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igualdad14Muchas líneas y gran cantidad de blogs hablando sobre educación en valores, educación para la igualdad, coeducación, inclusión, etc. Muchos vocablos para referirse a algo tan necesario como es marcar unas pautas comunes para que nuestros alumnos, sea cual sea su sexo, raza o situación socioeconómica puedan tener las mismas oportunidades. Algo que es muy difícil de mantener. Más aún cuando determinadas situaciones siguen primando en la sociedad que impera en nuestro país.

Hoy coronan al futuro Rey. Una coronación de un hombre por delante de sus dos hermanas. Algo que choca con la igualdad entre hombres y mujeres. Algo que consiente gran parte de la ciudadanía española mediante los votos que expresaron en las últimas elecciones. Democracia para la desigualdad. Democracia para considerar al hombre superior a la mujer. Democracia para expresar que alguien pueda, simplemente por haber nacido en determinada familia, ser superior a otros.

No tiene ningún sentido hablar de igualdad cuando nuestra sociedad es totalmente desigual. Las personas que ayer vi durmiendo en cajeros no son iguales que los que gestionan esos grandes bancos cuyas siglas están encima de donde estaban durmiendo. No tienen los mismos derechos. No han tenido las mismas oportunidades. La sociedad ha permitido que se liquide todo el sentido de la igualdad. Igualdad que no debe estar ligada a igualdades mal entendidas. Tener las mismas oportunidades no implica que todo el mundo llegue al mismo lugar pero, si ya las oportunidades no son las mismas, entonces el sistema educativo está fallando. El entramado social también. Los principios de igualdad se rompen.

¿Qué sentido tiene educar para la igualdad cuando nuestra sociedad es completamente desigual? ¿Qué sentido tiene regirse por un principio legal que habla de igualdad cuando, en la realidad, se rompe según necesidades del guión? ¿Qué sentido tiene hablar de buenismo en el ámbito educativo cuando lo que prima es el “coge la pasta y corre”?

No estamos en un sistema educativo que promueve la igualdad. Nos encontramos centros que segregan por sexos pagados con los impuestos de los ciudadanos. Vemos centros educativos subvencionados donde es raro encontrarnos algún tono más oscuro (como no sea algún docente que ha pasado por los rayos UVA) que el blanco ario. Centros que segregan por niveles a edades tempranas. Bilingüismo en el que se escudan muchos centros para separar a los “que sirven y a los que no”. Pero, ¿quién es alguien para decir que alguien sirve o no? ¿Quién ha dado el poder a los centros educativos para tener la varita mágica de saber el futuro de nuestros alumnos? ¿Quién ha decidido expulsar del sistema educativo, cada vez a etapas más precoces, a determinados alumnos? Por favor… esto se llama segregación e hijoputismo educativo.

No es de recibo que los centros educativos potencien la desigualdad. Mucho menos que la acepten como un valor contra el que no se puede luchar. Tampoco la administración debería permitirlo. La sociedad se merece ser mucho más justa. Y si la brecha va aumentando y dinamitamos el sistema educativo (lo más justo que existía hasta entonces y donde alguno, incluso partiendo de capas sociales desfavorecidas, conseguía cambiar de estatus) el punto de no retorno es cada vez más cercano. Determinismo por nacimiento. Nacer en una determinada familia determina el futuro. Un futuro que no debería estar determinado por factores ajenos al alumno. Un futuro que, por muchos que quieran defender su preponderancia en la escala trófica, debiera ser libre de imaginarse.

Estamos en un país desigual. Hoy se producirá tan sólo una desigualdad más. Otra afrenta a la sociedad de unos clanes que apuntalan privilegios. Otra más y ya llevamos muchas en los últimos tiempos. No es momento de aceptarlo. Es momento de luchar pero, como siempre pasa, hay gran parte de la sociedad a la que le da igual (o, incluso, que aceptan ese estado de sumisión libremente). Mucho por hacer. Muchísimo por cambiar.