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A partir de hoy no voy a responder ni a un solo mail de los que me lleguen para preguntarme cuestiones técnicas, dudas acerca de determinadas metodologías, recomendaciones o, simplemente, que eche una mano en determinados proyectos, trabajos o conteste a determinadas preguntas. Se acabó. Lo de este confinamiento ya ha sobrepasado mis ganas de hacer cosas de forma altruista por el personal. Ya venía quemado últimamente por el tema de los proyectos que monto, materiales que publico,… y ver el feedback de los mismos para, después de llevar más de cientos de mails respondidos en las últimas semanas y, prácticamente, ninguna respuesta dándome siquiera las gracias de forma automatizada, he decidido enviar a la mierda todas mis ganas de echar una mano a nadie. Paso. Se acabó.

Fuente: Pixabay

Se acabó también lo de desplazarme, poniendo dinero del bolsillo e incluso pagándome la comida, a determinados lugares para dar charlas. Hasta aquí ha llegado mi tiempo dedicado, vía teléfono o videoconferencia a echar una mano a nadie. Voy a hacer lo mismo que, en ocasiones -y no pocas- me han hecho a mí algunos de esos que, en Twitter siempre dicen que van a echar una mano y, después cuando les pides algo jamás tienen tiempo. Y de esos hay unos cuantos. Bueno, en mi caso ya digo desde ya que no voy a echar una mano a nadie. Tan solo a los “amiguetes”. Y esos ya saben quiénes son. A los demás se les acabó el todo gratis. El panoli ya está cansado de seguir siendo un panoli.

Como ayudar no me da de comer y, al final lo único que me ha demostrado es que hay personas, especialmente docentes, que le echan mucho morro, paso. Ya ayudaré a lo que tenga que ayudar porque, para esos proyectos siempre voy a tener tiempo. Y son proyectos tras los cuales hay personas que también se mueven para llevarlos a cabo. Esos sí que me interesan. A los que piden, piden y solo piden, mejor que se vayan a engañar a otro. A mí ya me han timado demasiado tiempo.

He decidido cerrar el grifo. Espero que algunos os deis por aludidos porque, la mayoría de los que pedís y una vez habéis obtenido lo vuestro pasáis de dar siquiera las gracias, sé que me leéis. Pues gracias a vosotros esto se ha acabado. Me planto.

Por tanto, si a partir de ahora alguno me envía preguntas, me pide ciertas cosas o que le eche una mano, va a obtener el silencio por respuesta. Ya he dicho que las únicas excepciones vais a ser los que ya sabéis. Y creo que no hace falta deciros que, para vosotros voy a estar para todo lo que necesitéis.

Supongo que los que pedís y pedís, largándoos miserablemente después de obtener lo pedido, intentaréis hacer de sabandijas en otro lado. Pues que os vaya bien pero recordad que, gracias a gente como vosotros, al final el personal se harta. Y habrá un momento en el que quizás no encontréis donde hincar el diente porque creo, viendo lo que han hecho algunos que compartían hace tiempo mucho y ahora nada, que todo el mundo se acaba hartando de la situación.

Lo habéis conseguido. He cerrado el grifo.

PD. El curso de competencias digitales lo voy a seguir haciendo porque lo prometí en su momento y el foro sigue ahí. Eso sí, paso de dinamizar el foro y, una vez finalice el curso de competencias digitales quizás no lo ponga en abierto. Es lo que tiene empezar a pensar en mí.

Soy gilipollas. Reconozco que, cada cierto tiempo, llega un momento en el que me planteo qué hago compartiendo altruistamente determinados materiales, creando proyectos relacionados con mi profesión a coste cero para el que los va a disfrutar o, simplemente, haciendo ciertas cosas a las que nadie me obliga. No escarmiento. En un colectivo como el docente, con cientos de miles de profesionales del ramo, el porcentaje de los que comparten cosas es mínimo. Eso sí, muchos se dedican a buscar por internet materiales o recursos para su clase, los cogen y se van, sin tan siguiera, dar un simple gracias.

Fuente: Pixabay

Sé de docentes que tienen excelentes materiales en la red de sus asignaturas, que van actualizando, con mucho esfuerzo y detrayendo horas a otras cosas, con miles de visitas diarias a los mismos que, curiosamente, jamás reciben ni un simple mail para agradecerles lo que hacen. Ya sé que no lo hacen para que nadie les de las gracias pero, al final, les hace ilusión que se reconozca su trabajo. Más aún porque la inmensa mayoría no lo hacen por dinero. Los que crean empresas o se sacan un sobresueldo gracias a su trabajo no entran en el pack. Ya tienen esa recompensa.

En muy pocos días se han superado las 15.000 visitas al foro que creé sobre herramientas TIC. Un foro para que se pueda hablar y consultar dudas acerca de ciertas herramientas que, muchos docentes, usan a diario en sus clases. Y, sabéis cuántos han participado. Sí, la friolera de seis participantes. Todo un éxito. Ya no pongo ni el enlace porque, sinceramente, ya conozco la respuesta del personal: uso, miro, me aprovecho de lo que puedo y… hasta luego Lucas. Y así nos va. Así cada vez se ve como el personal comparte menos. O, algunos como yo, seguimos siendo tan gilipollas para seguir haciéndolo. Ya me pasó con mis dos libros y otros proyectos. Muchas descargas (que no significa lecturas) y casi nadie agradeciendo nada.

Ahora, dentro de nada, voy a sortear una de esas cincuenta plazas para docentes para que puedan hacer, de forma gratuita, un curso de competencias digitales básicas en una “academia online” que he montado. Palmando, como siempre tiempo y dinero. La cantidad de inversión para hacer cosas para otros, al igual que muchos, es incontable. Lo digo por constatar una realidad.

Cada día entiendo más a aquellos que dejan de compartir. Cada vez hay menos docentes compartiendo cosas. Aquí la política del “pillo esto”, “me aprovecho” y “me la repampinfla el esfuerzo que hay detrás” está a la orden del día. Algún día diré ¡basta! y haré ese punto de inflexión. A lo mejor muy pronto se da esa casuística y se pasa de un blog abierto y proyectos abiertos a todos, a uno cerrado a cal y canto, con proyectos “de pago”. Por cierto, ya me he comprado un plugin para restringir el contenido.

Mientras tomo esa decisión, seguiré compartiendo cosas. Eso sí, hasta que me harte. Y, entonces, en un contexto capitalista como el actual en el que, a la mayoría solo le preocupa lo que puede sacar, a lo mejor tocará venderse. Bueno, no es venderse. Es considerar el trabajo de uno como algo que tiene un valor porque, sinceramente, da la sensación que si algo se ofrece de forma gratuita no lo tiene.

¿Por qué no aprovechamos la situación actual para jugar al procomún educativo? ¿Por qué no abrimos todos los recursos que hemos montado para el alumnado, las aulas virtuales montadas en Moodle o, simplemente, convertimos el modelo de negocio educativo en un modelo del compartir sin más? Entiendo que haya personas que, sin trabajar como docentes con un sueldo a fin de mes, deban ganarse el dinero vendiendo ciertas cosas y que, al igual que cualquier trabajo, todo lo que uno hace debería remunerarse pero…

Fuente: Pixabay

Si uno monta materiales para su alumnado está usando parte de su horario laboral para ello. El horario laboral no es solo el horario lectivo y hay parte (7,5 horas semanales en Secundaria) que, tal y como dice la normativa, está para, entre otras cosas, “preparar actividades docentes”. Ya sé que hay algunos que dedican mucho más tiempo a ello pero, aplicando la lógica, ese material creado en horario de trabajo debería pertenecer a la comunidad educativa. Además, en muchos casos, el material procede de adaptaciones de materiales de terceros que, después de una interesante remezcla, muchos docentes aprovechan en sus aulas. ¿Qué hay de malo en hacer público un trabajo para el cual ya te están pagando? ¿Realmente se tiene que ocultar al resto de compañeros? ¿Debemos jugar al gollum educativo? No creo que haya nada mío relacionado con mi ámbito laboral. Menos aún cuando trabajo para la administración educativa.

Pero más allá de las connotaciones legales del asunto, ¿por qué no jugamos al compartir? A hacer materiales bajo licencias libres (Creative Commons, por ejemplo). A poner en abierto todo lo que hemos aprendido de terceros y que nos hace ser mejores en nuestro trabajo. ¿Realmente algunos docentes tienen tanta necesidad de ingresar más dinero mensualmente? ¿Tanto les cambia su vida por realizar trabajos paralelos? Y que conste que no entro en que el trabajo vale dinero. Ni mucho menos.

Yo he aprendido, al igual que la inmensa mayoría de mis compañeros, de materiales que han compartido altruistamente mis compañeros. Seguro que ahora viene el discurso de “sentirse tonto” porque unos comparten y otros no. El mismo discurso que puede aplicarse a pagar o no el IVA en las reparaciones del coche. Y yo, a pesar de que sé que hay gente que no lo paga, lo pago sin ningún problema. Además nunca he buscado ninguna trafulla para pagar menos impuestos. No me siento mal por ello. Sé que, al final, todo revierte en la comunidad. Algo que para mí es más importante que poderme comprar un mejor coche, cambiarme de móvil cada año o, simplemente, poder ir a cenar más a menudo a ciertos sitios. Reconozco que mi pensamiento no es extrapolable pero, ¿por qué no intentar devolver al procomún lo que nos ha dado? Algo que no tiene nada que ver con trabajar más horas de las que marca el contrato de uno bajo supuestas vocaciones o necesidades subjetivas de “servicio a la causa·. Creo que me explico y es fácil de entender.

Soy totalmente partidario de que haya personas que se monten sus “chiringuitos”, tengan un hobby que les dé dinero (por ejemplo docentes que escriben muy bien y venden eso que escriben) o, incluso, tengan sociedades limitadas o curren como autónomos fuera de su trabajo. Yo he aceptado en alguna ocasión dar cursos de formación o charlas y he cobrado por ello. Nada tiene que ver lo que planteo en este post con esto porque, eso ha requerido un esfuerzo “extra” más allá de mi labor profesional. Otro tema es que lo anterior fuera parte de mi profesión e integrado dentro de mis necesidades como docente.

Ya sé que me he repetido en muchas ocasiones y, normalmente, acabo predicando en el desierto pero, estos días me he animado al ver que algunos docentes empezaban a compartir sus materiales. A los que tienen como objetivo el negocio ya sé que esto del compartir les viene grande. Siempre se pueden buscar excusas para no hacerlo pero, siempre es bueno recordar que si otro no hubiera compartido cosas, quizás no hubieran podido hacer negocio porque, al final, uno aprende siempre de lo que han compartido otros.

Finalmente, deciros que el procomún no es darle vuestros materiales a una empresa o para que se lucren otros porque, todos los que llevamos años compartiendo pequeñas cosas (hay muchos docentes que sí que han compartido mucho), sabemos que hay mucho aficionado a apropiarse de esas cosas para ganar dinero. Sí, al igual que algunos de mis compañeros he visto cosas mías por ahí. Incluso, cuando publiqué mi primer libro en abierto, a una editorial que lo vendía. Y ya no entro en los cursos de formación que usan ciertas cosas de otros para hacer negocio.

Un abrazo a casi todos y, por favor, no lo entendáis como una crítica a poder monetizar la educación. Entendedlo como una reflexión en voz alta, en clave muy personal. Jugar al procomún es jugar para y por una mejor sociedad. No solo en el ámbito educativo.

Como bien me dijo Antonio ayer por Twitter, parezco un novato en las redes y en el tema de compartir altruistamente. Bueno, más bien en esperar ciertas cosas de lo que comparto, de la ayuda que presto desinteresadamente a ciertas personas o, simplemente, de creer que va a haber una mayoría que van a ser capaces de dar feedback o unas simples “gracias” por algo. Debería después de años de hacer cosas “de gratis” por creer en que, al final, es el procomún lo que va a ayudar a mejorar la educación, estar acostumbrado a que a la mayoría lo único que les interesa es pillar algo, llevárselo y dejarte, con cara de bobo esperando a que, como mínimo, tengan tan solo el simple detalle de decirte algo. Ya no se trata, ni tan solo, de que te agradezcan nada. Se trata de una simple cuestión de educación.

Fuente: En la imagen

Estos días he recibido un montón de correos de unos determinados alumnos de Magisterio que, por lo visto tenían una actividad a realizar para una asignatura concreta. Sin importarme el tiempo dedicado (los futuros docentes siempre se merecen ser tratados con cariño y dedicarles tiempo), me he puesto a responder individualmente a cada uno de ellos. Han sido, concretamente, siete alumnos. Y, cuál es mi sorpresa que, después de algunos insistirme en varios correos en el tema “tiempos” y “la urgencia que les corría”, una vez obtenido lo que necesitaban no he vuelto a saber nada de ellos. Bueno, mentira, uno de ellos me ha respondido con un “ok”. Para seguir teniendo ganas de seguir ayudando al personal…

Llevo mucho tiempo viendo mis escritos pirateados en cursos de formación, sin ningún tipo de mención. A veces, algunos que hacen esos cursos, me los pasan para decirme que “han visto algo que había escrito y que les sonaba, para preguntarme si era mío”. Sí, incluso el INTEF y algunos docentes, de esos que tanto me critican por la red, están usando cosas que, de forma totalmente abierta, comparto con el personal. Nunca he cambiado el modelo de licencia del blog aunque hace un tiempo, después de este tipo de situaciones, me planteé ponerlo de forma privada, con acceso restringido a ciertas personas. Y no lo he hecho. Me da pereza y no es mi manera de hacer las cosas porque, al final, yo también estoy aprendiendo mucho de personas que lo ponen en abierto a las que, siempre que puedo, intento dar las gracias. Lo hago a menudo porque sé que un simple gracias ayuda a la persona que está compartiendo.

Por cierto, ya no entro en los libros que he publicado para que puedan ser descargados por la patilla. Descargados en miles de ocasiones y con un feedback que roza al inexistente. Ya no entro en el tema donaciones porque, si ya a la gente le apetece pillar las cosas fáciles y gratis, haciendo un mutis por el foro, para que se ponga a colaborar económicamente con ciertas cosas. Eso sí, cuando ves que hay gente que, como he comentado antes, sabes que ha pillado cosas tuyas y las aprovecha para hacer una actividad remunerada (cursos de formación, ponencias, etc.) se te llevan los demonios. Sí, hay mucha gente con demasiada jeta en el ámbito educativo. Y un sinfín de desagradecidos. No lo digo por decir. Es la constatación empírica que tenemos muchos que hacemos las cosas sin esperar nada a cambio (ni directa, ni indirectamente). Por cierto, hay docentes que comparten sabiendo que van a conseguir beneficios a posteriori (ser llamados para evangelizar a pingüinos) pero éste no es mi caso. A mí me la repampinfla lo que pueda o no trincar. No tengo este blog ni hago lo que hago por ello.

Como me dijeron hace un tiempo (enlace), lo habitual es echarle morro al asunto para conseguir lo que uno quiere. Pues va a ser que yo tengo otra concepción del asunto aunque, cada día que pasa y cada nuevo silencio, hagan que me replantee si no vale la pena empezar a pensar en mí. Nada, seguiré reflexionando en abierto y ayudando al personal porque, a estas alturas de la película, ya es muy difícil que cambie.

Cuando alguien al que aprecio me vuelva a decir que “pareces nuevo”, le voy a responder… “soy un viejo demasiado anclado en la rutina y en una manera de entender las cosas”. Prometo, eso sí, plantearme cambiar. Algo que me autoprometo en muchas ocasiones y acabo, como siempre sucede, volviendo a caer.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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No puedo menos que recuperar, después de mucho dudarlo, el concepto de 2.0 para referirme a un modelo que se vislumbró hace una década con la Escuela 2.0 (aquella cuyo único objetivo era el compartir, buscar colaboradores en la red y establecer sinergias sin objetivos, ni mediáticos ni económicos). Un modelo que, al igual que ahora, sigue teniendo su validez aunque esté contaminado de amantes del trinque, trincadores de la educación e intereses que, al final, acaban siendo más de egos desenfrenados y ceros y unos en la cuenta corriente. Aún así creo que hay espacio para la esperanza. No todos los espacios están colonizados al cien por cien por personajes como los anteriores. Y ahí es donde entra la munición que planteo para los docentes este nuevo curso.

Fuente: ShutterStock

¿Qué entiendo por munición 2.0 para el docente? Pues entiendo, más allá de aquellas aplicaciones para ser usadas en el aula con los alumnos, aquellos lugares digitales donde, por suerte, aún sirven para reflexionar y aprender acerca de la profesión. Y no, no están limitados a lo anterior aunque, por suerte, es la gestión individual de los mismos la que va a ser decisiva en su uso. Me estoy refiriendo, por si alguno aún no lo habéis intuido a dos herramientas clave: las redes sociales y los blogs.

Un docente puede no tener redes sociales ni blog. No es obligatorio pero, sinceramente, esto de perderse parte de la actualidad pedagógica y poder, como los que estáis ahí sabéis, ver diferentes visiones educativas, resulta un bonus track muy apetecible para la profesión. Al final, no son más que herramientas que acaban siendo parte de un aprendizaje más global porque, nos guste o no (o les guste o no), la gran ventaja de las redes sociales es que han democratizado los espacios de aprendizaje. Y, por suerte, permiten establecer una horizontalidad que a algunos no les interesa. Una horizontalidad que va más allá del número de seguidores en Twitter, los likes en Facebook o la gente que te da corazoncitos en Instagram. Lo importante es lo que se dice, lo que se enlaza y como, al final, te puedes llegar a cuestionar verdades “absolutas” que a algunos les interesa que te creas.

Eso sí, lo interesante de las redes sociales, es que su gestión se realice con independencia de la necesidad vital de leer solo cosas acordes con la visión educativa de uno. Para leer lo que uno ya sabe o, simplemente, seguir a personajes que piensan lo mismo que tú, no tiene ningún sentido. Es que esto de migrar, como hacen algunos, a grupos cada vez más cerrados (léase canales privados de Telegram) o, simplemente, retroalimentarse con los fieles a sus posturas, deja al margen todo el proceso de mejora profesional, posibilidad de ver que hay vida más allá de la ideología educativa de uno o, simplemente, aire más allá del que huele al desodorante que uno lleva usando desde hace mucho tiempo. No todos olemos igual y, por eso es importante buscar en esa mezcla de olores nuestro olor.

En las redes sociales uno puede mantener dos perfiles: activo o pasivo. No es malo mantener ninguno de los dos aunque, para mí, siempre es mejor equivocarte y rectificar manteniendo una cierta actividad que, simplemente, mantenerte al otro lado recibiendo tan solo una recepción unidireccional. Es que lo de la bidireccionalidad que aportan las redes resulta muy interesante. Muchísimo.

Entre el espacio denominado “claustro virtual” de antaño, donde no están ni es obligatorio que estén todos los interesados en educación, y el maremagnum de la compra y/o venta de milagros educativos de ahora, mezclado con mucho merchandising y venta de motos de diferente cilindrada, hay aún un terreno muy interesante de aprendizaje. Incluso de aprender de los que venden ciertas cosas porque, al final, si uno es crítico con lo que le están vendiendo, a lo mejor encuentra partes de ese producto que le venden que le pueden ser de utilidad. En un pack de gominolas, seguro que hay alguna que nos gusta comer y, a otras, seguro que le encontramos el gusto porque las desconocíamos.

Por cierto, no me gustaría acabar la reflexión acerca de la munición para el docente sin comentar que, más importante que lo anterior, es mantener un espacio donde uno pueda plasmar las reflexiones que le supone ese aprendizaje que va realizando en las redes. Al final, da igual la plataforma de la moleskine 2.0 ni la coherencia de la misma. Lo importante es ir anotando qué se va aprendiendo, planteando dudas o, simplemente, tener un lugar para acudir como hemeroteca cuando uno necesita. No lo he dicho pero, seguro que todos intuís que me estoy refiriendo a un blog.

Finalmente solo comentaros que no pretendo dar consejos acerca de qué red social debéis usar ni, como habéis visto, tampoco los voy a dar del tipo de plataforma en la que escribir vuestras reflexiones. Eso sí, por favor, reflexionad en voz alta y compartid en abierto porque, al final, todo lo que no se comparte o se dice, es un aprendizaje que se pierde (tanto para los que os leen, como para vosotros).

Lo anterior no es exclusivo para docentes. Vale para cualquier persona interesada en la educación.

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