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ClassDojo

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Entiendo que lo fácil sería decir qué maravilloso es Google, qué maravillosos son determinados servicios que nos ofrecen para el aula de forma gratuita determinadas empresas o, simplemente, obviar lo que subyace tras los mismos. Quizás me permitiría formar parte de un “club de elegidos” o, simplemente, poder añadir insignias digitales a mi bagaje profesional. Qué bonito sería poner en mi perfil de la red del pajarito o en el blog que estoy certificado por A, soy embajador de B o influencer de C. Lástima que ni A, B o C digan nada acerca de mi profesionalidad docente. Eso sí, algunos por lo visto lo consideran lo más de lo más.

Hoy voy a escribir de ClassDojo. Una aplicación que, por cierto, recomendaba para el curso 2014-2015 (enlace) y decía que le iba a dar una oportunidad. Se la di pero, por desgracia -o suerte- no cubrió mis necesidades. Una herramienta que, a día de hoy y sabiendo lo que sé, no recomendaría a nadie que quiera a sus alumnos.

En primer lugar, si uno investiga un poco (o lee más allá del chachipirulismo de algunos o lo bonita que se presenta la app), descubrirá que se trata de una simple aplicación conductista que premia o deja de premiar en función de determinadas cuestiones. Los positivos y negativos de toda la vida pero ahora en formato muñequito molón y, vitaminado por una mayor competición entre el alumnado por conseguir cada vez más recompensas.

Quizás a algunos no les importe que el Gran Hermano entre en sus aulas. Quizás a algunos tampoco les importe lo que dice la psicología infantil acerca del uso de determinadas aplicaciones como ClassDojo (fuente). Quizás tampoco les importe que un determinado tipo de “ludificación” prepare al alumnado para vivir en un estado policial en el que sean constantemente vigilados (fuente).

A mí, por desgracia y en contra de la corriente más mediática, me importa el futuro de los alumnos, la privacidad de sus datos, la necesidad de realizar un aprendizaje que, se utilice el método que sea, no esté siempre plagado de palos y zanahorias. Y también me preocupa, en este caso concreto, que uno de los fundadores hubiera trabajado para McKinsey. Sí, esos informes tan bien cocinados para que se tomen determinadas decisiones políticas en el ámbito educativo.

Algunos antes llevaban camisetas verdes defendiendo la escuela pública. Ahora se dedican a ser mentores y avalistas de una multinacional. Por suerte la vida permite que las personas vean la luz conforme se van haciendo mayores. A ver si a mí alguno me suelta un rayo de esos porque, sinceramente, a día de hoy lo único que veo es que algunos se han convertido en “visitadores de la multinacional X”. Espero que, como mínimo, les paguen bien porque, para venderse de gratis a estas alturas de la película hace falta valorar muy poco su alma. Ya, sé que no existe el alma pero espero que se me entienda 😉

No estoy juzgando la profesionalidad de nadie en su aula o su puesto de trabajo. Estoy, simplemente, cuestionando ciertas cosas que últimamente veo y me preocupan.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener el blog, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com