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Echo la vista atrás y me acuerdo de esos grandes blogs, redactados por docentes o amantes de la educación, que reflexionaban acerca de las potencialidades de las herramientas, las decisiones educativas o, simplemente, realizaban propuestas para mejorar la educación. También se observaba una despreocupación completa por el agradar a terceros o que, al final, lo que escribían, les facilitara o no la posibilidad de obtener ciertas prebendas. No estoy hablando de hace mucho. Quizás de hace tan solo unos cinco años donde, por lo visto, empezaron a medrar otro tipo de blogs y muchos de los primeros a extinguirse.

Fuente: ShutterStock

Hoy cuesta mucho encontrar blogs en los que se hable de educación. Es más fácil encontrarte disertaciones en hilos de Twitter o en publicaciones de Facebook. El blog educativo se ha convertido en una manera de defender un producto, metodología y/o servicio. Y, además, en un escaparate edulcorado de qué se está haciendo en el aula, excluyendo de dicha publicación, todo lo que ha salido mal. Porque, seamos sinceros, no siempre sale todo bien en nuestra praxis diaria. Bueno, más bien salen muy pocas cosas bien por empeño que le pongamos.

No me parece mal que los blogs educativos se extingan. En su momento se extinguieron los carretes y, a día de hoy, son muy pocos los que se dedican a imprimir las miles de fotografías que realizan con su dispositivo móvil para montar un álbum de forma artesanal. La artesanía no tiene cabida en el siglo XXI. Supongo que es evolución pero, en ocasiones, me gustaría encontrar alguna de esas publicaciones que tanto añoro. Y ya cuando la desaparición de ciertos blogs se ha llevado por delante muchos proyectos colaborativos que, hasta hace nada publicaban semanalmente… uno no puede menos que sentirse triste. Bueno, al menos esos trasnochados a los que aún nos gusta escribir y leer más allá de un simple tuit algo que, quizás, no sea tan bonito.

Reconozco que los blogs han muerto porque hay otros modelos de publicación más inmediatos y atractivos. Porque, en definitiva, la gente demanda inmediatez. Eso sí, resulta curioso ver como en otros países aún se sigue manteniendo una blogosfera educativa potente. Supongo que, al final, esos clásicos van a volverse a ver por aquí. O, si no se ven es porque al final no importan a nadie. Mucho más cómodo el no reflexionar más allá de cinco minutos en una conversación en las redes. O, últimamente, de forma privada entre amigos que no disienten, en Telegram o por Whatsapp. Evolución.

Tengo un espacio en el que, a veces, voy anotando aquellos blogs que me parecen interesantes. El problema es que, en los últimos años, desaparecen más (por falta de actividad en los mismos) que aparecen. Ni tan solo la obligación de crearlos por parte de alguna administración dentro de sus cursos de formación consigue que se mantengan una vez finalizado ese curso. Ya si eso hablamos de lo de potenciar que uno se cree un blog con la obligación de hacerlo. No lo veo.

A mí me sigue gustando escribir en un blog. Me permite explayarme y matizar mucho más que en las redes sociales. Reconozco que quizás ya es algo demodé para muchos pero, al final, uno hace lo que le gusta. Y, a pesar que la blogosfera educativa haya dejado de ser lo que antaño fue, ¿quién dice que aún no puedan encontrarse puntualmente filones? Yo seguiré excavando porque, a veces, me llevo una grata sorpresa.

Dedicado a todos aquellos docentes y personas interesadas en la educación que, por placer, aún siguen manteniendo su espacio digital donde reflexionan en voz alta.

No me hagáis mucho caso. Es lo que tiene hacerse mayor y el contar batallitas de cuando uno era joven.