusta.

Me importa tres pepinos que mi salario vaya a estar relacionado con el número de alumnos que “superen” las pruebas de Competencias Básicas. Me importa un nabo que haya unas pruebas que, en un par de días, determinen mi cualificación profesional porque… como no creo en esas pruebas y sí en los alumnos, tengo muy claro lo que he de hacer. Los alumnos se merecen recibir el mejor trato posible. Sí, con su justa exigencia. Pero, cuando la exigencia pasa por algo que nadie sabe de dónde viene y, al ver las pruebas, no hay manera de defenderlas delante de los chavales, más vale ignorarlas. Sí, yo exijo en mi aula. Exijo y hago trabajar muchísimo. Sí, no hago exámenes porque mi sistema de evaluación y manera de entender la docencia no lo contempla pero, todos mis alumnos tienen muy claro qué deben hacer para aprobar conmigo. Para inventos variados ya tenemos a la administración. Y lo de las Competencias Básicas no deja de ser un burdo invento para seguir estandarizando, en etapas obligatorias, a unos alumnos demasiado heterogéneos.

Mucha oposición a pruebas estandarizadas y son demasiados los docentes que están cayendo en la trampa de las competencias básicas. Unas competencias que se parecen demasiado a la estandarización de la Educación que se está realizando en Estados Unidos y que mide la mejora educativa a base, únicamente, de tests (¿a alguien le suenan las pruebas de competencias básicas o pruebas diagnóstico?). Competencias a golpe de supuestos procedimientos maravillosos y competencias a asumir por parte de los alumnos mediante la introducción de habilidades (skills) que deben ser capaces de obtener según el curso en que se hallen. ¿A alguien le suena lo anterior? Sí, es lo que en nuestro país llamamos competencias básicas y que muchas administraciones educativas, amparadas por determinados docentes, se han lanzado a publicar.

Common Core no es nada más que estandarizar el aprendizaje del alumnado para que el mismo consiga, en un futuro, ser más productivo para la sociedad (o sea, el dinero es lo que mueve dicha estandarización). Millones de dólares procedentes de inversores privados (el más conocido es Bill Gates) para montar un entramado educativo muy relacionado con las necesidades empresariales. Empresarios que quieren gestionar el negocio educativo. Empresarios amparados por los gobernantes de determinados Estados y por el propio presidente americano, para montar un modelo a su medida.

httpv://www.youtube.com/watch?v=5s0rRk9sER0

Nada nuevo bajo el Sol. Intento de reducir el aprendizaje a ir sumando puntos en tests que, supuestamente, tienden a medir la supuesta competencia de los alumnos en determinadas cuestiones. Cuando las competencias estandarizadas se convierten en algo que sustituye cualquier alternativa estamos cayendo en los mismos errores que pretendemos subsanar con las mismas. Algo que se demuestra en el siguiente vídeo (donde nos intenta desterrar el concepto “arcaico” de la multiplicación tradicional para mostrarnos las “bondades” del método de la caja -bueno, aquí hace tiempo que lo llamamos de otra manera-).

httpv://www.youtube.com/watch?v=BVYbcps23Tw

Hacer lo mismo de siempre, perdiendo mucho más tiempo en los cálculos (salvo contadas excepciones), no creo que pueda ser incluido en el apartado de mejora educativa. Convertir una simple operación matemática en un objetivo final (en cuanto al procedimiento de resolución) me recuerda demasiado a la imposición por decreto de los factores de conversión (al final, una vez llegado a la madurez, he optado por lo más fácil y, en demasiadas ocasiones, consiste en una simple regla de tres). Cuando el procedimiento se hace núcleo del aprendizaje es que algo estamos haciendo muy mal. No importa cómo llegar al objetivo. Lo importante, por uno u otro camino (que va a ser a gusto del alumno), es llegar a la resolución de los elementos más mecánicos para obtener una solución. Eso no implica cargarse métodos. Eso va a ser el resultado de las decisiones que el alumno tome. Todas igual de válidas mientras permitan obtener, razonadamente, el resultado necesario.

No hay procedimientos buenos o malos. Hay alumnos heterogéneos que se sienten más cómodos haciendo las cosas de una u otra forma. Algo que nunca debe pautarse. Algo en lo que, lamentablemente, quieren entrar estos modelos que hablan de aprendizaje enfocado a que todos hagan/consigan lo mismo de la misma manera. Esto no se llama competencias, esto se llama imposición o despropósito educativo.