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El calor, la falta de habilidades a la hora de crear abanicos con los chavales e, incluso, la participación como jurado en el concurso de Got Talent de mi centro, después de haberme marcado, con mi maravillosa voz melodiosa, un dúo con mi compañero cantando Pimpinela, hacen que cualquier intento de escribir algo coherente se evapore. Bueno, ya no digamos coherente… hablemos directamente de algo que tenga algún sentido, se base en pedagogía de esa low cost que tengo tan interiorizada o, simplemente, permita que mis dedos sepan trasladar a la tecla adecuada lo que está pensando mi neurona, más necesitada de remojo que de otra cosa. Pero, a pesar de ello intentaré escribir sobre un tema que me preocupa. Sí, a mediados de junio, con el curso finiquitado hoy en mi Comunidad, sigo sin entender qué demonios hacen algunas multinacionales sacando certificaciones para docentes. Bueno, seamos francos, ¿alguien sabe el sentido de que Apple, Google o Microsoft te den un diploma certificando que eres “uno de sus docentes”? Y eso que yo me pensaba que un docente lo era de sus alumnos pero, seguramente voy equivocado.

Fuente: Néstor Alonso

Quizás es que me da la sensación que supeditar las estrategias docentes y, especialmente la praxis, a una determinada herramienta pervierte cualquier posibilidad de conseguir que nuestros alumnos se alejen de un determinado consumismo imperante en la sociedad. Quizás es que, a veces, me sigue chirriando que, tal y como dicen los de Apple en su programa de certificación se diga lo siguiente…

Apple creó el programa Apple Distinguished Educators (ADE) con el objetivo de reconocer la labor de los educadores de colegios, institutos y universidades que usan nuestras tecnologías para transformar la enseñanza y el aprendizaje. Estos educadores, procedentes de todos los rincones del mundo, son figuras de referencia que ayudan a otros docentes a personalizar el proceso educativo de sus alumnos a través del iPad y el Mac.

¿Personalizar el proceso educativo a través del iPad y el Mac? Pero, ¿no habíamos quedado en que el aprendizaje jamás debería depender de la herramienta y la misma era, simplemente, un elemento para apuntalarlo. No, la verdad es que no veo cómo podemos personalizar el proceso educativo ciñéndonos a una herramienta concreta. Menos aún que se obligue, en cierta forma, a los docentes certificados por la manzanita a trabajar en centros que usen sus herramientas. Tiene cuajo el plantearse que la herramienta -y más aún la multinacional que se halla tras la misma- deba garantizar el aprendizaje.

Además, hay un punto bastante controvertido en el asunto. Tan controvertido que, quizás, en centros educativos, pueda llegar a ser incluso ilegal.

Los ADE son expertos que conocen muy bien la realidad de integrar la tecnología en el aula y colaboran con Apple para fomentar la innovación en el sector educativo.

¿Colaborar con Apple para fomentar la innovación? ¿Permitir que Apple pueda conocer los hábitos de navegación de nuestros alumnos? ¿Escoger sus herramientas y responder al uso que se está dando en el aula mediante encuestas de satisfacción? ¿Gestionar las encuestas de satisfacción de los alumnos? ¿Usar herramientas que no cumplen la LOPD para el diseño de actividades y usarlas en libros diseñados con IBook Author que, curiosamente, no cumplen la normativa de los REA planteados por las administraciones educativas ya que, entre sus características no está la de ser multidispositivo? Ya, seguro que no importa y que algunos dirán que no tiene una mayor importancia el uso de una herramienta u otra pero, lamentablemente, sí que la tiene. Más aún cuando después estamos algunos criticando la aparición de asignaturas ideológicas y tendenciosas en las aulas como pueden ser “la de crear emprendedores” u otras, más relacionadas con necesidades empresariales que de nuestros alumnos.

Ya no es sólo Apple. Google también tiene su propio programa de certificación de docentes. Y, como no podía ser menos, también nos encontramos a los chicos de Microsoft. Todo muy lógico y razonable.

Me da la sensación que la administración educativa esté plagada de incompetentes que no tienen ni pajolera idea acerca de cómo diseñar un itinerario formativo para capacitar en TIC a los docentes y, debido a esa falta de itinerarios, los docentes deben buscarse la vida y acuden, por cuestiones mediáticas, a las grandes multinacionales del sector tecnológico para hacerlo. Creo -o más bien estoy seguro- que la inmensa mayoría de los docentes que se certifican con alguna de las empresas anteriores lo hacen por el bien de sus alumnos pero, también me preocupa que lo anterior tenga unas connotaciones que, a medio plazo, algunos ni tan sólo se planteen porque, ¿qué producto pensáis que van a adquirir los alumnos en el futuro si en sus aulas se les ha guiado para que usen, en exclusiva, el aparato, la aplicación, la app o el sistema operativo X? Y, por cierto, ¿cómo se justifica ante las familias que el uso/pago de dichas herramientas se hace por el bien del alumno y no para beneficiar, directa o indirectamente, a la compañía de turno? Ya, seguro que usar un iPad, un producto de Microsoft o la gestión de aula mediante Google Classroom es lo mejor de lo mejor pero, ¿realmente es así? ¿Es lo que necesitan nuestros alumnos? ¿Es lo que necesita la sociedad de la que forman parte? No lo veo.

Ya, la imagen que ilustra el post quizás no tiene mucho que ver con el asunto pero, es que la ha hecho mi amigo Néstor y moolaaa :)

Basar modelos educativos en herramientas, por supuestas potencialidades o bonitas que las mismas puedan parecer, es un error. Un error el usar la herramienta como centro de aprendizaje. Algo, si cabe, aún peor que negarse al uso de las nuevas tecnologías. Algo, curiosamente, avalado por un nutrido grupo de fascistas tecnológicos. Aquellos que, cualquier cosa o aparato que lleve asociada una supuesta modernidad, les parece la solución a todos los males de la Escuela. Aquellos obcecados en hacer de la herramienta el leit motiv de su cruzada.

Las escuelas Steve Jobs abren este curso en Holanda. Son unos centros educativos cuyo aprendizaje se halla sometido exclusivamente a los dictados de los productos de Apple. Concretamente, a los de los iPads que, comprados por el gobierno holandés y suministrados gratuitamente a los alumnos, van a permitir disfrutar de ese aprendizaje que va a llevar a los alumnos de la mano a la excelencia educativa. Algo que, tal como dice el empresario que se halla detrás del proyecto, Maurice de Hond, va a permitir “preparar a los niños para el mundo de después de 2025 con las herramientas que tenemos hoy, no como en la mayoría de las escuelas, que preparan a los niños con las herramientas de ayer para el mundo de ayer“. Alucinante. Se pretende preparar (y así se dice textualmente) al alumnado con las herramientas de hoy, obsoletas el 2025 al igual que las anteriores, para un contexto desconocido. Ciencia ficción educativa elevada a despropósitos inimaginables.

Otra cosa que plantea dicho supuesto modelo educativo es lo innecesario de ir a clase ya que, supuestamente, dispone de una aplicación educativa integrada en el aparato que simula un patio virtual donde, mediante un avatar, el alumno se va a ver metido en un entorno irreal de sociabilización. Por lo que se ve, eliminar el valor social de los centros educativos es otro de los objetivos, nada escondido, de este tipo de escuelas.

Además, no olvidemos que se trata de un sistema pensado para minimizar los costes educativos ya que, también como muy bien se señala desde los impulsores del mismo, hará innecesaria la asistencia al centro educativo para aprender. No hemos de obviar que el empresario que se halla detrás de prácticas económicas cuestionables que acabaron explotando como la burbuja que creo su empresa de inversión (ver  Newconomy), se plantea ser el adalid de la refundación educativa. Algo similar a lo que está sucediendo con la economía mundial, que los mismos que la arruinaron ahora están al mando de las organizaciones que, supuestamente, van a reflotarla. Surrealista es poco.

Otro modelo económico diseñado específicamente para ahorrar costes a la administración educativa, avalado por esos neonazis cuya bandera son las TIC a cualquier precio, cuyos motivos educativos dejan mucho que desear. Que alguien nos libre de los extremismos tecnológicos en el ámbito educativo. Polos opuestos, pero igual de nefastos para la mejora educativa.

apple-logo-redLlevo un tiempo preguntándome por qué son los productos de la marca Apple (iPads, especialmente) los elegidos para escribir cientos, e incluso miles, de líneas sobre sus potencialidades educativas. ¿Por qué ha habido un reduccionismo tan brutal de la tecnología educativa que ha limitado la existencia, más allá de alguna breve reseña de alguien que defiende las bondades del software libre, de alternativas mediáticas a la gran invasión de la propaganda de los productos de la manzanita? Son productos caros, en muchos casos de uso limitado (por las restricciones que poseen al estar todo basado en software que nunca te llega a pertenecer del todo) y, con la única característica realmente diferencial, que han conseguido que se hable continuamente de ellos.

Buena estrategia de márqueting de Apple, mala estrategia del sector educativo. Un sector educativo lleno de palmeros, abrazamanzanas y visionarios de potencialidades que, curiosamente, casi nunca han probado en sus aulas. Muchos docentes tuiteando compulsivamente cualquier noticia que tenga a ver con el iPad o con cualquiera de sus otros productos. Muchas noticias insustanciales que, de forma viral, son expandidas como si no hubiera otro tipo de tecnología que la que nos suministran los sucesores de Steve Jobs. El dios de los aparatos. El gran vudú. La octava maravilla que ha venido a quedarse en el ámbito educativo para ayudar a una mejora real del aprendizaje de nuestros alumnos.

Reconozco que uso productos de la manzanita pero, a su vez, reconozco las grandes limitaciones que ofrecen los mismos. Unas limitaciones que tienen mucho que ver con sus actualizaciones (o falta de ellas cuando a la empresa le da por decir que un producto es obsoleto), con su modelo de negocio e, incluso, con no ser tan maravilloso como lo pintan cuando se intenta exportar su uso masivamente al ámbito educativo. Los proyectos educativos con tabletas (y, en este caso, nos referimos a iPads) no son tan bonitos como se pueden pintar en algunas investigaciones o difundirse en determinados blogs. La capacidad de manipulación para sesgar lo malo está a la orden del día. Si ese sesgo ayuda a seguir alabando al “monstruo de la tecnología” que, en demasiadas ocasiones ha sido acusado de producir en países del tercer mundo con unos empleados sujetos a condiciones de esclavitud, bienvenido sea.

No me cabe en la cabeza que, los mismos que sanamente critican a Microsoft por determinados motivos (ser una multinacional, querer ganar dinero a toda costa, etc.) sean los mismos que adoran a Apple por lo mismo que hace Microsoft. ¿Se deberá a que los primeros tienen una mala estrategia de venta de sus productos? ¿Tendrá algo que ver con la calidad real de ambos productos? ¿Tan malo es el producto de uno, o tan bueno es el de otro, para que esas diferencias se expongan de forma tan diferente?

Se ha conseguido vender casi todo, incluso que no sea cierto, de Apple. Su fiabilidad, la inexistencia de virus, su facilidad a la hora de crear contenidos digitales (iBooks Author está bien, pero no para echar cohetes) e, incluso, la posibilidad de pertenecer a una clase social diferente por usar ese tipo de productos. Medias verdades que esconden realidades como los tiempos de reparación, el coste oculto que supone la actualización anual a un nuevo sistema operativo (porque hay cosas que dejarán de funcionar o no te permitirán el uso de determinadas opciones nuevas), las garantías que no cumplen la normativa de la UE (sólo doce meses), etc.

Lo de Apple tiene tintes surrealistas. Una empresa que ha conseguido monopolizar el mercado educativo en muy poco tiempo gracias a sus “vendedores de producto desinteresados” y que, a pesar de no haber presentado ninguna innovación importante en los últimos tiempos (ver últimas presentaciones de los productos Apple y sus actualizaciones) consigue seguir siendo considerada como la empresa puntera que va a salvar la educación. Eso sí, el coste de esa supuesta salvación siempre se esconde tras la factura final del proceso.