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Habiendo tanto descerebrado que da la cara en un vídeo pasándose el confinamiento por el forro, sorprende que en mi ámbito laboral, haya tantísimas personas relacionadas con la educación que se esconden bajo el anonimato para decir ciertas cosas. Ya no entro en aquellas cuentas en las redes sociales -especialmente en Twitter- que, bajo el rebufo de perfiles anónimos sobradamente conocidos, hacen suyo el sayo y se permiten, desde el anonimato, hablar de ciertas cosas. Por cierto, no siempre están faltas de razón sus afirmaciones. En ocasiones, hay más de una de esas personas que se esconden tras el anonimato, que habla muy clarito pero…

Fuente: Desconocida

Sí, siempre existe un pero. La educación no mejora a base de anonimatos ni de reflexiones escudándose bajo el mismo. No dar la cara es de cobardes. Vale para todas las profesiones y situaciones. No vivimos, por suerte, en un modelo dictatorial (aunque, en ocasiones lo parezca) donde tus opiniones te lleven a la cárcel. Ya, entiendo que haya personas preocupadas por si defienden la escuela pública o denuncian la situación de su centro privado, de forma abierta con nombre y apellidos. Puedo llegar a entender casos puntuales aunque, sinceramente, creo que es un error.

Si uno no puede decir las cosas a la cara, mejor que no las diga bajo seudónimo. Si uno es tan valiente tras un teclado, por favor, que lo sea también fuera de él. A veces es mejor no decir, que decir ciertas cosas escondiendo la mano. Si uno es tan cobarde para no dar la cara, al menos que deje de encubrirse bajo el anonimato para decirlas. No aporta nada. Un tercero, si tiene dos dedos de sentido común, no va a hacer la guerra por él.

No voy a cuestionar a aquellos que bajo el anonimato intervienen en las redes. Ni tampoco voy a cuestionar a aquellos que, bajo ese mismo anonimato, me envían a la mierda o envían, a quién no es afecto ideológicamente a ellos, a lugares ignotos. Demuestran muy poco de valentía y mucho de ser, tras las teclas, la misma basura de los ceros y unos que sueltan en su red social favorita. Algo que me preocupa poco porque, como he dicho siempre, uno es gilipollas tanto en virtual como en presencial. Lo mismo en sentido contrario porque, al final, seamos sinceros… si uno es buena o mala persona, no varía en serlo desde el modo analógico o digital. Además, en una época tan líquida como la que estamos viviendo actualmente, la mezcla de lo presencial a lo virtual es mucho más potente.

Cada uno que haga lo que quiera pero, al final, que no espere que nadie se entretenga a dialogar o hacerle caso.

¿Os habéis dado cuenta de la cantidad de perfiles anónimos que están surgiendo, en esta pandemia, en Twitter? Digo Twitter, porque la vida no me da para pasarme por todas las redes sociales que existen 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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Tengo archienemigos. Estoy orgulloso, porque esto ya es llegar a otro nivel. Personajes cuyo único objetivo en las redes es pasarse por mi timeline, criticarme y esperar, dentro de sus limitadas capacidades, que alguien les haga “casito”. Incluso esperan que algún día se lo haga yo. Perfiles, la mayoría anónimos, que se dedican, como única diversión, a intentar pillarme en algún renuncio. Bueno, al menos tengo lectores impenitentes 😉

Fuente: ShutterStock

El otro día hice el experimento de dejar de silenciar a esas cuentas. Es lo que tiene el espíritu de Semana Santa. Que, aunque no creamos demasiado en el asunto, nos hace ser medianamente buenas personas. Esto de las buenas y malas personas creo que daría para varios volúmenes de investigaciones sesudas pero, como dicen mis archienemigos, mejor quedarse con lo superficial. Es que no doy más de mí. Incluso hoy, a falta de inspiración, he tenido que escribir sobre esos personajes cuyas limitaciones personales (y, en el caso que conozco a nivel profesional, escaqueos continuos de su trabajo, invención de enfermedades/enemigos inexistentes o, simplemente, no gustarle que nadie haga nada porque ella queda demasiado retratada) forman parte de su miserable vida. Nadie soporta a gruñones perennes y, aún menos a quienes deben forjarse una falsa vida con amigos o enemigos imaginarios por no tener otra posibilidad. Es que algunos no pillan ni en Tinder. Y eso ya es decir mucho…

Me siento orgulloso de haber conseguido a este tipo de personajes como fieles devotos. Además, me voy a autoprometer dejar de silenciarlos cada cierto tiempo. No sabéis lo que se ríe uno de algunos que hablan de que ojalá no des clase cuando éste es el primer año, después de más de veinte, que estás fuera de ella. Ni saben ni quieren saber de tu vida profesional. Les caes mal por cuestionarles los chiringuitos o, simplemente, porque tienen necesidad de buscarse a alguien y te tocó en la lotería. Elementos que se piensan que todo el mundo es igual de malo que ellos en su profesión. Gente sin escrúpulos con la que, por suerte, jamás me sentaré a tomarme una horchata. No vale la pena. Bueno, sí para, como he dicho antes, echarte unas risas. Más que nada porque, en el fondo, que sean tan lastimosos te acaba permitiendo una pequeña sonrisa. Y el ahorro, como siempre digo, en cine de comedia porque, algunos permiten que las risas sean bastante estruendosas. ¿Se darán cuenta de ello? ¿Pensarán realmente en todo lo anterior? ¿Se darán cuenta que, al final, solo suministran como inputs lo anterior y que no les estoy haciendo ni puñetero caso?

Da la sensación que algunos se crean cuentas en las redes por encima de sus posibilidades. Creo que, por desgracia, muchos juzgan a la persona frente a lo que dice o hace. No me preocupa. Cada uno decide jugar a lo que le apetece porque, al final, si algunos no se pueden explayar a gusto en determinados lugares, tal y como dicen los expertos, pueden llevar esa rabia contenida a hechos bastante más graves.

Gracias archienemigos por estar ahí. Lástima que, por desgracia, deba volver a teneros silenciados una temporada. Os prometo que, al menos, os voy a dejar de silenciar una vez cada trimestre. Bueno, siempre y cuando me acuerde de ello.

Desde aquí un afectuoso saludo. Y gracias por existir.

Hoy os he dedicado un post. A disfrutar de vuestro pienso que, como os he dicho, vais a tardar en volver a comer. No os lo comáis todo de golpe.